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El rompecabezas Perón

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29º ANIVERSARIO DE SU DESAPARICIÓN
29º ANIVERSARIO DE SU DESAPARICIÓN

De todos los nombres, un nombre. Sin duda, el nombre de Juan Domingo Perón parte en dos la historia política argentina del siglo XX. Precisamente conviene recordarlo hoy, a 29 años de su desaparición física, aquel gris lunes 1 de julio de 1974. “Exactamente a las 13 y 15 del lunes 1° de julio, dejó de existir el general Juan Domingo Perón, tres veces presidente de la República y líder indiscutido de los trabajadores argentinos. Un breve mensaje de María Estela Martínez de Perón, difundido por la cadena de radio y TV a las 14:10 divulgó la triste noticia. En la residencia de Olivos, donde se produjo el deceso, se levantó una capilla ardiente hasta que el féretro fue trasladado a la sede del Congreso Nacional, un penoso itinerario que comenzó a las 8 de la mañana del martes, cuando algunos de sus ministros y edecanes trasladaron a pulso al viejo líder desde el chalet de la residencia al coche fúnebre. El cortejo se dirigió a la Catedral Metropolitana, donde a partir de la 9 y 40 se rezó una misa de cuerpo presente. Las escenas de congoja popular se verificaron a lo largo del recorrido entre Olivos y Plaza de Mayo, y otro tanto sucedió cuando los restos de Juan Perón fueron colocados en la cureña que los trasladó hasta la sede del Palacio Legislativo. En ese momento –eran las 11 de la mañana- una multitud aguardaba el momento de despedirse de su caudillo: el incesante desfile se prolongó hasta el jueves 4, cuando concluyeron las honras fúnebres”, así ilustraba la edición extra de la  extinguida revista Siete días del 5 de julio de ese año, ese momento trascendental de la historia argentina reciente.

 

Casi treinta años pasaron de ese lunes, en el que Perón pasaba a la inmortalidad a bordo de la cureña de un cañón. En ese lapso de tiempo, ríos de sangre, muertes, desapariciones y traiciones a granel marcaron a fuego el camino de la patria sudamericana que lo vio nacer, recibir el calor o el odio de sus compatriotas, exiliarse, volver con gloria y morir.

 

Perón, un modelo para armar

“La mayoría sigue evocando su primera gestión, que modifica favorablemente la condición de los trabajadores y reparte la torta. Pero están también las otras caras: su segunda presidencia, más autoritaria, el ajuste económico (el Congreso de la Productividad, el contrato con la California), el destierro, donde, enajenado, habla de asesinar a los dirigentes de la Revolución Libertadora que lo derrocó. Son los Perón que mucha gente n perdona. De él pervive básicamente la idea de que el Estado no puede desentenderse de los desposeídos. De su política estatista y nacionalista no ha quedado nada, porque la Argentina ni el mundo son los del 46. La represión de los 50 palidece a su vez frente a otras más brutales que sufrió el país. Su figura se fue desdibujando, dejando en la conciencia el tema de la justicia social, que ya forma parte de nuestra tabla de valores. El peronismo tuvo esas cosas positivas, lo que uno no acaba de entender es por qué este movimiento ha sido siempre tan caótico, propenso a la corrupción y con una tendencia a la hegemonía permanente”, le comentaba en septiembre de 1995 el historiador Félix Luna a la revista Página 30.

“Nos hicimos peronistas porque esa era la identidad de la clase obrera: los negros, los grasitas. Su nombre estaba ligado a lo prohibido. De ahí, la frase brillante de John William Cooke: “el hecho maldito del país burgués”. Eramos muy jóvenes. Construimos entonces un Perón para la necesidad de la época: un líder revolucionario. Establecimos una relación fervorosa y apasionada. Creíamos que su regreso al país consumaba un momento trascendente de nuestra historia. En Ezeiza muere como caudillo absoluto, y en medio de la masacre se horroriza, queda mal ubicado y se transforma en un elemento más de las contradicciones nacionales”, evocaba el escritor José Pablo Feinmann en la misma revista.

¡Vamos a decretar el salariazo y vamos a hacer la revolución productiva!”, se desgañitaba el aún patilludo Carlos Menem encaramado en el menemóvil, durante la campaña electoral de 1989. Sin embargo, es bien trillado ya comentarlo, apenas llegado a la Rosada aplicó el ajustazo y la recesión improductiva. No obstante, hasta su conclusión del mandato en las postrimerías de 1999, seguía ampliamente convencido que él era el auténtico “heredero de Perón”.

El peronismo clásico no tiene nada que ver con el menemismo. Perón hizo una política redistributiva. Perón creó las leyes sindicales de este país. La política peronista fue una política obrera. Ahora es todo lo contrario. Eso creo. La política de Menem en términos de quiénes son los beneficiados y quiénes son los perjudicados, es lo contrario de la política de Perón”, opinaba el politólogo Eliseo Verón en otra Página 30, de octubre de 1996. Tres años antes, el propio Menem explicaba a  una periodista de la revista Gente su proceso de transformación en un travesti político: “Las tres reglas de oro de la conducción son: 1) estar perfectamente informado, 2) guardar en secreto esa información, y 3) actuar de sorpresa. Es lo que hice toda mi vida. Si yo en la campaña electoral le digo a la gente: “Vamos a reanudar las relaciones con Inglaterra”, pierdo un 20% de los votos. Si le digo a la gente: “Voy a privatizar teléfonos, ferrocarriles y Aerolíneas”, tengo en contra a todo el movimiento obrero. Todavía no había conciencia clara de lo que era necesario hacer. Cuando los periodistas, durante la campaña, me preguntaban si iba a privatizar o no, yo les decía: “No soy privatista ni estatista”. Cuántas veces vos misma me acorralabas con el tema del indulto y la amnistía. Yo siempre contestaba: “Mi aspiración es unificar el país”.

Diez años transcurrieron de esa joya del doble discurso, y quedaron en el medio millones de desamparados a causa de la entronización del modelo ortodoxo neoliberal. Del legado peronista, quedan solo unos pocos recuerdos y símbolos barridos por el viento de la desidia.

Ni su nombre es evocado como bandera de lucha de aquellos que no se resignan, ni la marchita es entonada con furia en las canchas de fútbol para engranar a la policía.

Sin embargo, su nombre sigue siendo usado por los Barrionuevo, Juárez, Daer, Duhalde, De la Sota de turno, sin miedo a caer fulminados por un rayo vengador.

Mi general, cuantos crímenes contra tus hijos se cometieron en tu nombre.


                                                                          Fernando Paollella 

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