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El telar de Cristina

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Una estafa llamada kirchnerismo
Una estafa llamada kirchnerismo

Por estos días se conoció una estafa que tuvo mucha repercusión; me refiero al “Telar de la Abundancia”.

 

La noticia se amplificó en los medios porque aparecieron involucradas actrices y mujeres muy conocidas, identificadas con el colectivo de actrices feministas: María Carámbula, Barbie Silenzi, Juana Repetto, Emilia Mazer, Edda Bustamente y otras como Fabiana Cantilo y Katja Aleman.

De hecho, hay un audio de Jazmín Stuart invitando a participar y a confiar en el esquema. ¿Cómo se vincula esto con el colectivo feminista en general y con el kirchnerismo en particular? Empecemos por el principio. ¿De qué se trata la estafa del telar de la abundancia?

Este tipo de fraude fue una creación de Carlo Ponzi que en 1920 hizo estragos en EE.UU. Se trata de una pirámide financiera formada por inversores que ponen una cantidad de dinero, en este caso 1.440 dólares, para recibir en un corto tiempo la cifra multiplicada varias veces.

Es obvio que en un momento la cadena se corta, la pirámide colapsa y los “inversores” se transforman rápidamente en estafadores o estafados.

¿Cómo es posible que pase el tiempo y haya gente que cae una y otra vez? Esto es lo interesante y acá entra lo que en el kirchnerismo se dio en llamar crudamente “el relato”. Veamos dónde se cruzan lo político y lo psicológico en este modelo.

La primera vez que escuché hablar de la estafa piramidal fue en los años 80; se llamaba el “avión”. ¿Cuál era el relato para pescar incautos? La ambición.

En esa época estaban de moda lo yuppies. Entonces, el gancho para hacerte caer en la estafa era un discurso exitista del tipo “convertirte en multimillonario en poco tiempo no importa cómo”, o sea: se buscaba asimilar un perfil de éxito y frivolidad que era la marca de la época.

Se trata de captar el discurso de moda, ponerse el disfraz, entrar en los colectivos y las instituciones, romperlos, cooptarlos y sacar un rédito. ¿Te suena conocido?

Y el discurso de esta época es el feminismo. Estos estafadores, herederos de Ponzi, se colgaron de la prosa feminista para pescar incautas con palabras de moda, con neologismo como “empoderar”, palabra que no existe, lenguaje inclusivo y otros términos tomados, claro, de una reivindicación legítima.

Entonces, las consignas de los movimientos de mujeres, insisto, tan válidas y genuinas, quedan de pronto convertidas en un relato para dar argumentos a la estafa.

El audio de Stuart que circuló en redes propone una mezcla en la que confluyen feminismo, espiritualidad, new age, revolución, solidaridad, sororidad, contención emocional, ganancias económicas exorbitantes, economía de mujeres como en un matriarcado y todo poniendo 1.440 dólares, que no es plata, sino un “regalo del universo”. Y así vemos el uso perverso del discurso vigente.

De la misma forma, el kirchnerismo montó su relato para aggiornarse a los vientos imperantes y orquestar la estafa perpetrada al Estado. Es la misma técnica.

Néstor Kirchner se enriqueció durante la dictadura militar con la usura. Su hermana Alicia era funcionaria del gobierno militar.

El estudio jurídico de Néstor Kirchner defendió a un represor acusado de violar mujeres y desde el ejecutivo de su provincia se benefició con la privatización de YPF.

Después de la crisis del 2001 y del descrédito de los políticos, ya en la presidencia, supo ver que la sociedad necesitaba un nuevo discurso para sostener las antiguas prácticas. De la misma forma que el viejo esquema Ponzi usó a las actrices y montó este telar hippie chic para volver a presentarse en sociedad.

Así, Néstor abrazó a la Abuelas y las arrastró al barro de la estafa política clásica: millones y millones destinados a construir casas para pobres que nunca se hicieron pero se cobraron. Todo siempre con un bonito nombre: “Telar de la abundancia” o “Sueños compartidos”: tocar la fibra emocional es fundamental.

¿Por qué apelar a lo emocional? Porque también se ofrece el espejismo de estar formando parte de algo más importante y trascendente. Esto es para provocar el efecto secta: “Los que te digan que es mentira, que somos ladrones, te mienten”.

De esta forma se suspende y se anula el pensamiento racional, ¿cómo no ver el robo? Es obvio, pero la magia está en el relato que adorna la estafa.

Cambiar el disfraz en medio del camino por supuesto es usual. Cuando una persona que ya puso sus 1440 dólares no recibe lo esperado la estrategia es invertir la culpa, “no estás consiguiendo nuevas “fuegas” (así se llaman las ingresantes) como para poder sostener el telar”: es tu culpa.

Cristina, que no habilitó jamás la discusión sobre el aborto durante 12 años de kirchnerismo, de pronto, cuando el tema tomó la calle, se volvió una militante del pañuelo verde. ¿Por qué? Porque quiere seducir a ese sector de juventud movilizado por causas que nunca fueron las suyas, como la de los DDHH.

La forma populista de hacer política siempre es la misma, pero van mutando los disfraces igual que en el esquema Ponzi. Se cambia la carcaza y los únicos que se benefician siempre están en la punta de la pirámide. De modo que hay que estar atentos para no caer en el telar de Cristina.

 

5 comentarios Dejá tu comentario

  1. Cambiemos actúa con una ingeniería muy similar al telar de la abundancia, prometen un futuro fabuloso para el cual uno debe ajustarse y hacer sacrificios y esfuerzos que se verán recompensados con creces en tiempos venideros ( como el famoso segundo semestre), pero finalmente el esfuerzo de ajuste "patriótico" se perpetúa, las ganancias y bienaventuranzas jamás llegan y la estafa queda expuesta en todo su crudo esplendor, solo los arquitectos de tal fraude salen colmados de ganancias (grobocopatel, la sra, el sector financiero, empresarios amigos, etc) mientras el grueso del pueblo queda con las manos vacías víctima del telar globero.

  2. Los esquemas de Ponzi y pirámide no son lo mismo. La diferencia básica se presenta en el tipo de productos que ofrecen a sus clientes estafadores y la estructura de las dos maniobras. Los esquemas de Ponzi se basan en servicios de gestión de inversiones fraudulentas – básicamente los inversores aportan dinero al «administrador de cartera» que les promete un alto rendimiento, y luego, cuando los inversores quieren recuperar su dinero lo reciben vía los fondos aportados por los inversores entrantes posteriores. El problema es que el rendimiento no existe ya que no ha actividades de inversión reales y si las hay no son tan rentables como dicen. Como ejemplos conocidos y recientes tenemos a Hope Funds y Madoff. Un esquema de pirámide se basa en que para que ése se sostenga, cada participante debe reclutar a nuevos participantes. El destinatario tiene que dar sus aportes a los que están en los niveles superiores de la estructura piramidal con la esperanza de ascender a esos niveles superiores. El problema de estas estructuras es que la captación de los nuevos inversores (o estafados) tiene un límite.

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