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Sesgando la memoria

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CÓMO SE CUENTA LA HISTORIA EN LOS MANUALES
CÓMO SE CUENTA LA HISTORIA EN LOS MANUALES

CÓMO SE CUENTA LA HISTORIA EN LOS MANUALES

 

Analizar los diarios y encontrar que algunas cosas de gran importancia se omiten o se disfrazan es grave. Son los que manipulan la información y la entregan al populus, quien, sin más, la recibe y, muchas veces, la toma como propia. El punto es por qué ocurre esto, por qué nuestro pensamiento crítico tiende a desaparecer en el más oscuro paraje de la mente. Evidentemente, hay un sistema detrás de todo esto que hace que las cosas sean como son.

Lo que sigue a continuación es una aproximación a un análisis de dos fragmentos de dos manuales de Historia que se dan en las escuelas. Nos llenamos la boca diciendo que los chicos no saben nada y, como sostengo siempre, ¿qué les damos los adultos? Esto que sigue a continuación. 

“(…)El gobierno nacional era una ficción. Las Fuerzas Armadas actuaban con plena autonomía en la lucha contra la insurgencia guerrillera. Finalmente, el 24 de marzo de 1976 depusieron a la Presidenta, ordenando su detención.

Una Junta Militar, integrada por los comandantes en jefe de las tres armas, tomó el poder: se inició así lo que ellos denominaron proceso de reorganización nacional.


El proceso de reorganización nacional
: el poder militar indiscriminado

Otra vez el poder político fue reemplazado por el poder militar ejercido por Videla, Massera y Agosti. La Junta declaró caducos los gobiernos provinciales y municipales, al tiempo que cesó el Poder Legislativo, se removió a los miembros de la Corte Suprema de Justicia y se suspendieron las actividades políticas y gremiales en todo el país…” (Bustinza, J y Ribas, G, A.: Historia. Los tiempos contemporáneos. Argentina y el mundo. Buenos Aires, AZ, 1998)

“(…) El 24 de marzo de 1976, una Junta Militar integrada por el general Jorge Videla, el almirante Emilio Massera y el brigadier Orlando Agosti tomó prisionera a la Presidente y se hizo cargo el poder. Los motivos del golpe se expresaron en una serie de documentos que aludían, básicamente, al vacío de poder existente frente al desafío que significaba la guerrilla y la necesidad de llevar a delante los objetivos establecidos por las Fuerzas Armadas. (…) La guerra contra la subversión significó el fin del extremismo de izquierda. Esa lucha, no obstante, también es conocida como guerra sucia dado que no se reparó en medios para conseguir los fines propuestos. Los medios utilizados no tenían antecedentes en la Argentina en la lucha contra un enemigo externo o interno: la descentralización de la represión a cargo de “grupos de tareas” independientes, la existencia de campos de concentración, la tortura, la separación de niños de sus padres acusados de subversión, la ejecución sin juicio ni defensa posible, la desaparición de personas. El terrorismo de estado significó volcar todo el poder del estado al aniquilamiento de opositores sin control alguno, al margen de la ley que el mismo gobierno militar sancionaba.

Los cálculos más benignos mencionan alrededor de 10000 desaparecidos, concepto con el cual se alude a personas que, detenidas por las fuerzas de seguridad, no volvieron a ser vistas con vida en lugar alguno, y de las que ninguna autoridad se hizo responsable (…)”

Ríos, Cristina y otros: La Argentina: una historia para pensar. Buenos Aires, Kapelusz, 1996.

Es llamativa la denominación que hace el enunciador de Historia. Los tiempos contemporáneos. Argentina y el mundo sobre el gobierno nacional “una ficción”. ¿Cómo recibirán las generaciones venideras que los gobiernos puedan ser reales o ficticios? Tal vez olvida el texto decir que el poder gobierna bien o mal, acertada o desacertadamente, con determinados intereses que convienen o no al pueblo. Pero de ficción no son nunca. Son reales, bien reales.

Las FFAA eran quienes cuidaban el orden ante la “insurgencia” guerrillera. Parece un alivio pensar en la presencia de ellas. ¿Qué hubiera ocurrido, entonces? Finalmente no les quedó más que ordenar la detención de la Presidenta. No dieron un golpe de Estado, no tomaron el poder por la fuerza, se limitaron a cumplir con el deber de ser veladores de nuestra patria. Por eso, es válido tomar el nombre que ellos le dieron: “Proceso de reorganización militar”. La Junta, así, declaró “caducos”, un subjetivema provoca escozor, a los gobiernos. El libro de Historia nos enseña que los gobiernos pueden caducar. Pero, por suerte, es lo único que hizo la Junta, porque después solito, solito “cesó” el Poder Ejecutivo y bajo una oración impersonal en donde nadie actuó “se removió a los miembros de la Corte Suprema de Justicia y se suspendieron las actividades políticas y gremiales en todo el país”.

El otro manual también nos cuenta qué ocurrió en una de las épocas más terrible de nuestra Argentina (me hago cargo de todos los subjetivemas).

La Presidenta fue tomada “prisionera”, convengamos en que es más fuerte que “ordenando su detención” como decía el manual I, pero decir que se hizo cargo del poder es sacarle violencia al hecho. Es mi pueblo le decimos “golpe de Estado”.

Pero las perlitas vienen después. “La guerra contra la subversión significó el fin del extremismo de izquierda”. Si tuviésemos que marcar términos evaluativos en el texto, marcaríamos “guerra” y “extremismo”. El enunciador plantea y planta al lector en una situación de guerra en el país. Llamarla así implica que dos bandos, con las mismas fuerzas, con objetivos encontrados, en un campo de batalla (que puede ser cualquiera) se enfrentan, luchan y vencen o son vencidos. Los testimonios, los documentos, las experiencias, las vivencias no parecen hablar de guerra, más bien hubo “terrorismo de Estado”. No seamos injustos, el texto lo nombra y dice: “El terrorismo de estado significó volcar todo el poder del estado al aniquilamiento de opositores sin control alguno”. Es aceptable que haya existido tal terrorismo, si los enemigos no tenían “control alguno”. Pero lo que hay que destacar es el conector “no obstante” , a pesar de haber terminado con ese extremismo (que entendemos asolaba y destruía el país) se la llamó “guerra sucia” ¿Acaso no reconocen la labor militar y sus logros? Parece luego que el discurso va a reconocer que algo no estuvo bien, sin embargo, ¿cómo lo hace?, por medio de nominalizaciones (los verbos transformados en sustantivos) con lo cual le quita accionar a un sujeto: “la descentralización de la represión a cargo de “grupos de tareas” independientes”. La Junta no tiene relación con estos grupos. Así que si se cometieron “excesos” (Massera dixit) no es culpa de ellos; “la existencia de campos de concentración, la tortura”. Aquí nadie construía o improvisaba campos de concentración como así tampoco nadie torturaba. Las cosas estaban allí, existían cual el caótico universo. Sigue: “la separación de niños de sus padres acusados de subversión” ¿Merece análisis? Pensar que los malpensados los enjuician por “robo de bebés”. Continúa: “la ejecución sin juicio ni defensa posible, la desaparición de personas”, las frases siguen sin sujeto, sin que nadie se haga cargo o responsable de los hechos.

“Los cálculos más benignos mencionan alrededor de 10000 desaparecidos, concepto con el cual se alude a personas que, detenidas por las fuerzas de seguridad, no volvieron a ser vistas con vida en lugar alguno, y de las que ninguna autoridad se hizo responsable” Huelga toda palabra. Después de esta lectura no dejemos pasar por el alto el título del manual: La Argentina: una historia para pensar.

Los chicos leen esto en la escuela, lo estudian, lo repiten. Así les dan a conocer nuestra historia. Así saben lo que pasó en los años de la dictadura. Estamos de acuerdo en que la verdad se construye, no existe LA verdad, pero tengamos un mínimo de coherencia con la realidad. “Yo no sé, estos chicos no saben nada, no conocen lo que pasó en la época militar!”.

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