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No las queremos acosadas sino también destrozadas

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Una nota de opinión sobre acoso. Por Goldberg S.
Una nota de opinión sobre acoso. Por Goldberg S.

Tras sufrir acoso, manipulación y abuso de poder a sus recién cumplidos 18 años por el director de un centro educativo mucho mayor que ella, declaró frente a 2 autoridades tras saber que los acosos no habían frenado y estos incidentes continuaban siendo sistemáticos por más de una década. La negligencia del proceso terminó viralizando su intimidad y su trauma se hizo público. Fue estigmatizada, cuestionada, perdió la confianza en ella, en la gente y en el mundo. Recibió amenazas, preguntas, mentiras, decepciones. Recibió todo menos disculpas y aún sufre de depresión.

 

Sufrir en silencio, el desgarrador laberinto para de alzar la voz e intentar salir con vida.

Conversé con ella cuando me lo permitió y me explicó los motivos detrás de su desesperada denuncia en este momento. Leí las respuestas que recibió, las amenazas, las preguntas, los silencios y cómo le ocultaron el lugar indicado para ir a hablar. No puedo exponer todo públicamente debido a la sensibilidad de otras víctimas, pero la historia demuestra que denunciar el acoso en instituciones grandes causa más dolor.

Manual: Cómo cocinar algo, intoxicar al mundo y lograr que los cocineros queden tranquilos.

 

1. Primer paso: Ir a la cocina

Llego a la Universidad a trabajar como todas las mañanas. Dejo las cosas en mi escritorio y voy directo a la cocina.

La taza con café instantáneo esperando el agua caliente es el lapso que da lugar a los saludos, a recibir las actualizaciones y escuchar las noticias de los colegas.

La cocina que suele estar llena de bostezos y conversaciones en voz baja faltas de energía hasta que el cuerpo recibe cafeína hoy estaba plagada de fervor, barullo y caos.

Entre la multitud de palabras había solo una que se repetía claramente: Acoso.

Reinaban en esos pocos metros una infinidad de acusaciones graves, íntimas, discusiones y análisis superficiales sobre un tema delicadísimo.

Terminé de despertarme de una cachetada con un nombre y un apellido. El nombre y un apellido que podría haber sido el mío, el de mi hija o el de un desconocido, pero era el de una persona que admiro y respeto.

Me detuve de nuevo porque hablaban de que ella había hecho una denuncia formal sobre el acoso que se daba de forma sistemática en un “prestigiosa centro educativo” formador de líderes.

Todos hablaban de lo mismo desde posiciones muy antagónicas: ¿Cuál es la novedad, ya sabíamos de esto hace años, te acordás que hablábamos de X y Z que habían estado con él?” “ya se sabía de estos casos desde hace tiempo. Ahora recién vienen a hablar”, “ahora estas feministas no perdonan una”, “me contaron que ella fue la que habló”, “ella habló con X y X con Y y entonces yo me enteré”, “ a ella la acosaron”, “ella es víctima”, “yo no le creo”, “ella sola se lo buscó (el acoso)”, “eran mayores de edad”, “está arruinando la vida de una persona (el acosador)”, “(ella) está mintiendo”, “¿cómo va a dejar la imagen de esta institución?”, “¿Cómo va a dejar la imagen de nuestra religión en particular?”, “¿por qué habla después de tanto tiempo?”, “está buscando fama”, “es una heroína” o, “al fin se puso alguien se puso al hombro esa causa”.

Así, en una pequeña cocina y en 2 o 3 minutos recibí sin que me pidieran permiso, todo tipo de mensajes categóricos, íntimos, sobre una persona que le tengo aprecio y un tema muy sensible.

Yo pensaba en su cara y veía como ese rostro se me desfiguraba en mi mente. Tenía la imagen de una cara que yo recordaba como serena y amable. Esa imagen se me iba transformando rápidamente como cuando ponemos los filtros en Instagram. Ahora esa cara se convertía en la cara de una persona acosada, o la de una villana, o de heroína. Yo la conocía, pero no le conocía esa cara o no sabía que esa cara también podría ser la cara que sufrió acoso, o que denunció el acoso. En todo caso ahora era además de lo que yo conocía ella era: víctima, denunciante, y un ser juzgado por el tribunal de la cocina.

 

2. Convertir ese plato en un plato internacional

Abrí el WhatsApp para distraerme y la conversación en la cocina de mi instituto se había replicado en otros 7 institutos de los cuales ya 3, no eran de mi país. Ese día entendí que desde una cocina de 2x2 podía generarse un incendio internacional. Eso era viral. Ya entendimos después del corona que la palabra viral es sinónimo de peligro. La información había volado desde Israel a Uruguay y de allí a México, Brasil y luego Argentina en cuestión de minutos.

¿Un ser común querría esto? Pensaba en mis alumnas... o en mi hija…o en mi…. Si un día fueran a hablar de algo tan íntimo como esto… ¿ellas querrían estas sentencias de cocina? ¿Se las merecerían?

Acosadas, señaladas, estigmatizadas, juzgadas y avergonzadas internacionalmente

Ahora si, esto es imposible de frenar ¿Qué aduana maneja la migración del dolor ajeno?

 

3. Cazar más presas para tu plato

Durante ese tiempo los diálogos sobre ella no cesaron, tampoco sobre el caso, y menos sobre su familia a las que todos le iban a preguntar. Como si fuera poco, se agregaron más cosas: iban a preguntarle a los jóvenes preguntas incómodas, preguntas que delatan que los interrogadores no tenemos ningún tipo de formación más que la de seguir con el chisme y alimentar nuestra curiosidad. Los jóvenes de distintas generaciones contaban sus experiencias, todas coincidían en que los límites siempre se habían cruzado no solo con ella sino con varias otras personas.

También contaban que le habían compartido sus preocupaciones a otra autoridad de la organización y que nunca escucharon que ella elevase el asunto. Algunos que se consideraban “abanderados” también iban a presionar a otras víctimas que contaran su historia y otros al revés, que se callaran. Los padres estaban preocupados, otros padres estaban enterándose de que sus hijas estaban en la lista de posibles víctimas por los rumores de otras cocinas y no por ellas mismas.

Son Acosadas, exigidas a hablar o a callar y también a dar explicaciones sobre lo que sucedió a un tribunal de cafetería. Revictimizándolas una y otra vez.

Sobre esta víctima en particular, todos decían que ella no contestaba el teléfono, o contestaba, pero sin dar nada de información respecto a eso. Incluso cuando un mensaje se hizo viral pidiendo que más víctimas hablasen porque las que había no eran “suficientes” las personas a las que le respondió les dijo “yo hice mi parte” o respondía “gracias por avisar”, o se ponía más reactiva y decía… “tal vez en lugar de incomodar a las personas así, podrían cuestionar ¿qué es suficiente? ¿porque lo que hay no es suficiente?”. Cuando alguien le preguntaba más decía que no correspondía hablar así y que en caso de que hablase lo haría con las personas correspondientes.

“Vayan a hablar”, “Contame a mí”, “Pediles a los demás que digan” eran las frases más repetidas de ese mes, pero esas personas eran personas con voluntad, pero sin autoridad ni responsabilidad.

4. Luego de cazarlas golpearlas cuando están en el piso y Matar al mensajero

Con otras acosadas que hablé me dijeron: “yo no quiero ir a hablar, me es muy difícil”, “no quiero hacerlo ahora”, “quiero olvidarme del tema”, “me compromete demasiado”, “por suerte ella lo está haciendo por mí, yo no puedo” y otras cosas.

¿Cómo va a ser fácil hablar si ves a tu alrededor esta cacería y estos juicios imparables? ¿Cómo vamos a dejarles a ellas la responsabilidad como si hubiesen tenido poco en su vida? y, además, ¿cómo hacerlo si ellas mismas ven que manoseamos su intimidad y la ponemos en boca de todos cuando no nos corresponde?

Le escribí a ella directamente y le dije: “Se que esto es un asco. Estoy contigo”. Le pregunté cosas, le dije que un día quería escribir una investigación y le dije: “si quieres no respondas”.

Me respondió que, si era por ella que por favor por ahora no publicara nada, que necesitaba “silencio” y que si yo le había dicho “estoy para lo que precises” eso era lo que ella necesitaba: que la mantuviese al margen, que ella ya había hecho su parte.

“Me están matando, me están ahogando” me dijo. “Me busca gente que nunca vi su cara y que sin embargo conoce mi parte más íntima y dolorosa. No puedo morir 3 veces, ya mataron algo en mí a mis 18 años, ya me mató una burocracia y la decepción de gente incompetente. Ahora no me puede matar gente que quiere ayudar, o saber, o curiosear. Necesito paz”.

“Cuando Él fue citado por una abogada, renunció de inmediato. Ayer me enteré de que la misma responsable del instituto, que recibió la denuncia formal fue parte o no frenó el pedido de que él de siguiera trabajando 6 meses más allí. Él renuncia porque asume la acusación y le piden que se quede: ¿cómo me puedo sentir?”

Me repitió constantemente que estaba cansada de huir de conversaciones que no había buscado con personas que no había hablado o con gente que no conoce, que la mayoría de las veces no atiende el teléfono porque por algo ella fue a hablar con 1 persona y no habló en un post público.

Me dijo que se había mantenido en silencio selectivo y que solo había hablado con 3 personas de autoridad de la organización y que el silencio lo había mantenido por un tema de principios: ir al lugar correcto y que eso fue un error pero que no puede culparse porque ese lugar no funcionase como correspondía. Desde el día que habló buscando solucionar un tema, se enfrentó a una pesadilla que cataloga “peor de lo que pasó hace tantos años” y comentó un par de hechos sucedidos dignos de una patética sátira, una epopeya o un drama del cual no sabía de cuáles de todas esas personas sentir más rabia o vergüenza ajena.

La historia que se trataba de víctimas y 1 solo victimario, se esparció tanto que ahora involucraba a más personas incluyendo a otra directora, al esposo de ella, autoridades de esa misma Academia, gente de ONGs y cosas que nos encantaría que fuesen de una telenovela, pero son de la vida real.

También mantuvo silencio por un tema de cuidar su salud mental decía que apenas podía con 3 o 4 personas menos iba a poder con miles. Por último, me dijo “no quiero hablar más” porque además ahora, ella tenía una visión muy triste y decepcionante de la situación que no sabía si compartirla y si luego se iba a arrepentir de decir todo lo feo que veía y lo decepcionante que era todo.

Son Acosadas, y además no pueden hablar, no encuentran dónde hablar. O peor, encuentran lugares con gente que las destrozan.

 

5. Generar caos así la gente no sabe a dónde ir a reclamar

A dónde ir si la autoridad no sabe manejar información.

A raíz de estas cocinas, salió una petición pública en internet que también fue motivo de debate y juicio despiadado a quiénes la escribieron, a quienes firmaron o los que no firmaban.

Le pregunté qué pensaba sobre la carta pública y fue categórica: “Bueno ahí tienes una pista de porque las cosas funcionan mal. Yo no es que esté a favor o en contra a la carta, pero, sí un tema íntimo que se eligió compartir con 1 persona termina en un pueblo, el pueblo merece respuestas y garantías. No juzgo a casi nadie, menos a los que la escribieron (la carta), de hecho, los entiendo. Lo que si juzgo y nos deja para pensar es… ¿Cómo es posible que este tema tan sensible compartido con personas seleccionadas pasara a manos de toda una colectividad?… ¿cuál es el lugar seguro para ir a hablar?”. Y su sospecha no fue esperanzadora: “la carta en una última instancia servirá para mostrar que hay gente preocupada, para concientizar tal vez y ojalá para mostrarle a las demás chicas de que no están solas y tienen apoyo. Pero tristemente, estoy convencida que nunca obtendrán una respuesta. Ya conocí y ví todo. Todo seguirá bajo la alfombra. Su reputación y su preocupación por las donaciones valen más que una disculpa o la verdad.”

Me dijo, “todos somos responsables del chismerío, pero solo 1 o 2 personas son responsables de que ese chismerío llegue a países, a generaciones, a mis padres y a todos. A mí no me importa tanto si eso es bueno o es malo para la causa, es malo para mí y muestra que cuando las cosas se hacen mal, la mugre salpica a todos y genera daño”.

Hablamos un poco más, me dijo que se había apoyado en su círculo y algunos especialistas.

Que estos 4 meses de haber querido ir a hablar para frenar el mal le habían salido demasiado caros. Que uno se queda con “la sensación de que él señala el error es señalado, perseguido, engañado y acusado, que termina siendo un tema popular, que uno tiene que salir a dar explicaciones a gente que no conoce, de que todo está al revés. Siento que el mundo está al revés, o la que estoy al revés soy yo y no sé qué es peor.”

Comenta, razonablemente que su angustia es más por lo que sucede que por lo sucedido años atrás. Ella no esperaba mucho de Él, ella esperaba de los demás trabajadores. De las personas con las que fue hablar de que se comportaron de forma deplorable, inmoral y yo, mirando los mensajes con ella …violentamente.

 

6. Incendiar y apagar al mismo tiempo. Calor en las redes, y frío a los que pelean

Dile a la gente que vaya a pelar, anímalos y después déjalos bien solos cuando ya estén en la trinchera. Déjalos tan solos hasta que se vuelvan locos.

Es imposible mantenerse al margen cuando uno escucha de principio a fin no su historia de acoso sino su recorrido para contar la verdad.

Parece realmente anacrónico y es desgarrador lo que uno escucha y ve en su teléfono. Y de verdad uno toma su dolor como propio y lo convierte en rabia.

Ella dice que su decepción no es lo único que siente, que se sintió sola. A pesar de que muchos la alentaban y aplaudían de que fuese a resolver eso no podía dejar de sentirse sola. Sola ahí frente a unas profesionales le decían “contame que parte del cuerpo te tocó porque tengo que ver si te creemos” a pesar de tener mails, regalos y testimonios de otras personas para evitar esa retraumatización que le hacen sufrir.

Acompañada en la casa y en los mensajes, pero sola en el frente de la denuncia, ella dice que siente grandes dolores en muchas partes, uno es el sentimiento de soledad en quien te dice “estoy orgullosa, pedime lo que quieras” y cuando le pedís lo mínimo le da miedo perder su trabajo o ser juzgado por los otros. “Cada vez que encontré una persona que pareció ser la indiciada, aparecía algo mostrándome como esa persona no era la indicada”.

Sobre los alentadores o quiénes apoyaron, dice que agradece pero que en un momento también se sintió que la pusieron de abanderada de miles de casos que ella sola no podía maniobrar.

Son Acosadas, las alentamos a ir hasta el límite y las dejamos solas.

 

7. Ofrecer de Plato principal: Generar Culpa y arrepentimiento.

Además de hechos lamentables y comportamientos vergonzosos finalmente recibió una carta diciendo que “el tema estaba cerrado y las medidas tomadas” y la invitación a conversar con la responsable del caso. No disculpas, poca claridad y palabras muy legales vacías de humanidad.

El Insoportable costo de ir a denunciar.

Más allá de eso, su espíritu - aún triste - era el mismo. Me comentó nuevamente y a pesar de los meses que transcurrieron, que estaba decepcionada, que ya no sabe en quién o en qué confiar y se pregunta si esta mirada oscura del mundo se la va a pasar algún día. Ahora se arrepiente de haber hablado porque se dio cuenta que las cosas funcionan demasiado mal, qué pensó que iba a ser más sano. Dice que si bien no es portavoz de nada que por favor dejen de pedirle a las otras víctimas que hablen porque el costo es demasiado alto y no se puede arreglar mucho, y que lejos de contribuir ellos con las víctimas las van a terminar matando con preguntas, acusaciones, mentiras o por inmorales o por incapaces o por ser adultos con una información sensible que no pueden aguantar no compartir con sus amigos.

Exclamo con poca energía “Vivo en una contradicción. Cuando otras víctimas se acercan por este mismo caso, siento responsabilidad por la confianza que me tienen, pero también en el fondo me quiero morir. Yo no estoy preparada, yo no sé cómo tratar esto. Y tampoco sé a dónde mandarlas porque cada espacio me parece inseguro y perjudicial. Siento el deber moral de seguir diciendo que siempre hay que ir con la verdad y resolver los problemas, pero me cuesta, me cuesta mucho decirlo porque entiendo el costo de ir a denunciar” “Por eso no quiero hablar, porque no quiero desanimar a nadie a que cuente su historia y se libere, pero yo no veo nada bueno que salga de eso. Estas organizaciones no quieren mejorar ellas ni sanar a nadie y el precio es alto, demasiado alto y solo me dan ganas de decirles...Andá con tu psicólogo porque ahí solo vas a encontrar basura que te destruye. “

Dijo que en este tiempo escribió varias cosas para descargarse pero que no las publicó. Dijo que si un día la gente quiere hablar de algo podrían hablar del “acoso después del acoso”, “el costo de decir la verdad” o de la “depresión que se siente después de hacer una denuncia” y de cómo las organizaciones nos dan vuelta un paradigma tan esencial como el de denunciar el error porque nos dejan con miedo a hablar.

Acosadas que se sienten culpables, “locas” y deprimidas.

Me dijo que por momentos la cabeza no le daba más y se empezaba a “enloquecer” al punto de que se sentía culpable de denunciar lo justo, que se arrepentía de haber hecho lo correcto, que tuvo que volver a tener sesiones de terapia no solo por el estrés y la angustia sino porque tenía una regresión y una distorsión del mundo en la cual ella misma se ponía en duda de si todo esto y los demás casos no había sido culpa de “ellas” y no de el acosador, que tal vez ellas habían sido las culpables de todo. Comentó que en un momento pensó que se estaba volviendo “conspiranoica” o “paranoica” porque cada vez que habló se dio cuenta que había hablado con la persona equivocada y así le seguía sucediendo, que le mentían, que personas le decían “quiero ayudarte y quiero que sepas que no te conviene hablar con ella porque es muy amiga de XYZ”. Dice que eso le parecía inverosímil y que pensó que era ella que había perdido la cordura.

 

8. Con un plato principal así de feo, cualquier cosa que le siga va a parecer “buena”. Así que el siguiente consejo es Dar un postre bien amargo: Silencio y no pedir disculpas.

Cuando las cosas estaban “terminando” una abogada responsable del caso le dijo en tono de premio: “creyeron tu versión” y ella lejos de sentirse aliviada sintió enojo.

Respondió “No se trata de creer o no. No es mi versión. No es mi verdad. Es la verdad, es la historia.”

Cuando meses previos a eso, le hicieron el segundo careo ella dijo: “Esto puede ser mucho más sencillo: Si quieren lo llamo yo a Él, Si quieren traigo a todos los participantes del programa a declarar. No hay forma de que lo niegue, yo pago el polígrafo, lo que sea necesario, aunque eso me signifique quedarme sin un mango” ¿Qué más hay que hacer?”, “Yo no necesito que me crean, La verdad está ahí, necesito que frenen esto y se haga justicia, que digan la verdad y que pidan perdón”.

Al final de esa misma conversación, la abogada dijo “el confesó y dijo la verdad”. ¿Por qué esa abogada no empezó por ahí? No sabemos.

La víctima dijo, “claro que confesó, no tiene manera de negar los hechos, lo hizo frente a todo el mundo y con varias”.

No por esa profesional, pero si por un otro experto externo, se enteró que es su derecho leer el informe y escuchar la confesión. ¿Esto son omisiones o son formas de seguir haciendo el mal?

Dijo que “Él sabe perfecto que es lo que le confesé a sus colegas, que detalles di, de quiénes otras hablé y sabe perfecto qué y quién habló así que debe haber preparado su discurso en base a eso, lamentablemente lo conozco demasiado bien (...) Además no quiero su confesión, si nosotras ya sabemos lo que pasó. Quiero disculpas. Quiero a la organización diciendo esto pasó durante 10 años bajo su techo, que lo lamentan y cómo lo resuelven de acá a futuro. No quiero que me den su palabra a mi, sino al mundo. No sé si su confesión en sí, pero leer el reporte que habla de mi historia me interesa, no sabía que era una posibilidad leer eso. Saber cómo queda la historia escrita, aunque sea en un papel, me es importante. Quiero leer el reporte aunque me da miedo volver a decepcionarme de lo que puedan haber escrito ahí”

No se le puede pedir a alguien que mire adelante y se sienta aliviada si no hay una disculpa, si nadie escribe en la historia cómo fueron las cosas y todas las voces quedan borrosas abajo de la alfombra. ¿A quién perdonar si nadie se arrepiente? “Se siente lo que se cuenta” dicen los psicoanalistas y aquí, la historia oficial no cuenta nada, entonces claramente nadie puede sentir nada más que soledad e incomprensión.

“Recibí disculpas sentidas de quiénes no se deben disculpar. Mis amigas de aquella época me pedían perdón por no ver la gravedad del asunto o por juzgarme tan duramente, pero eso está mal. Ellas eran como yo, jóvenes confiando en adultos sin ese sentido de autoridad ni moralidad, teníamos 18 años. Ellas no deberían disculparse.” Según Gabriel Rolón, eso es lo que se cataloga como trauma Siniestro. El acto de violencia traumático se vuelve siniestro cuando nace de quiénes deberían cuidarnos y confiamos como lo es el director de un centro educativo.

Pareciera que a las acosadas las queremos sin recibir respuestas, sin recibir disculpas, solo las queremos sin ganas de seguir.

Dijo que desde el día 1 repetía una frase “no hay resultados que me dejen feliz, pero si tranquila” pero que todo esto la dejó preocupada, dolida y decepcionada con el mundo.

Ahora solo dice, “me di cuenta de que hay algo que personalmente me daría paz y por eso me siento así. Me daría paz que se diga y me digan: Esto pasó. Yo sé que pasó, pero necesito que la historia diga “Esto pasó” y no que seamos nosotras las que contemos la historia por ellos. Primero eso. Después, si dicen además esto fue un error, les pedimos disculpas se sentiría bien, pero sería creo demasiado pedirle a esa gente. Definitivamente entendí que el hecho de dejar clara la verdad me brinda paz”.

“Yo procesé el dolor sin disculpas de nadie, pero después de esto, me tienen que pedir disculpas por lo que pasó hace años y por lo que me hicieron pasar ahora a mí, a mis amigas, a mi familia, a mi pareja y en principal instancia a las víctimas que ahora invierten tiempo y miedo en ver dónde ir a denunciar sin padecer este camino sinuoso”

“Yo no sé qué es lo justo, no tengo ni idea. ¿Qué puedo pedir? ¿Qué me devuelvan esa parte de mi vida? ¿Las amigas que perdí por eso a mis 18 años? ¿Qué me saquen los ataques de pánico? ¿Qué ahora después del proceso me saquen el sabor amargo y la depresión? No sé, pero sospecho que al menos que se diga la Verdad me ayudaría a sentirme mejor. Pero yo o ninguna víctima estamos dentro de sus prioridades”.

Por ahora quiere retomar una vida que dejó en pausa por 4 meses, porque en un principio pensó que en el 2023 ir decir esto iba a ser “doloroso, pero no fastidioso, largo, violento y agotador” y es un camino que todavía no concluye, no tiene un final y que no ve la hora de mirar adelante.

Nadie, absolutamente nadie le pidió disculpas ni en privado, y mucho menos públicamente.

Las contradicciones humanas que también duelen “recibí llantos de exlíderes diciéndome que lamentaban en el alma no haber actuado en su momento, no haber sido más categóricas y sobre todo haber sido parte del chisme del momento compartiendo en aquella época todos los nombres de forma anecdótica sin entender la gravedad. Pero hoy, les tocó la misma situación sobre el mismo hecho y muchos decidieron de nuevo ir a chismearlo en WhatsApp mi nombre y mi apellido en lugar de callar o ir al lugar adecuado. Pero bueno, cada uno hace lo que puede, pero digo que duele por el hecho en sí y más duele por la disculpa anterior”

Una de las abogadas de la institución le dijo “por vos cambiaron las cosas” aunque siempre todo queda confuso y ningún miembro sabe lo que sucede o puede explicarlo. “Me dijeron que habían tenido reuniones con todos y más cosas. Un día comenté eso a un grupo brindado tranquilidad y orgullo. Ahí me muestran un mensaje de texto de las nuevas autoridades diciendo que se enteraron de que el exdirector y directora estaban afuera por un mensaje de WhatsApp”.

“Cada día es una sorpresa más ingrata que al anterior así que ya no me alivio con nada”.

Entiendo que esté absolutamente descreída de todo lo que sucede ahí adentro y habiendo escuchado los detalles, tiene sus razones.

Dobles discursos sobre temas críticos que se siguen repitiendo:

Hay una protagonista en esta historia que cuando la escuchas y la leés preocupa demasiado. No es el acosador, pero su comportamiento deja mucho que desear. Ella preocupa y la poca claridad de la institución preocupa más. Mientras algunos miembros dicen: “a ella la sacaron porque hizo las cosas mal durante años y especialmente con la víctima no cumplió el protocolo, no elevó la denuncia y además sigue afirmando que hizo todo perfecto” al mismo tiempo dice la misma institución que “ella fue promovida”. Es una historia que se repite: Lo mismo sucedió cuando comenzaron las primeras denuncias sobre Él en el año 2011: a algunos les decían “por esa razón no tiene más contacto con estudiantes” mientras que a otros y en los hechos organizacionales decían “Él fue promovido”.

A la segunda semana de empezar su denuncia la víctima exclamaba por todos lados “gente de mal hay en todos lados, pero solo hay instituciones que habilitan que esto suceda durante tantos años y con tanta impunidad. Si realmente no vieron nada, ahora me tienen a mí y sin embargo no hacen nada. Ahí tenés la razón de porque el mal triunfa”.

9. No te preocupes por los intoxicados. Ya no tienen fuerzas de irte a reclamar.

El intestino dañado por tu comida seguirá días después y el agotamiento asegurará que no hagan nada más.

Las cosas empiezan en la cocina: los cafés en la mañana, los pasteles, las conversaciones, y los virus y los venenos.

Le pregunté cómo se sentía y me mandó una carta que le mandó a una excolega. Ahí expresa “Yo no me siento una víctima, se que le fui pero odio esa palabra. Me siento y me quiero sentir una guerrera. Hoy tal vez, una guerrera más muerta que viva. Si me siento una víctima ya no es por lo que pasó si no por cómo me trataron ahora, por toda la mugre que tuve que ver, por ver cómo trataron mi nombre y por los miles de puñales grandes o pequeños pero constantes que me están dejando desangrada. A mi psicóloga le digo que siento como si algo se hubiese muerto en mí, peor que las muertes que viví en mi vida y que además nació la decepción y la rabia de una forma que nunca había vivido. Ella dice que esto es un duelo, tal vez el más difícil que uno tiene que atravesar y que no a todos les toca. Yo estoy triste, peor que como si se muriera alguien, como si se murieran muchas personas a la vez, ahí va, como si hubiese habido un atentado porque se me murió la fe, casi toda la fe, y casi toda la fe que venía del lugar menos pensado que me iba a fallar.”

Su terapeuta lucha por hacerla salir de este proceso, de que habiendo visto esto no hay nada por aportar en esa institución que la víctima dice que quería ir a aportar por el cariño que le tenía pero que el costo emocional que le hacen pagar por llevar la verdad no tiene ni resultados ni valor para nadie.

Ella solo dice que no puede con ella misma pero que tampoco puede convivir con la idea de que alguien que quiera denunciar deba pasar por eso.

Cuando uno entra a una cocina, debe elegir si quiere sumarse a preparar una receta que aporte algo al mundo o lo destruya, y sobre todo, cuando salga, debe fijarse si quiere sacar a compartir o a vender eso que cocinó al mundo, porque después no hay devolución, no podéis ir heladera por heladera a retirar lo que dijiste, no lo podes sacar del estómago de la gente, no podes ir a sacarle el virus a la gente que se contagió por haber estado con alguien que consumió algo en mal estado y mucho menos reanimar a la que murió intoxicada.

¿Nos sentimos orgullosos?

Destruimos principios de 35 años de antigüedad en 3 meses; un récord despreciable.

Yo pienso en ella, porque hoy entiendo que “ella” son “muchas”. Pienso como en 4 meses ella ha cambiado la forma de pensar y ver el mundo que mantuvo durante sus años de vida. Conozco su forma de ver el mundo porque tuvimos la misma educación y fue líder de mis hijos a los que les enseñó la importancia de Hacer del mundo un lugar mejor.

Es como escuchar a otra persona. Ella ya no es la que fue: es alguien que me dice: “no vale el dolor de ir a hablar “, “No hay nadie que quiera saber lo que funciona mal”, “no hay sanación en este proceso ni forma de quedarse en paz”, “No se pueden mejorar mucho las cosas” “no hay respeto” “Nada vale la pena” “Mejor alejarse”.

Leo ensayos e investigaciones y veo que ese mensaje de frustración es una constante. El mensaje es de otras personas que también han hecho denuncias como estas terminan muchas veces destruidas y con la sensación de que el mundo falla y la justicia es inoperante.

¿Cómo puede mejorar el mundo si no dejamos a las personas decir lo que está mal? ¿Cómo le pedimos a nuestros alumnos que sean el cambio que quieren ver en el mundo si ante un intento real los destrozamos? ¿Cómo podemos pedirle a la gente que se exprese si no dejamos de hablar nosotros y los dejamos hablar a ellos?

 

2 comentarios Dejá tu comentario

  1. Un larguísimo relato de un caso particular como puede haber cientos. Lo que convierte a esta historia en un mamotreto indigerible es el título, que a manera de sintesis y moraleja.nos pretende hundir en la impotencia y la imbecilidad inevitables cada vez que quieren colectivizar las acciones y responsabilidades personales y convertirlas en pecados sociales y culpas comunitarias, de clase, o de género.

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