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Acerca de la vida (y la muerte) de Jorge Boimvaser, un tipo tan controvertido como genial

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En primera persona
En primera persona

Jorge Boimvaser era tan brillante como controvertido. Un periodista raro, inquieto, diferente a todos los demás.

 

Lo conocí en 2003, hace 18 años. Cuando vino a verme al lugar que oficiaba como redacción de Tribuna de Periodistas.

Hola pendejo, me encanta lo que hacen y quiero ser parte del equipo”, me dijo. Y casi que no me dejó responder: a los 5 minutos estaba sentado en una computadora escribiendo una nota periodística, al tiempo que seguía con los elogios a este portal. Principalmente admiraba los textos de Fernando Paolella, otro grande.

Ponele el título que quieras, ponele la foto que se te cante, pero no me cambiés nada de la redacción”, me dijo.

Era un artículo sobre Antonio Stiuso, de quien en esos días nadie se animaba a decir nada de nada. Básicamente porque era el tipo más poderoso —y peligroso— de la Argentina, a través de su cargo en la entonces Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE).

Esa nota nos trajo muchos problemas, de todo tenor, legales y de los otros. Pero también fue un récord de lecturas. El primer artículo periodístico de Tribuna que superó el millón de lecturas.

Luego llegó otra nota explosiva, esta vez sobre Gustavo Béliz. Y luego otra, sobre AMIA. Y así sucesivamente. Fue un éxito tras otro. Porque siempre Boimvaser aportaba primicias. De toda índole.

De hecho, fue el primero en decir que Leonardo Fariña era el valijero de Lázaro Báez, cuando aún nadie sabía nada sobre el ignoto contador. Meses antes de que lo “revelara” Jorge Lanata.

Juntarse a tomar algo con Boimvaser era un verdadero placer. Porque siempre regalaba anécdotas de diversa índole. Tramas en las que él mismo había estado involucrado.

Como cuando me contó que se había infiltrado en la agrupación guerrillera Sendero Luminoso, en Perú, en los años 80. Allí fue descubierto en algún momento y casi fue linchado.

Su pasión por el periodismo solo era superada por su fanatismo por los Redonditos de Ricota. Delirio que dejó retratado en el genial libro “A brillar mi amor”.

Muy bien escrito, con una prosa atrapante, como cada una de sus obras. Al menos las que pude leer. Una de las primeras investigaciones que llegó a mis manos fue su libro sobre “Las manos de Perón”, con detalles escabrosos de la política detrás de la disección de los miembros del expresidente argentino. “Está escrito como si fuera ficción, pero es todo cierto”, me dijo.

Luego me tocó leer otra de sus imperdibles investigaciones: “Los sospechosos de siempre”. Con datos desconocidos del mundo del espionaje, al cual él mismo aparecía muy vinculado, de manera lacónica e inquietante.

Era un límite que nos separaba de manera tajante. Porque yo venía denunciando a los colegas que cobraban de la SIDE. Y Boimvaser los defendía. Como si estuviera bien recibir dinero bajo mesa por parte del organismo más cuestionado del país.

Los años fueron pasando y nos fuimos alejando uno del otro, sobre todo porque ambos nos escapamos de Buenos Aires, a diferentes lugares del país.

Así y todo, el contacto siempre siguió, a través del siempre presente Whatsapp. Yo escribía largos testimonios, contándole mis novedades. Y él me acribillaba a audios interminables.

Lo último que me dijo, en 2019, fue que quería recalar en Mendoza. Me pidió que le hiciera “la gamba” para trabajar en algún medio de la provincia.

Le respondí que con gusto lo haría, que viniera cuando quisiera. Y ya no volvió a responder. Lo próximo que supe es que había fallecido. Y quedé claramente pasmado.

Porque Boimvaser parecía inmortal, un tipo preparado para todas las batallas. ¿Cómo había podido morir aquel que zafó de una golpiza de Sendero Luminoso? ¿Cómo es que la muerte encontró desarmado a quien se animó a denunciar con total impunidad que el Coti Nosiglia se había robado las manos de Perón?

No tengo ninguna respuesta ahora mismo. Y hace mucho que no la tengo. Porque Boimvaser no murió ahora, sino que lo hizo a mediados del año pasado.

Y desde entonces me encuentro paralizado, sin saber qué decir. Como si hubiera algo que pudiera decirse finalmente.

Ojalá tuviera alguna frase brillante, como las que el propio Boimvaser sabía decir. Pero no. No se me ocurre nada.

Acaso pueda despedirlo con una frase de su admirado Charles Bukowski, que bien cabe en este momento: “No puedes vencer a la muerte, pero puedes vencer a la muerte en la vida... a veces”.

 

3 comentarios Dejá tu comentario

  1. QEPD. De lo poco que lo conoci, leyendolo por estos medios digitales de segunda lectura, siempre me parecio alguien lucido.

  2. Para mí siempre fue el Kolchak argentino. Aunque siempre sospeché que era agente. Me gustaría que alguien recopilara sus notas más intrigantes porque ocurrieron tantas muertes sin explicar así como también otros hechos delictivos relacionados con el poder. Por caso, ahora se dice que el robo al Museo de Bellas Artes fue cometido por agentes con el fin de comprar armas para el Estado. Y esto me hace pensar que en el atraco al Banco Río hubo participación de inteligencia.

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