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Estancia San Ignacio, un lugar mágico de Mendoza donde podés construir el futuro que siempre soñaste

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Invertí hoy y disfrutá toda la vida.
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Cada año miles y miles de personas deciden escapar de la locura que es la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires y enfilan hacia puntuales lugares del interior del país, menos convulsionados. Donde la gente suele vivir algunos años más.

 

En Mendoza hay varios sitios con esas características, muchos de ellos conocidos. Sin embargo, ya empiezan a superpoblarse. Pero hay un lugar que aún sigue siendo un páramo, donde poca gente ha recalado hasta ahora. Queda en uno de los lugares más hermosos de la provincia, poco conocido, pero paradisíaco finalmente.

Allí, cualquiera de los que están leyendo esta nota pueden comprar un terreno y empezar a construir su futuro. No es nada caro y el lugar vale la pena. De hecho, se los invita a conocer su página de Instagram. Se llama Estancia San Ignacio y tiene una historia de película.

Se trata de un lugar que super ser un rancho ganadero dedicado a la actividad agropecuaria desde el siglo XVIII hasta aproximadamente fines del siglo XX siendo la familia Scaiola su último propietario con estos fines.

Hacia 1765, se conocía esta vasta región como Estancias del Plata, la cual estaba conformada por las Estancias San Ignacio, de la familia Zapata Mercader, El Salto de la familia Fourcade, Del Plata de la familia Gaetano Larroca y Las Aguaditas de parientes de los Zapata Mercader.

A comienzos de 1795, un piquete de soldados realistas al mando del capitán Bernardo De Quirós se extravió en la zona del Cordón del Plata. El capitán junto con sus 50 hombres comenzó a buscar el curso de un río y encontró el río Blanco. Caminaron por la vera del mismo hasta llegar a su desembocadura en el río Mendoza e hicieron campamento en la confluencia de los ríos Blanco y Mendoza.

Ellos traían un arreo de ganado mayor y menor de mulares, vacunos y ovinos que dejaron pastando en pequeños potreros que se encontraban en el lugar. Es así como luego, este capitán levantó ahí un pequeño fortín para defenderse de las fuerzas realistas llamándolo al mismo Potrerillos.

Con la llegada del ferrocarril allá por el 1852 se erigió una estación que originalmente se dio por llamar Apeadero Concha Subercaseaux de San Ignacio. Como consecuencia, se construyeron casas para los operarios encargados del mantenimiento de la vía férrea y de la estación. Nace así el nuevo pueblo llamado Potrerillos cuyo nombre fue tomado del antiguo fortín del lugar.

Durante todo ese tiempo y hasta el presente, Estancia San Ignancio se ha mantenido ajena a los permanentes cambios en la zona, conservando inalterada toda su riqueza natural.

Fue a partir de los años 90’ que se realizó una división de tierras entre los herederos de la familia Scaiola dejando los lineamientos de la conservación natural del lugar como prioridad. Se tomó ese principio como parámetro inclaudicable para todo nuevo desarrollo, planificación y uso de los recursos del lugar.

La construcción del embalse Potrerillos a comienzos del 2000, aportó a la zona un atractivo más a los que ya tenía, convirtiendo a la región en un lugar único con un paisaje inigualable.

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