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Toda la verdad: Morales Solá y la libertad de prensa

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( LAS "ZONCERAS" JAURETCHEANAS EN EL SIGLO XXI)
( LAS “ZONCERAS” JAURETCHEANAS EN EL SIGLO XXI)

“Nadie está contra la libertad, a lo sumo, está contra la libertad del otro”.  Karl Heinrich Marx 

 

La columna de opinión, por ende subjetiva, de Joaquín Morales Solá “Apunten contra los periodistas” del viernes 23 de abril de 2010, resulta interesante. El diario “La Nación”, desde su fundación en 1870, cuenta con una excelsa prosa y “encuentra en la idea de neutralidad informativa una eficaz herramienta de enmascaramiento para la disputa ideológica”. 1

 “Tribuna de doctrina” de los liberales a la argentina -o sea conservadores en la economía- se consolida con los años y mantiene un discurso coherente con su ideología. El lector del diario mitrista sabe a qué atenerse. Incluso desde la tapa y el diseño general, muestra un orden y una estabilidad que perdura sincrónica y diacrónicamente. Solo muestra algunas adaptaciones en el diseño debido a la “invasión” teleinformática.

Las ideologías, ni buenas ni malas, comparten las creencias del engrupo que participa dialécticamente en lo cognitivo. Es evidente que Morales Solá comparte la ideología del medio y utiliza estrategias argumentativas que permiten satisfacer a sus públicos.

Me gustaría, también desde mi cosmovisión, plantear mis disidencias. Para ello, fragmentaré la columna de opinión sin cortar la coherencia del relato del periodista tucumano.

El título “Apunten contra los periodistas” posee marcas lingüísticas intencionales que juegan con las competencias ideológicas del lector. En un país en que la sangre de los periodistas seca muy rápido y en el que la manu militari está a flor de piel, el enunciado connota una advertencia.

Comienza el texto con la idea de acostumbramiento, de hartazgo: “Es habitual en los últimos tiempos encontrarse con intelectuales y artistas (y también con periodistas) que se dicen cansados de un periodismo crítico de los Kirchner. ‘Todos se han puesto de acuerdo para hablar mal del Gobierno’, se escuchó decir hace poco a un reconocido escritor argentino. ¿Por qué no se cansaron cuando los periodistas criticábamos a Carlos Menem, a Fernando de la Rúa, a Eduardo Duhalde y hasta a Raúl Alfonsín mismo, aunque en este último caso prevaleció siempre, es cierto, el natural cuidado de una democracia recién nacida? En realidad, aquellos fatigados confunden cansancio con coincidencia. Ellos están -y es su derecho- muy cerca del discurso del kirchnerismo, aun cuando les sea difícil unir discurso y realidad, a veces tan divorciados. El problema no pasaría de ser un duelo inconcluso entre extenuados y resistentes si la solución que se ofrece no fuera extremadamente peligrosa. Lo que agota, dicen, es la opinión”.

Pareciera, pero no es inocente, que el experimentado periodista cae en algunos errores retóricos al despersonalizar, generalizar y universalizar en el fragmento citado. Los marcadores o construcciones de clase completa pueden confundir a un lector ajeno a “La Nación”. En este caso, no hay inocencia editorial. Tiene conciencia comunicativa con un receptor, con el que comparte una simetría discursiva e ideológica. Como bien dice el sociólogo Eliseo Verón, existe un “contrato de lectura” entre el medio y sus lectores-admiradores. Se articulan, en un engranaje cuasi perfecto, las expectativas e intereses de ambos: hay un guiño cómplice entre alocutor y alocutario.

Esa complicidad -¿culpabilidad?- no es exclusiva de Morales Solá, ni de “La Nación”, ni de sus públicos, sino del perfil de cada lector-consumista que el medio quiere “capturar”.

El “reconocido escritor argentino” que cita Morales Solá está errado. La “universalización” es incorrecta. Al inducir al lector en la pregunta: “¿Por qué no se cansaron cuando los periodistas criticábamos a Carlos Menem, a Fernando de la Rúa, a Eduardo Duhalde y hasta a Raúl Alfonsín mismo, aunque en este último caso prevaleció siempre, es cierto, el natural cuidado de una democracia recién nacida?”, cae en el mismo error del escritor que menciona. Todos los periodistas no critican a los mencionados presidentes, solo a algunos y en algunos momentos históricos respetando - como “obediencia de vida” y “debida”- la línea editorial del medio. Recuerdo la vergonzosa tapa de “Clarín”, del 26 de junio de 2002, con el enorme título “La crisis causó 2 nuevas muertes”. Tal vez, si los que “construyen” el título hubiesen –en ese momento- carecido de datos, el enunciado no estaría del todo desacertado. Pero la investigación y los antecedentes hablan de una predilección por este tipo de morigeración o disfraz de la realidad a favor de la desinformación. La realidad es que la policía asesina, a sangre fría, a los manifestantes Darío Santillán y Maximiliano Kosteki. ¿Por qué lo oculta el monopolio?

La pregunta retórica encuentra un receptor cómplice. La alusión al “ellos” no marca más que una separación bizantina. “Ellos” son los malos. “Nosotros”, los buenos, los que somos tolerantes, los democráticos. Es la manera en que el periodista se posiciona y “construye” -en lo tácito- un “nosotros” que legitima y resignifica la calidad del medio en que escribe. Por ende, esa calidad adjetiviza al destinatario que sigue al medio. Casi al final de la columna, vuelve a apelar al “nosotros”.

Asimismo, mediante la retórica y las falacias se pueden unir el discurso y la realidad.

Continúa Morales Solá:  “El periodismo debería limitarse a ser un transportador de informaciones asépticas y un comunicador de posiciones antagónicas con preponderancia de las oficiales, porque el Gobierno tiene la responsabilidad de conducir la nación política. Eso es lo que proponen. En castellano simple y directo: lo que buscan es un periodismo pasteurizado, integrado por mecanógrafos o relatores que deberían limitarse a contar una realidad compleja, impetuosa y cambiante. Imposible de digerir fácilmente, por lo tanto, para el ciudadano preocupado por las cosas rutinarias de su vida. La primera contradicción surge cuando ninguno de aquellos fatigados alude a las opiniones que florecen en los huertos del kirchnerismo. Ministros, legisladores, periodistas amigos y hasta la Presidenta suelen opinar (¡y cómo!) sobre todo lo que les es adverso. Es, entonces, la opinión del periodismo independiente (sí, independiente) lo que cansa y estaría de más. Resulta, sin embargo, que no hay una fórmula verdadera para el periodismo que no incluya su función crítica del poder. Un periodismo acrítico, esterilizado y descolorido no tiene ninguna razón para existir. Su posición crítica debe incluir, desde ya, a la oposición, en tanto ésta forma parte del poder actual o del poder futuro. Pero su función crítica (desde la opinión o desde la investigación) debe abarcar sobre todo al poder que gobierna la contingencia. La publicidad de los actos de gobierno corre por cuenta de los funcionarios y de los enormes recursos estatales para promocionarlos, distribuidos arbitrariamente en el caso que nos ocupa.

Un medio periodístico debe incluir también en sus páginas o en sus espacios la opinión (con la condición de que sea seria y responsable) de los que no coinciden con el punto de vista de ese medio de comunicación. ‘La Nación’ lo ha hecho hasta cuando se dio el debate por la nueva ley de medios: convocó a sus páginas a políticos e intelectuales que no coincidían con la posición editorial del diario. Es la obligación del periodismo. Pero el medio periodístico y los periodistas cuentan con el derecho y el deber de tener una opinión determinada sobre los sucesos de la vida pública del país. ¿Acaso no dejaría de merecer el necesario respeto (y hasta carecería de la conveniente previsibilidad) un medio al que le diera lo mismo el derecho o el revés de las cosas, las políticas de un color o de otro y las buenas o las malas formas?”.

Entiendo que el periodista cae nuevamente en la generalización y universalización al incluir al periodismo todo. Existe un periodismo “pasteurizado”, pero también hay periodistas combativos, que se juegan en cada investigación. Son los que no practican el “info-entretenimiento”. Son los que no van por las villas, pagan y “construyen” un niño careciente de recursos económicos para que se presente como drogadicto. Son los que no escriben para grandes medios ni para la “prensa estatal”. Son excepciones dentro de la profesión y no temen jugarse la vida. Son periodistas independientes con todas las letras, que llegan a tener otras ocupaciones laborales, a veces ajenas al periodismo, para poder opinar con libertad, sin tener detrás una empresa comprometida políticamente con el gobierno de turno o con la oposición o con fragmentos de ambas. “Tribuna de Periodistas” es un medio crítico. La “crítica” no es estar en contra de. Busca la verdad a diestra y siniestra. Realiza un periodismo de investigación destacado y destacable. Las investigaciones de Christian Sanz son “levantadas” según convenga o no a los dueños del poder mediático. Algunas calan tan hondo que es preferible obviar. A algunos cagatintas no les da el cuero para afrontar las consecuencias. “Tribuna“ es un medio serio y responsable. Cada integrante tiene la libertad para opinar sobre lo que quiera. ¿Puede Morales Solá asegurar lo mismo de “La Nación”?

Obviamente que hay periodistas amigos de los poderosos. Asimismo, están aquellos que ven positivas todas las medidas del Gobierno.  

Si bien tengo mis disidencias con el director de “Tribuna” respecto a la independencia periodística, no puedo confundir este sitio de privilegio con el periodismo que irradia el canal “Todo Noticias”, que se autotitula: “Periodismo independiente”. A propósito, afirma el periodista y profesor Víctor Ego Ducrot: “debemos romper el mito del llamado ‘periodismo independiente’. Se trata de un fenómeno inexistente, que es materialmente imposible si se acepta al hecho periodístico como especie del género propaganda, que se desarrolla en torno a los múltiples aspectos en que se expresa la puja por el poder. En la Argentina actual, por ejemplo, el canal de TV especializado en información, TN, se presenta asimismo como ‘periodismo independiente’ siendo que pertenece a uno de los grupos empresarios más poderosos y concentrados del país (el Grupo Clarín), que durante la pasada década del ´90, tiempos de fundamentalismos neoliberales, supo y pudo tejer una fina ingeniería financiera y asociativa, en clara connivencia con el poder económico y político. 2

Tampoco creo en la independencia de programas como “6-7-8”, que emite el canal estatal. En ambos, hay una “intencionalidad editorial” que raya con la propaganda que lucha en lo simbólico por la obtención del poder.

Cada medio sabe cómo direccionar su “libertad” e “independencia”. ¿Puede un periodista escapar de la “retórica objetivadora” del medio en que se desempeña? Un comunicador avezado sabe lo que puede decir y lo que no. Sabe qué marcas lingüísticas y recursos estilísticos utilizar para aparentar “objetividad” y “neutralidad”. Sabe dónde puede ladrar y dónde, morder.

A continuación, expone Morales Solá: “La opinión es libre, como dijo hace poco Cristina Kirchner, en una de sus pocas oraciones de aceptación de la libertad del otro. Con todo, el periodismo tiene algunos deberes junto con aquellos derechos. La información que sustenta su opinión debe ser veraz. El chequeo de las versiones es una práctica que jamás debe olvidarse y nunca debe prestarse a las detestables operaciones de prensa que el kirchnerismo frecuenta con más constancia que ningún otro grupo político. Honestidad personal y honestidad intelectual son los atributos que deben marcar el límite moral del periodismo. Es necesario también el cultivo de la coherencia: no hay nada más desconcertante para un lector desprevenido que un medio o un periodista que cambian sus opiniones en todas las esquinas de la vida”. Sabias palabras las del columnista: libertad, derechos, honestidad y coherencia. Justamente, es lo que propone en las “Jornadas sobre Periodismo y Ética” del diario “La Nación”, en 1997: “Se está agotando una escuela de periodistas que privilegiaban su opinión por encima de la información; periodistas cuya opinión estaba primero y después inclusive acomodaban la información conforme a su opinión. Las dos cosas está unidas: primero informar y después opinar”. 3

Ver infra la respuesta a este apartado que dan Pablo Llonto, Hernán López Echagüe y Christian Sanz

El parágrafo que sigue es importante para los estudiantes de periodismo. Manifiesta Morales Solá: “En medio de ese debate, es perceptible la existencia de periodistas jóvenes que se preguntan si es conveniente coincidir con las opiniones de "la empresa" periodística en la que trabajan. Esto es nuevo y es viejo, al mismo tiempo. El kirchnerismo tiene una habilidad enorme para resucitar viejos fantasmas del pasado. Ese enredo muy antiguo entre la libertad de prensa y la ‘libertad de empresa’ había dejado de existir hace más de treinta años.

Hagamos un ejercicio. ¿Por qué no cambiamos las preguntas? ¿Qué tiene de raro, por ejemplo, que un periodista concuerde con el medio en el que trabaja? ¿Acaso las empresas periodísticas no existen también gracias a la composición del buen periodismo? ¿Por qué esas empresas deberían tener, en los casos más notables al menos, intereses contradictorios con las mejores prácticas de la profesión? ¿No es preferible para este oficio de libertarios estar de acuerdo con un diario, donde pasamos parte de nuestras vidas, antes que con un gobierno de políticos pasteleros y fugaces?”

El enredo entre la libertad de prensa y la libertad de empresa siempre está vigente. Simplemente, se deben recorrer las diversas instituciones que dictan materias relacionadas con las Ciencias de la Comunicación para observar cómo los buenos profesores plantean ese dilema a sus alumnos. También en “Tribuna” hay artículos que versan sobre el particular.

Asimismo, autores “malditos” como Arturo Jauretche son actuales y perennes como la hierba. Jamás podrán ocultarlos. En 1957, acusa que “nada hay más engañoso que la prensa llamada independiente (…) durante mucho tiempo esta apariencia de independencia fue creída por el gran público (…) el método utilizado por la prensa ‘independiente’, cuya primera trampa es esa ‘supuesta independencia’ no consiste sólo en la deformación de los hechos informados y en la reiteración constante y destacada de los hechos, doctrinas y soluciones convenientes a la realidad que hay detrás de esa independencia, sino el manipuleo de las informaciones que se adecuan a sus fines (..) cuando se quiere destacar lo que se dice esto va en la primera página, y si no en primera, en página impar (…) los grandes títulos, el tipo de letra y el armado de la noticia (…) destacan lo que quiere que sea leído (…) todos los utilizamos [pues] todos aspiramos a trabajar por el triunfo de nuestras ideas. Pero lo pecaminoso y perjudicial y que nos diferencia unos de otros es la pretensión de supuesta independencia y objetividad (…) en toda mi vida de lucha he tropezado mucho más con las restricciones puestas a la libertad de pensamiento por la prensa libre y sus versiones orales y visuales, que con las oficiales que estremecen las fibras libertarias de los periodistas al uso de la gran prensa. Ni Uriburu, ni Justo, ni Perón, ni Aramburu, ni Frondizi, ni Guido, ni Illia, ni Onganía han trabado la expresión de mi pensamiento como este bien aceitado mecanismo que ejerce el monopolio de la libertad para convertirlo en usufructo exclusivo de los grupos económicos sociales y culturales puestos al servicio de la dependencia. ¡Ni los gobernantes de la ‘Década Infame’ han sido tan regulares, continuados y eficaces servidores (…) ante la presión oficial todo el aparato del silencio tácito se mueve para revelarla, evidenciando su presencia, y suscita de inmediato la reacción defensiva de la opinión pública que en conocimiento de la censura o de la imposición se defiende prudentemente con la duda o la versión clandestina. Se auto-vacuna mientras la infección del sistema regulado por la prensa libre actúa como una enfermedad desconocida cuyos síntomas se ocultan, y cuyos muertos se entierran de noche”. 4

En 1969, el autor de “El medio pelo en la sociedad argentina” al tratar la “cocina periodística” trascribe un fragmento de la obra del periodista estadounidense George Seldes, “Los amos de la prensa” (1938): “Un día recibí [en esa época es corresponsal en Alemania de “Chicago Tribune”- un pedido de mis jefes para que enviase un despacho sobre el fracaso de la administración de los ferrocarriles del Estado y su mal funcionamiento. Todos los corresponsales habían recibido una orden similar, y procedieron tal como se les pedía. En cambio, yo no tenía mayor información sobre los ferrocarriles alemanes de propiedad del Estado. Ignoraba el hecho de que el coronel Mc Cormick era partidario de que terminada la guerra, las empresas privadas volviesen a hacerse cargo de los ferrocarriles norteamericanos y quería lanzar una campaña basada en la experiencia extranjera al respecto. Recogí abundante información demostrando que los ferrocarriles del Estado funcionaban en Alemania a la perfección y envié mi despacho con esas conclusiones. Al día siguiente, me encontré con un largo mensaje, esta vez procedente de la oficina europea con asiento en París, instruyéndome precisamente de lo que debía cablegrafiar lo siguiente: que el sistema alemán de los ferrocarriles era un fracaso, que el público estaba furioso, los pasajeros pagaban demasiado, los fletes de carga eran enormes, la administración burocrática pésima y que entre la iniciativa privada y el control oficial todas las ventajas estaban a favor de la primera. Lo más fácil hubiera sido copiar el texto de esas ‘instrucciones’, firmarlas y mandarlas por cable a Chicago como material informativo. Era lo que deseaban. Yo recordé las advertencias de otros corresponsales más experimentados, pero me negué a convertirme ‘en una meretriz del periodismo’ y aceptar órdenes de esa clase. Estudié a fondo ese problema y al comprobar que mi primer cable estaba en lo cierto, envié una extensa nota en la que demostraba triunfalmente, con hechos y estadísticas, que las operaciones de los ferrocarriles en manos del Estado eran mil veces preferibles a la iniciativa privada y que sería muy conveniente que todos los países, entre ellos los Estados Unidos, aprovecharan la lección y siguiesen el ejemplo de Alemania. ¿Necesito decir a los lectores que este despacho nunca fue publicado por ‘The Chicago Tribune’?". 5

De la misma manera, Jauretche en su imperdible “Manual de zonzeras argentinas” en la número 37, Cuarto Poder, resalta: “el ‘cuarto poder’ existe, y yo diría que es el primero, sólo que no tiene nada que ver con la libertad de prensa y sí mucho con la libertad de empresa (…) el ‘cuarto poder’ está constituido (…) por las grandes empresas periodísticas que son, primero empresas, y después prensa. Se trata de un negocio como cualquier otro que para sostenerse debe ganar dinero vendiendo diarios y recibiendo avisos. Pero el negocio no consiste en la venta del ejemplar, que generalmente da pérdida: consiste en la publicidad (…) el diario es un medio y no un fin, y la llamada ‘libertad de prensa’, una manifestación de la libertad de empresa a que aquélla se subordina, porque la prensa es libre sólo en la medida que sirva a la empresa y no contraríe sus intereses”. 6

Tampoco hay que olvidar la autocensura: el “por las dudas me callo a ver sino no me publican los medios poderosos”. Jauretche narra una anécdota en la que intervienen el poeta y político Manzi (Homero Nicolás Manzione) y el revisionista nacionalista Ignacio B. Anzoátegui: “Esto de cómo se fabrican los prodigios, que es cosa de no tocar ciertos temas y no revisar ciertas consagraciones, me recuerda un suelto [columna de opinión] de Homero Manzi, en uno de esos periódicos que nacen para gritar cuatro verdades y morirse enseguida (...) Después que nos balearon en la calle Florida, desde las ventanas de 'La Fronda', allá por el treinta y uno, Ignacio Anzoátegui, que acaba de publicar 'Vida de muertos', nos soltó un brulole [crítica periodística ofensiva y polémica]. Homero contestó:   '-Usted, que se ha metido con todos los próceres menos con uno: el que dejó un diario de guardaespaldas...”. 7

Y si hablo de libertad de prensa y de empresa no puedo omitir dos censuras de “La Nación” y de “Clarín”.

Cita el investigador Carlos Ernesto Espeche a la periodista y escritora venezolana Susana Rotker, quien en “La invención de la crónica” expone que “Fausto Teodoro Aldrey, director del periódico ‘La Opinión Nacional’ de Caracas, a la hora de revelarle al público la identidad del exitoso colaborador oculto tras las siglas ‘M. de Z’ [nada menos que José Martí] lo presentó como un escritor cuyo estilo ‘tiene la limpieza, el brillo y las irradiaciones del Diamante’. Él mismo, en otra carta, repitió la preferencia de los lectores hacia notas que sean ‘más noticiosas y menos literarias. ¿Qué es lo que quieren? No lo determinan explícitamente. Yo creo adivinarlos’. En esa carta, Aldrey solicitó de Martí moderación en sus juicios políticos sobre Estados Unidos -pedido que habría de ser común también en las cartas del editor de ‘La Nación’-. Empezó a evidenciarse la dificultad del deslinde entre los roles del periodista, el escritor y el literato. Bartolomé Mitre era insistente con los juicios políticos que podían desagradar a los lectores de ‘La Nación’ y no dudó en ‘suprimir’ párrafos de los textos martianos enviados desde Nueva York. Él asumió con toda sinceridad que el interés del diario había pasado a ser comercial, lo cual también era una novedad: ‘No vaya Ud. tampoco a tomar esta carta como la pretenciosa lección que aspira a dar un escritor a otro. Habla a Ud. un joven que tiene probablemente mucho más que aprender de Ud. que Ud. de él, pero que tratándose de mercancía -y perdone Ud. la brutalidad de la palabra, en obsequio a la exactitud- que va a buscar favorable colocación en el mercado que sirve de base a sus operaciones, trata, como es su deber y su derecho, de ponerse de acuerdo con sus agentes y corresponsales en el exterior acerca de los medios más convenientes para dar a aquella todo el valor de que es susceptible”. 8

La censura con “el noble diario” la cuenta el periodista y escritor Osvaldo Bayer: “Fue a fines de la década del setenta. El jefe de redacción era el doctor Camilión [Oscar], quien luego llegó a ser ministro de la feroz dictadura militar. Cuando yo terminaba mi horario (…) me dirigía a tomar el subterráneo (…) era una noche muy fría (…) en el calor de la estación Constitución se habían refugiado unos cuantos criollitos de entre cinco y seis años de edad. Vi cómo de pronto, guardias del subterráneo los rodearon y los castigaron ferozmente [uno de ellos] ensangrentó a trompadas el rostro de un niño. Yo lo detuve a gritos y le dije que lo iba a denunciar. Así lo hice en una nota entera que ocupaba toda la contratapa del diario. Y hablaba del trato inhumano que se daba a los niños desamparados y muertos de frío y que las autoridades de la empresa de subterráneos nada hacían para detener los salvajes castigos. La nota salió, fue todo un éxito (…) me llamó (…) Camilión, quien me preguntó cómo yo había publicado esa nota sin su permiso. ‘Ahora subterráneos de Buenos Aires nos va a quitar los avisos’, me espetó furioso, ‘¿sabe lo que significa eso?’. Le contesté no bajándole la vista: `lo único que me interesa es que no se castigue más a los niños pobres en las estaciones del subte’ (…) mi castigo fue que me prohibieron escribir más notas. Claro, si yo hubiera escrito una nota donde denunciaba que niños pobres molestaban con su presencia la tranquilidad de los pasajeros, es posible que me hubieran dado [un] premio. Pero, ¿cómo me atreví a defender a quiénes no tienen nada de nada? Libertad de prensa. ‘Libertad de prensa es la propiedad’, como Horvath [Ricardo] trascribe de Oscar Limura. La del feroz castigo de los chicos que van a dormir al subterráneo es apenas una pequeña anécdota que deja al desnudo al sistema: valen más los avisos comerciales que los principios de la Ética”. 9

Presento dos paradigmas, sinécdoques si se quiere. De cualquier manera, como siempre expongo: es preferible pelear desde adentro de los medios…algo se les puede escapar y despertar alguna conciencia crítica.

Además, irrita al ex periodista de “Clarín” que la Argentina habite  en el pasado. Ningún debate de los últimos meses ha llegado siquiera a la década del 80. ¿Qué hacía tal o cual periodista en 1976, 1977 o 1978? No hacíamos nada. Vivíamos bajo una dictadura y cada uno vivía de lo que podía y como podía. Sólo los que vivieron bajo el peso aplastante y gris de una dictadura saben que no había muchas más cosas para defender que pequeñas cuotas de dignidad. Hagamos de nuevo preguntas desde otro lugar: ¿acaso los únicos periodistas dignos fueron los exiliados o los que se comprometieron firmemente con organizaciones insurgentes de la década del 70? Esa sería, si fuera así, una conclusión injusta, discriminatoria e inaceptable. Otra cosa tan inaceptable como aquélla es la decisión política del Gobierno de cambiar la historia de cada uno de los que considera adversarios” .

La identidad es un objeto cultural, una creación. Entre los elementos que la construyen está la historia de los miembros de esa comunidad. Y no podemos hablar de una historia, sino de varias. Por ello se habla de corrientes históricas. Cada una de ellas, como “construcciones” subjetivas que tienen carga ideológica. Incluso “olvidos memoriosos”. Como lo expresa el profesor Jordán Bruno Genta, un mismo hecho social no se lo percibe como un objeto neutro, sino como un “constructo”, una construcción elaborada por nuestra conciencia: “toda nuestra experiencia pasada; todo lo que hemos vivido respecto de las cosas de nuestro mundo actual: las sensaciones padecidas; los sentimientos que despertaron en nosotros; las inclinaciones, las necesidades y los deseos que nos movieron diversamente hacia ellas; lo que hemos aprendido sobre las cosas en la experiencia de los demás y en la de los libros; todo esto forma parte de nuestra conciencia ordinaria del mundo exterior”. 10

¿Por qué tanto temor al pasado? ¿Acaso nuestros gobernantes no tienen pretérito? ¡Sí! ¿No se ocupa el periodismo de investigación de sacar a la luz lo ocultado? A la pregunta “¿qué hacía tal o cual periodista en 1976, 1977 o 1978? No hacíamos nada. Vivíamos bajo una dictadura y cada uno vivía de lo que podía y como podía”. Entiendo que siempre hacemos algo. Los lectores, los periodistas, los políticos, los militares, etc. Todos hacemos cosas. La valoración es subjetiva. Incluso hay sujetos que niegan o justifican las apropiaciones de menores y los crímenes de lesa humanidad. Cada uno es responsable de sus actos. De algo del pasado de Morales Solá se ocupan las plumas de los periodistas Llonto, López Echagüe y Sanz. Léase el artículo “Amenazas a Joaquín Morales Solá. Dictadura, operaciones y pseudoperiodismo”, del autor de la irrebatible investigación “Maten al hijo del presidente”, del 12 de diciembre de 2006. Tiene sus años, pero no envejece. Es actual y toma aire cada vez que el periodista de “La Nación” evita la rememoración del pasado. Allí, el mordaz Sanz expone la “elocuente intolerancia hacia el periodismo crítico” de Néstor Kirchner e invita a “una profunda revisión del pasado profesional de Morales Solá, quien hasta no hace mucho tiempo solía ser uno de los más conspicuos visitantes del jefe de Gabinete, Alberto Fernández, tal cual puede verse en la agenda de audiencias de la cartera que este último comanda”. 11

Es probable que la respuesta a la desconfiada tríada Llonto-López Echagüe-Sanz la dé el propio Morales Solá al precisar: “Tenemos que partir de que la información se produce, para un periodista que hace análisis político como yo, en el seno del poder. Yo tengo que encontrar la información. Sería muy cómodo para mí decir: ‘Analizo de acuerdo con lo que creo que pasa’. Pero como me formé en una escuela en donde el rigor periodístico era lo fundamental, entonces tengo que ir a averiguar lo que pasó. Por supuesto debemos reconstruir: cuando miramos el choque de dos autos, cada uno ve un choque distinto, y eso que lo estamos viendo…cuánto más difícil es reconstruir algo que no vemos y que tenemos que conocer por versiones de segunda o tercera manos. La única recomendación que hay para esto –es lo que yo hago- es: cuando hay un hecho o una versión, tratar de tener dos, tres, cuatro, cinco fuentes que la confirmen. Y de esa manera evitar lo que puede ser la manipulación del periodista, pues esto es lo que quiebra la ética”. 12

¿Considerará injusto el ganador del premio Kónex de Platino en la categoría Análisis Político

que los judíos rememoren el genocidio perpetrado por la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial? Probablemente, también por esos horrorosos años “cada uno vivía de lo que podía y como podía”. Como bien dice Juan Martín Rago: “Justicia Perseguirás, Justicia Perseguirás, en Memoria de los que se fueron y con vos crecieron buscando la verdad. Seguiremos hoy peleando tu memoria está esperando, la justicia de los hombres que algún día llegará. No podemos detenernos si la lucha es cruel y es mucha nuestros brazos nunca vamos a bajar”.  13

 Finaliza su columna opinativa Morales Solá, en la que recuerda sus encuentros con el ex presidente:  “La síntesis ha llegado a la farsa: o se está con Kirchner o se estuvo con la dictadura. Feas armas se han usado en los últimos tiempos. A muchos periodistas no les gusta ser protagonistas de esas emisiones de maldad que se emiten por canales oficiales o paraoficiales. Es cierto que es difícil cuando la vida cambia y ya no se puede caminar con tranquilidad por la calle porque se está a la espera de una agresión verbal o física. Y es más arduo aún aguantar en silencio la insistencia de la calumnia y de la falsedad, repetida hasta el cansancio por los portavoces oficiosos del Gobierno. Lo único bueno de todo esto es que no hay atajos: habrá que armarse de paciencia, sin resignar los derechos ni los deberes del periodismo. Asumamos también el riesgo de solitarios que corremos en la vía pública. Un periodista con custodia a su alrededor abandona automáticamente su condición de periodista. Dejemos las aparatosas custodias para que se pavoneen los funcionarios y algunos políticos. Una vez le pregunté a Néstor Kirchner, en esos diálogos de los columnistas con los presidentes que son mitad reservados y mitad públicos, en tiempos en que los periodistas éramos como somos ahora y el ex presidente no había desenfundado un revólver permanente contra nosotros (sólo lo hacía de vez en cuando), cómo imaginaba su destino después del poder. No estaba preparado para esa pregunta. Miró el techo, demoró la respuesta y, al cabo de unos segundos largos como la eternidad, contestó: ‘Quisiera poder caminar tranquilo por la calle y que la gente común me saludara con un «buen día, doctor». No quiero más que eso’. Tal vez dijo sólo lo que él creía que el periodista quería escuchar, como acostumbraba hacerlo, pero si entonces fue sincero ha decidido ahora llevarse por delante aquel proyecto, hasta incinerar su propia ilusión”.

 

Es notable como Morales Solá, durante todo el subjetivo discurso, ningunea a la Presidenta. Desde hace tiempo, se intenta instalar el imaginario social que, desde las sombras, gobierna Néstor Kirchner. Tampoco es inocente esa elisión.

La dicotomía planteada es falsa. Se puede estar con Kirchner y avalar la dictadura o estar contra él y estar en las antípodas de los militares genocidas. Por lo menos, así lo que plantean supra el entente Llonto- López Echagüe-Sanz.

A fuer de sincero, ningún periodista debería ser atacado ya sea física o verbalmente. Tampoco se debería calumniar ni injuriar a ningún comunicador por opinar distinto, por ser una voz en el desierto. Lamentablemente, en esta posmodernidad vernácula predomina el egoísmo. Las luchas por el poder se vuelcan a los medios de comunicación. Los participantes en pugna no resignan nada: es un todo vale. Los monopolios atacan al Gobierno y este contra-ataca. Aunque resulta irrisorio que un programa de recortes, de meta –mensajes como “6,7,8” sea la preocupación de medios como “La Nación” o el monopolio “Clarín”. ¿Qué capacidad de agenda puede tener? No hace falta ser un semiólogo para darse cuenta que se alimenta de los temas que imponen los grandes medios. Sucede que en esta “guerra semiológica” se retroalimentan. Analícese el staff y los roles que juegan, y solo sale indemne la gran periodista Sandra Russo. Pueden temer los impolutos “formadores de agenda setting”, cuasi un gobierno paralelo, a Carlos Barragán o a Eduardo “Cabito” Massa Alcántara. Carla Czudnowsky casi no participa y sólo parece aportar una carga emotiva. Luciano Galende conduce y se destaca en la coordinación, dando una coherencia a los meta-discursos. De Orlando Barone se ocupa Darío Gallo, en “Orlando Barone: mi pasado me condena”, el 1 de abril de este año, en “Tribuna de Periodistas”. 14

Dentro del periodismo hay grandes, medianos y pequeños; halcones, palomas y perdices; leones, serpientes y ratas; rosas, margaritas y cardos. Somos humanamente imperfectos.
Cuesta creer que algunos públicos se socialicen ante el ataque hacia algunos periodistas y permanezcan indiferentes ante otros. Algunos comentarios de los algunos lectores de “Tribuna” son una clara muestra de intolerancia y cobardía. Acusan al Gobierno de intemperante, pero escudándose en el anonimato no aceptan una opinión adversa. Atacan al autor y no al texto. Resignifican literalmente y con error al evangelista Lucas al creer que: “e
l que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama”.

En 2006, cuando Morales Solá acusa amenazas del kirchnerismo, Sanz comenta consternado: “algunos periodistas de ‘Tribuna de periodistas’ hemos sido amenazados en su momento de manera aún más grosera que la que ha tocado en suerte a Morales Solá y nadie ha dicho nada al respecto. Y es que, mientras algunos de los ‘próceres de la pluma’ vitoreaban loas sobre al kirchnerismo al principio de su gestión, este periódico mostraba las primeras contradicciones de Néstor Kirchner y auguraba lo que vendría años más tarde, basado en su anterior mandato en la provincia de Santa Cruz. El periodismo es así, miserable y corporativo. Sólo preocupado por un pequeño grupo de colegas que aún no han explicado por qué siempre estuvieron tan cerca del poder”. 15

En lo particular, coincido con Jauretche cuando sostiene: “nosotros no somos jueces porque la historia falsificada no está en el banquillo de los acusados para que nosotros la juzguemos. Lo que queremos es sentarla en ese banquillo para acusarla ante los jueces, que son las generaciones que vendrán. No le negamos el derecho a tener defensores a nuestra acusada, pero no somos zonzos para creernos jueces y en función de la justicia distribuir ecuánimemente lo que no puede ser ecuánime hasta que no esté demolido el edificio de la mentira”. 16

Cómo ser ecuánime en un país que se desgarra todos los días ante los tirones de unos y de otros. Para que haya reconciliación debe haber Justicia. Y vuelvo a la pluma inimitable del autor de “FORJA y la década infame” quien cuenta la anécdota de De la Vega, un historiador riojano que escribe una reivindicación sobre el caudillo federal Ángel Vicente “ Chacho” Peñaloza y, al final de la obra, quiere ser ecuánime y pacificar. Así presenta una ucronía en la que están Peñaloza y Bartolomé Mitre en el Paraíso en plena reconciliación. Jauretche, con su ironía habitual, le responde:”No sé si lo hicieron, pero imagino que Mitre lo abrazaría al ‘Chacho’ con las dos manos, mientras el ‘Chacho’ no podría pasar por la cintura de don Bartolo más que un solo brazo: el otro estaría ocupado sosteniendo su propia cabeza. ¡No! Para ser ecuánime hay primero que ponerle la cabeza al Chacho”. 17

Pero no todo es disidencia. Coincido con Morales Solá cuando trona: “Lo que quiebra la ética es ponerse al servicio del poder, interesada o ingenuamente, para deformar la verdad”. 18

 

Néstor Genta

Bibliografía y reconocimiento de autores

1. Espeche, Carlos Ernesto. Orígenes del Diario La Nación. Tensiones políticas y debate cultural en el surgimiento de la prensa moderna.

http://www.redcomunicacion.org/memorias/pdf/2007Liespeche.pdf

2. Ducrot, Víctor Ego. Coca-Cola no refresca mejor.

http://www.prensamercosur.com.ar/apm/nota_completa.php?idnota=324

3. AA.VV. Periodismo y ética. Jornadas sobre periodismo y ética del diario “La Nación” Espasa. Buenos Aires. 1997. p. 129.

4. Jauretche, Arturo. Los profetas del odio y la yapa. La colonización pedagógica. Peña Lillo Editor. Buenos Aires. 1957. pp. 221/248.

5. Jauretche, Arturo. Mano a mano entre nosotros. Peña Lillo Editor. Buenos Aires.1986 (no figura año de reedición. La primera es de 1969).p.182.

6. Jauretche, Arturo. Manual de zonceras argentinas. Peña Lillo Editor. Buenos Aires. 1988. pp.239/40.

7. Jauretche Arturo. Los profetas del odio y la yapa. La colonización pedagógica. Peña Lillo Editor.

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22 comentarios Dejá tu comentario

  1. Nihil novum sub sole. En el artículo supra podemos leer frases que enuncian verdades evidentes. Lo de Jauretche, por repetido, ya es una perogrullada. Cada medio tiene una línea editorial y coincido con el señor anónimo en que hay que informarse de todo en todas las fuentes posibles. A mi me enseñaron a leer con un centímetro y a sopesar donde se publica, en qué parte y qué enfoque se le da a la información, como se la presenta. Comparando distintas fuentes sobre un mismo hecho. Que el periodismo es una gran forma de hacer política, es evidente. Y también puede ser (o no) una forma de avivar giles. Voy a contar una anécdota. En la primera presidencia de Juan Domingo Perón había un "zar" de la economía (porque esto de los empresarios amigos no lo inventaron los K, que en realidad no inventaron nada) que un buen dia decidió hacer unos mangos engrupiendo a la gilada que siempre abunda por doquier. Su nombre era Miranda, pero para el caso no importa. Siempre hubo y habrá Mirandas mezclados con la política, acá y en todos lados. El asunto es que este tipo sembró la noticia en un diario en el que tenía influencia de que su poder se había esfumado. En seguida en la City se vio a conocidos operadores suyos vendiendo acciones a puñados. El rumor corrió como un reguero de pólvora: "CAYO MIRANDA!! CAYO MIRANDA!!". Inmediatamente todos empezaron a liquidar acciones de empresas (y eran unas cuantas) en las que tenía participación Miranda. Lo que nadie notó fue que en el piso había gente no conectada con Miranda que compraba, compraba y compraba discretamente y al precio mas bajo posible. Ahora la parte periodística. ESE MISMO DIA el diario La Razón había publicado en una minúscula parte de una columna en segunda página que Miranda había sido recibido por María Eva Duarte de Peron. Los que saben leer diarios e informarse compraron y se hicieron una jugosa diferencia. Tampoco hay que endiosar al periodismo. Ningún periodista empleado de Goebbels le pudo hacer creer al pueblo alemán en 1945 que Alemania estaba ganando la guerra. La gente no mastica ni come vidrio, ya lo sabemos. Y por mas que haya periodistas a favor y en contra, lo que la gente ausculta a la hora de la verdad es su víscera mas sensible: el bolsillo. Un abrazo a los periodistas del equipo y a los señores foristas.

  2. Cuanto facho hay suelto no?? Hay que verlos siempre opinando sobre que los periodistas que defienden el modelo de país son pagados por "el mal K".... Y bueno señor Genta, es preferible antes que nada. Un saludo.

  3. que es faxo y que es gorila? nunca lo supe , hay que descifrar codigos en este pais ..... pregunto donde estan y quienes son pero nadie me sabe contestar / salut!

  4. Critico a los escritores e historiadores de la izquierda cuando cuestionan la posición adoptada por algunos periodistas durante los años de las décadas del 60 y del 70. La guerra de guerrilla en ese entonces existía en todos los países de América. La meta real de ellos era la toma del poder y el principal enemigo eran las FF. AA y las Fuerzas de Seguridad de cada país, Luego de combatir y de "aniquilar" al ejército, logrando conquistar palmo a palmo el territorio nacional llegar a la Capital Federal e instalar en la Casa Rosada (en el caso de Argentina) un "dictador" del proletariado de neto corte leninista-guevarista igual o muy parecido al gobierno de Cuba. En ese contexto es imposible que haya una absoluta libertad de prensa y de acción para todo periodista. En plena guerra mundial ningún periodista de Francia o de Inglaterra podía ni debía escribir algo en favor de Adolfo Hitler y/o en favor del nazismo. Y al estallar la guerra entre EE. UU. y Jabón ningún periodista podía ni debía escribir algo contra los EE. UU. o contra sus FF. AA, o algo a favor de los japoneses. Con mas razon si el periodista es por convicción anticomunista, ¿Porqué tenía que estar contra el Gral. Videla? Si escribía algo en contra eso favorecía a los guerrilleros marxistas. Ni siquiera podía permanecer neutral. El mismo Gral. Perón pidió a todos los argentinos que tomen "partido activo" en la lucha contra la subversión. Mal pueden ser acusados de "cómplices de la dictadura" a los periodistas que no hicieron duras críticas al gobierno, al menos en el plano bélico. Por otra parte nadie tiene obligación de tener vocación de "mártir". Si los marxistas y comunistas combativos querían demostrar su "rebeldía" allá ellos. En todos los países les fue mal. En Canadá, en Chile, en Uruguay, en Brasil, en Argentina. En una palabra, los periodistas y los integrantes de la jerarquía eclesiástica y del clero de la Iglesia Católica, todos ellos anticomunistas pueden ser culpables de ser "cómplices" de la "dictadura" y de las "atrocidades" que ella ha cometido. "Atrocidades" también cometieron los guerri-lleros y nadie los acusa de nada. José Hernández en su "Martin Fierro" escribió "Olvidar lo malo también es tener memoria". Y termino esta nota con una frase hecha por un partidario de la guerrilla: "La venganza es de canallas". Antonio Nour.

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