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Lockerbie: con una ayudita de los amigos

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LAS MENTIRAS OFICIALES RECICLADAS
LAS MENTIRAS OFICIALES RECICLADAS

    El 21 de diciembre de 1988 el vuelo 103 de Pan Am estalló sobre el cielo de Lockerbie, Escocia, con un saldo de 270 muertos. La CIA le echó la culpa a los libios, y lo siguió haciendo hasta hoy para estrangular al régimen libio con un embargo atroz.

 

   Sin embargo, la extinta línea aérea no se conformó con la historia oficial y contrató a un experto ex agente de la MOSSAD israelí, Juval Aviv. Según las conclusiones a la que llegó, fue el propio Monzer Al Kassar quien puso la bomba en el Boeing, pero antes avisó a sus amigos de la CIA. La operación habría sido un modelo de juego a tres bandas. Parece claro que originalmente fue planeada y financiada por los servicios secretos iraníes, en venganza por el derribo de un airbús sobre las aguas del Golfo Pérsico por la fragata norteamericana Vincennes, ocurrido en julio del mismo año. También que la acción fue planeada por el palestino pro sirio Ahmed Jibril. Pero Al Kassar habría aprovechado la ocasión para eliminar a seis agentes de la DEA, que iban a Washington con documentación probatoria de que la estación de la CIA de Beirut estaba involucrada en el tráfico de heroína, que él mismo dirigía.

   Según Aviv, el paisano de Yabrud despachó una maleta llena de explosivo C-4 en el aeropuerto de Franckfort, lugar que habitualmente y de la misma manera, despachaba valijas llenas de heroína con la complicidad de la red montada por la CIA allí mismo.

    La destinataria habitual de los cargamentos, era la famiglia Badalamenti, que seguía siendo muy activa en la Costa Este.

   Ya en mayo de 1990, el matutino francés conservador Le Figaro cuestionó con inusitada vehemencia “la hipocresía” de los EEUU al seguir culpando a Libia. Basándose en informes reservados de la BKA y en el elevado por Aviv a la gerencia de Pan Am, el diario sostuvo que el explosivo había sido fabricado en Bulgaria por sirio Alí Raced, amigo de Al Kassar, y transportado hasta París por la cuñada de éste último, Natalia Wehbe.

   Desde la capital francesa, Eduardo Febbro, corresponsal de Página 12, escribió: “Tras una serie de reuniones en el restaurante libanés de la rue Lincoln, Al Kassar aceptó poner a disposición de la célula terrorista los canales por los que traficaba heroína, y se encargó él mismo de llevar la bomba a Franckfort en un auto alquilado y ponerla en el equipaje del avión gracias a la impunidad con que actuaba en el aeropuerto. Hasta ahora, los servicios de información estadounidenses acusaron obstinadamente a Libia con el único fin de no implicar a Siria e Irán, enemigos de ayer y aliados objetivos durante la guerra del Golfo”, a pesar de lo cual en todos los informes de los servicios de inteligencia “incluso en el de la CIA, Monzer Al Kassar ocupa el centro de la historia”.

   Entretanto, el contraespionaje alemán, nacionalidad que tenía la mayor parte de las víctimas del atentado, siguió investigando. Si ha revelado el resultado de esas investigaciones, no es sólo por una razón humanitaria: la quiera de Pan Am hizo recaer las multimillonarias indemnizaciones en el Lloyds de seguros de Londres, y éste transfirió la responsabilidad a las autoridades del aeropuerto de Franckfort. Es lógico que Alemania quiera descargar la responsabilidad de Al Kassar, quien disfruta de la protección de la inteligencia siria y, como resulta evidente, al menos de la CIA y el CESID.

 

   El 31 de enero de 2001, un tribunal escocés condenó a cadena perpetua al libio Abdel al Megrahi, y exculpó al otro acusado, Lamen Fhimah. EE.UU se salía con la suya, pegándole por elevación a Khaddafy pues ambos acusados son miembros de sus servicios de inteligencia. Según el periodista de Página 12 Raúl Kollman los abogados defensores sostuvieron que “el gobierno sirio tiene documentación que prueba que el FPLP fue el que perpetró el atentado pero, tras un mes de negociaciones, Siria se negó a entregar cualquier tipo de documentación. Según los libios, la organización palestina era apadrinada por Siria que, de esa manera, se vería implicada en el homicidio de 270 personas.”

    Pero el juzgado especial que sesionó en Holanda, desestimó de plano la trama siniestra que tenía como epicentro al “paisano” de Menem e ignoró “las pruebas que usó la fiscalía  eran menos que contundentes, especialmente contrastadas con la evidencia de que el atentado fue cometido por un comando palestino con apoyo sirio e iraní.

    Washington expresó “satisfacción” por el fallo, como también lo hicieron los familiares de las víctimas, quienes exigen una indemnización del Estado libio. Pero Trípoli negó toda responsabilidad y se desligó de “un asunto judicial”, finaliza Kolllman.

  La razón de este insólito fallo, hay que buscarla en la “realpolitik” llevaba a cabo por Assad un poco antes del atentado contra el vuelo 103. Conciente que  los días de la URSS estaban contados, el “león del desierto” llegó a la conclusión de que era imprescindible llegar a un acuerdo con EEUU e Israel, a fin de evitar que denunciasen el auténtico carácter de su régimen. El silencio israelí se compró con la persistente represión de la OLP en el Líbano, a través de las milicias de Amal y con joint-ventures de exportación de armamentos (es bueno recordar que, según versiones coincidentes, Al Kassar solía regalar a sus clientes y protectores metralletas Uzi, de fabricación israelí, bañadas en oro). A los EEUU, les ofreció una decidida participación en el genocidio del pueblo iraquí, consumado efectivamente a partir del 20 de marzo del corriente año.

 

La obsesión de Bielsa y Clarín

 

   Desde hace ya varias semanas el canciller Bielsa está tratando de que el caso AMIA se cierre de una forma semejante al de Lockerbie, o sea formando un tribunal internacional para que se condene a unos perejiles iraníes. En esta titánica tarea, es secundado por el matutino de la Noble Ernestina que decididamente se puso esta camiseta. Hoy, por ejemplo, el editor Ricardo Kirschbaum sacó toda la carne al asador para apuntalar esta pretensión: “Argentina está buscando destrabar la investigación del atentado a la AMIA. Está sondeando si Irán acepta que un tribunal argentino, bajo leyes argentinas, pueda instalarse en otro país y allí determinar la presunta responsabilidad que tuvieron diplomáticos iraníes en el ataque a la mutual judía.

    Ya ocurrió con el atentado a un avión de la desaparecida Pan Am que estalló sobre el pueblo escocés de Lockerbie, Escocia. Finalmente, los libios aceptaron ser juzgados por un tribunal escocés, que funcionó en Holanda.

    Todo esto no quiere decir que Irán, que siempre rechazó la acusación de haber auspiciado el golpe terrorista, esté dispuesto a allanarse a esta posibilidad. Pero sería auspicioso, al menos, que los contactos ya realizados se tradujeran en una reunión en Marruecos. El rey Mohamed IV está de acuerdo en que el diálogo, de producirse, se realice en su país.”

   A pesar de esta pretensión, ya ayer Irán manifestó su negativa a someterse a cualquier intento de mediación: “El tiempo ha demostrado que nuestros comentarios (sobre la cuestión) han sido ciertos, especialmente ahora que el juez que dirige la causa ha sido envuelto en un escándalo de corrupción”, según sostuvo el vocero de la cancillería iraní Hamid-Reza Asefi.

   Si esto naufraga, claro indicio de una revitalización de las relaciones carnales, el fiasco será tan mayúsculo que varias cabezas rodarán por la arena del escándalo. Y de seguro, se verá por fin la desnudez de varios monarcas, aún ataviados con el ropaje del sinsentido y la estupidez.

 

Fernando Paolella

 

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