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Está en vos: cuáles son las pseudociencias detrás de los mensajes de autoayuda de muchos influencers

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En redes sociales se escucha mucho el mensaje de que todo depende de nosotros mismos, incluida nuestra salud, y eso es especialmente promocionado por algunos influencers. Sin embargo, en muchos casos aunque no las citan explícitamente, sus teorías se basan en pseudociencias que son poco consistentes y la efectividad de estas prácticas ha sido desmentida por especialistas en distintas áreas. Pueden ser tan lucrativas para sus promotores como dañinas para sus seguidores
En redes sociales se escucha mucho el mensaje de que todo depende de nosotros mismos, incluida nuestra salud, y eso es especialmente promocionado por algunos influencers. Sin embargo, en muchos casos aunque no las citan explícitamente, sus teorías se basan en pseudociencias que son poco consistentes y la efectividad de estas prácticas ha sido desmentida por especialistas en distintas áreas. Pueden ser tan lucrativas para sus promotores como dañinas para sus seguidores

Todos queremos tener control sobre nuestras vidas. La idea de que todo depende sólo de nosotros, que lograr nuestros objetivos es sólo una cuestión de desearlos con suficiente fuerza, que podemos expulsar todo lo negativo simplemente pensando en positivo, es muy atractiva. ¿Quién no quiere resolver todos sus problemas sólo con el poder de la mente?

 

Eso es justamente lo que proponen una serie de influencers -personas que producen contenidos para redes sociales y tienen una gran cantidad de seguidores o un grupo de seguidores muy fieles-, como Ivana Nadal o Pablo Vazquez Kunz, que apelan a despertar la conciencia, “vibrar alto” y pensar positivo para resolverlo todo.

El problema es que los métodos que promocionan no funcionan, según coinciden médicos, psiquiatras y psicólogos consultados por Chequeado. Se basan en una serie de pseudociencias; usan palabras que parecen técnicas, pero no tienen evidencia que las respalde y hacen afirmaciones tajantes sobre cómo resolver problemas -y más grave aún-, sobre cómo “sanarse” de ciertas enfermedades. Enfermedades que supuestamente no son a causa de un virus, de una bacteria o de una sobrerreacción del sistema inmune, sino que vienen de problemas emocionales que podemos trabajar y resolver. Todo es emocional, sería su punto.

Como pasa muchas veces con la desinformación, se mezclan información real con falsedades. Las emociones y el bienestar tienen un rol en el funcionamiento de nuestro cuerpo, el estrés no ayuda a curarnos de ninguna enfermedad. Pero eso no significa que con estar tranquilos y en paz no vayamos a enfermarnos.

Y, en medio de una pandemia, ofrecer estos consejos que dan una sensación de control puede resultar una enorme fuente de ingresos para sus difusores, que venden productos, libros y charlas muy lucrativas. Pero para sus seguidores y clientes, genera confusión y puede hacer que reemplacen terapias basadas en evidencia por métodos no probados y, algunas veces, dañinos, al creer, por ejemplo, que toda enfermedad es sólo resultado de una situación emocional y por lo tanto no es necesario un tratamiento.

 

La autoayuda de siempre, pero diferente

Los discursos de autoayuda no son en sí nada nuevo. Hay desde hace décadas libros, conferencias y programas que prometen ayudarnos a alcanzar todas las metas que nos proponemos en base a nuestro esfuerzo individual.

“Los discursos de autoayuda están hace años en el país, aunque fueron teniendo transformaciones a lo largo de los años. En los años ‘70 empezaron como discursos anti-autoridad y luego en los ‘90 se fueron adaptando al mundo empresarial”, explicó a Chequeado Nicolás Viotti, antropólogo y sociólogo, investigador del Conicet y de la Escuela Interdisciplinaria de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín.

¿Qué es lo distinto? Por un lado, la forma en la que se accede a estos contenidos. “Quizás antes alguien se compraba un libro de autoayuda o lo veía en la televisión en horarios marginales, ahora a través de las redes sociales entran en nuestro prime time, mientras estamos mirando fotos de nuestra familia y nuestros amigos”, explicó a Chequeado Tomás Balmaceda, periodista y doctor en Filosofía, que está trabajando en un próximo libro llamado Cultura de la Influencia, que aborda justamente el rol de los influencers.

En la misma línea, Viotti señaló que “durante la pandemia se hizo más visible este fenómeno. Con las redes sociales es un discurso que se volvió mucho más accesible”.

 

Por qué crecen

Pero hay algo más profundo que la mera exposición a estos discursos que es: ¿Por qué se vuelven populares? ¿Por qué tienen millones de seguidores que confían en ellos?

“Hoy estamos en una época en la que hay mucho escepticismo, no le creemos a las empresas, al mundo político o a las marcas, suponemos que todos tienen segundas intenciones. Pero, al mismo tiempo, confiamos más que nunca en desconocidos, a través de aplicaciones nos subimos al auto o le alquilamos un departamento a alguien que nunca vimos”, explicó Balmaceda.

Los influencers son desconocidos para la gran mayoría de sus seguidores, personas que ven a través de una pantalla, en general en su celular. Pero son desconocidos que vemos como pares nuestros y, por lo tanto, cercanos. “La cámara en modo selfie que usan los influencers genera un vínculo especial. No es una superproducción sino algo mucho más casero y cercano y da la idea de que es un par, y eso es clave en la relación con esa persona. Es alguien que sentís que podrías invitar a tu casa. Y mientras se extiende esta tendencia a desconfiar de la autoridad o de las instituciones, se confía mucho más en los pares”, señaló Balmaceda.

“Son discursos que en general ponen el foco en la confianza en uno mismo, con mucha desconfianza de las jerarquías y de la autoridad, ya sea de las iglesias o la autoridad médica, y todo se basa en la experiencia personal ‘a mí me pasó’, ‘a mí me funcionó’, tenés que confiar sólo en vos mismo”, explicó Viotti.

A diferencia de la evidencia científica, estos discursos se basan en pruebas anecdóticas, y no buscan reunir evidencia de miles de casos para evaluar si los métodos funcionan o hacer ensayos con distintos grupos para ver qué funciona mejor, sino trasladar el caso personal a un principio universal. Un conjunto de historias personales no prueba de manera rigurosa que algo efectivamente funcione. A pesar de esto, usan términos técnicos que lo hacen parecer científico, como programación neurolingüística.

 

La programación neurolingüística y la biodescodificación, las ideas detrás

Aunque si se los mira por separado pareciera que cada uno de estos influencers tiene su propio discurso, un análisis en detalle realizado por Chequeado permite ver algunos trazos comunes detrás de sus ideas. Hay nociones de al menos dos pseudociencias que estructuran muchos de los mensajes. Una es la programación neurolingüística y la otra, la biodescodificación. Estas dos líneas son parte de una variedad enorme de pseudociencias, con límites muchas veces difusos entre una y otra.

A grandes rasgos, la programación neurolingüística postula que nuestros cerebros son todos iguales y nuestras diferencias vienen de cómo están “programados”. Para cambiar algo de nosotros, lograr mayor éxito en nuestra carrera, conseguir el amor duradero o sanarnos de una enfermedad, basta con “reprogramar” nuestro cerebro. La Asociación Española de Programación Neurolingüística explica en su sitio que se trata de “identificar y describir el modelo de funcionamiento de cualquier habilidad especial y/o excepcional del ser humano, para que así pueda ser comunicada, comprendida y utilizada por cualquier persona que lo desee”. Si una persona puede hacer algo, cualquier otra puede lograrlo copiando esos procesos con las herramientas de la programación neurolingüística.

Las ideas detrás de la programación neurolingüística nacieron en los años 70 en los Estados Unidos y entraron con fuerza en el mundo de los negocios, al ofrecer talleres y cursos para la superación personal y profesional. Se han hecho desde entonces varios estudios y revisiones para evaluar su efectividad que han mostrado que no hay evidencia para sostener que sea eficaz.

“La programación neurolingüística ha estado circulando por alrededor de 50 años y está hecha de una mezcla de una amplia gama de disciplinas, teorías y prácticas, y no tiene un sentido coherente. Las investigaciones científicas para analizar la validez de las teorías mostraron que no son correctas, y las investigaciones sobre su práctica muestran que no tiene efecto más allá del efecto placebo”, explicó a Chequeado Bruce Thyer, quien tiene un doctorado en Psicología y publicó un libro sobre la pseudociencias en el trabajo social.

Y si bien en la mayoría de los casos las técnicas pueden ser inocuas, con consejos que en el peor de los casos no ayudarán mucho a la superación profesional, hay algunos investigadores –como Richard Bailey– que señalan el riesgo de que se inviertan fondos en procedimientos que no están basados en evidencia, y eso le quite financiamiento a otros programas que sí lo están. Además, hay casos en los que se utilizan estas técnicas como tratamiento para problemas de salud mental de personas que sufrieron traumas, donde sí puede ser riesgoso.

Por otro lado, la biodescodificación plantea que las enfermedades son en realidad expresiones de emociones que no fueron bien procesadas. Nos enfermamos no por un virus o un agente biológico, sino por un problema emocional, y si podemos identificar y resolver la causa detrás del malestar, podemos “sanarnos”.

Uno de los mayores expositores de esta pseudociencia en las redes sociales es Pablo Vazquez Kunz, psicólogo matriculado ante el Ministerio de Salud de Nación, y quien se define como “especialista en Biodescodificación”, con más de 228 mil seguidores en Instagram. Su llegada, como pasa con muchos de los difusores de estas teorías, aprovecha la visibilidad de la redes, pero va mucho más allá, con conferencias, seminarios y libros publicados por la editorial Planeta.

En su libro “Sé tu propio Biodescodificador” explica que “la base de la biodescodificación es que la mente humana es la causa de todos los efectos que vivimos en el mundo”, y agrega que “es una herramienta directa para comprender el origen mental y emocional de las enfermedades”.

Uno de los ejemplos que cuenta en su libro es sobre un “consultante” que llegó a la sesión con cáncer de los alvéolos pulmonares y narra: “Descubrió en la sesión que la función positiva” del cáncer de pulmón es “tener más oxígeno en sangre para moverse rápidamente y escapar de un depredador. También tomó conciencia de que el depredador para él era su mujer quien no le daba espacio para vivir. Él comprendió en 10 minutos que debía respetarse y darse lugar. Pero eligió luchar y buscó convencer a su mujer de que ella debía cambiar y ser más relajada con él. Mi cliente murió a los dos meses. ¿Por qué? Porque siguió luchando: a más lucha más estrés”.

Estas teorías citadas de forma explícita por Vazquez Kunz luego son difundidas por muchos influencers sin aludir específicamente a la biodescodificación, como cuando la modelo Ivana Nadal le dice a sus 2,6 millones de seguidores que “Todas las enfermedades son emocionales. Todas las enfermedades tienen cura si vos crees en vos”, algo que fue desmentido por varios especialistas en esta nota de Chequeado.

“Estos abordajes son muy peligrosos, primero porque son estigmatizantes, vuelve a las personas culpable de sus enfermedades, y también pueden hacer que las personas no busquen o abandonen los tratamientos que necesitan”, señaló a Chequeado Marcelo Cetkovich, médico psiquiatra, vicepresidente de la Asociación Argentina de Psiquiatras y director médico de INECO.

Sobre las bases de estos discursos, Cetkovich explicó que muchas veces “se hace un pastiche de palabras científicas, que vienen de una mala lectura o una lectura superficial de la información científica”.

“Estas pseudociencias no sólo no se sostienen en evidencia científica, sino todo lo contrario”, explicó a Chequeado Daniel Flichtentrei, médico cardiólogo y editor científico de Intramed. No sólo es falso que las enfermedades son sólo el resultado de problemas emocionales, sino que esta creencia puede ser peligrosa, dado que puede llevar a que no se busquen los tratamientos necesarios, y, además, traer una sensación de culpabilidad por haberse enfermado.

Flichtentrei agregó que “la gran pregunta es qué hace que estos discursos sean creíbles, y en eso también hay un cuestionamiento a la comunicación de la Ciencia, que muchas veces aliena a las personas. En cambio, los discursos que devuelven el control a las personas tienen eco porque reducen la incertidumbre que hay dando falsas certidumbres”.

Como ocurre muchas veces con la desinformación, se toman algunos elementos verdaderos y se tergiversan o exageran hasta que pasan a ser falsos, y aprovechan también las limitaciones de conocimiento en distintas áreas.

“En muchos casos la investigación científica se centra sólo en lo fisiológico sin contemplar otros aspectos de la vida de las personas que pueden tener impacto en su salud. Es verdad que el estrés puede influir en el funcionamiento del sistema inmune, aunque no en la forma que lo presentan estas pseudociencias, y eso fue obviado por las investigaciones científicas durante mucho tiempo”, señaló Flichtentrei.

El hecho de que existan diferentes disciplinas y prácticas que buscan mejorar el bienestar, y que no estén basadas en el método científico no es en sí un problema. El problema es cuando se presentan como programas basados en evidencia y no lo están. Como explicó Flichtentrei: “La Ciencia busca conocer la verdad, no dar sentido a las cosas, y eso puede ser muy limitado, por eso no todas las búsquedas tienen que ser científicas. El problema en estos casos es que utilizan términos científicos para aplicarlos en disciplinas que no tienen evidencia detrás”.

Pablo Vazquez Kunz fue contactado por Chequeado, pero al momento de publicación de esta nota no había contestado.

 

Cursos y programas especiales

Las redes sociales y la pandemia crearon un terreno fértil para que estas pseudociencias se difundan y ganen adeptos, pero su presencia va mucho más allá de las redes. Gurús y coaches venden charlas, seminarios y talleres que, a juzgar por sus precios, pueden ser una interesante fuente de ingresos.

Mauricio Benoist, un argentino radicado en México, se presenta como “un inconforme permanente, obsesionado por mostrarle a la gente que puede tener una mejor vida”, en su cuenta en Instagram, donde tiene más de 400 mil seguidores. Ahí promociona una certificación gratuita de Programación Neurolingüística, a la que se puede acceder poniendo el nombre y mail. A partir de ahí, la plataforma invita a las personas a unirse a un grupo exclusivo de Whatsapp, de Telegram y de Facebook, para acompañar el proceso. En el grupo de Telegram, se ofrecen otras formaciones, como el “Salto Cuántico”, una formación de 67 días en la que promete, entre otras cosas, “reconciliarte con tu pasado para crear relaciones sanas”, y al que se puede acceder por US$2500.

Otro caso es el de Dana Nasso, en Argentina. Su cuenta tenía casi 45 mil seguidores en Instagram -aunque ahora no aparece activa- y sus videos fueron retomados en algunos medios tradicionales cuando dijo “cuando hay fuego no pidan agua porque hacemos chocar a los elementales”. En su cuenta promocionaba talleres bajo el slogan “llevás el arte de sanarte a ti misma” (sic), donde ofrecía cursos de “conexión con tu alma” y aclaraba que entre otras disciplinas se trabaja con biodescodificación.

Benoist y Nasso fueron contactados por Chequeado, pero no respondieron hasta el momento de publicación.

Este tipo de disciplinas no están sólo en las redes sociales y llegan incluso a instituciones educativas. La Universidad de Buenos Aires (UBA) tiene un Curso de Posgrado en Formación en Programación Neurolingüística, que depende de la Escuela de Negocios y Administración Pública de la Facultad de Económicas. Chequeado consultó a la UBA sobre esto, pero no recibió respuesta.

En la misma línea, la Universidad Austral ofrece un curso de Programación Neurolingüística y Coaching, que depende del Departamento de Ciencias Biomédicas, en el que explica que se trata de “un modelo de comunicación altamente efectiva, basado en la creencia que todo comportamiento tiene una estructura y ésta puede ser aprendida, cambiada, diseñada, instalada, etc. con el fin de lograr todos los objetivos que tiendan a la excelencia y desarrollo integral del ser humano”.

Chequeado contactó a la Universidad y Ariel Busico, director del curso de Programación Neurolingüística y Coaching, explicó que “llevar estos modelos y herramientas al plano de compararlos con una ciencia con evidencia empírica es una gesta para quien la quiera llevar adelante. Considero que hay varios modelos y distinciones que no son ciencias que -desde la posmodernidad hacia hoy- buscan encontrar nuevas respuestas a nuevas problemáticas. Nuestra educación formal, aún hoy, está orientada en gran medida a contenidos; el universo de las formas o aquello que (en mi opinión) peyorativamente se denomina como ‘habilidades blandas’ no es parte de la currícula”.

Y agregó: “En mis entrenamientos el enfoque pedagógico, alineado con el de la Universidad, es moderar un espacio de reflexión y observación que promueva habilidades sociales, que nos permitan adaptarnos al modelo de comunicación de las distintas personas, conversaciones como oportunidades generativas y de cambio, laboratorios, sin verdades absolutas ni permanentes. Indagamos varios modelos como el Coaching también, tomando herramientas, interpelando otras; en aras de humanizar nuestra mirada hacia las demás personas y hacia nosotros mismos, encontrando matrices de comportamiento, generando autoconocimiento y posibilidades de hacer pequeñas nuevas acciones que promueven pequeños nuevos resultados allí donde quiera cambiar, sino el algoritmo día tras día se perfecciona en base a nuestro estrecho vínculo con la Red y nos acerca cada vez más actividades, acciones y decisiones masticadas. El claustro académico, en este sentido, necesita lucidez y plasticidad suficiente para albergar las manifestaciones y expresiones que hacen a cada momento histórico, a las preguntas y a las respuestas que impulsa el campo que compartimos y co-creamos”.

El hecho de que haya universidades que den este tipo de formación es problemático. “Es peligroso -explicó Thyer a Chequeado- porque promueve prácticas pseudocientíficas, y no promueve el pensamiento crítico y escéptico necesario para investigar las declaraciones, y mina la institución científica”.

Las desinformaciones sobre la salud durante la pandemia pueden influir en las decisiones que las personas tomen. Pero más allá del efecto que puede tener cada desinformación particular, la tendencia a descreer sistemáticamente de las autoridades o de los especialistas, y depositar toda la confianza en personas que se basan en una serie de pseudociencias para recomendar terapias, puede tener efectos a largo plazo en la forma en la que miles de personas deciden tratarse.

 

Esta investigación es parte de “Los desinformantes”, una serie de investigaciones sobre diferentes actores que han desinformado durante la pandemia, que está realizando LatamChequea, la red de chequeadores latinoamericanos coordinada por Chequeado, y cuenta con las ediciones de las organizaciones que participan y del periodista Hugo Alconada Mon.

 

3 comentarios Dejá tu comentario

  1. Los charlatanes están presentes en todas las épocas, con sus discursos de soluciones fáciles y rápidas, con sus brebajes mágicos, con sus recetas "infalibles" que según ellos han dado resultado a muchas personas. Hoy tienen más poder, gracias a las "redes sociales" ("que han dado derecho de palabra a legiones de idiotas"/.../"y ahora tienen el mismo derecho de hablar que un Premio Nobel", como definió de manera brillante Umberto Eco). Apelan al pensamiento mágico, a la dejadez intelectual, a la inocencia o a la ignorancia de las masas, para persuadirlos de que ellos son los que portan una especie de verdad revelada. Otros, más canallas, saben que "nace un tonto a cada minuto".

  2. A mí, la nota no me gustó, centra la idea en dos palabras "todo" y "Ciencia". Como dice Willie Coyote, a cada minuto nacen tontos dispuestos a dejarse seducir por el discurso. Pero la nota ni alcanza para avivar tontos, ni construye nada. Si todo se redujera a la palabra 'ciencia' podríamos decir que las ciencias económicas no sirven para un pomo porque no han aportado certezas, o podríamos criticar a la misma filosofía que no es una ciencia y que a mi entender es por demás valiosa. O podríamos descartar a otras disciplinas o al mismo psicoanálisis ........... Al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios. Ni los charlatanes, ni los que con matrícula profesional se equivocan alevosamente o te engañan alevosamente. Y no es ciencia creer que el componente psicológico/ actitudinal/ emocional influye en nuestras vidas, lo sé, pero ¿algún matriculado lo puede negar? Que no es todo, YO creo que no es todo. No sé que pensará un monje budista.. Por eso pienso que la nota no construye nada, y posiblemente es el instrumento de los 'profesionales' para dejar planteada su incumbencia profesional ante ideas tal vez más humanas y comprensivas (no lo sé). Somos seres BIO. PSICO SOCIALES. cada uno de esos aspectos es importante.

  3. De lo único que estoy seguro es que "chequeado" representa lo que hoy en día se conoce como terrorismo criminal mediático..Además son un grupo de cagones que jamás dan la cara..Se autodenominan equipo chequeado, sin nombre y apellido...Un símil con los denorminados carnets de vacunación...Nadie los firma ni se hace cargo...En cuanto a la basura que publicaron, no resiste el menor análisis...Es el mismo modus operandi de este pasquín de morondanga : calificar como pseudociencia todo lo que contradiga a la ciencia oficial, que es la única voz que debe ser escuchada..La ciencia de hoy en día es la nueva inquisición, y chequeado es uno de sus sicarios a sueldo..El objetivo es acallar voces disidentes y chequeado hace su papel como vocero de los inquisidores, a cambio de gruesos billetes...Mercenarios que se prostituyen al mejor postor...Saludos cordiales

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