10/04/2003 | Analisis

La nueva Ley Federal de Educación

UN PROBLEMA MÁS EN LA EDUCACIÓN

La nueva Ley Federal de Educación

Los pilares básicos de toda Nación que se precie como tal son justicia y educación. Y tal vez, si profundizamos un poco más, con la segunda nos basta, ya que con educación un pueblo accede a todos los otros aspectos que conforman una sociedad de bien.

El sistema educativo tiene responsables. Un aparato gubernamental se ocupa de que, teóricamente, la educación se ajuste al contexto histórico y socio-cultural. Los funcionarios que encabezan el Ministerio de Educación no parecen ser los más aptos, los docentes no parecemos hacernos escuchar y la sociedad en su conjunto parece no darse cuenta de la importancia que tiene la educación para cualquier país.

Hace un poco más de 10 años se puso en marcha la nueva Ley Federal de Educación, Ley que rige para las provincias, pero no para la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Los impulsadores de esta Ley, fueron el Dr. Eduardo Duhalde, entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires y la ex directora general de Cultura y Educación, Graciela Giannettasio (actual ministra de Educación) sumado a ellos un grupo de personas que, seguramente al igual que los dos primeros, hace mucho tiempo (o tal vez nunca) que no se dan una vuelta por las escuelas provinciales.

Leerla no trae controversias, el punto está en ver cómo llega, se desarrolla y en qué terminan algunos aspectos de esa nueva Ley.

 

Hablemos en otros términos

 

Algunos vocablos históricamente relacionados con la docencia desaparecieron del diccionario escolar. Así es el caso de evaluación, promedio, examen, hora cátedra, mesa examinadora, tribunal, orientación, primaria y secundaria y aparecieron en su lugar compensación, informe, módulo, período de compensación, modalidad, EGB 1, EGB 2, EGB 3 y polimodal.

Cambiaron los términos y cambiaron las formas y si bien no todo es malo, los aspectos negativos tapan el resto.

 

¿Capacitación docente?

 

Todos aquellos que elegimos la docencia como profesión debimos pensar primero en qué nivel queríamos enseñar. Los que elegían el nivel primario cursaban el magisterio y los que elegíamos el nivel secundario debíamos decidir qué materia nos gustaba y cursar un profesorado de cuatro años que nos especializara en cada aspecto de la materia elegida. Los estudiantes de magisterio, una vez recibidos, no sólo tuvieron acceso al nivel primario, sino también a la enseñanza secundaria, esto siempre y cuando se hubiesen agotado las posibilidades de que un profesor de enseñanza secundaria pudiese tomar las horas cátedra. Dicho sea de paso, los docentes de enseñanza secundaria nunca accedimos, como el lógico, a ejercer en el nivel primario.

La nueva Ley Federal de Educación trajo consigo un revolucionario cambio en la capacitación docente: la reconversión. Tal como lo indica la misma palabra se volvía a convertir a los docentes para que su preparación fuese acorde a lo que la ley pedía. Así fue como docentes de primaria y de secundaria nos encontramos haciendo cursos de un año en la materia elegida. Y, después de ello...ya estábamos todos listos para dictar clases en EGB 3, es decir en 7º, 8º y 9º (antiguos 7º grado, 1º y 2º años). La cosa empezó mal. Respetamos todas las preparaciones, pero suena incoherente que tanto maestros como profesores realicen el mismo tiempo de capacitación para una materia que los primeros han visto durante UN año en medio de muchas otras de diferentes especialidades y los segundos estudiamos durante cuatro años y 32 materias.

Así salimos todos, papelito en mano, a dictar las mismas materias para el mismo nivel.

¿Qué sucedió con arquitectos, abogados, médicos, licenciados, contadores, administradores de empresa, técnicos, bachilleres, peritos, etc? Debieron hacer un curso semipresencial de capacitación docente durante un año. Y listo. Otro papelito habilitante para la docencia.

Evaluación vs. Compensación

El sistema de evaluación (hoy este es un término semejante a mala palabra en docencia) también cambió su forma. Ahora tenemos todos las variantes de la compensación: período de compensación, preventiva, continua. Los alumnos ya no son sometidos a injustos y frustrantes exámenes y resulta más fácil aprobar una materia que desaprobarla.

Si el primer o segundo trimestre les queda con nota baja, el alumno tiene lo que se denomina compensación continua, es decir que va elaborando trabajos prácticos de aquellos temas en los que se encuentra desaprobado hasta llegar al período de compensación preventiva, o sea, tiene la posibilidad de no llegar con ese o esos temas a diciembre, sino que puede rendirlos, ¡¡perdón!! compensarlos en períodos anteriores. El docente a cargo prepara así los mil y un trabajos para aquellos que no se han eximido, le debe buscar la forma en que el chico aprenda los temas en cuestión poniendo a prueba todos los recursos (entiéndase pedagógicos) que se encuentren a su alcance. Mientras tanto las clases continúan normalmente. Se siguen desarrollando los temas curriculares que corresponden, atendiendo así al alumnado que sigue la programación y a los que aún no han aprobado todos los temas. Pero, si el alumno que teníamos compensando (que nunca es uno) aún no aprueba, es el docente el que debe ingeniárselas nuevamente en un período de diciembre para que el alumno pueda aprobar. Y atención que decimos período y no decimos examen. Porque tenemos dos semanas para volver a explicar los temas que fueron desaprobados y darle una nueva oportunidad para compensarlos. Nuestro alumno no aprobó. ¿Qué hacemos entonces? Seguir preparando estrategias pedagógicas para febrero, ya que en ese mes vuelve a tener dos semanas de compensación en donde se le vuelven a explicar los temas y se les vuelve a tomar la compensación.

A esta altura estamos todos saturados: los docentes no sabemos ya cómo presentar el tema y los alumnos saben que pronto tendrán una nueva oportunidad.

Multipliquemos esto por, mínimamente, diez alumnos por curso, diez cursos, cinco escuelas y cinco niveles. Ubiquémonos en las aulas superpobladas que tenemos en donde el número de alumnos asciende a 40; 45; 50. Ni hablar de las condiciones en las que se encuentran los establecimientos y de los problemas de alimentación que aparecen cada más fuertes y marcados en las aulas. A lo mejor, lo que conviene es aprobarlos cuando lograron dibujar la O con el vaso.

¿Quién habla? Es casi un comentario obligado en sala de docentes la dificultad de los alumnos por leer fluidamente, comprender una consigna, entender un texto, escribir algo coherente o mostrar siquiera un mínimo interés en algo. Pero nos olvidamos que los adultos todavía no hicimos todo lo que está a nuestro alcance para que esto no ocurra. Espero que algún día tomemos las cacerolas por algo más que un problema económico y lo hagamos por el caos en el que se está convirtiendo nuestro sistema educativo.

 

Catalina Sosa

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