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Medios e imbecilidad

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LAS MISERIAS DEL PERIODISMO CARROÑERO
LAS MISERIAS DEL PERIODISMO CARROÑERO

LAS MISERIAS DEL PERIODISMO CARROÑERO

 

“La diferencia entre literatura y periodismo es que el periodismo es ilegible y la literatura no es leída”  Oscar Wilde. 

      Existe desde hace tiempo, una rara tendencia mundial a no producir material periodístico propio: el avance de las comunicaciones, y la necesidad de estar informados han generado la necesidad de valerse de las agencias de noticias, desplazando las notas en las que el periodista redactaba e interpretaba la información.

   Claro… las épocas han cambiado y las noticias pierden vigencia con una velocidad similar a la de un cronómetro, donde el tiempo pasado ya es tiempo muerto.

    Tal vez por el vértigo de las noticias, por la necesidad económica de los medios y un poco por falta de capacidad, las notas de investigación y análisis han ido desapareciendo de los medios. Hoy muchos escriben desde un cómodo sillón, investigando por Internet o realizando llamados, sin realizar un verdadero trabajo de campo.

    El resultado lógico es un grupo de periodistas trabajando casi en espejo respecto a los contenidos de las noticias de otros medios, quedando el “reconocimiento” en una pequeña elite que aggiornada o acomodada ha ido adecuando sus columnas a intereses distintos de la comunicación social.

    Por estos días he visto como grandes medios con supuestos especialistas en cada sección han cometido grosos errores. Claro, para el común de la gente pasarán desapercibidos, pero justamente aquellos a quienes va dirigida esta sección notarán con sorpresa el garrafal error.

    La desinformación de los medios corruptos, los errores y el plagio del periodista ocioso, junto con algunas líneas editoriales orientadas por la “pauta”, tienen su génesis en la carroña.

    Por estos días, en el Departamento Judicial de Quilmes se llevó adelante un proceso contra el propietario de un semanario de la localidad de Berazategui, que es un claro ejemplo de lo que “no hay que hacer”. El medio en cuestión se denomina “Verdad e Investigación” y se ha preocupado desde sus inicios más en operar para intereses totalmente personales que en ser un elemento de información zonal. Adepto al oficialismo local, con la designación de Aníbal Fernández como ministro y de Sergio Villordo como intendente de Quilmes creyó tener la vaca atacada, y envalentonado por sus financistas oficiales no dudó en ir contra aquellos que pudieran representar una oposición a estos.

    Denunciado un caso de corrupción en Berazategui que involucraba al mismísimo intendente Juan José Mussi, el periodista carroñero salió a defender la gestión municipal y a difamar a otros desde sus páginas ¿El resultado? dos años de condena en suspenso.

    Más allá de esto, hay que enfocar la cosa sobre el financiamiento oficial de varios medios. ¿A qué me refiero? uno de los testigos de la defensa de Jorge Tronqui reconoció ser el autor de algunas notas cuestionadas por injuriosas, pero aseguró que no lo había hecho de manera dolosa, sino que en él publicó lo que le dijeron sin haber chequeado las fuentes y la veracidad de los hechos. La excusa, lejos de ser válida demuestra la falta de profesionalidad de un medio que se ufana de titularse “Verdad e Investigación.”


La frutilla del postre


    En esta anécdota hay un trasfondo aún más sabroso: por un lado el querellante presentó como testigos a tres periodistas locales acérrimos enemigos de Tronqui, que además fueron varias veces objeto de escarnios por parte del condenado. De ese grupo, se destaca -por sus deseos de trascender más allá de la localidad de Berazategui- Alberto Moya, colaborador de algunos de los medios locales. Moya es tal vez quien sostiene con Tronqui un mayor conflicto, tanto profesional como ideológico. A pesar de ello, nunca se animó a escribir ni dos líneas sobre Tronqui, pero sí de tratar de convencer a alguien que era un buen negocio pegarle al verborrágico director.

    Cuando tuve que escribir sobre este señor entendí el motivo de que nadie escribiera al respecto de sus acciones y conducta. La noticia era que Tronqui había agredido a una ex empleada suya encontrándose esta al aire en una FM local y nadie había escrito una línea. Semejante acto de cobardía y de impunidad me llevó a realizar una investigación al respecto y publicar la pertinente nota.

    La respuesta demoró pero llegó, el señor golpeador me amenazó al tiempo que me hizo llegar mis datos personales a modo de advertencia, invocando su amistad con el ministro ya mencionado.

    Lo curioso, es que muchos de los periodistas locales eran amigos de la joven agredida, pero prefirieron el silencio antes que repudiar este acto.

    Así se dio una extraña situación, la pelea entre Tronqui y Moya empezó a tener además de argumentos ideológicos, fundamentos económicos y ambos con distintos referentes se volvieron kirchneristas.

    Tal vez por ese motivo, el inquieto Moya recorría y recorre medios locales para “meter” alguna nota contra Tronqui o quien sea.

    Rodeado de una extraña fascinación por medios que Moya cree son la única “verdad” en la Argentina, en más de una oportunidad ha intentado que publicaran algún trabajo suyo en El profeta, medio en el cual lo reemplacé, diciendo que la revista Veintitres y Página/12 le publicaban notas suyas, pero sin su firma (¿?). El único mérito que se le conoce realmente a Moya, es ser un buen operador subterráneo del oficialismo, trabajo por el cual recibe unas monedas de un intendente y un concejal de la línea K, además de  publicidad de un ministerio nacional.


Disputa madre


    Sin estar de acuerdo en muchas de sus acciones, que rozan lo patético y la mentira, siempre me he mantenido al margen de sus disputas, y de las disputas entre otros periodistas porque entendía que “algunos” al no tener motivación propia para escribir, recurren como vedettes al escándalo que es mucho más sencillo.

Por eso no me sorprendió cuando leí en algún blog que Juan José Salinas acusaba a Christián Sanz y Fernando Paollela de plagio. Ya que es común que esto ocurra cuando existe ese riesgo de que el otro tenga más lecturas que uno en libros de un mismo tema.

    Mirando el tema a la distancia, me pareció en lo personal que el objetivo de Salinas era otro distinto del de la denuncia de plagio, ya que bien podía haber esperado la publicación y denunciar el delito en la Justicia, con lo cual hubiera hecho más daño a los plagiadores y obtenido un mayor resarcimiento económico. Sus acciones mediáticas, sólo consiguieron demorar la publicación y creo que ese era el objetivo.

    Pero ¿qué tienen que ver Salinas, Moya, y Christian Sanz? resulta ser que Christian Sanz, con errores y aciertos, ha optado por un periodismo que podríamos definir de oposición, y lo reconozcan o no los oficialistas, les molesta.

    En ese sentido han tenido varias acciones sobre el medio Tribuna de Periodistas, y si bien todos los contenidos no son de mi agrado, le reconozco una pluralidad que entiendo es correcta, teniendo en cuenta la enorme diversidad de gente que navega buscando información en la red.

    Hay que admitir que los críticos de Sanz, incluso los que lo detestan, lo leen y eso es un mérito. También rescato -aunque a muchos les moleste y lo critiquen- sus acciones frontales, tal vez a veces imprudentes para él mismo. Pero hoy en día dar la cara y plantear un debate es algo que muchos de los que señalan a otros, no lo hacen. Tal vez por cobardía o por tener el trasero sucio, escriben anónimamente y desde esa cobarde condición pretenden enseñar periodismo y ética.

    Y ahí entra Salinas, a quien personalmente no conozco ni me interesa hacerlo, pero a quien he leído mucho antes de escribir. En lo personal no me ha dejado una buena impresión como escritor y hasta me animaría a decir que algunas de sus publicaciones no han tenido el control de un corrector. En varias de sus notas incluso publicadas, hay errores gramaticales que revelan una tendencia de este a creerse el centro de todo, o al lo menos lo más importante. Como investigador, la verdad es que es un fiasco, se promete mucho y todo deja un sabor a nada. Desconozco su forma de trabajo, pero si de juzgar por los resultados se trata, no lo recomendaría para una investigación periodística.

    Y esto se da porque muchos periodistas pecan al no tener una visión amplia de lo que investigan y terminan comprando pescado podrido, algunos por ingenuos y otros por corruptos.


Moya al Moyano


    Hace unos días, Moya se presentó ante el dueño del multimedios donde me desempeño como Jefe de Redacción con la intención de “dejar” algunos trabajos para publicar. Cabe aclarar que su relación con el titular del medio siempre fue extraña y más aún su presencia luego de que Moya la acusara de no pagar y de ser un “manochanta” en uno de los medios donde ahora escribe.

    Una de las notas que dejó se trataba sobre el juicio que perdiera Tronqui y que pretendía que se publicara en tapa para “invitar” a todos los injuriados a denunciarlo y mantener esto en tapa durante tres semanas. Un verdadero disparate y algo que nada tiene de periodístico. Ahí apareció el segundo artículo, una extensa nota contra Christian Sanz, aduciendo que un amigo que es periodista y escribe para Página/12 lo había llamado y después enviado un mail para publicar un “escrache” contra Sanz. Si bien el medio donde cumplo mis tareas es provincial y de poca influencia en la sociedad, es leído en sectores políticos donde más de uno, sobre todo oficialistas disfrutarían ese tipo de nota contra Christian Sanz, fue cuando le pedí el nombre del periodista y al negarse a revelarlo, intentó generar un roce con mi jefe al decirle que yo buscaba excusas por una amistad con Sanz, pero que no había que olvidarse que alguna vez hubo una nota de Tribuna de Periodistas contra el dueño del medio.

    Resultado, le pregunté si este “amigo” suyo era Salinas y ante la afirmación le pedí que se fuera con mentiras a otro lado, primero porque no tengo confirmación de que Salinas escriba o hubiera colaborado con Página/12 y después porque viniendo de alguien que vive de migajas del oficialismo como ellos dos no me interesaba.

    El artículo es para que la gente, los lectores, sepan que no todo es claro en el periodismo, que hay gente que no tiene respeto ni por ellos mismos, que por una miserable pauta hacen cualquier cosa. Ojo, esto no exime a los grandes medios que han utilizado a periodistas ignotos para “ensuciar” a alguien.

    También es una advertencia a toda clase de paracaidistas que viene trayendo información basura. Si buscan fama les voy a hacer el favor, voy a publicar su historia y su foto, para que por lo menos digan fui famoso por unos minutos (hasta que terminen de leer la nota.)

    Finalmente, sólo me queda un comentario: ¡Qué gran visionario Oscar Wilde, al pronunciar la frase que antecede la nota!


Marcelo Hawrylciw

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Armin Vans
 

2 comentarios Dejá tu comentario

  1. la vwerdad es que coincido con lo escrito de el mercenario del periodismo tronqui aunque no sobre lo de moya ya que si escribió contra ese personaje siniestro que enloda la verdaderA FUNCION DE LOS QUE TENEMOS LA HERMOSA MISION DE INFORMAR y con la verdad saludos

  2. esa basura llamada tronqui usa a las mujeres sexualmente las seduce y despues las deja es un asqueroso sicopata me gustaria q se haga PUBLICO SOS UNA MIERDA TRONQUI TE DESEO LO PEOR LA VAS A PAGHAR CON TUS HIJAS

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