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PANERO Y YO

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POETAS DELIRANTES DE ESTUPEFACCIÓN
POETAS DELIRANTES DE ESTUPEFACCIÓN

    Comenzaré diciendo, u orando (orare, orate) que mi admirado tempranamente Leopoldo María Panero no está ‘loco’, como se ha querido presentar por ciertos periodistas o editores. Puedo afirmar que en el mundo contemporáneo ES LA MENTE MÁS LÚCIDA QUE DIVISA LA TIERRA. (Divisa, porque no se puede pisar.) Como él –y lo digo sin presunción y con dolor- he sufrido trastornos similares desde mi primera juventud, con una internación en un hospital. De modo que si lo confieso podría ser quizás con vergüenza para la sociedad, pero de una remisión que me permite llevar una vida ‘normal’. Desde mi experiencia personal en semejante afección y como vate del fin del mundo, puedo sostener categóricamente que Leopoldo no está demente. Se trata de un ‘Paranoidista Crítico’, como señaló Salvador Dalí. Es más, estamos ante seres con mayor coraje que hollan el planeta, lejos de otros locos más peligrosos que la están destrozando. Su semblante, de acuerdo a la fotografía que publicó El Mercurio, es el de un ser ‘bloqueado’ por los medicamentos, nublado, con un estrés traumático demasiado fuerte, que recuerda a un niño víctima de la guerra. El ‘delirio’, que es un estado de gracia, reverenciado en la antigüedad en los oráculos, como grandes maestros iniciados, es una forma de fuga del mundo de la locura verdadera, homicida, plutolátrica, que devasta a  la Humanidad con todo lo que ella contiene. Aun todavía, en su proyecto de Obra Completa, el poeta lo manifiesta, ‘que no estuve loco’. Y sostiene en la nota que se le hiciera en los periódicos, que la única revolución que hay para el ser Humano es la Poesía. De ello, entonces, que sea considerado como un ente peligroso, porque, recordemos, aquellos que enseñan a PENSAR, ésos son los que amenazan al Poder, y no los que instalan industrias de poesía, como indicara Papini en Gog, más si están dirigidas desde el Estado. Cualquier persona que haya descendido a los infiernos, no salva ilesa,  y Panero estuvo casi toda su vida en los fondos de la clase española y europea. Es una víctima, como tantos otros, de la sociedad, un via victus, un cristo de la modernidad, crucificado con la estupidez y la inquina de los más perversos entes que dominan el orbe. Con todo, presentado como ‘Ecce Homo’, es peyorativo y un golpe de narices al bardo, quien ha expresado esta idea, de la forma que la dicta un ‘dios pobre’ caído en desgracia, es decir, en descampado, en la máxima desolación de cuerpo y alma.

 

    El mundo de los negocios se sigue burlando de los cristos, porque le son necesarios y útiles de esa forma. El rito se cumple, el cordero de razón va al sacrificio, pero a dar vida a sus congéneres. De todas las leyendas que se narran de María Panero, la más real ha sido que no ha recibido premio alguno, tal como me acontece, porque por cierto, a un aedo de la profundidad, el mercado no premia ni es útil al estado de servidumbre. Estamos muertos para la vida cívica, pero somos muertos que hablamos y llenamos de terror. Esa estampa que el comercio lanza de ‘poeta y loco’ que ama su locura, como patentiza Gog, es errada: ni el mayor masoquista ama el dolor. Se vive con ello, es una realidad, pero no se le quiere. Soy testimonio patente de que nadie puede ser feliz en la enfermedad.

    Quienes han leído a Mann y Mishima, entre otros, lo saben. ¿La racionalidad y la inteligencia que ‘imperan’ en el mundo, a qué nos han conducido? Las cárceles para maníacos datan del pasado reciente, pero hoy se hallan abolidas casi al cien por cien. El precio que los espíritus libres han debido pagar por la hazaña de pensar está saldada. Por eso, el crimen es pensar, está penado, y el poeta verdadero, arde y se consume en sus versos y fuera de ellos, donde carne, pluma y sangre es uno solo. La Soledad es radical y lo asumimos. Sin embargo, de las pocas alegrías que se puede sentir. No saben los enemigos lo dichoso que es seguir un camino propio, este sacerdocio ritual que lleva la genialidad. Las siniestras Máquinas del Silencio de Estado y Privado, el abyecto oprobio de la autoridad, no pueden con TODO SU VIOLENTO PODER, someter a un espíritu libre, aunque lo maten de hambre. Ser poeta y héroe es lo mismo. No hay superior sacrificio y se asume con júbilo, se dará la vida por ello, sin ser de este mundo infesto, sino de la posteridad. SER EL SER, Paz dixit. Alcanzar la Iluminación, prever el futuro, he aquí a los VATES, a mi hermano Panero y yo.

    El atractivo en la juventud se debe a que somos profetas de los tiempos oscuros que cubren la humanidad, por eso el Metal y la decadencia de sus admiradores son los máximos síntomas de la REVELACIÓN QUE ANUNCIAMOS, como corderos en crímenes de luz, en las auroras suicidas con cristales del caos y poemas de la Guerre.  

 

Mauricio Otero 

 

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