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Los últimos días de Borges

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UNA INVESTIGACIÓN EXHAUSTIVA
UNA INVESTIGACIÓN EXHAUSTIVA

   Con Borges, la posesión póstuma, intenté desarrollar la idea del gran reportaje periodístico, tal como lo llevara a cabo Gabriel García Márquez con «Noticias de un secuestro», ese relato de los secuestros y atentados de los narcotraficantes para imponer su ley en Colombia . En mi caso se trato de aplicar los métodos del periodismo de investigación a los últimos meses en la vida de una persona, aproximando al lector a las pistas, argumentos, peripecias y circunstancias que rodearon y determinaron la conducta de Borges.

 

    Para acercarme a sus momentos postreros, entre Buenos Aires y Ginebra, debí sobre todo basarme en fuentes testimoniales, ya que las documentales no eran muy abundantes. Aparte algunas menciones en las biografías y ensayos, y datos recogidos de manera dispersa en la prensa, las pruebas de la indagación se sustentaron preferentemente en unas cuarenta entrevistas que pude realizar en Buenos Aires, Barcelona, Ginebra y París durante 1999 y 2000. Consulté con biógrafos, periodistas, intelectuales, médicos, abogados, hoteleros, enfermeras, libreros, amigos y familiares. A las conclusiones de estos materiales se agregaron mis propias experiencias periodísticas en Ginebra, donde resido desde 1980, en la cual entrevisté a Borges en 1984, cubriendo para medios escritos los entretelones de su fallecimiento el 14 de junio de 1986, y las fracasadas pujas jurídicas para repatriar sus restos a la Argentina.

    Por tanto éste no es un libro sobre los avatares literarios de Jorge Luis Borges. Tampoco un trabajo biográfico. Es una crónica que incursiona en el haz de sombra que envuelve su muerte en Suiza.

    Venerado y vituperado, amado y rechazado como quizá ningún otro escritor en la Argentina, Borges desconcertó con su inesperado refugio en Ginebra. De súbito, mandó despedir a la empleada doméstica que lo cuidara durante largos años en Buenos Aires, cambiando testamento, abogados, médico y estado civil.

    Yendose a culminar sus días al extranjero, atosigado de galardones, desbarató los pronósticos. Algunos de los suyos se enteraron por los diarios de su inhumación en un cementerio distinto al anunciado en sus escritos. Casi todos fueron notificados por los jueces de que María Kodama fue nombrada absoluta « heredera universal » de sus bienes y derechos de autor.

    Hija de un químico japones y de una profesora argentina de ascendencia germano-española de origen judio, esta mujer se convirtió para muchos en una « intrusa ». De erráticas cualidades intelectuales, y debatida edad, hizo rememorar la irrupción de  Yoko Ono en la vida de John Lennon, inoculando contrariedad en los Beatles. Su efectos en el entorno de Borges fueron desvastadores, independientemente de las responsabilidades que les competan a unos y otros en los desencuentros.
    Descontando simpatías y hostilidades, parientes y amigos de Borges se sintieron desplazados por María Kodama, tenida por advenediza en los ambientes culturales, al margen de su proclamada licenciatura en letras. Las insidias alimentaron juicios en los tribunales y debates en la prensa. Se acrecentaron incógnitas sobre la fortuna, catalizando disputas para repatriar sus restos. Las desavenencias deslucieron la figura de Borges que, en 1999, concitó unánime reconocimiento intelectual al celebrarse el centenario de su nacimiento.
    Al ir narrado los pormenores de hechos analizados en una masa considerable de información y tomando en cuenta las opiniones y señalamientos de las personas que fui entrevistando, fue apareciendo en el texto un cruce de pasiones de un fenómeno que trasciende la celebridad de Borges. Al infiltrarme en sus misterios crepusculares, fueron brotando fuerzas diversas  que inciden en su legado histórico. En ese desorden de razones y arbitrariedades mi conducta me llevo a colocarme en un observador externo, que quiso aportar una aproximación lenta y por círculos concéntricos a los meollos de los episodios, para que el lector se forme su propia idea de las cosas.
    El libro combina una compaginación cronológica y temática, desbordando la muerte de Borges, para internarse en los problemas judiciales que acarrearon sus testamentos y la herencia, la sucesión y la fallida cremación de sus restos con fines de repatriación, la portación del apellido Borges por María Kodama y sus diferentes maniobras en los tribunales para controlar y manejar publicaciones relativas a Borges llevadas al texto por autores y periodistas.
    Entre noviembre de 1985 y junio de 1986, Borges abandonó Buenos Aires casi en secreto, prácticamente moribundo, iniciando un viaje que comenzó fugazmente en Italia, finalizando en Ginebra, desde las Navidades de 1985 hasta que sucumbiera en junio de 1986. Antes de partir cambió silenciosamente su testamento, modificando una clausula que desheredo a una mujer para heredar a otra. En Ginebra exploró la posibilidad de obtener un permiso de residencia para alcanzar la nacionalidad suiza, quiso comprarse una propiedad en el casco antiguo de la ciudad, contrayendo matrimonio por poder en Paraguay con María Kodama. Su salud se quebrantó, con dos recaidas entre febrero y abril de 1986, preanunciando el desenlace defintivo. Entre tanto, revisó toda su obra para publicarla en francés y eludió a la prensa para no abordar de viva voz los motivos de su ida del país, desencriptar las claves del enlace con Kodama, su estadía en Suiza al borde de su deceso, dejando sin resolver el destino de sus restos, reservando a los jueces pronunciarse sobre su extraño cambio de testamento.
    Estoy infinitamente agradecido a los que me ayudaron de múltiples maneras a escribir este libro. Algunos de ellos son atacados hoy en tribunales por María Kodama, oportunidad para subrayar que ninguna de las fuentes consultadas pueden ser tenidas por responsables de esta aventura periodística absolutamente mía. Por ella solo debo responder  yo, como parte del desafio, que me lleva ahora en Buenos Aires a comparecer en juicio oral a raíz de una querella por calumnias e injurias presentada por María Kodama. Querella que ha sido ganada finalmente.

 Juan Gasparini
Desde Suiza, especial para Tribuna de Periodistas

Ficha autor :

Juan Gasparini, 30 de abril de 1949, Azul, Argentina. Reside en Ginebra desde 1980 donde es corresponsal de « El Periódico de Catalunya », « El Universal » de México y « El Tiempo » de Bogotá. Colabora en la revista « Brecha » de Montevideo, y escribe regularmente en el diario « Clarín » de Buenos Aires. Es autor en Argentina de « La Pista suiza » (Legasa, 1986), « Montoneros, final de cuentas » (Puntosur, 1988, reeditado en 1999 por Ediciones La Campana), « El crimen de Graiver » (Ediciones B, 1990). Es coautor con Norberto Bermúdez de « El testigo secreto » (Javier Vergara, Buenos Aires 1999) y “La Prueba” (Javier Vergara, 2001); y con Rodrigo de Castro de « La delgada línea blanca » (Ediciones B, Santiago y Buenos Aires, 2000), Premio Rodolfo Walsh a la obra literaria de no ficción de la Semana Negra de Gijon, España, en julio de 20001. En España es autor de « Roldán-Paesa : la conexión suiza » (Akal, Madrid, 1997) y « Borges : la posesión póstuma » (Foca, Madrid 2000). Diplomado en periodismo en la Universidad de Friburgo, en 1985, se doctoró en sociología en la Universidad de Ginebra en 1988.

 

2 comentarios Dejá tu comentario

  1. gasparini habla de borges autor, dejale el chusmerio a rial si queres hablar de dida privada habla de la tuya montochorro exiliado de luxe

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