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AMIA, cómo actuó el periodismo operador

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ANTICIPO DE LIBRO
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No se trata de un relato apasionante como Las Mil y una Noches, pero fue pergeñado de tal forma que se tornó irresistible para elaborar una extensa cortina de humo. Tan grande, que tapó durante diez años la luz necesaria para dilucidar la trama de la masacre de la calle Pasteur.

 

La “humareda” provino directamente de Balcarce 50 cuando su inquilino era Carlos Saúl Menem. Según investigaciones posteriores, éste fue el centro de una compleja trama donde se entrecruzaron lavado de dinero, promesas incumplidas, apellidos raros en su entorno y boletas en forma de cadáveres. Al ex presidente se le puede endilgar una amplia gama de epítetos, pero jamás se lo debe subestimar tachándolo de imbécil o similar. Lo demostró ampliamente durante su década ostentando la primera magistratura, teniendo la muñeca suficiente como para travestir la voladura de la embajada israelí y la AMIA como meros atentados antisemitas producto de la situación en Oriente Medio.

Por eso, no resulta raro que días después del décimo aniversario del segundo de ellos, reflotara su vieja tesis de la autoría por parte de Hezbollah. El digitador del cuento persa vuelve sobre sus pasos, otea el panorama y lanza su añeja ficha sobre el tablero. Esta contiene el famoso informe “Stuisso-Toma”, donde el suicida fundamentalista con turbante, proveniente de la Triple Frontera, bancado por Saddam, Irán y Bin Laden juntos, llega al centro porteño y se inmola dentro de la Traffic para gloria y honor de Juan José Galeano y Nicolasa Romero, acompañados por periodistas de la talla de Raúl Kollmann, Román Lejtman, Lucio Fernández Moores, Daniel Santoro y Rafaél Saralegui (h). 

La mayoría de ellos han recibido oportunas advertencias por parte de estos periodistas para que cesaran en su “trabajo” de desinformar a la sociedad, pero ninguno de ellos aceptó reconocer sus propios errores. Todo lo contrario, la mayoría ha recurrido al insulto más soez para responder a la evidencia ofrecida.

De la misma manera, se ha invitado a debatir a todos ellos a efectos de contrastar sus “evidencias”, pero nadie ha aceptado hacerlo.

A Kollmann, por caso, se le ofreció una y otra vez prueba concreta de sus errores, tal cual puede verse en uno de los Emails publicados en el apéndice documental de este libro. “Le pido que tenga la valentía de debatir conmigo ‘con documentos en la mano’. Espero que acepte el desafío”, escribió uno de los autores al periodista de Página/12.

A Santoro se le dijo algo similar: “Estás equivocado en las notas que estás publicando en Clarín sobre el tema AMIA, especialmente cuando hablás de un ‘conductor suicida de la Traffic’. (…) Llamáme o escribime y te brindaré las pruebas de mis dichos”.

La respuesta de los periodistas ha sido siempre el insulto o el rechazo al debate. Gerardo Young de Clarín es el mejor ejemplo de esto: “Por qué no te vas a la puta que te parió”, respondió el periodista ante un mail que intentaba mostrar sus contradicciones en la cobertura del caso AMIA.

Si había alguna duda acerca de la mala fe respecto a las equivocaciones mencionadas, esto quedó dilucidado en el mismo acto en que estos periodistas mostraron su falta de voluntad para admitir sus propios errores.


El otro periodismo

En febrero de 2000, un hombre de prensa independiente puso en un brete al juez de la causa, cuando le tiró abajo la teoría de la camioneta bicolor bomba: “El juez federal Juan José Galeano citó al periodista y escritor Gabriel Levinas a prestar declaración testimonial en la causa AMIA mañana a las 10, en lo que promete ser un choque dialéctico de importancia, ya que Levinas niega que un vehículo-bomba haya volado la mutual judía, lo que constituye la piedra angular de las investigaciones que desarrolló el magistrado.

Levinas, creador a inicios de los años '80 de la revista El Porteño y nieto de uno de los fundadores de la AMIA, fue contratado en 1997 por la DAIA para informatizar la causa y supervisar la investigación”. De ese trabajo periodístico surgió la publicación del libro AMIA, La Ley bajo los escombros, en el cual Levinas impugnó la existencia de un vehículo bomba frente a la calle Pasteur 633 en la fría mañana del lunes 18 de julio de1994.

Según el periodista, las maniobras con “varias camionetas Traffic” constituyeron un "bluff" pergeñado por los terroristas, a fin de que obrase como señuelo distractorio o “cortina de humo” para que no se investigara el verdadero modo en que se cometió el atentado.

“El investigador denunció en muchas oportunidades que tanto Galeano como el propio abogado de la AMIA, Luis Dobniewski, sostuvieron esta falsa coartada para no inculpar a quienes pusieron un volquete frente a la puerta de la mutual judía escasos minutos antes de su voladura, a causa de las íntimas relaciones que éstos tenían con el poder”, según cuenta un artículo del periodista Juan Salinas.

Mantenido a rajatabla por el TOF 3, el cuento persa de la Traffic pasa de leyenda urbana a dogma de fe. Así lo manifestó en la semana del juicio el mencionado Salinas: “Hace ya muchos años que en largas conversaciones con los fiscales Mullen y Barbaccia éstos me explicaron detalladamente que en el expediente no había una Traffic sino tan sólo un (pedazo de block de) motor, y que era la numeración de ese motor que había llevado a Telleldín. Como determinó el tribunal, el acta de hallazgo de ese pedazo de motor es falsa.

Para que el juicio no se desplomara, Israel envió al general Zeev Livne, jefe de los socorristas israelíes, quien aseguró que fueron sus hombres quienes encontraron ese pedazo de motor luego del anochecer del lunes 25 de julio de 1994.

Sin embargo, y según coincidieron en declarar ante el tribunal quienes fueron jefe y subjefe de los bomberos encargados de las tareas de rescate (el comisario mayor Roberto Oscar Corsetti, entonces director general de Servicios Especiales interinamente a cargo de la Dirección de Protección Urbana, y el actual comisario general retirado Omar Rago, entonces jefe del cuerpo de Bomberos de la Capital y hoy coordinador de Defensa Civil) coincidieron en señalar que ese pedazo de block de motor apareció el mismo 18-J o como muy tarde el 19 de julio por la mañana.

Es decir, que apareció por primera vez por lo menos 24 horas antes de que los socorristas israelíes iniciaran, el miércoles 20, su trabajo. Rago y Corsetti agregaron que les consta que dicho pedazo de block de motor fue exhibido en el Departamento Central de Policía el miércoles 20 y el jueves 21.

Que a despecho de la falsificación de la correspondiente acta de hallazgo creer que ese motor haya sido encontrado por vez primera el lunes 25 por la noche es un acto de fe... en un general israelí.

Y, por cierto, es un acto de fe en un general israelí ya pescado en flagrante mentira. Porque al mediodía de aquel lunes 25 de julio, horas antes del supuesto hallazgo, el general Livne anunció haber encontrado entre los escombros de la AMIA restos del supuesto coche-bomba “con un cadáver totalmente destrozado adentro” que, dijo, “posiblemente sea el suicida que lo conducía”, tal como publicó el diario La Prensa. Un bolazo del tamaño del Maracaná.

Ante la evidencia de que el edificio de la AMIA se había desplomado a causa de una explosión interna, el general Livne también inventó que la supuesta Traffic-bomba debía haber ingresado al hall de entrada sin pedir permiso. “Acá había problemas para estacionar, pero no para pasar. Pienso que el auto se puso de frente y subió hasta el edificio. Allí explotó”, sugirió.

Los dichos de Corsetti y Rago coinciden con el hecho de que el juez Galeano ordenó intervenir los teléfonos de Telleldín el lunes 25 por la mañana, lo que indica claramente que su supuesto hallazgo ese día por la noche es una crasa mentira, y para el caso es igual que la diga un oficial de Explosivos de la Federal o un general israelí.

Hasta ahora, conocía algunos misterios de la fe que contrarían el raciocinio y la lógica sensible como la Santísima Trinidad (un solo Dios verdadero en tres personas distintas) la transubstanciación (que la hostia consagrada se convierta verdaderamente en la carne y sangre de Cristo), la asunción de la Virgen María a los cielos llevada de los sobacos y en sillita de oro por querubines y serafines y la infabilidad del Papa.

Se añade ahora un misterio específicamente judío, diríase que procedente del Antiguo Testamento: el de la ubicuidad de una camioneta-bomba que, del mismo que Dios preexiste a su creación, preexiste a su supuesta obra destructiva (la voladura de la AMIA) y comenzó a adquirir sus fantasmagóricos contornos en el preciso instante en que la SIDE filmó al agregado cultural iraní, Moshen Rabbani, mientras preguntaba el precio de una Traffic en un negocio de la avenida Juan B. Justo.

Si la fe mueve montañas, ¿Cómo no podría mover y hacer explotar una simple Traffic?”

Porque sin la camioneta bomba, se hubiera caído en poco tiempo la trama del encubrimiento. Y su sola permanencia luego de la absolución general de los 22 implicados, es la garantía para orientar la investigación sobre la pista dictada por Washington y Tel Aviv; o sea el régimen teocrático con sede en Teherán.

Pues sin esa veta, la flecha apuntará directamente a la cuidada frente del ex mandatario de tonada riojana. Si en la lectura del veredicto no se lo nombró directamente, pues sólo hubo afirmaciones tangenciales, no sería descabellado plantear la posibilidad que el kirchnerismo estudie una suerte de indulto para que no quede pegado en el ataque de Once. Quizá el oriundo de Anillaco negocie bajo cuerda y entregue las cabezas de Corach, Anzorreguy y Galeano, a cambio de que no osen ni siquiera tocarle el peinado.

Lo que es seguro, es que Bush emprenderá un ataque en toda la regla contra Irán y podría invitar al Estado argentino a hacer lo propio en la Triple Frontera. Pues para la historia oficial, de ahí provino el suicida asesino de masa de la AMIA. Y de paso, cañazo. Esto, que parece entresacado de una película triple Z, no es tal ya que fue propalada hasta por el diario Ámbito Financiero: “En los primeros días posteriores al atentado del 11 de setiembre de 2001, funcionarios del Pentágono estadounidense propusieron realizar represalias militares fuera de Medio Oriente, como una forma de dar ‘una sorpresa a los terroristas’. Sorprendentemente, una de las principales alternativas consideradas, según reveló la última edición de la norteamericana revista Newsweek, fue la zona de la Triple Frontera, que la Argentina comparte con Brasil y Paraguay”.


Sin autocrítica

El sitio Diario sobre Diarios, un inteligente crítico de las mentiras de la corporación mediática nacional, se refirió pertinentemente al “lavado de cara” de Clarín y La Nación, plagados de santa indignación por el fallo absolutorio del 2 de septiembre de 2004: “Los dos diarios más importantes de la Argentina, Clarín y La Nación, dedicaron ayer sus respectivos editoriales al caso AMIA. Ambos matutinos omitieron en sus textos el rol de la prensa en relación a la investigación del atentado y las falsedades en las que incurrieron por presentar ‘la historia oficial’, que salía del despacho del juez federal Juan José Galeano. Los diarios optaron, en cambio, por cargar las tintas contra el juez y los funcionarios del gobierno de Carlos Menem, quienes ‘armaron’ la investigación. ‘Impunidad y responsabilidades en la causa AMIA’ tituló Clarín. La Nación prefirió instalar la ‘AMIA: entre el dolor y la vergüenza’”.

Animados por este espíritu, los responsables del periódico digital Tribuna de Periodistas enviaron sendos mail a varios colegas adscriptos a esta historia oficial, invitándolos a que elaboraran una necesaria autocrítica a lo actuado durante diez años. Lo único que recibieron hasta el momento fueron denuestos y amenazas de juicios por calumnias e injurias.

La cuestión de la AMIA no es un suceso luctuoso apto para meramente rasgarse las vestiduras, sino que representa la piedra de toque en la cual se tiraron de cabeza miserables de toda laya. Tanto los que participaron activamente en el encubrimiento posterior y los que mintieron a sabiendas, tienen tanta responsabilidad como los autores materiales e ideológicos del crimen de masas del 18 de julio de 1994. Es hora de pagar las cuentas, pesito a pesito, pues será la única manera de llegar a la verdad escindida de la realidad durante una década.


Textual: qué dijeron los medios

Hay un precepto en periodismo que dice que “nadie resiste el archivo”. Es una verdad de perogrullo, pero los hombres de prensa muchas veces olvidan que son esclavos de sus propias palabras y prefieren callar acerca de sus propios desaciertos.

Quienes han seguido históricamente el tema AMIA, saben quiénes son los periodistas que le hicieron el juego, no sólo al juez Galeano sino también al menemismo y sus posteriores encubridores. Entre otros podemos destacar la labor de Daniel Santoro, Lucio Fernández Moores y Gerardo Young (diario Clarín); Raúl Kollman, Román Lejtman,  (diario Página12) y Rafaél Saralegui (h) (diario La Nación).

Veamos algunos ejemplos puntuales:

A mediados del año 2004, Irina Hauser y Raúl Kollmann escribieron un insólito artículo titulado “Galeano, dispuesto a ponerle un moño al expediente de la AMIA”. Allí, los periodistas de Página/12 aseguraron que “mientras se realiza el juicio oral, el juez Juan José Galeano prepara una resolución para darle un marco casi definitivo a la llamada conexión internacional. De esa manera, con el juicio cubriendo el aspecto local y la resolución el internacional, prácticamente se lograría aparentar que no hay nada más por investigar y la pesquisa seguiría el camino del moribundo expediente de la Embajada de Israel. En el caso del atentado a la sede diplomática, la Corte Suprema de Justicia le adjudicó la autoría a Imad Mughniyeh. (…) Ese libanés figura en la investigación del tema AMIA, pero Galeano estaría apuntando también al agregado cultural iraní Moshen Rabbani.

La noticia fue confirmada a Página/12 por los fiscales Eamon Mullen, José Barbaccia y Alberto Nisman, quienes formularon la acusación en el juicio oral por el atentado a la AMIA y continúan instruyendo los capítulos inconclusos. Ellos reconocen que “todavía no hay nada firme de la conexión internacional”. ‘Pero es posible que haya en función de la investigación que se está haciendo la Triple Frontera’, explicaron a coro. ‘Además, contamos con testimonios de gente en el exterior, como el testigo C’.

(…) Más allá de lo que haga Galeano, también es cierto que en el juicio oral podrían aparecer datos sobre la conexión islámica-fundamentalista que operó en el país para que el atentado se perpetrara. O bien, podría ocurrir que, al final del proceso, los jueces del tribunal oral cuestionen la pesquisa y pidan que se haga todo de nuevo.

Mugniyeh era el jefe de operaciones del Hezbollah, un partido libanés que se asienta en el apoyo de Irán”.

Kollmann fue uno de los principales impulsores de la inexistente pista iraní y su improbable financiamiento a través de la Triple frontera, territorio que provoca el inequívoco interés de países como Estados Unidos por sus recursos naturales. Kollmann también ha reproducido sin vergüenza los -poco creíbles- dichos del “Testigo C” durante meses, aún cuando sus propias contradicciones lo han vuelto inconsistente.

El 26 de mayo de 2000, Gerardo Young hizo lo suyo a través de un artículo titulado “La conexión internacional del atentado contra la mutual judía, Galeano viajó a México a interrogar a un ex espía iraní”. Allí, el periodista de Clarín aseguró: “El juez federal Juan José Galeano se fue a México para volver a interrogar a un ex jefe de la inteligencia iraní que promete aportar más datos sobre el ataque a la AMIA.

La movida es tan sigilosa como decisiva para el futuro de la investigación. Ocurre que este testigo, que vive protegido por los servicios de inteligencia de Alemania, es el principal denunciante de la pista iraní del atentado.

(…) Conocido como ‘el testigo C’, este hombre ya había declarado ante Galeano en abril de 1998, aquella vez en Alemania, y fue el principal sostén de la acusación que hizo el juez contra el gobierno iraní. (…) Todo esto forma parte de la investigación relacionada con la conexión internacional del atentado. Es decir, la que intenta determinar por qué se voló la AMIA y quiénes dieron la orden para un acto terrorista semejante. La parte que pretende localizar a la conexión local, en cambio, ya fue elevada por Galeano a un Tribunal que a fin de año enjuiciará a sus sospechosos: policías bonaerenses y un reducidor de autos robados, acusados de formar el eslabón más débil de la cadena terrorista.

Sobre la conexión internacional, dentro de la investigación existe consenso en que el atentado parece haber sido ejecutado por miembros del Hezbollah, una agrupación política del Líbano con ramificaciones terroristas”.

Otro periodista de Clarín, esta vez Daniel Santoro, intentó el 4 de diciembre de 2003 una suerte de defensa hacia el oscuro juez Juan José Galeano, incluso después de que se conocieran las interminables irregularidades cometidas por este en la causa AMIA. Publicó el periodista: “La decisión de la Cámara Federal de apartar a Galeano de la causa AMIA está en sintonía con una fuerte operación política del Gobierno contra el juez (¿?). En el último acto por la AMIA, Kirchner dijo que la causa era ‘una vergüenza nacional’ y afirmó que la resolución de este atentado era una ‘cuestión de Estado’. En el medio, Kirchner levantó el secreto que prohibía a los agentes de la SIDE declarar. Y la semana pasada el Ministerio de Justicia, en un informe, sugirió directamente el desplazamiento del juez. (…) Las internas políticas de los sucesivos gobiernos, de la Justicia, de los espías y de la comunidad judía van en camino de fagocitarse al juez y, lo que es más preocupante, a lo que parece un aceleramiento de la desarticulación de la causa AMIA, el caso más importante de los últimos diez años en la Argentina y con una repercusión enorme en el exterior. Desde el punto de vista institucional, estas idas y venidas sólo pueden ser vistas como un papelón.

(…) A cuatro meses del veredicto se está discutiendo sobre las irregularidades del juez y no sobre si Telleldín y Ribelli son culpables o inocentes. En cualquier país organizado, primero se decide si el acusado es culpable o inocente. Recién después de declararse la inocencia se enjuicia al juez que los acusó irregularmente.

La salida de Galeano y la cuesta abajo de la causa representan el peligro de que todo, aun lo que se pudo haber hecho bien, vuelva a foja cero”.

Es interesante cómo Santoro habla de “internas políticas” en el marco de la destitución de Galeano y no dice una sola palabra sobre el pésimo manejo de la causa judicial por parte del juez. Esto último es lo que motivó la eyección del magistrado, mal que le pese al periodista.


Quema esas cartas

Las “operaciones” efectuadas a través de los medios de prensa son interminables, sólo se han elegido algunos ejemplos al azar para mostrar “en crudo” el trabajo de ciertos periodistas vernáculos respecto a la pésima cobertura del atentado de 1994. A continuación, un par de ejemplos más.

El 6 de junio de 2000, Raúl Kollmann aseguró en el diario Página/12: “No cesa la aparición de arrepentidos iraníes que señalan al gobierno fundamentalista de su país como instigador del atentado contra la AMIA. El domingo a la noche, en el programa ‘60 Minutos’, de la cadena CBS norteamericana, hizo su presentación un hombre llamado Ahmad Behbahani, que dijo ser un alto oficial de la inteligencia iraní que ayudó a preparar tres atentados: el de la AMIA, el del avión de Pan Am en Lockerbie y el ataque contra dos torres en Arabia Saudita”.

Pocos meses más tarde, Kollmann insistió en la imposible versión, al publicar en el mismo diario: “Por orden del juez Juan José Galeano, la Brigada Antiterrorista envió ayer un extenso cuestionario a la CIA para que sea respondido por el arrepentido iraní Ahmad Behbahani, que se entregó a las autoridades en Turquía. (…) Habrá que ver si puede dar nombres o el lugar donde se armó la camioneta o quiénes ingresaron al país para conducir la camioneta hasta hacerla explotar frente a la AMIA”.

El 30 de octubre de 2004, Lucio Fernández Moores publicó un artículo titulado “Impulsan el juicio de Galeano y de ex funcionarios menemistas”. Allí, el periodista de Clarín aseguró: “En el fallo el tribunal oral se ordena remitir a la Cámara Federal las partes de la causa que se refieren al hallazgo del motor de la Traffic usada como coche bomba para investigar si los bomberos que encontraron esa pieza en medio de los escombros de la AMIA cometieron el delito de falsedad ideológica de una acta.

Después de la explosión del 18 de julio de 1994, los bomberos de la Federal rescataron heridos bajos los escombros y cadáveres bajo el peligro de derrumbes, junto a personal especializado enviado por el gobierno de Israel. En ese contexto, el motor de la Traffic llegó primero a la carpa de los rescatistas israelíes y luego a manos de los bomberos y expertos en explosivos de la Federal quienes confeccionaron un acta en presencia de testigos. En la causa del juez”.

Años antes, el 27 de mayo de 2001, Daniel Santoro publicó un artículo muy extraño: “Armas: investigan contactos con el atentado a la AMIA”. Allí, el periodista de Clarín se despachó con una teoría sin pies ni cabeza, que asegura que “las investigaciones judiciales por la venta ilegal de armas a Ecuador y Croacia y el atentado contra la AMIA tienen un punto de contacto en una frustrada venta de tanques argentinos a Irán en 1984. La operación para vender 60 tanques argentinos medianos (TAM) había sido dirigida, durante el gobierno alfonsinista, por Diego Palleros y Rubén Ormart. Estos Trafficantes de armas son los mismos que hicieron de intermediarios durante el gobierno menemista en el desvío de armas a Ecuador y Croacia.

Y, además, Palleros y Ormart están siendo investigados por el juez Juan José Galeano para determinar si las relaciones que armaron con iraníes para esa operación de venta de tanques también podrían haber servido como conducto para entrar el detonador usado en el atentado a la mutual judía”.

Santoro es el mismo que, sin ponerse colorado, aseguró no sólo que hubo una Traffic que explotó contra la sede de la AMIA, sino que fue manejada por un terrorista llamado Hussein Berro que falleció en el acto.

Casualmente, es el argumento que intentan imponer los sabuesos de la CIA y el Mossad para centrar la culpabilidad en un conductor suicida que oficie de chivo expiatorio.

Cabe preguntarse si los periodistas que desinformaron en la causa AMIA lo han hecho involuntariamente o ex profeso, retribución dineraria mediante.

Los autores de esta obra han advertido una y otra vez a estos hombres de prensa que estaban cometiendo graves errores a la hora de informar sobre este tema y sólo han encontrado como respuesta insultos y desinterés de los colegas de estos medios. Por lo dicho, es dable pensar que toda la “desinformación” aportada no ha sido inocente.

Christian Sanz y Fernando Paolella
Extracto del libro "AMIA, la gran mentira oficial"

 

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