Cuesta comprender que Agustín Laje se presente como historiador y escritor ya que su relato de la historia argentina de los años 60′ a 70′ es tan pobre como investigación, como el de cualquiera de la izquierda al que trata de refutar. Hay que tenerlo en claro: a Agustín Laje no le importa la verdad histórica para aclarar el 24 de marzo de 1976. Si así fuera no podría ignorar las acciones llevadas a cabo por Raúl Alfonsín al inicio de este período de estabilidad institucional de cuatro décadas.
Pero este historiador demuestra que está más preocupado por dar una «batalla cultural», casi como un militante gramsciano de derecha, que pretende cambiar el «sentido común» para que al final de todo, el mundo se de cuenta que todos los que no abrevan en las fuentes de la derecha recalcitrante son «zurdos de mierda».
El relato publicado por el gobierno sobre el 24 de marzo de 1976 ignora el principal aspecto de la queja libertaria, y es que supuestamente los guerrilleros del ERP y Montoneros no fueron juzgados por la Democracia. Y a partir de esto empieza toda una nueva fábila que falta a la Verdad y Justicia, cuyo objetivo no es contar las cosas que pasaron.
Raúl Alfonsín y los juicios
A 48 hs de haber asumido su cargo de Presidente de la Nación Raúl Alfonsín emitió los decretos 157 y 158 que están refrendados por la firma de todos el gabinete de ministros, entre ellos el de Interior, Antonio Tróccoli, quien es injustamente tratado en la película Argentina 1985. El Decreto 157 ordena iniciar una acción judicial a las cúpulas de Montoneros y del ERP y el segundo a las juntas militares que dieron el golpe.
No es cierto que la Democracia no haya juzgado a la «izquierda» en Argentina, También lo hizo y no solo de manera judicial, sino también en la memoria colectiva. Se mandó presos a Mario Eduardo Firmenich y otros dirigentes. Alfonsín no llegó al gobierno para meter presos a los militares. Es por ello que la izquierda y parte del peronismo de entonces rechazaron y combatieron la propuesta del radicalismo.
El peronismo, todavía fuertemente influído por el pensamiento antimilitar y antiliberal, rechazó formar parte de la Comisión Nacional para la Desaparición de Personas (CONADEP) que integraron miembros que ellos consideraron como «colaboradores» de la pasada dictadura, como el escritor Ernesto Sábato, o al periodista Magdalena Ruiz Guiñazú. Da la impresión que el peronismo erró en la percepción del cambio histórico de ese momento, en el cual no iba a ser protagonista, pero al que fue invitado con enorme generosidad política por el radicalismo.
La propuesta no era nada complicada para el momento. No se podía arrancar una Democracia haciendo de cuenta que no había pasado nada. Indultos par todos y listo, unidad nacional, que era lo que proponía el PJ de 1983. Era necesario juzgar a los responsables de la tragedia de las dos décadas anteriores, siempre con diferente grado de severidad en función de la posición que ocupó cada uno.
Los militares con el control del aparato del Estado ejerciendo violencia contra la sociedad civil son mucho mas responsables que guerrilleros en la clandestinidad tratando de ponerle una bomba a policía. Es cierto que no hubo dos demonios, ni tampoco un demonio,,como dice el relato de la juventud maravillosa de pelo largo y pantalones de botamangas anchas que cuentan que iban a cambiar el mundo con el «flower power».
Todo es su justa medida fue la propuesta de Raúl Alfonsín. Todos a reconocer como sociedad que en el pasado fuimos intolerantes y que estuvimos poco dispuestos a aceptar la existencia política del «otro» como sujeto político. Los liberales muy acostumbrados a golpear las puertas de los cuarteles y la izquierda planteando que la única salida era la revolución socialista. Muy poco apego a las formas democráticas.
Es curioso además que el relato de Agustín Laje obvie el concepto de «partido militar». Es fundamental entender que en aquellos años era muy común que las Fuerzas Armadas se comportaran como un partido político, cuyos miembros solían esgrimir cuestionamientos al poder civil.
Desbaratar al «partido militar» era fundamental. Tanto a las nuevas camadas de oficiales como a la sociedad le tenía que quedar en claro que iba a haber mas golpes, El Juicio a las Juntas y el Nunca Más dejaron expuestas las atrocidades del régimen. Ningún uniformado trató hacer política con uniforme nunca más. Hoy hay FFAA integradas a la vida institucional.
Raúl Alfonsín, un socialdemócrata indigerible para los conservadores
Un video de Alejandro Dolina que andan circulando por las redes dice que actualmente no hay «nuevas ideas» como proponen los viejos liberales conservadores. «Son las mismas ideas de siempre que estaban dormidas», afirma Dolina. Como que algunos necesitaban que alguien las expusiera con crudeza para decir: «vieron que era cierto».
Así como desde el kirchnerismo se busca degradar la importancia de Raúl Alfonsín bajo el relato de que «iba en la dirección correcta pero luego se echó para atrás hasta que llegamos nosotros para hacer justicia de verdad», los liberales conservadores tratan de ignorarlo.
Para la izquierda reconocer que lo que hizo en el pasado está mal, renunciar a la idea del «socialismo», de economía planificada, y admitir que la lucha armada fue un error, no es concebible. Es tan inconcebible como para los conservadores admitir que «un zurdo de mierda social demócrata» haya podido sentar las bases de un proceso institucional y democrático de más de 40 años.
De hacerlo, Agustín Laje debería admitir que la Democracia ya juzgó a los «terroristas» como él dice con total falta de apego a la verdad (terrorista hoy remite a violencia religiosa cuando se sabe que la izquierda de los 70 estaba en las antípodas) .
En definitiva, su video de #VerdadyMemoriaCompletas no es otra cosa que un relato parcializado destinado tan solo a cuestionar el relato kirchnerista. Habría que preguntarse que le pasaría a Laje si el mundo no tuviera «zurdos» y «wokes» del cual defendernos gente como Javier Milei y Donald Trump… Se les caería su propio relato, su razón de ser.
En un 24 de marzo más,,,sería bueno entonces que el público empiece a sacarse de encima a esta clase de gente que está mas preocupada por los relatos, que en la vida de cada uno.