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La economía de la Argentina en la coyuntura del coronavirus

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Las ideas-fuerzas de Jorge Lorenzut, analista de Historia Económica
Las ideas-fuerzas de Jorge Lorenzut, analista de Historia Económica

La economía mundial en tiempos de crisis sanitaria, está sufriendo fuertes caídas de crecimiento y desarrollo, merced al fenómeno epidemiológico del coronavirus (Coronavirus y síndromes respiratorios agudos /COVID-19, MERS y SARS).

 

Nuestro país no escapa a esas repercusiones —y como siempre— con características especiales que no se ajusta a la comprensión de teóricos dominados por preconceptos ideológicos.

Para entender la realidad que nos circunda, publicamos las ideas-fuerzas de Jorge Lorenzut (prestigioso analista de Historia Económica), que hizo llegar a la redacción de Tribuna de Periodistas. Hete aquí, los conceptos sobresalientes:

 

Estudio del caso argentino

Si queremos encontrar las herramientas para manejar la crisis que vivimos en forma crónica, amplificada ahora por los efectos de la pandemia, tenemos que abrir nuestras mentes a razonamientos y estudios de campo, dejando de lado la aplicación indiscriminada de fórmulas pre-elaboradas. Aún las sociedades más abiertas y liberales, se ajustaron a los términos de la economía de guerra cuando la necesidad los obligó.

-La presión del problema de la deuda externa, la paralización de vastas ramas de la producción, la situación social de marginales y desposeídos, el mantenimiento del empleo, el déficit fiscal, el abastecimiento de artículos de primera necesidad, la protección de la salud, etc.

-El FMI ha dado un espaldarazo a nuestros negociadores al reconocer la inviabilidad de un tratamiento ortodoxo de nuestra deuda. Los fondos buitres deben mirar con cuidado una afirmación que, presentada en los tribunales del exterior, cancelan el concepto de haber comprado “de buena fe” bonos sin destino.

-Es obvio que el Gobierno nacional no dejará de emitir lo necesario, para mantener en lo posible activos los estímulos a la producción y a contener el descontento social aún latente. La baja de la recaudación, la extensión de moratorias y exenciones, son ineludibles. No hay fórmula que pueda superar esto: las consecuencias inflacionarias serán en parte absorbidas por la capacidad ociosa existente, y en parte un precio inexorable que debemos asumir, pues otro remedio sería peor que la enfermedad.

-No habría que descartar que las provincias deficitarias vuelvan al recurso de emisión de cuasi monedas. El empleo sufrirá una caída importante, que no será obstaculizada por una duplicación de las indemnizaciones por despido, pues al quebrado poco se le puede exigir. Hay que hacer un sacrificio fiscal adicional para liberar a las empresas de costos que impiden ya no invertir, si no mantener sus planes productivos.

-Tengamos en cuenta que sólo un 20 % de la población ocupada, es pasible de adaptarse a las técnicas del “home office” (teletrabajo) por el momento. De una vez por todas, hay que eliminar el IVA a los productos de primera necesidad y los alquileres. También el abastecimiento imprescindible y las tarifas públicas accesibles deben ser cuidados con medidas sutiles pero efectivas. Hay mucha hipocresía y desvíos en la aplicación de los subsidios a los más necesitados.

-Hemos comprendido que debemos dedicar más recursos a cuidar la salud de los ciudadanos, y eso implica la necesidad de reencauzar ciertos presupuestos. La mejor señal sería la baja inmediata del costo de la política, en todos sus estamentos.

-La coyuntura exige el diálogo entre los líderes, pero no fotos de diálogo, sino realidades concretas. La Mesa de Enlace Agropecuaria debe resignar justas aspiraciones y volver a la mesa de negociaciones, y el Gobierno nacional debe contener a su sector interno de exaltados ideológicos, y aceptar las limitaciones de lo que se puede exigir sin desalentar.

-Este diálogo podría fortalecerse si realmente se puede constituir un Consejo Económico Social: serio, no discursivo, presidido por un “primus inter pares” por conocimientos y experiencia. Deberíamos supeditar al análisis, no el veto, sobre las decisiones del BCRA, cuya independencia fortalezca, con el tiempo, nuestra moneda, así como el proyecto de presupuesto nacional anual, y otras grandes medidas de política económica, entre ellas el crecimiento de nuestro comercio internacional. Quién sabe si esta vez podremos extraer enseñanzas de la realidad –implacable–que nos rodea, y echar las bases para un país equilibrado, próspero, en paz y democracia.

Constituir un Consejo Económico Social:serio, no discursivo, presidido por conocimientos y experiencia.

Agradecimiento: Prensa y RR.PP. Daniel Saco (PDC /Capital Federal)

 

3 comentarios Dejá tu comentario

  1. Desde ya que quitar impuestos sería una gran ayuda... Pero creo que es pedir peras al olmo en tierras gobernadas por el perónkircherismo. Como van a mantener ellos así sus sueldasos!! sus viáticos, concubinas, amiguitas y los consejeros de científicos que los iluminan para gobernar en bien del pueblo!!

  2. Donde están los del campo que dicen que nos dan de comer ? Alguien los vio dando leche o carne a los comedores de los barrios ??

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