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“El amor terminó siendo una medicina infalible”…. acerca de la empatía

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Nuevo anticipo del libro de "Este no es un libro de autoayuda"
Nuevo anticipo del libro de “Este no es un libro de autoayuda”

“A veces no necesitamos que alguien nos arregle, a veces sólo necesitamos que alguien nos quiera mientras nos arreglamos a nosotros mismos.” Julio Cortázar.

 

En mis ataques de dolor, Christian se acostaba a mi lado en la cama y me sostenía la mano. Cuando me sentaba, cada vez que se me adormecía la columna por estar meses acostada boca arriba, me acariciaba la espalda y cuando lloraba me abrazaba, a veces muy fuerte, como para que todos mis trozos rotos se unieran de nuevo. Sin decir una palabra, sin dar consejos estúpidos de alguien que no siente lo que yo estaba sintiendo, solo me apuntalaba y me escuchaba, y el amor terminó siendo una medicina infalible.

Hubiera deseado aprender eso solo tres meses previos a mi accidente. Cuando mi madre falleció de cáncer. (Sí, el 2016 fue un año espeluznante). Nos habíamos enterado semanas antes, pese a que ella ya lo llevaba encima, sin saberlo, hacía al menos una década.

En la familia teníamos un riguroso plan de administración de medicamentos y alimentación para ella. De organización en los horarios de cuidado y de buscar médicos y enfermeras idóneas para cuando le dieran el alta, algo que no llegó a suceder nunca. Pero jamás, ninguna de sus tres hijas o mi padre, se acostó en la cama a su lado mientras estuvo internada. Estábamos tan preocupados por ella que nos olvidamos de ella. Nadie le preguntó qué sentía, contra qué luchaba, qué temía o si siquiera tenía ganas de luchar.

Creíamos que el amor se demostraría así, queriendo sanarla con la mejor medicina del mundo, y nos olvidamos de los besos, las caricias y los abrazos. Cuando lo hice ya era demasiado tarde y hoy daría todo por hacerlo una vez más.

No estuve cuando ella más me necesitó y viceversa. Al menos quedamos a mano.

“Bueno, este es el momento de superarte, y darle para adelante, no te quedes ni te achanches. Tenés que salir de esto y mentalizarte que lo vas a superar”, le dijimos cuando nos enteramos de la noticia, como si ella, que encima estaba padeciéndolo, tuviera la responsabilidad de superar su cáncer. Sí, fuimos unos auténticos idiotas.

En 2015, la diseñadora estadounidense Emily McDowell fue diagnosticada con linfoma de Hodgkin en Etapa 3 a los 24 años. Tuvo nueve meses de quimioterapia y radiación, antes de entrar en remisión. “Lo peor fue la soledad y el aislamiento que sentí cuando muchos de mis amigos cercanos y miembros de mi familia desaparecieron, porque no sabían qué decir, o porque habían dicho algo equivocado sin darse cuenta”, fueron unas declaraciones que McDowell hizo a los medios que la entrevistaron por su iniciativa.

Es que en ese tiempo, Emily recibió todo tipo de consejos de amigos que tenían familiares con cáncer y tarjetas de “Mejorate pronto”, como si ella pudiera decidirlo. 14 años después decidió diseñar las tarjetas ella misma. Las llamó “tarjetas empáticas”, ya que dicen el tipo de cosas que ella habría querido oír cuando estaba enferma. Algunas de ellas expresan:

-Por favor déjame ser la próxima persona en golpear a quien que te diga que todo pasa por una razón. Siento que tengas que pasar por esto.

-Lamento mucho que estés enferma. Trataré de no recomendarte tratamientos que leí en Internet.

-Si este es el plan de Dios, entonces Dios es un terrible planeador. (Sin ofensas, Dios. Lo hiciste bastante bien con otras cosas, como las cascadas o los pandas).

Fue justamente Sabrina, a la par de Christian, una verdadera profesional en evitar decirme cosas políticamente correctas y que no quería oír. Lo valoré mucho.

Uno de los primeros mensajes que recibí de ella fue: “Qué mierda lo que te está pasando. No te lo merecés. Ojalá pase pronto. Avisame lo que necesites”. Casi lo festejé con un aplauso.

Descubrí que hay varios tipos diferentes de personas con sus mensajes (no) motivacionales que suelen decir sin pensarlo previamente:

-Los bola de cristal: son el tipo de personas que por alguna razón conocen el futuro y sus vericuetos. Ya vieron la película y saben lo que pasa después. ¿Cómo? No se sabe. Suelen expresar recomendaciones como: “Por algo pasan las cosas”, “Todo lo malo trae algo bueno”, “Dios cierra una puerta, pero abre una ventana”, etc.

-Los asignadores de responsabilidad: son el arquetipo de personas que atribuyen la responsabilidad de sanación y superación del asunto al propio padeciente. Suelen expresar: “Pensá que querés mejorarte y lo vas a lograr”, “Sé que podés hacer esto, vos también colaborá”, “Mentalizate que estás bien”.

-Los de los gritos de guerra: son aquellos individuos que nos colocan en el frente de batalla y nos arengan a combatir, sin que tengamos ganas ni hayamos pedido hacerlo, pero están listos para mandarnos a la guerra. Suelen decirnos: “Luchá”, “Sé fuerte”, “No te dejes vencer”, “Vas a ganar esta batalla”, etc.

-Los superadores de anécdotas: son aquellos quienes siempre tienen a mano un drama superior al nuestro, solo para que sepamos que no deberíamos estar quejándonos tanto. “Hay gente que está mucho peor”, “Eso no es nada, a mí una vez…”, “Agradecé que estás viva/o”, “Al menos no te pasó lo de Juancito”, etc.

Si la gente pudiera saber el efecto negativo que provocan estos mensajes “positivos” en alguien que la está pasando mal, lo pensaría dos veces antes de decirlos y guardaría las frases motivacionales en el locker del gimnasio.

Ojo, sabía que no eran malas personas por expresarme esas cosas, solo estaban respondiendo al impulso de contestar a una situación desafortunada con una frase que ellos consideraron acorde. Pero si bien yo retrucaba con una sonrisa diplomática, lo único que quería hacer era tomar sus caras con mis manos, mirarlos a los ojos y decirles que está bien si no tenían nada positivo para decirme sobre una situación negativa.

Muchas veces lo comenté, y terminaban enojándose conmigo por “herir los sentimientos” de quien lanza el mensaje. Pues lamento decirlo, pero a quien le toca escuchar el mensaje está mucho más herido que el emisor del mismo.

Además, la empatía no es un lujo, es una necesidad para alguien que sufre. Me di cuenta de que pocas cosas se necesitan para dar respuestas empáticas una vez que uno logra ponerse en el lugar del otro, de hecho pude identificar tres:

1) Más “te entiendo”, menos consejos. Básicamente saber escuchar, pero escuchar bien, prestando atención, sin interrupciones y evitando la autorreferencia o las comparaciones personales del tipo “una vez me esguincé el meñique y no necesitaba tomar tantas drogas como vos”. Quien busca tu compañía no está detrás de un consejo inaplicable, solo de tu compañía.

2) Menos palabras, más contacto físico. Tomar una mano, el hombro, un delicado abrazo, una caricia en la cabeza, incluso en silencio, son muchas veces más poderosos y útiles para aquellas personas que ya lo han escuchado todo de todos. Especialmente consejos médicos.

3) Más presencia, menos mensajito positivo. Ayudar a resolver los problemas más allá del mundo virtual. Tomarse aunque sea un día de la semana para ser útil y solucionar cuestiones reales: hacer un trámite, pagar un impuesto, ir a la farmacia, hacer una tarea de la casa, acompañar a una visita médica. Cuando le decís a otro “llamame para lo que necesites”, muchas veces lo que necesita son esas cosas.

Siempre fui una persona de escasos amigos, porque consideraba que era mejor tener pocos y los mejores en vez de tener que andarle rindiendo cuentas a un grupo de gente a la que verdaderamente no le importás mucho, y que con vos sienten eso mismo: que están rindiendo cuentas. Mis amigas se contaban con los dedos de una sola mano.

Tanto en el hospital como en casa les escribí y les dije que no se ofendieran, pero que por el momento no quería ver a nadie, al menos por un tiempo, que me costaba aún reconocerme en el espejo. Debieron tomarse la indicación muy en serio porque nunca las volví a ver. Salvo Sabrina, a quien conocía desde los cuatro años, todas las demás desaparecieron de mi vista. Alegaron en el medio diferentes motivos para no verme.

Al principio yo no iba a las reuniones y salidas porque no me sentía bien o el lugar no era “discapacitadamente amigable”, pero luego pasaron de invitarme. Pocas personas entendían mi tormento, por mucho que me quisieran. Pocas personas sabían qué decir, y a veces era mejor no decir nada.

Ese mismo año se había viralizado un corto educativo de la Organización Mundial de la Salud llamado “Yo tenía un perro negro llamado Depresión”, con el objetivo de ayudar a comprenderla. El corto, excelente y expresado con dibujos, explica que la depresión no es una elección y, por lo tanto, deberíamos trabajar por evitar el estigma que la acompaña.

El video utiliza la imagen de un hombre con un perro negro como metáfora y se remonta a la expresión que Winston Churchill usó para describir su propia melancolía, una bestia que lo siguió siempre y que lo poseyó íntegramente durante los últimos años de su vida.

“Cada vez que el perro aparecía, la vida parecía detenerse. En cualquier momento podía sorprenderme con su visita. Cuando los demás parecían estar disfrutando de la vida, yo solo podía verla a través del perro negro. Las actividades que antes me gustaban ya no, e incluso le encantaba arruinarme el apetito. Demolía mi capacidad de concentrarme y si quería hacer algo con el perro debía tener una fuerza sobrehumana.

El perro negro me hacía pensar y decir cosas negativas. Me transformaba en una persona irritable. Se llevaba mi amor y enterraba mi intimidad. Intentaba ahuyentarlo para que saliera corriendo, pero me caía arriba. Me volví bueno automedicándome, hasta que de repente estaba aislado de todo y de todos. El perro negro había logrado por fin secuestrar toda mi vida y cuando se pierde la alegría en la vida uno comienza a preguntarse qué sentido tiene”.

Ese video lo comencé a enviar a mi familia y a mis pocos amigos para manifestar por qué no quería ni podía hacer nada más allá de mi propio sufrimiento físico. La metáfora de la depresión explicaba a la perfección lo que yo sentía con mi dolor físico, el cual se había transformado en mi propio perro negro enorme, cuya monumental presencia y tétricos aullidos atormentaban la mente de quien los escuchaba.

El dolor no dejaba lugar a pensar en otra cosa y hasta le sacó el sabor a las comidas que me gustaban. Me alimentaba solo para no perder peso, porque ni siquiera sentía hambre.

Tampoco me dejaba dormir la mayoría de las noches, y el silencio y la oscuridad ubicaban a mi dolor en un protagonismo total, cuyas únicas espectadoras eran mis lágrimas. Descubrí que de adulto se puede llorar de dolor físico, como cuando somos niños.

Los días “buenos” muchas veces me sorprendía a mí misma apretando fuertemente los dientes, y otras varias me percataba de que contenía la respiración durante segundos.

Sí, el dolor hacía que me olvidara hasta de respirar, por más mecánica e involuntaria que sea la acción. Mi tormento era lo más parecido al día posterior a que una patota de seis tipos me moliera la pierna a palos.

(Extracto de “Este no es un libro de autoayuda” de Eliana Toro).

 

4 comentarios Dejá tu comentario

  1. Sos una muchachita valiente y tenaz en autodescubrirte, observarte y analizarte, en medio de tu drama personal. A todos nos viene un tiempo de penar y pasarla, mal o regular. ( perdida de seres queridos, enfermedades, etc) Esta de mas decirte que ya pasara, que con el tiempo las cosas se iran mejorando. Solo sera asi si tu asi te lo crees. Yo soy de las personas que se manejan con libros de autoayuda. Y el que mas me esta ayudando en estos momentos es CURACION CUANTICA de Deepak Chopra. Para algunos el es un charlatan con acento al hablar el ingles. El es indu, y trae consejos antiguos de la india. No es un guru o un charlatan sino un medico y un investigador del alma humana. A mas de tener un conocimiento profundo de la anatomia del cuerpo humano y de la reaccion de las personas, ante las enfermedades y sus sentimientos. Vale la pena el libro y a mi me resbala que algunos consideren al medico indu un charlatan, porque no todos tienen eso de lo que tu hablas: SENSIBILIDAD. Mucha es la gente que vive apurada, que de tanto pragmatismo se olvidan de ser sensibles con la vida misma, de cultivar sentimientos. Tu accidente te ha hecho madurar de adentro hacia afuera y el sufrimiento te convierte en ver la vida desde otro angulo.Te convierte en sabia. Mi deseo personal es que logres recuperarte fisicamente, emocionalmente y que no descuides a tu pareja, que el amor y la comprension son el remedio mas efectivo y contundente. Tu libro es bueno porque es diferente y porque le llegara a mucha gente que las este pasando de este color. A tu perro negro, tenelo en cuenta pero va siendo hora que le mees encima, y prosigas tu camino.

  2. Guau... cuantas palabras lindas de un esbirro de secta (Al Natural). Te dan catedra espiritual mientras te vuelven loco. Y gratis. Son asi, medio boludos. Almas de esclavos. Hay que tomar lo que sirve y tirar el resto a la basura. Deepak es un charlatan, pero Al Natural sigue a un CRIMINAL.

  3. El Dr. Chopra es un medico diplomado con honores, y ha sido entrenado en Usa, es endorinologo y ha escrito cuantiosos libros traducidos a nivel mundial - Aqui la unica criminalidad es la IGNORANCIA SUPINA. Muchos de los que suelen opinar jamas han leido un solo parrafo sobre los avances en medicina que se explican en el libro. Tenemos por aca un demente que insulta de gratis, lo mas suave: esbirro. Los enfermos mentales son como una otra enfermedad cualquiera, estar mal de la mente es estar enfermo, como si fuera el higado o inflamacion de la prostata Solo hay que animarse a ir al medico a tratarse y curarse.

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