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Cuando la realidad supera a la ficción: similitudes entre los rugbiers y “La naranja mecánica”

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Nada de esto fue un error
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“-¿A dónde vamos?- dijo George.

 

-A caminar un poco y a ver qué pasa– le contesté-.

Entrando en la avenida encontramos justo lo que buscábamos: una pequeña broma para empezar la noche. Era un tipo ‘maestro de escuela’, viejo y con anteojos. Llevaba unos libros bajo el brazo y un paraguas. Después del anochecer no se veían señores de estilo burgués, por la escasez de policía y por nosotros, los chicos malos que rondábamos las calles.

- Veo que cargás unos libros, qué placer raro leer en estos tiempos- le dije al viejo. Y al abrir uno de ellos, añadí: - ¿pero, qué es esto? ¿Qué significan estas sucias palabras? Merecés una lección hermano, te la has ganado-.

Primero, rompimos los libros, después, empezó la diversión. Pete le sostuvo las manos y George consiguió abrirle la boca. El Lerdo, le arrancó la dentadura postiza y la tiró al suelo. Yo la machaqué con las botas. George, una vez más, le agarró los labios y le descargó una buena trompada en la cara, aunque con el puño anillado. Entonces, el sujeto comenzó a quejarse de lo lindo… y le brotó sangre, mucha. Hermanos míos, ¡oh! ¡Qué hermoso…!

Al rato lo dejamos ir. No era la gran cosa, pero no por ello iba a pedir disculpas a nadie. Además, la noche apenas comenzaba…”

Quien narra el evento es Alex, el protagonista de la famosa novela “La naranja mecánica”. Aquella –escrita en 1962- cuenta la historia de un adolescente y sus tres amigos, quienes habitan en un mundo de crueldad y destrucción. Para ellos, el  disfrute de la libertad sólo es concebido a través de la violencia y el dolor hacia un otro. Pues bien, ¿qué tan lejana resulta esta ficción a la luz del crimen cometido por los rugbiers el pasado enero?

Los hechos son de público conocimiento: diez adolescentes mayores de edad, jugadores de rugby, mataron a golpes a Fernando Báez Sosa, un joven de 18 años. Todo sucedió a la salida de un boliche en Villa Gesell alrededor de las 4.40 am. En la actualidad, los imputados se encuentran detenidos, con prisión preventiva en el partido de Dolores. A tres de ellos se les atribuye la autoría material del asesinato. Conforme la autopsia realizada, la patada efectuada por Máximo Thomsen sobre la boca de Fernando le habría ocasionado la pérdida de conciencia. Como consecuencia de aquello, la cabeza de Báez impactó en el piso, llevándolo al peor desenlace.

Eran diez pegándole a uno. Testigos declararon que los rugbiers le gritaban  a  Fernando: “Dale cagón, levantate”, “te vamos a reventar”, mientras este yacía en el suelo. Según relatan,  Báez habría manchado la ropa de uno de los integrantes de la banda oriunda de Zárate, y aquello sería motivo suficiente para acabar con su vida. El argumento ofició de pantalla para que estos deportistas  pudieran “divertirse”. En efecto, se trata de un grupo de individuos que encuentra el éxtasis en generar sufrimiento en el otro. He aquí la primera similitud con los personajes de la citada obra literaria: adolescentes que bajo un modus operandi grupal experimentan el goce  causando dolor en un tercero.

Ahora bien, ¿por qué lastimar a una persona puede generar placer? Al respecto, la médica psiquiatra  infanto juvenil, Dra. Nora Leal, señala que este tipo de conductas -a veces- responden a una descarga de violencia, en donde el placer está en el sometimiento del otro, el cual está en una situación de debilidad. Quienes accionan de esta manera se sienten más fuertes y poderosos. “Se debe distinguir entre sadismo y la  impulsividad. El primero refiere al goce por causar dolor en otro sujeto, en disfrutar de la crueldad; pero para ello se requiere que un par entre en el juego (algo que no ocurrió con Fernando). El segundo, en cambio, alude a la falta de control en los impulsos, lo cual puede devenir, por ejemplo, en  diversas acciones violentas”, especifica la doctora.

Por su parte, el médico psiquiatra feminista Dr. Enrique Stola reflexiona: “Cuando un grupo ataca, si bien hay goce, este se vincula no sólo con el ejercicio de poder sobre la víctima, sino también con el sentimiento de pertenencia de cada uno de los integrantes. Se reconocen como machos poderosos, al límite de hacer lo que se les antoja con otro varón u otra mujer- violándola y matándola-“, afirma Stola. Y agrega: “una agrupación tiende a unir voluntades para lograr un objetivo; en esta oportunidad el fin  es destruir al otro. Quizá cada uno de ellos, de manera individual, no mataría. La situación cambia cuando hay un marco grupal: se vivencia la sensación de impunidad y, a la vez, se imponen liderazgos”.

Más  puntos en común entre el mundo ficticio creado por Anthony Burgess (autor del best seller) y la triste realidad: ambas bandas debieron frenar sus conductas criminales por la misma razón, “se les fue la mano” y los alcanzó la muerte. El protagonista del cuento termina con la vida de una anciana y producto de ello es condenado a prisión. Con los rugbiers ocurre lo mismo: este conjunto de jóvenes encontró su límite tras matar a Fernando. Y resulta oportuno señalarlo ya que en ambos escenarios las palizas eran habituales. En “La naranja mecánica” los muchachos salían ansiosos a las calles a escoger víctimas; en el grupo de zarateños, por su parte, se celebraban las peleas. “Tres noches seguidas a las piñas, si no hay piñas no pudo haber sido alta noche. Jajajaja” escribió en su Twitter, días antes, Lucas Pertossi, uno de los acusados del homicidio. En ambas “historias” hubo delitos preexistentes, pero nadie los advirtió. ¿Qué pasa con los  mecanismos de control ante este tipo de conductas antisociales?

“Una de las características de estas patotas es la ausencia de culpa. Para ellas, la persona agredida es algo que está fuera de lo humano -ya sea por su color de piel, por su identidad de género o por su orientación sexual-, ergo, no merece preocupación alguna”, afirma Stola. El dato no es menor si se tiene en cuenta que -según dichos de testigos- mientras los rugbiers golpeaban a Fernando, también lo insultaban: “Te vamos a matar, negro de mierda”. El joven era de tez morena. A mayor abundancia, las pericias realizadas a los teléfonos celulares de los imputados, develaron que uno de ellos ordenó llamarse a silencio vía WhatsApp: “No escriban más que lo matamos”.  De igual modo, y siguiendo con la analogía, las víctimas de Alex y sus compañeros eran portadoras de características particulares: personas mayores, borrachas, niñas y académicos. Nada quedaba librado al azar.

Para finalizar, una última cuestión interesante: la pandilla Burgess, después de cada crimen, se dirigía a algún bar a beber leche y comer algo dulce; los rugbiers, en la misma línea, luego de acabar con Fernando fueron a un local de comidas rápidas a desayunar. Cualquier similitud con la realidad es mera coincidencia…

 
 

14 comentarios Dejá tu comentario

  1. El comportamiento de los rugbiers, más qué a los de la Naranja Mecánica, recuerda; en realidad es igual, al de dos grupos de odio y altamente peligrosos: los Supremacistas Blancos y los Ku Kux Klan. Ambos típicos de la cultura de la violencia de USA y ambos de un racismo enfermizo. Seria bueno que los jueces tengan en cuenta esa característica racista patológica de los rugbiers criminales y eso sirva de agravante a la hora de dictar sentencia. Que también sirva de advertencia a tipos como ese seudo periodista: Baby Etchecopar, cuya mayor distracción es insultar gravemente a los argentinos de las etnias del Norte argentino. La fuente de su impunidad es una característica del folclore argentino: la anomia. En un país normal, e incluso en Alemania, o U SA, el tipo por sus dichos se chupaba varios años de cárcel. Aquí es un ídolo mediático.

  2. Veraz, qué raro que el único odio que recordás es el de los supremacistas blancos y te olvidás de los nazis. Porque los de EU saben que son rebeldes y que están violando la constitución, y no pretenden ser gobierno ni instaurar un reich de mil años. Coincido en que puede haber algún componente de grupo, no sé de clase porque acá ya quedamos con maría en que son todos negros cabeza con más o menos plata. Pero si contás a los que pegan porque se creen chetos, contamos también a los chorros que se creen con derecho a "castigar" a sus víctimas por motivos igualmente supremacistas, nada más que en ese caso la raza superior es la que tiene aguante y está zarpada. Yo procesaría y multaría por ejemplo al periodismo que justifica un asesinato en ocasión de robo diciendo que la víctima "se resistió".

  3. Y para Joaquin que le pareció brillante una pieza de múltiple desinformación. Espero que lo tuyo haya sido sarcasmo. Porque no son adolescentes, son adultos. Además lo de experimentar el goce de causar dolor a un tercero es otra de las ficciones instaladas en la realidad, y que funcionan como profecía auto cumplida. Te lo explico, a una mina le explican por arriba algunas teorías de Freud en el Colegio, casi siempre las más disparatadas. La mina tiene un hijo y cuando lo ve hacer algo que cree que coincide con lo que le dijeron de algún modo transmite aceptación o debilidad ante eso. El chico aprende y refuerza esas acciones por más que sean totalmente destructivas. La teoría pasó a la práctica por medio de la aceptación, como ocurre con todas las estafas y mentiras. Claudín, ya sabés.

  4. Son homicidas y cobardes, en fin unos patoteros, se tienen que definir por eso, no si son o no son rugbiers, eso no suma ni resta, son criminales, lo hicieron a propósito y no es la primera vez, esta vez con resultado funesto. No tienen disculpa

  5. Silvia Triste y enorme la similitud La realidad supera la fantasía Una vez más la violencia se instala y recoge en el accionar de estos jóvenes (adultos con capacidad de discernir)las múltiples discriminaciones que finalmente hace que la víctima sea merecedora de la aplicación de la acción macabra :asesinar Ojalá está vez quede claro que las acciones tienen consecuencias Más allá de quienes sean los. Victimarios

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