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Los paisanos de Yabrud

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EDUL, AL KASSAR, MENEM Y LA VERDAD SOBRE AMIA
EDUL, AL KASSAR, MENEM Y LA VERDAD SOBRE AMIA

Como por arte de magia trucha, el juez federal Juan José Galeano resolvió apartarse un poquito de la obsesión de la pista iraní, para volver sobre los pasos de la olvidada (adrede) conexión siria. Sucedió que la semana pasada el actual director de Contrainteligencia de la SIDE, Jaime Stiusso, tiró sobre el tapete los nombres de Jacinto Kanoore Edul y su primo policía de la Bonaerense Iossef Chabban en el juicio sobre el caso AMIA.

 

Alberto Kanoore Edul, nacido en Yabrud, es un ex empresario textil que en un momento estaba relacionado con el entorno menemista, y declaró ser amigo de toda la vida de Carlos Menem y Monzer Al Kassar (quienes, a pesar de ser primos lejanos, se habrían conocido en casa de su padre). También tenía relación con Alejandro Monjo, que además de los autos truchos y los vehículos mellizos, mantenía una estrecha amistad con la plana mayor de la Policía Federal. En el pasado Edul había provisto de uniformes y otros productos a la Policía Bonaerense (su padre había hecho fortuna como representante de las frazadas Campomar).

Edul  también era amigo de Alito Tfeli, médico personal de Menem, otro amigo de Al Kassar. En los teléfonos del primero, se registraron varias llamadas a Siria y a España. En su agenda figuraban varios funcionarios gubernamentales y Moshen Rabbani, encargado de negocios de la Embajada de Irán, señalado como sospechoso de estar inmiscuido en la autoría mediata del atentado.

Edul, que reconoció públicamente de ser "amigo de Carlos Menem desde hace tres décadas", es socio del Centro Islámico de Buenos Aires y conocido de su ex presidente Mohamed Massud, quien declarò en sede judicial en Mendoza que la noche del 17 de marzo de 1992, día en que fue volada la embajada de Israel, Al Kassar ofreció una pequeña fiesta en su departamento de la Avenida Libertador.

En la tarde del infausto lunes 18 de julio, Edul fue protagonista de un hecho digno de la “casualidad permanente". Según la edición especial que la revista  Noticias lanzó el miércoles 20, "en la tarde del lunes en la tienda Edul, en Constitución al 2500, dos amigos se abrazaban. No quisieron dar sus nombres. Uno llevaba la cabeza vendada, como consecuencia del atentado, ya que estaba a 100 metros de AMIA cuando explotó la bomba. 'Primero me reencontré con mis familiares, y ahora vine a tranquilizar a mi viejo amigo', dijo el hombre". ¿Qué cuernos hacía un amigo de Edul “a 100 metros de AMIA”? ¿De qué fue a tranquilizarlo, aún herido? ¿Cómo es posible que al juez Galeano este suceso rarísimo no le haya parecido sospechoso y -al menos hasta 1997- no citara a los periodistas de Noticias?

Muchos nombres árabes, sobre todo siriolibaneses, y demasiados sucesos extrañísimos, aparecen en esta compleja trama. Trama que el juez del sandwichito nunca quiso adentrarse demasiado.


Alberto Jacinto, un sirio que sabe demasiado

A mediados de febrero de 2000 Edul fu detenido por una estafa de 2000 pesos con una tarjeta de crédito falsa al supermercado Carrefour. Fue indagado por el fiscal José Barbaccia, ante el cual optó por hacerse el tonto de capirote. Sin más trámite, fue liberado prontamente.

El 28 de septiembre del mismo año, el periódico rosarino El Ciudadano, en ese momento dirigido por Juan Salinas, autor de AMIA, el atentado, entrevistó a Claudio Lifschitz, quien se desempeñó como prosecretario del juzgado de Galeano: “Tras criticar a Galeano por haber responsabilizado únicamente al POC a la vez que elogiaba a la SIDE, Lifchitz dijo que una de las probables causas del encubrimiento es la aparición en aquellas llamadas de Alberto Kanoore Edul, familiar del ex presidente de la Nación, Carlos Menem. Es decir, familiar de los Yoma”. “Hay un llamado desde el teléfono celular de Kanoore Edul a la casa de Telleldín el mismo día en que él manifiesta desprenderse de la camioneta que luego vuela contra la AMIA. Hablo de desprenderse porque todavía prefiero no tomar el tema de si la entregó o la vendió. Eso no se ha establecido. Pero sí se estableció que Telleldín que se desprendió de la camioneta”, puntualizó.

Lifchitz destacó que “es mucha casualidad ese llamado, porque se produce el mismo día en que Telleldín entregó la Trafic,  el 10 de julio”, una semana antes del atentado. Edul habló “por espacio de dos minutos y lo hizo desde el celular que estaba fijo en el auto de él, y solamente hay tres llamados en un período de treinta minutos”.

Para Lifchitz ello quiere decir inequívocamente que Edul no circulaba en el auto sino que este estaba detenido “porque yo le pedí a Movicom el informe y se me puso en conocimiento que los tres llamados fueron efectuados en la misma celda, que es la que se corresponde con la casa de Edul”. “Llama la atención que alguien que supuestamente está buscando comprar autos solamente haga un llamado, desde ese celular, al menos, a Telleldín, otro al productor de seguros de él y otro a un contador. Y todos en la misma celda que corresponde a su domicilio. ¿Por qué no los hizo desde su casa?”, inquirió.

El abogado dijo que el encubrimiento llegó al extremo que cuando él se incorporó al juzgado “en mayo del ’95, diez u once meses posteriores al atentado” se encontró “con que estaban las agendas de los principales sospechosos, entre ellas las de Kanoore Edul, de la cual tenía fotocopias el sector 85 —Contrainteligencia— de la SIDE”.

“¿Te parece que nadie había leído la agenda?”, enfatizó. “¿O sería en realidad que las habían leído pero no habían informado al tribunal quiénes aparecían en la agenda?”.

“Cualquier delito que se investigue, si se encuentra una agenda, se analiza. Al menos se lee. Y en esa agenda aparecía (el agregado cultural de la embajada de Irán) Mohsen Rabbani, aparecían conversos musulmanes, tales como un primo hermano de Kanoore que es policía de la Policía de la Provincia de Buenos Aires y también es converso al islamismo”, siguió diciendo.

Ioussef (o José) Chaban revistaba en la misma comisaría en que lo hacía otro oficial, Diego Barreda, y lo había hecho hasta un mes antes un tercero, Mario Bareiro, ambos muy allegados a Telledín y a todas luces quienes lo entregaron y/o señalaron mucho antes de que, a una semana de cometido el atentado, apareciese entre los escombros de la AMIA un pedazo de block de motor a traves del cual, supuestamente, los investigadores llegaron a Monjo y a través de éste a Telleldín. 

Lifschitz  subrayó que “si esta información la hubiera tomado en cuenta el juzgado en tiempo, cuando lo interrogó a Kanoore Edul el día que se lo detuvo, estamos hablando de julio de 1994, hubiera podido hacerle re-preguntas, consultarle por estos personajes que estaban en la agenda. Y no quedarse simplemente con lo que él decía”, de lo que concluyó que “hubo voluntad de no investigar, porque nadie se puede tragar que no lean una agenda”.

"Cuando yo ingresé al juzgado, ninguno de los teléfonos de Kanoore Edul estaban intervenidos, sino que estaban caídos. Los teléfonos de Nassib Haddad, dueño de la empresa Santa Rita, que dejó el volquete en la AMIA, que en ese momento estaba sospechado también porque era comprador habitual de amonal —el explosivo que se utilizó para el atentado—, tampoco estaban intervenidos”, insistió el abogado.

Lifschitz  dijo que fue a instancias suyas cuando, con un año de retraso, dichos teléfonos volvieron a ser intervenidos, e insistió en que cuando Edul fue detenido, Munir Menem llamó al secretario Javier De Gamas para interiorizarse de su situación.

Entre las relaciones comerciales de Edul resalta Anselmo Internacional, supuesto nexo (según la SIDE) entre el dueño del volquete, Nassib Haddad y Edul.

Detenido Haddad, vinieron en su auxilio para sacarlo del atolladero, Carlos Ruckauf, vicepresidente de Carlos Menem durante su primer mandato, y Carlos Franke, director de Producción de Fabricaciones Militares, actualmente procesado por contrabando de armas a Croacia, perpetrado con decretos presidenciales de contenido falso, firmados por Carlos Menem”.

A mediados de febrero de 2000 es detenido Jacinto Kanoore Edul, aquel implicado en el caso AMIA, en cuya agenda figuraban los nombres de Jorge Antonio, Moshen Rabbani y el mismísimo Al Kassar, por una estafa de 2000 pesos con una tarjeta de crédito falsa al supermercado Carrefour. Fue indagado por el fiscal José Barbaccia, ante el cual optó por hacerse el tonto de capirote. Sin más trámite, fue liberado prontamente.

Ahora, luego del ataque israelí a un campamento de Hamas enclavado en territorio sirio, como bien se puntualizó en este espacio, no deja de causar extrañeza como rápidamente cambian las tornas en esta compleja trama.

Si realmente se logra ir más allá de las permanentes cortinas de humo, cosa muy difícil de suceder, y se desentraña el desaguisado armado por Galeano y su banda de encubridores; la mira apuntará hacia Damasco y Marbella, y ya no hacia Teherán.

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