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Las vacunas son ajenas

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Mirar para otro lado
Mirar para otro lado

Ojalá alguna vez alguien lo cuente con detalle. Ojalá alguna vez alguien trate de pensarlo bien. Ojalá alguna vez hagamos algo. Yo creo –provisoriamente creo, mientras tanto– que pocos procesos actuales dicen tanto sobre el mundo que hemos armado como la violencia brutal de las vacunas. Si la pandemia sirvió para desvelar, para mostrar lo que no queríamos ver, la vacuna exagera.

 

Los números son casi simples: la mitad de los 460 millones de vacunas aplicadas en todo el mundo hasta hoy 24 de marzo se dieron en Estados Unidos y Europa; allí viven unos 840 millones de personas, poco más de un décimo de la población mundial. O sea que, en síntesis, el 11% más rico lleva apropiada la mitad de las vacunas: porque las paga más caras, porque presiona a los laboratorios, porque tiene poder económico y político, sus personas están mucho más vacunadas que el resto de la humanidad. Por eso la gran mayoría de los países africanos no vacunaron a nadie todavía; por eso muchos países sudamericanos –Colombia, Perú, Bolivia, Ecuador, Paraguay, Venezuela– no han llegado a vacunar al tres por ciento de su población. “Las penas son de nosotros –cantaba Atahualpa Yupanqui–, las vacunas son ajenas”.

Frente a esta realidad bruscamente real, la mayoría se empeña en mirar para otro lado. Para lo cual usan su sistema habitual: la noticia pedestre, el análisis flufli, inventarse otro lado que mirar. En cada país, las diversas oposiciones –políticas, sociales, periodísticas– se cabrean con su gobierno y le reprochan la falta de vacunas, en lugar de entender y contar que es un problema general causado por una idea del mundo, no por la ineptitud de un presidente y tres ministros. O, mejor: que la ineptitud del presidente y los tres ministros le dan en cada país su sesgo peculiar –pero el problema es tan global: que algunos acaparan lo que tantos precisan.

Es lo mismo que pasa con la comida. El hambre es un efecto del sistema global y su concentración de la riqueza: la Tierra es capaz, por primera vez en su historia, de dar de comer a todos sus habitantes pero, para eso, tendríamos que quererlo. Y no es el caso: el sistema global de producción de alimentos está montado para producir lo que demandan los mercados más ricos, los que van a pagar más, los más rentables –y no lo que tantos necesitan para comer todos los días. O sea, por ejemplo: países se dedican a cultivar soja u otros forrajes para alimentar cerdos y peces para que los comilones del planeta nos zampemos sus carnes. Por eso hay mil millones de personas desnutridas –en este mundo que podría alimentar a todas.

Con las vacunas pasa lo mismo: las reglas del mercado hacen que no se produzcan suficientes y que una minoría se las quede –la oligarquía vacuna. Y todo por conservar ciertos principios. La pandemia, es cierto, mostró tanto que evitábamos ver, nos obligó a mirar. Espero que, con el tiempo, se pueda confirmar que su mayor revelación fue la estupidez principista del capitalismo global. Son gente convencida: el mundo tal como lo conocemos se derrumba –sus negocios, en muchos casos, se derrumban– y ni así se resignan a contradecir sus ideas básicas.

Lo lógico, en estas circunstancias extremas, sería que los estados y ciertos organismos internacionales recuperaran las fórmulas de las vacunas –que sus propios subsidios contribuyeron a crear– para distribuirlas entre todos los laboratorios capaces de producirlos cuanto más antes más mejor: que decidieran que inmunizar a la humanidad es una prioridad absoluta, frente a la cual todo lo demás son tonterías. Pero no; los estados más ricos siguen creyendo que les alcanza con salvarse ellos –que pueden salvarse solos en un mundo radicalmente conectado. Y, sobre todo, prefieren mantener el dogma de la propiedad aunque sus ciudadanos sigan muriendo a miles y sus países y sus negocios se sigan derrumbando. Son personas con ideas muy claras, que no se dejan obnubilar por tonterías tales como una pandemia más o menos, millón o dos de muertos.

Su obcecación, al fin y al cabo, es casi comprensible: puede que sepan que si ceden en esto salvarán su sistema en lo inmediato pero sentarán un precedente peligroso –para ellos–: que hay cosas que son un bien común, que no están hechas para que algunos ganen plata y poder sino para el bienestar general. Lo que no entiendo es que no lo estemos reclamando, de verdad reclamando. Sí entiendo que podamos no reclamar comida para todos; en última instancia, los que no comen son casi siempre otros. Pero la pandemia no hace tantas distinciones –y aún así, ni modo.

El reclamo es simple, está muy claro: que estados y organismos recuperen las fórmulas de las vacunas y se lancen a producirlas con todos los recursos posibles y las repartan entre los miles de millones que las necesitan. Se puede hacer; solo lo impide la religión de la propiedad privada. Exigir vacunas para todos ya, lo antes posible, sería la ocasión de armar un verdadero movimiento global, de dar vuelta las tornas. Pero se diría que no sabemos cómo aprovechar esas ocasiones, qué hacer con ellas, qué hacer con nosotros.

O, para empezar, si hay un nosotros.

Hay, sí, una urgencia absoluta. Y millones que la miramos como vacas camino al matadero, pasivos, resignados, idiotas: la mirada vacuna.

 
 

10 comentarios Dejá tu comentario

  1. Todo lo qué dice Caparrós es verdad, pero, no es toda la verdad. Si aquí hubieran instituciones y gente sin delirios de grandeza ni complejos de inferioridad, y, por tanto, capaz de enfrentarse a la dureza de la realidad, tendríamos que haber podido fabricar nuestra propia vacuna. De ese modo, escapabamos a la dependencia de rusos, chinos, europeos o yanquis en este campo. Aquí hay una institución creada para eso: el CONICET. Que es lo que pasó con este CONICET? Pues, lo que pasa siempre aquí: que dicha institución, por una parte, se volvió una aberración cultural, con una administración no solo acientifica, sino anticientifica. Resultado? Nada de nada, y menos vacunas, o algo que necesite la gente aquí. Hasta ahora, ese CONICET solo produce ciencia pura, para regalar , a cambio de un " paper", a quienes la transforman en tecnología ( vacunas) que luego nos venden. Cuba, en cambio, donde no hay CONICET y aún siendo un país en ruinas y que vive de la mendicidad, produce su propia vacuna. Mientras que aquí, un país rico y lleno de genios ( cómo Maradona), nada, solo producimos enfermos.

  2. Martín, está claro como se mueve el mundo, pero te olvidaste de un pequeño detalle, somos un país quebrado, que no paga sus deudas, que estafa a quienes invierten acá, en títulos, industrias o empresas, lo mismo da. ¿Porqué Chile y Uruguay consiguieron vacunas para su población y a nosotros nos entregan con cuentagotas? ¿será que a cambio de las vacunas solo podemos prometer que las vamos a pagar? Tarde o temprano el populismo se paga Martín, el despilfarro se paga, la corrupción se paga, la deslealtad se paga.

  3. Me extraña, don Caparrós. DESVELAR NO ES LO MISMO QUE DEVELAR. Se deSvela el que no puede dormir. Se devela una misterio. o sea se quita un velo que lo oculta. Las cuentas están bastante mal. Los chinos no vacunaron no tienen planeado vacunar y ya han vuelto a la vida habitual, sin barbijo, sin distanciamiento ni nada............ Y los países enriquecen cuando PRODUCEN, cuando trabajan BIEN y cuando gestionan mejor. Tenemos esas opciones. Armando menciona al CONICET, -esa institución ha sido cooptada, desinstalada, transformada en una unidad básica donde la ciencia ya no es lo más importante. son solamente reproductores de la doctrina peronista. CUATRO veces han anunciado la creación de tests rápidos, y no sirvió ninguno. Ahora eo sí han diseñado un barbijo, WOW ¿no será mucho? Se les apagaron las lamparitas. No deja de ser un peronista. Los demás se rompen el lomo, trabajan, producen, investigan, invierten, y si bien creo que la ocasión es muy seria y afecta a todos por igual, eso de vacunas para todo ya........... Creo que no entiende que hacer el trabajo demanda inversión en horas hombre, tecnología, etc.etc.etc. ¿Sabe por qué esos países producen vacunas? porque privilegian el mérito, el esfuerzo, la creatividad, el cumplimiento, etc. etc. etc. Ud. piensa que son unos HDP, pero esos países le devuelven a sus ciudadanos los servicios que merecen por todos los impuestos que pagan. Mientras tanto, otros países están entretenidos en alentar la corrupción y la ignorancia, en repartir lo que otros producen y piden, piden piden...... Nos perjudica grandemente la idea irrealista de que tenemos derechos y nunca obligaciones. Con pancho nos alcanza. Hay que elegir, ¿queremos ser mendigos o incorporarnos a ese grupo de países que pueden producir la vacuna? India, Italia, el Reino Unido, Holanda, Alemania, Rusia, China, Cuba, EEUU (México las envasa) todos esos países PRODUCEN vacunas. Que hay condicionantes para la pobreza, sí, pero ¿sabe qué? Ud. tiene aptitudes para escribir tangos.

  4. Todo el mundo se desvela por la llegada de las vacunas . Sin embargo no se devela el gran misterio que encierran muchas de ellas. Por ejemplo citar no mas la vacuna china sinopharm que segun el diario Taiwan news describe que la misma puede causar hasta 73 reacciones adversas. Y han estado diciendo hasta hace un par de dias, que no era beneficiosa para mayores de 60 años. Pero de repente, pum....sale un paper de la Anmat o de donde lo fabriquen diciendo que ahora puede darse a los mayores de 60...? Como es la cosa? que estudios se han hecho? donde las informaciones que uno tiene derecho a conocer. Pues que no. La gente anda asustada, y con las noticias de a diario de la cantidad de fallecidos que hay, las personas han dejado de razonar y se apresuran a anotarse y hacer largas filas para que les den la vacuna. La que sea. No hay que ser medico ni cientifico, solo usar el sentido comun. Si uno es mayor y tiene enfermedades cronicas de base, como ser la hipertension, que pregunte al medico si le conviene darse la sinopharm. Dado que bien puede subir como bajar la presion, entre otras tantas reacciones. ( Taiwan news.com)

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