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¿Robo o auto robo? El inexplicable asalto al Banco Macro de Santa Fe

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Fue en 2012 y aún no se esclarece
Fue en 2012 y aún no se esclarece

En septiembre de 2012, se vivió en Santa Fe un hecho del cual llamativamente ya casi no se menciona nada en ningún lado: el robo a los clientes de Banco Macro.

 

Y hacemos hincapié en su definición, robo a los clientes del banco Macro, porque lo que se difundió deliberadamente como robo al Macro fue una falacia, al banco no le robaron un solo centavo, todo el perjuicio fue exclusivamente a los clientes del banco Macro.

Al respecto deberíamos hacer un análisis lógico para tratar de discernir qué fue lo que realmente pasó en este hecho, ya que por las noticias difundidas, nada se aclara, y más bien es tal la cantidad de cuestiones oscuras que saltan a la vista, que resulta realmente increíble.

Por eso, para ordenar las ideas propongo detallar punto a punto los temas, con el objeto de identificar la cantidad de situaciones de análisis que podemos hacer:


Los tiempos del hecho

Se informó que el hecho se inició alrededor de las 19.30 horas, un día sábado. La sucursal está en pleno centro de la ciudad, sobre la peatonal, en un día y lugar en el que la ciudadanía santafecina circula de a miles, ya que es costumbre caminar la peatonal, más aún considerando que los sábados cientos de negocios permanecen abiertos. Hay que sumar que no hay otra zona urbana en Santa Fe que esté más cubierta con cámaras de seguridad ciudadana municipal con personal de monitoreo permanente, que ese lugar.

En ese día de la semana, y durante 10 horas permanecieron dentro del banco realizando los trabajos que dieron por resultado el robo de 77 cajas de seguridad.


Por dónde entraron

Se ha difundido que 8 delincuentes entraron usando una escalera de aluminio (la cual fue fotografiada por los medios de prensa) llegando a una ventana sorprendentemente sin rejas en el segundo piso.

Al respecto me pregunto ¿Cómo es posible subir 4 tubos de oxicorte, que pesan no menos de 40 kilos cada uno, por una escalera portátil y acceder con ellos por una ventana de un segundo piso? Resulta realmente difícil, más considerando que esa entrada se realizó alrededor de las 20 horas por una playa de estacionamiento que está en pleno microcentro santafecino, donde los sábados el tránsito y movimiento de gente es realmente infernal.

El herramental “pesado” con el que trabajaron fue mostrado por la policía y fotografiado por los medios de prensa. Quien alguna vez trabajó con tubos de oxicorte sabe lo difícil que es manejarlos por lo reducido de tamaño y por lo pesados que son, y resulta increíble que puedan ser pasados por una ventana en un segundo piso subiendo con una escalera portátil. Más lógico es pensar que esos tubos hayan entrado por otro lugar, o bien que ya hayan estado dentro del edificio.


Los guardias de seguridad

El guardia de seguridad (de la empresa Centinela) que estaba en turno al momento del ingreso de los delincuentes fue secuestrado y maniatado. Ese agente finalizaba su turno a las 10 de la noche, pero los delincuentes lo mantuvieron retenido hasta la 5 de la mañana del día domingo (7 horas más).

Es llamativo que ni siquiera su mujer se haya alarmado por el no retorno de su familiar a la casa, ni que no se hubiese realizado la señal de cambio de guardia, como debería ser, con un mensaje a la central de salida de turno “sin novedad”. La rutina de envío de un simple mensaje de texto de rutina en clave hubiese desbaratado toda la operación. Es llamativo que una empresa de “seguridad” no lo tenga protocolizado.


Los sistemas de alarma

Deberíamos preguntarnos, y muy seriamente, como es posible que 8 personas puedan trabajar durante 10 horas dentro de un banco sin que los sistemas de alarma suenen y disparen los protocolos de seguridad.

La policía dijo que “los delincuentes ingresaron con sofisticados sistemas electrónicos para bloquear las imágenes de las cámaras y los sistemas de alarma”. Cualquiera que haya consultado a quienes conocen “algo” de sistemas de seguridad, saben que eso en un banco es directamente imposible. Los sistemas son redundantes y bidireccionales, no solo disparan señales de alarma ante una detección, sino que mandan señales permanentes de sistema habilitado, y se disparan de igual manera ante el bloqueo del sistema ya que no recibe la señal de respuesta. Además las comunicaciones son redundantes, vía telefónica, vía IP y vía radiofrecuencia, cualquiera de los tres que falle dispara el sistema, y es imposible que fallen todos juntos.

Se dijo que “los detectores de movimiento no funcionaban porque los guardias se desplazaban por la sucursal en sus funciones”. Eso es cierto en los pasillos, pero los guardias no tienen acceso a las salas contiguas a la zona de cajas de seguridad y bóveda, donde los detectores de movimiento deberían haberse mantenido activados.

Analice lo siguiente: 10 horas trabajando dentro de una sucursal, con herramental pesado, amoladoras pesadas, mazas y cortafierros, oxicortes, etc, etc.. Detectores de movimiento, cámaras de seguridad, detectores de humo, sensores sísmicos, enlaces radiales, enlaces telefónicos, enlaces vía IP, centro de monitoreo remoto en Rosario, enlaces automáticos a las dependencias policiales, etc, etc., todo al mismo tiempo y durante 10 horas dejaron de funcionar sin que “nadie” lo haya notado… ¿no resulta extremadamente sospechoso?



Pero, las alarmas ¿no sonaron?

El fletero que fue a realizar un traslado de muebles alrededor de las 11 de la noche y fue reducido, declaró que juntos con los dos guardias retenidos sintieron sonar la alarma un par de veces, y que se preocuparon pensando que vendría la policía y quedarían en medio de una balacera. Eso lo comunicó su abogada a los medios de prensa. La policía dijo que mandaron un agente “que miró por la vidriera del banco, no notó nada raro y se volvió a la jefatura” (que está a solo 150 metros del banco), cuando el protocolo de seguridad implica que la policía debe permanecer custodiando la sucursal y la zona hasta la llegada del gerente que les dé acceso para verificar porque se dispararon las alarmas.

Sabido es que además sonaron al menos 5 alarmas de negocios vecinos de la sucursal, y se comenta que además dio una señal de alarma el sistema antisísmico del banco Nación que es vecino de esa sucursal Macro, en una manzana en la cual además hay 4 bancos en un radio físico de 100 metros. Es llamativo que a la policía en una zona tan crítica, no le haya llamado la atención y que no hubiese hecho una inspección más profunda de la zona, no contentándose solo con “mandar un agente a ver por la vidriera”.


La seguridad de las paredes

Se vio en las fotos de los diarios el boquete en la pared del cubículo donde están las cajas de seguridad, más lo que vimos los usuarios de esas cajas cuando nos llevaron a verificar las de cada uno. Es llamativo el poco espesor de la pared de cemento y la casi total falta de una armadura de hierro que le de resistencia y seguridad. Contraste total con las condiciones de seguridad de la bóveda del banco, donde según dicen, “no pudieron acceder por la resistencia de las paredes” La pregunta es ¿realmente quisieron entrar a la bóveda? ¿O acaso fue solo una “puesta en escena”?


Las cámaras y detectores de la sala de cofres

Las cajas de seguridad tenían dentro del área de cofres, detectores de movimientos y cámaras independientes de la del resto del banco, por lo cual debería ser imposible bloquearlas antes de entrar, y se supone que el sistema debería tener por lógica una conexión independiente del sistema exterior.

Nadie explica cómo es que esas cámaras no funcionaron, o bien daría a pensar que esos sistemas solo estaban allí para “ser mostrados” aunque no tenían ni la más mínima operatividad.


Cómo abrieron las cajas de seguridad

Quienes pudimos entrar a ver las cajas luego del robo notamos que el banco ya había retirado las tapas violentadas, pero los bordes de los nichos no presentaban golpes ni quemaduras, ni maltrato. ¿Tan prolijos fueron para abrir las cajas que no rompieron ni martillaron ni quemaron nada? En las fotos que se difundieron en la prensa aparecía un tubo de oxicorte dentro de las sala de cajas de seguridad, pero no se veía absolutamente nada quemado. ¿O acaso las abrieron de una manera más sencilla? ¿Con llaves quizás?


Porque robaron “tan poco”

Es obvio que el “trabajo pesado” ya lo habían hecho, entrar hasta la bóveda de las cajas de seguridad. Una vez allí abrieron solo 77 de casi 600 cajas de seguridad. Entraron cuando quisieron, se fueron cuando quisieron, nadie los persiguió, la policía ni apareció, sin embargo dejaron la mayor parte del potencial botín sin tocar.

Repito, acá nos conocemos todos, y es un secreto a voces sobre quiénes eran los dueños de las cajas robadas, casi todas de grandes empresas, personas conocidas y con potencial económico muy fuerte. Acaso ¿sabían quiénes eran los dueños de las cajas N° por N°? ¿Disponían de información que debería haber sido extremadamente confidencial?


¿Expertos pero tontos?

La policía y desde el propio banco y gobierno ventilaron que la banda estaba formada por “expertos altamente capacitados en el delito”, sin embargo dejaron “olvidado” en un vehículo que se “les fundió”, un GPS con el camino recorrido grabado antes del robo, marcándolos como originarios de Córdoba. Llamativo error para “expertos”. ¿Cómo es posible que “expertos” que son capaces de bloquear 10 horas las alarmas de un banco puedan cometer un error tan “infantil” de dejar grabado en un GPS olvidado la ruta de llegada a Santa Fe, más considerando que es una ruta harto conocida por cualquiera? Más bien parece como una puesta en escena más.


El monto robado

Apenas un par de horas después del hecho, se difundió que el robo rondaría los 10 millones de pesos. Valor sin ningún fundamento si se analiza. En el recordado robo de las cajas del banco Río en Buenos Aires, la entidad repuso a los clientes una media de U$S 300.000 por caja. Acá se dijo que de las 77 cajas robadas, 67 estaban ocupadas, y aplicando un criterio similar se podría pensar en un valor aproximado de U$S 20 millones o más. Considerando como analizamos antes que hay elementos para pensar que los delincuentes tenían información sobre quienes podían ser los propietarios de las cajas robadas, no es ilógico pensar que el valor podría ser en promedio mucho más alto aún, llegando a 30 o más millones de dólares. Hay que tener en cuenta que en los últimos años la mejor inversión de mercado ha sido el oro, y los clientes de alta capacidad económica son precisamente los que más habilidades tienen para hacer ese tipo de inversiones. Así las cosas es dable pensar que “no solo” robaron dólares en efectivo, sino muy probablemente importantes cantidades de metal.



El manejo de la información necesaria

Por último deberíamos hacer un simple ensayo de lógica pura. Para perpetrar este hecho, los delincuentes necesitaron contar con una serie de condiciones e informaciones previas indispensables para poder ejecutar el operativo, a saber:

*Un detallado conocimiento de los sistemas de seguridad con que contaba el banco, como operaban, como estaban encriptados, como se comunicaban con el exterior de la sucursal al centro de monitoreo remoto, cuáles eran las “falencias” del mismo y como aprovecharlas para poder bloquear los disparos de seguridad. Toda esa información es de altísima confidencialidad y solo puede salir desde las entrañas mismas del sistema burocrático del banco ya que debería estar en manos de un mínimo grupo de personas confiables altamente calificadas y controladas por el sistema.

*La actitud que iba a adoptar la policía, también estaba en conocimiento de los delincuentes, ya que un simple operativo de control o un llamado telefónico desde la jefatura al gerente del banco, sobre las escuchas de algún ruido raro o alarmas recurrentes en la zona, desbarataba todo el robo. Se supone que ante la más mínima sospecha de algo raro, lo primero es monitorear las alarmas e imágenes de la sucursal, y eso no se produjo durante las larguísimas 10 horas que duró el hecho, aún cuando un “agente fue a mirar por la vidriera del banco”

La pregunta entonces que debemos hacernos es: ¿Cuántas personas disponen del acceso a este tipo de conocimiento e información imprescindibles, para ejecutar semejante hecho?


¿Existen antecedentes de algún robo similar?

Hagamos memoria sobre los robos más resonantes de los últimos años.

Primero dejemos de lado los hechos conocidos como entradoras o salideras, que tiene un perfil absolutamente distinto, al igual que el caso del Banco Nación de Ramallo.

Recordemos el robo a las cajas de seguridad el Banco Río, el cual fue un hecho completamente distinto, ya que los delincuentes entraron en horario de apertura, tomaron rehenes, negociaron el tiempo suficiente para mientras tanto romper las cajas de seguridad y terminar el boquete por el cual se fugaron por un arroyo entubado. Igualmente otros robos perpetrados en horarios de apertura con toma de rehenes o saqueo de cajas tipo express. Nada que ver estos hechos con el robo que nos ocupa.

Queda solo otro hecho similar a este de robo a cajas de seguridad, perpetrado en el año 2010 donde robaron 212 cajas de seguridad, trabajando 10 o 12 horas dentro de la sucursal, un fin de semana, entando por una propiedad vecina abandonada, y donde las alarmas no sonaron ni la policía se dio por enterada: ¿el lugar? Banco Macro sucursal Congreso en Buenos Aires. Un robo casi calcado al de la sucursal Santa Fe Peatonal del Banco Macro. ¿Casualidad? Mismo Banco, mismo “modus operandi”, mismas deficiencias de seguridad, mismos resultados. Con un agravante: a pesar de haber tenido hace solo dos años un hecho idéntico en su propio banco, las deficiencias de seguridad evidentemente seguían siendo las mismas. ¿Es esto admisible? Evidente y definitivamente NO.


Conclusiones

Lo que aquí fue escrito no tiene otra fuente más que la información difundida por los medios de prensa, lo que pudieron observar objetivamente los afectados por el robo (y los que se salvaron de casualidad), lo que se puede consultar a cualquiera que instale sistemas de alarma elementales, más el fruto de hacer un mínimo análisis lógico de los hechos para llegar a conclusiones evidentes.

Así las cosas hay que preguntarse, primero, quienes, aparte de los propios delincuentes que efectuaron el “operativo”, son copartícipes necesarios (imprescindibles) para que tamaño robo pueda haber sido realizado.

Segundo, cabe preguntarse cuál fue el desempeño de la fuerza de seguridad con jurisdicción en la zona (Unidad Regional I de la Policía de Santa Fe), cual el cumplimiento de los protocolos de seguridad aplicables a instituciones bancarias, y cual la actitud de los funcionarios superiores policiales y de gobierno de la provincia de Santa Fe, ante tal escandaloso hecho.

Tercero, y por último, si cabe que la misma fuerza que debería haber prevenido y evitado la concreción del robo (y que a todas luces evidenció curiosísimas y elementales “ineptitudes”), sea ahora la que investigue el mismo, o si acaso tenemos al zorro custodiando el gallinero.


Algunos interesantes datos sueltos

El Banco Macro es propiedad de Jorge Brito, presidente de ADEBA y banquero vinculado al poder durante varios gobiernos desde Alfonsín hasta nuestros días. Se lo vincula junto con Monetta como los posibles financiadores de la operación Ciccone que compromete al vicepresidente Boudou, y se comenta que está fuertemente cuestionado por Guillermo Moreno quien acusa a Brito lisa y llanamente como “chorro”, enfrentamiento que habría puesto a Brito en la decisión de vender el banco.

Cuatro días antes del robo, el gobierno de Santa Fe, en una sus acostumbradas purgas policiales, descabezó la conducción de la Unidad Regional I a causa de los constantes asaltos y crímenes, la mayoría impunes, que padece la jurisdicción.

Durante los cuatro o cinco días posteriores al robo, y mientras el tema estuvo en ebullición en los medios de prensa, como se acostumbra, se detuvieron a cinco o seis perejiles para cumplir con la acostumbrada “imagen policial”, obviamente sin que a ninguno se le pudiera probar absolutamente nada y por ende fueran dejados en pocas horas en libertad.

Se comenta que entre las cajas robadas, alguna pertenecería a un importante estudio jurídico de la ciudad, que llevaría causas vinculadas a hechos de actuales y pasados funcionarios públicos o sobre hechos durante la dictadura. Dichos comentario no tienen más fundamento que lo que podríamos denominar como un chisme, pero algunos apellidos que se conocen, le dan cierto grado de veracidad al mismo.

Empleados del mismo banco, que conocen el movimiento y cómo funcionan los sistemas de seguridad, dicen que en este hecho hay cosas que son totalmente incomprensibles, resultándoles imposible que pueda suceder un robo así sin complicidades de gente que conozca detalladamente el sistema.

La alarma sonó dos veces: “La primera pasada la medianoche, pero cuando fue la Policía no notó nada raro…..” del diario Clarín un día después del hecho. ¿Cómo entender la actitud de la policía? más cuando el protocolo de seguridad policial para los bancos implica que ante cualquier alarma la obligación es quedarse en el lugar hasta la llegada del gerente de la sucursal y verificar las causas del disparo de la alarma, si es solo una falsa alarma o bien un potencial hecho delictivo.

Más o menos un año antes del robo, el Banco Macro promocionaba sus cajas de seguridad (si, esas mismas) como las más seguras de la región e impulsaba a sus clientes más distinguidos a tomarlas en alquiler, a la par que aumentaba enormemente el costo de mantenimiento de las mismas.

Un cálculo bastante aproximado indica que la recaudación total por el alquiler de las cajas de seguridad de esa sucursal, rondaba los $ 250.000.- mensuales, más impuestos.

Se conoce que entre los clientes del banco Macro que tenían cajas de seguridad en esa sucursal, había conocidos funcionarios políticos, de actuales y pasadas administraciones, a los que se veía con asiduidad por el lugar.

Sabido es que lo que el banco deberá reponer a los clientes robados, será muchísimo menos que lo realmente robado, porque muchos, tal vez la mayoría, no podrán justificar o probar el origen de los bienes que tenían en guarda, con lo cual el crimen se transforma en perfecto.

A menos de un mes de ocurrido el hecho, ya nadie habla del mismo, los medios de prensa se olvidaron (natural o inducidamente) de la cuestión, el gobierno provincial no dijo ni dice absolutamente nada, la policía tampoco, no hay detenidos y todo parece haber pasado “tranquilamente” al olvido. Tampoco hay que perder de vista que el Banco Macro es uno de los principales auspiciantes de todos los medios de comunicación del país.


 

2 comentarios Dejá tu comentario

  1. Señora Torres, esto paso en Santa Fe. Las cosas extrañas pasan en dicha provincia. Autoridades de la sucursal, policía y autoridades políticas estaban de acuerdo para sacar algo que necesitaban o los comprometía. Ahora los robos bancarios son más simples e informáticos, aquí había otra info que el poder necesitaba.

  2. El de la fotito, Jorge Horacio Brito, dueño del Banco Makro un delicuenton de alto vuelo del que se puede esperar lo peor.

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