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EL REGRESO DE DUHALDE
EL REGRESO DE DUHALDE

Big Head retorna al ruedo, luego de sus vacaciones en el Viejo Continente. Tras 40 días de ausencia en estas playas, el ex presidente a dedo Eduardo Duhalde busca seguir vigente en el complejo entramado del justicialismo. Pero el ex hombre fuerte de Lomas de Zamora viene con la mano tendida, ya que manifestó que no tiene ánimo de confrontar con el presidente Kirchner.

 

También esto fue corroborado por su esposa "Chiche", cuando afirmó la semana pasada que "encontrarán a un Duhalde muy distendido, alejado de las internas del poder, más optimista y con un ánimo más constructivo. Vuelve para apoyar a Kirchner y no para confrontar con él o robarle espacios de poder".

Según el matutino La Nación del lunes 7, el Cabezón intentará reflotar "el denominado Movimiento para la Producción Argentina. Se trata de un espacio que inauguró en su campaña presidencial de 1999 y que luego abandonó. La intención de Duhalde es reunir a empresarios y sectores del trabajo para discutir las ideas de una economía de la producción y el trabajo que aporte propuestas a Kirchner".

Más allá de esta retórica populista, conviene recordar las medidas económico-sociales llevadas adelante cuando ocupó la magistratura para no comerse otro sapo.

Acariciando lo áspero

Es común que en Argentina que el discurso de un político, sea de corte populista cuando está en el llano o cuando se encuentra en la primera etapa de su gestión. Luego, padece un ataque de "realismo pragmático" y se abraza con el ideario neoconservador travestido en la "economía social de mercado".
Eduardo Duhalde no fue la excepción. "Autor de la célebre frase 'la clase política argentina es una mierda', Duhalde no dudó, al igual que Alfonsín, en jugar con la demagogia a fondo, como lo resume esta frase en la cual, es obvio, él mismo se incluía en un presunto acto de mea culpa. Sin embargo, al igual que el ex presidente, jamás planteó una ruptura con el sistema político y económico instaurado por Menem y Cavallo", plantea Angel Jozami en su libro Argentina, la destrucción de una nación (Editorial Mondadori, 2003)
Ni bien fue investido de su cargo en el Congreso el 2 de enero de 2002, el Cabezón se mostró como un líder populista de primera hora: "El modelo está agotado, la Argentina está quebrada, fundida, y de aquí debemos partir", manifestó a los legisladores de su partido que lo aplaudieron a rabiar. "El 3 de enero, Duhalde ya había creado serias aprehensiones y alarma en los inversores extranjeros, al esbozar una política proteccionista, pero sin definir medidas claras. Ante un auditorio de industriales, el presidente, fiel a su estilo, había anunciado 'el fin de la alianza del poder político con el poder financiero, que perjudicó al país'. Y, temeroso del cuadro social, afirmaba que su "primera obligación es garantizar la paz social en la Argentina". El hasta hace un momento presidente de la UIA, José Ignacio Mendiguren, había devenido ministro de la nueva cartera de la Producción, creada especialmente por Duhalde para integrar a este conspicuo integrante del Grupo Productivo y activo promotor de la devaluación del peso. Al igual que el jefe del Ejecutivo, Mendiguren interpretaba la nueva política económica que no terminaba de concretarse en un programa: El presidente ha dicho claramente que no teme ser tachado de proteccionista, ya que cualquier país del mundo protege su producción y su mercado'.
Todo parecía conducir a una suerte de nueva experiencia nacionalista en la Argentina, al menos para los extranjeros poco informados del valor de las palabras de los políticos y empresarios argentinos" (obra citada).
Pronto, el ex compañero de andanzas de Carlos Menem en 1989, empezó a comerse sus propias bravatas nacionalistas: "Duhalde empezó a virar. El mismo día de la reapertura de los mercados (el 14 de enero de 2002) declaraba que 'no vamos a volver al proteccionismo'. Buscando frenar el descontento de los inversores extranjeros, soltó una definición que, a su juicio, calmaría a los críticos: 'Yo vengo defendiendo desde 1987 el modelo chileno' de apertura comercial y libertad económica. Pero a estas alturas, cuando ya había estallado la convertibilidad que había superado al modelo chileno ampliamente en lo que hace a la libre movilidad de capitales e inversiones, ¿quién podía creerle a un presidente que pocos días antes hablaba de proteccionismo?" (obra citada).
Nadie, obviamente. Y, seguramente, tampoco ahora habrá que creerle pues se hace difícil tomar en serio a alguien que, a lo largo de su trayectoria, siempre se destacó por ser un hábil prestidigitador de batracios que otros engullen con deleite.

Fernando Paolella

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