
“Constitución Nacional. Disposiciones Transitorias. Primera: La Nación Argentina ratifica su legítima e imprescriptible soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes, por ser parte integrante del territorio nacional. La recuperación de dichos territorios y el ejercicio pleno de la soberanía, respetando el modo de vida de sus habitantes, y conforme a los principios del derecho internacional, constituyen un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino”.
Imposible no iniciar con la Constitución esta nota acerca de las afirmaciones sobre Malvinas del presidente Javier Milei, quien este miércoles -nada menos que a 43 años de la guerra con el Reino Unido- dijo sin desparpajo: “Anhelamos que los malvinenses decidan algún día votarnos con los pies a nosotros. Por eso buscamos hacer de Argentina una potencia tal que ellos prefieran ser argentinos”.
Esos dichos -de un presidente argentino en ejercicio- adquieren gravedad porque contribuyen -coincidieron expertos en tema Malvinas- a abonar la teoría británica de que en las Malvinas, Sándwich y Georgias del Sur debe regir el principio de autodeterminación de los habitantes, situación que es imposible porque Inglaterra en 1833 invadió, usurpó y expulsó a los argentinos.
Esa posición quedó trunca en 1965 cuando las Naciones Unidas emitieron la Resolución 2065, que reconoció por primera vez el conflicto a nivel internacional y les indicó a Argentina y al Reino Unido que debían sentarse a negociar sobre la “disputa de soberanía”.
Por eso, a partir de ese año hubo varias reuniones diplomáticas bilaterales para negociar y hubo avances en el sentido de que Argentina llevó infraestructura y logística a Mavinas y hasta educadores.
Pero la guerra de 1982 frizó esas negociaciones. Lo hizo el Reino Unido en forma unilateral.
Y desde 1983, con la democracia recuperada, hubo gobiernos que defendieron los derechos soberanos sobre las Malvinas y otros pro británicos.
Pero nunca un jefe de Estado había llegado a abonar la posición británica.
Una posición que tenía antecedentes en este Gobierno, porque ya Milei se había reunido con un premier de ese país y no reclamó por la soberanía.
A ello se le sumó que la primera canciller de la gestión mileísta, Diana Mondino, desconocía que la soberanía en Malvinas figura en la Constitución.
Y así otros errores diplomáticos de gravedad respecto a la soberanía sobre Malvinas que este miércoles escalaron a un nivel extremo.
Por eso, gran parte de la oposición y las federaciones de Veteranos de Guerra de Malvinas criticaron la defección de soberanía de Milei y los rechazos se dieron como efecto dominó.
Ello motivó que algunos voceros del Gobierno saliesen a decir horas más tarde que el jefe de Estado no había dicho lo que dijo.