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La columna de Estilo y Ortografía de TDP: El mercado de reseñas de libros

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Y el periodismo independiente
Y el periodismo independiente

Unos recientes trabajos realizados como corrector (y a veces también como redactor) para una empresa que vende reseñas me devolvieron a uno de los debates más fundamentales e interesantes sobre la redacción periodística: la independencia. A quien interese el arduo debate sobre el periodismo independiente, recomiendo una tesina a la que cada tanto regreso: La disputa entre periodismo independiente y periodismo militante: apuntes para analizar las tensiones en la ética periodística en la Argentina contemporánea, de Micaela Baldoni. Aunque escrita hace una década, permanece vigente.

 

Básicamente lo que se discute es la relación entre el periodista y el poder; específicamente la libertad o autonomía del periodista con relación a ese poder. Lo interesante, señala Baldoni, es cómo el centro del debate gira sobre un desentendido: cuál es el poder del que el periodista debería mantenerse alejado. El punto de partida es el mismo, la certidumbre de que el poder podría distorsionar la forma en la que el periodista comunica la realidad.

La redacción de reseñas es una de las trincheras de trabajo magramente remunerado por las que suelen iniciarse muchos redactores freelancers. Las reseñas como negocio son también la antítesis de la búsqueda de la verdad y la belleza en las formas. Una actividad mercenaria mucho más emparentada con el copywriting o incluso con el ghostwriting. Las hojas de estilo y guías de redacción que usan las empresas para estos servicios exploran un breve abanico de técnicas para exprimir cada partícula del libro que pueda ser halagada.

Algunos ejemplos de guía son estos:

—Estilo de redacción entusiasta, sin caer en el histrionismo (exageración).

—Hacer pasar defectos (en contenido o forma) por rasgos artísticos o estilísticos.

—Separar alguna cita del libro que, sin contexto, resulte seductora.

—Vincular la obra con problemáticas sociales actuales.

—Destacar éxitos o trayectoria del autor.

Baldoni distingue que para algunos, por un lado, el poder es fundamentalmente político. Este grupo entiende que la prensa debería ser, ante todo, apartidaria (no confundir con apolítica) y funcionar como contrapeso de los discursos del gobierno. Así, una prensa libre mostrará aquellas cosas que los gobernantes de turno no querrían que se viesen. Por otro lado están los que sostienen que el poder es empresarial, económico. Entonces estalla el desencuentro. En conclusión lo que se debate no es ni más ni menos que la naturaleza del buen ejercicio del periodismo y qué clase de periodismo es capaz de ver los hechos con el menor grado de distorsión.

La ética periodística, cuestionar las matrices de poder y la búsqueda de la mayor autonomía posible integran un sano ejercicio de introspección para periodistas, redactores y correctores. El mercado de reseñas está ahí para recordarnos que, sin tener que remontarnos a las sesudas discusiones sobre política, hay un pequeño mundo donde la verdad y la belleza se pervierten por unos centavos de euro al centenar de caracteres con espacio. 

En lo personal reconozco haber ayudado —directa e indirectamente, en grupo y en solitario— a promocionar algunos de los libros más horrorosos jamás escritos. Páginas y páginas de ideas desordenadas, lugares comunes o personajes vacíos. Páginas que me acechan cuando duermo. En mi desahogo exclamo, como en la novela de De Santis, “no abras este libro, no lo leas, yo tampoco lo leí”.

 

1 comentario Dejá tu comentario

  1. El poder está repartido. No es "empresario-económico" o "político". O mas bien es de ambos. Si por ejemplo nos limitáramos al poder público la CNA habla de repartir entre tres poderes iguales. Sin embargo creo que el mayor poder le tocó al Legislativo, personalmente. Tiene hasta atribuciones judiciales (juicio político). Lo que lo hace menos poderoso es que es un cuerpo colegiado, a diferencia del Ejecutivo. Con el poder empresario sucede algo similar: El poder es enorme, pero está repartido. Lo usual es que las personas físicas que ocupan cargos, públicos y privados de cierto nivel hacia arriba, tengan porciones de poder acumulado. El CEO de una empresa grande tiene poder económico, pero seguramente también lo apoya alguien político. Un funcionario público tiene poder político, pero seguramente lo apoyan empresarios, sindicalistas, periodistas...

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