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Fin de ciclo para el kirchnerismo

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Los cuatro gobiernos kirchneristas no cambiaron absolutamente nada en favor de la sociedad argentina; por el contrario, desvitalizaron persistentemente al país.
Los cuatro gobiernos kirchneristas no cambiaron absolutamente nada en favor de la sociedad argentina; por el contrario, desvitalizaron persistentemente al país.

Languidece, sin remedio. Con tibios manotazos, sin haber logrado imponer el proyecto ideológico en sus veinte años de vigencia, el kirchnerismo marcha hacia la finalización de su ciclo, desangrado por la falta de ideas y argumentos políticos, salvo la defensa inevitable de la posesión del poder y la penosa burocratización de su dirigencia.

 

El comienzo del año 2023 marca sin dudas la apertura del corredor que conducirá a la fuerza política que lidera Cristina Fernández de Kirchner hacia el ocaso definitivo, con pérdidas notables para ese espacio que en sus comienzos dio signos de revalidar la venganza contra la sociedad argentina y el peronismo en particular, que no comprendieron ni aceptaron los planes del Montonerismo en la década del 70.

Con el arribo de un presidente como Néstor Kirchner en 2003, bendecido por una coyuntura especial en la que ningún peronista de pura cepa quiso tomar el timón, se abrió inesperadamente la posibilidad de implementar el trasnochado proyecto de los montoneros residuales, tan alejados del sistema democrático y tan cercanos a los modelos dictatoriales del populismo más acendrado.

En el transcurso de los últimos veinte años, el kirchnerismo fue incapaz de implementar el famoso socialismo que anidaba en sus entrañas, no pudo vencer al capitalismo ni al modelo de los mercados, tampoco derrotó a los grandes conglomerados económicos que dominan el planeta, estuvo lejos de armar un bloque unificado de países latinoamericanos que tuvieran la misma proa hacia una “Patria Grande”, y hasta el momento no logró alinearse decididamente en un agrupamiento mundial opuesto al imperialismo estadounidense.

Si los señalados fueron los objetivos más caros a su ideología, no cumplieron con ninguno, y en su defecto solo lograron dejar por el suelo todos los índices económicos del país, incrementar desorbitadamente la inflación, destruir el sistema monetario argentino, reducir al mínimo las posibilidades de recuperación y crecimiento de la nación, elevar la pobreza al 50%, someter a los jubilados, emparchar cada uno de los problemas nacionales y mentir hasta el hartazgo sobre cuestiones inherentes a la gestión administrativa del país.

El desorden generalizado tiene su origen en la inauguración del proyecto kirchnerista, del que participaron dirigentes montoneros que convencieron a Kirchner -carente de un plan propio hasta su asunción- para que enarbolara la bandera de los derechos humanos con el propósito de “reivindicar” a los perdidosos montoneros de los 70 -tan responsables de la violencia de la época como los dictadores militares- que tanto añoraron disputarle el poder a Juan Perón.

En la nueva etapa los “montos” sintieron que habían llegado al poder y sobre ese afán le hicieron sentir a la sociedad argentina que “la izquierda”, “los montos”, habían ganado la última batalla y al fin estaban gobernando el país con un proyecto propio. Allí estaban quienes habían combatido en los 70, los  presos que salvaron sus vidas y los exiliados que huyeron oportunamente. En realidad, con el tiempo se vio que solo se trató de un conjunto de farsantes e inescrupulosos, salvo contadas excepciones, con exageradas ambiciones de poder para beneficio personal.

Fue más relato que ideología para un enfrentamiento que los argentinos, pese a ser esmerilados por la grieta maldita, resistieron, aguantaron a más no poder las agresiones provenientes desde la cima del poder político, donde algunos cerebros fanatizados pergeñaban a cada instante un ilusorio cambio de la cultura nacional para que se pareciera más a lo peorcito de las naciones latinoamericanas dominadas por dictaduras populistas, espejadas en la decadente revolución cubana.

Hubo en los medios de comunicación, que supieron comprar con prepotencia, una impronta del relato K repetido sin desmayo en cada espacio tomado por los sucesivos gobiernos kirchneristas, desde la Biblioteca Nacional hasta el Inca. Aturdieron durante quince años a millones de argentinos que guardarán en su memoria la más horrible música de esos años, trasmitida por Carta Abierta y 6 7 8 de la televisión pública, entre otros difusores. Acusaron de “enemigos” a periodistas, intelectuales, empresarios, dirigentes de la oposición, productores industriales y agropecuarios; en sospechosos juicios públicos los persiguieron y los escracharon.

Esa fue la “lucha” del batallón kirchnerista, librada en el llano con exposición pública, mientras desde los más altos puestos del poder ministros y secretarios corruptos se llevaban miles de millones de pesos, dólares y euros, de cada una de las “cajas” asaltadas sin el menor pudor.

Los cuatro gobiernos kirchneristas no cambiaron absolutamente nada en favor de la sociedad argentina; por el contrario, desvitalizaron persistentemente al país, destruyeron en forma sistemática el Estado Nacional y varios provinciales, anularon leyes y normas elementales para la convivencia pacífica de los argentinos, y lo que es peor: malograron las expectativas de futuro de 47 millones de personas.

Está visto que el peor de los cuatro mandatos está en cabeza del muleto kirchnerista, Alberto Fernández, quien ya ha dado sobradas muestras de ineficiencias y desvaríos que no dejan de asombrar. A la mala gestión gubernamental, de la cual deberán dar cuentas en las próximas elecciones, hay que sumarle la incapacidad de ejercer las actividades políticas elementales, una cualidad que pareciera haber desaparecido entre la joven generación kirchnerista refugiada en La Cámpora, que ocupa puestos relevantes en el gobierno y en el Congreso, desde donde exhiben gestiones de enorme improvisación.

Llegan a su fin con problemas respecto del liderazgo. En el kirchnerismo el liderazgo pasó a ser una entelequia desde que CFK decidió llamarse a retroceso y refugiarse en el argumento de una proscripción que solo existe en su imaginación, aun cuando la menee discursivamente para su tropa. No tiene sucesores; es lo que les ocurre a todos los líderes que carecen del desapego lógico al que los obliga el tiempo terrenal. Con designar a dedo no alcanza a estas alturas del trayecto político. La señora está encerrada en su propio laberinto, y además está cansada, irritada, sin ideas nuevas ni energía para desplegar siquiera una salida elegante. Esto último, no es lo suyo.

La crisis argentina, profundizada hasta límites insoportables en los últimos tres años, es verdaderamente inédita en el país, no hay forma de compararla con otros momentos históricos porque los pésimos índices económicos superan todas las experiencias anteriores. La debacle económica de la que costará años salir se agudiza toda vez que el espacio partidario de gobierno quiere alumbrar una presunta estrategia para enfrentar el próximo choque electoral. Las tres patas sobre las que se asienta el Frente de Todos son la muestra palmaria de que esa mesa, así, no se sostiene, especialmente porque ninguna de las tres piensa de la misma manera pero coinciden en que no les importa nada el país.

En los ámbitos en que se despliega la política partidaria solía decirse que ciertos factores políticos y económicos presumiblemente generados por gobiernos de derecha permitían que surgieran opciones populistas de izquierda. Si se analizan esos factores surgirá sin duda una paradoja inexplicable. Veamos: hacen falta un malestar social por inequidad y altos índices de pobreza e indigencia, una crisis en el sistema democrático provocado por el fracaso y la corrupción de la clase política “tradicional” y una decadencia económica que perjudica más a los pobres. Se supone que estos tres factores generarían un gran descontento en las clases marginadas para que el campo se volviera propicio y surgiera un gobierno populista.

Paradójicamente, esos factores están presentes hoy en la Argentina, donde gobierna precisamente un populismo que ha profundizado aquellos desmadres en lugar de alcanzar la equidad, disminuir los índices de pobreza y evitar que el mal manejo de la economía perjudique a los más pobres. Ese sayo es imposible de sacar porque la desgracia del empobrecimiento general de la población está a la vista de todos, salvo para el presidente Fernández quien cree que Argentina crece más que China. Ese gobierno es el que se encamina al último tramo de una historia de terror sin dar signos de una reformulación de los trazados para evitar un choque frontal.

El fin de ciclo para el kirchnerismo se inició con el fracaso electoral del 2015. Ciertamente tuvo un sorprendente retorno al poder en 2019 pero la oportunidad fue desperdiciada por quien lideraba el espacio hasta hace unos meses, al tomar decisiones sumamente equivocadas que incrementaron la bifurcación de su propio gobierno y potenciaron la crisis hasta límites insostenibles.

A diez meses de la finalización del cuarto mandato kirchnerista, el electorado argentino asiste además azorado a las desavenencias internas que confirman la aceptación mayoritaria del pueblo argentino acerca de que esa fuerza política está francamente incapacitada para conducir los destinos del país.

El lánguido tránsito hacia el ostracismo es el mismo que han vivido otros partidos políticos, otros frentes y alianzas que cumplieron ciclos al cabo de determinados años, porque los recambios generacionales ejercen sobre el cuerpo partidario una presión inevitable cuando perciben el agotamiento de los liderazgos y la inviabilidad del conjunto de propósitos que les dio origen.

Los últimos meses de 2023 se constituirán en el momento oportuno para hacer “tronar el escarmiento”.

 
 

23 comentarios Dejá tu comentario

  1. Albertito F, (a) el títere, definición que le cae bien: La soberbia es una discapacidad que suele afectar a pobres infelices mortales, que se encuentran de golpe con una miserable cuota de poder.

  2. LA AUTORA DE LA NOTA SE OLVIDÓ DEL DESMANTELAMIENTO DE LAS FFAA, PERSECUCIÓN DEL PERSONAL MILITAR, DE SEGURIDAD, POLICIAL Y PENITENCIARIO Y DE SUS FAMILIAS MEDIANTE JUICIOS VIOLENTANDO LA CONSTITUCIÓN NACIONAL Y CUANTO DERECHO ACORDADO A LOS IMPUTADOS USANDO TESTIMONIOS FALSOS Y JUEVES Y FUNCIONARIOS PREVARICADORES, COMO GIL LAVEDRA COMPAÑERO DE RUTA DE GORRIARAN MERLO. OLVIDÓ LA ANULACIÓN DE LEYES QUE SOLO SE DEJAN SIN EFECTO AL SER DEROGADAS, EN COMPLICIDAD CON ELISA CARRIÓ, EX FUNCIONARIA DEL GOBIERNO MILITAR EN LA PROV DEL CHACO. TAMPOCO CITÓ EL FALLECIMIENTO EN PRISIÓN DE MAS DE 700 PRESOS POLITICOS Y ANCIANOS DE 80 Y 90 AÑOS ENCARCELADOS, ALGUNOS SIN SENTENCIA FIRME. QUIZÁS LA SRA SOSA OLVIDÓ TODO ELLO EN ARAS DE SER POLITICAMENTE CORRECTA. AMÉN DE ELLO OLVIDÓ MENCIONAR EL ESTADO DE INDEFENSIÓN DE ARGENTINA NO ADVIRTIENDO QUE UN PAIS SIN FFAA ES UNA HIPÓTESIS DE GUERRA, DEMOSTRANDO ADEMÁS QUE CARECE DE POLITICA EXTERIOR.

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