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Rojo: los duros años ‘70 en un vintage posmoderno

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Otra historia políticamente correcta con pretensiones rupturistas
Otra historia políticamente correcta con pretensiones rupturistas

Ficha Técnica / Artística

 

Título original: Rojo.

Dirección y Guión: Benjamín Naishtat.

Género: Thriller,Drama Apta para mayores de 13 años.

Reparto: Darío Grandinetti, Andrea Frigerio, Alfredo Castro, Diego Cremonesi.

Productora: Coproducción Argentina-Francia-Brasil; Ecce Films / Bord Cadre Films / Desvia Produções / Pucará Cine / Sutor Kolonko.

Música: Vincent van Warmerdam Fotografía: Pedro Sotero.

País: Argentina Año de producción: 2018Estreno: 25/10/2018.

Duración: 109minutos.

Una vez más en el cine argentino, el relativismo ideológico jugó en contra de su realizador. En esta esta oportunidad, fue Benjamín Naishtat (“Historia del mal”, 2011), la víctima de su propia torpeza intelectual. Querer no es poder, y hacer arte en movimiento no es igual a falsificar el pasado recreando fantasías y mitos. El campo de la mímesis (lo real), se plasma a través de documentación científica contrastable, no de relatos y leyes ficticias impuestas al soberano. La pretendida batalla cultural (en este caso desde la mirada cinematográfica), no da patente de corso a la nueva moda de la posverdad histórica.

Para la película no hubo secuestros, crímenes, tomas de cuarteles, asesinatos, guerrilla urbana y rural en el país y en el continente americano. No hubo contextos históricos en el objeto de estudio. Deliberadamente omitieron ese “pequeño” detalle. Es la mirada sesgada romántica e ingenua de los “jóvenes idealistas” y su victimización, que se potencia en cada fotograma.

Argumento. Argentina, época los ‘70. Un hombre extraño llega a una tranquila ciudad de provincia. En un restaurante, y sin motivo aparente, comienza a agredir a Claudio, un reconocido abogado. La comunidad apoya al letrado y el extraño es humillado y expulsado del lugar. Más tarde y camino a casa, Claudio y su mujer, Susana, son interceptados por el forastero, quien está determinado a cobrarse una terrible venganza. El abogado toma entonces un camino sin retorno, de muerte, secretos y silencios.

El guión del film nos convoca a un espacio-tiempo de tensa calma, la que precede los sucesos dolorosos. Ambientado en un pueblo de una provincia de Argentina (septiembre de 1975), pleno apogeo de la Triple A (y el accionar del terrorismo subversivo, que casualmente hace mutis por el foro en la narración), y la crisis institucional del país. El metraje sufre de dos trastornos cinematográficos manifiestos: el género, que le es esquivo (el thriller, al no conformarse los roles del villano, los contraplanos, los héroes, el policial, las distintas atmósferas, las pistas y un final naif), y la narración (el lenguaje y el montaje) que dispersa. Los “tiempos muertos” son consistentes, al menos.

El protagonista, el doctor Claudio Morán (Darío Grandinetti) es un abogado respetado dentro de la comunidad pueblerina, casado con una mujer distinguida (Andrea Frigerio) y padre de una adolescente, Paula (Laura Grandinetti, su hija también en la vida real), que está en plena iniciación sexual con su novio Santi (Rafael Federman). A partir de ese cuarteto de personajes principales se construye la historia en donde habrá intrigas de poder, venganzas por ofensas antiguas y una incipiente aunque torpe acción que no constituyen el género tipificado. Las escenas de miedo, terror o suspense, no asustan o alteran ni a mi adorada tía Eduviges.

Para destacar, el sólido trabajo (de reparto) de Alfredo Castro, el actor chileno como el detective Sinclair, implacable sabueso de la verdad que se esfuma, superador del protagónico de Grandinetti, en su adusto papel que cumple sin destellar; todo el candor en la reconstrucción de una época: el mítico y querible automóvil Valiant (III y IV)de la Chrysler Argentina, la música, la belleza de la siempre sugestiva Andrea Frigerio y se terminó la cinta vintage. En una producción con muy pocos condimentos estéticos y conceptuales el presente metraje no será algo para recordar.

 

Alfredo Castro (foto). Toda la plasticidad, el oficio y la destreza de este Sherlock Holmes chileno. El personaje le queda pintado. Otra historia políticamente correcta que fracasó. Con todo, el film de Benjamín Naishtat se llevó tres estatuillas en el 66° festival de cine de San Sebastián. Es el determinismo de lo “correcto” y la globalización cultural que premian la mediocridad.  

   Gustavo Contarelli

Puntaje de la película: 3 ½ Tribunas

Puntaje actor de reparto: Alfredo Castro 5 Tribunas

Referencias:

5 Tribunas:excelente /imperdible

4 Tribunas:muy buena

3 Tribunas:correcta / buena

2 Tribunas:regular

1 Tribunas: mala /pésima


 

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Cynthia Gentilezza. Analista en seguros