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¿Por qué votar a Patricia Bullrich y no a Milei ni a Massa?

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No todo es lo mismo.
No todo es lo mismo.

Hay un creciente consenso en Argentina sobre la necesidad una reforma liberal. Urge disminuir la presión impositiva, aumentar la capacidad de ahorro y progreso de los ciudadanos, facilitar el emprendimiento, dinamizar la economía y consolidar el Estado de Derecho. Pero ¿cuál candidato representa mejor las ideas de la libertad?

 

No hace falta argumentar mucho sobre que no es Massa. Aunque posee un discurso bastante tirado a la derecha para su espacio político, tiende a una variante suavizada del estatismo y está aliado con el cristinismo. Su vice es Agustín Rossi. Comparte coalición con el incendiario y extorsionador serial de Juan Grabois. Es ministro de economía de Alberto. Se apoya en el aparato kirchnerista, madre del estatismo y el autoritarismo recientes. Es decir, aunque con algo de maquillaje, Massa representa el statu quo.

Milei, por su parte, tiene un discurso fuertemente disruptivo, por momentos violento. Tanto es así que le resulta relativamente fácil captar y canalizar la bronca acumulada en el electorado. Ahora bien, expresa una explosión irracional, extremista. Su virulencia y agresividad, sus ataques desmesurados contra las personas que piensan distinto, dejan (cuanto menos) serias sospechas sobre una personalidad autoritaria. Se reconoce admirador de Donald Trump, el único presidente de Estados Unidos que intentó tumbar una elección y perpetuarse en el poder por medio de la fuerza.

Esto se refuerza con su alto nivel de dogmatismo. Fue capaz de votar en contra de la reforma de la fallida y destructiva ley de alquileres porque prefería que no hubiera ninguna ley. No tiene noción del mal menor. Carece de flexibilidad práctica para favorecer el bien común. Prefirió que los inquilinos siguieran sufriendo antes que salirse de su dogma. No debe sorprendernos, puesto que se define como anarquista. No se opone solo al estatismo (exceso de Estado), sino al Estado mismo, incluido el Estado democrático.

Para conformar listas en todos los distritos y asegurarse de que no le robaran las boletas, Milei hizo acuerdos con sectores del massismo y del cristinismo. No ha dudado en pactar con lo peor de la casta que supuestamente cuestiona, cuando le ha servido para acercarse al poder. Pareciera ser que el fin justifica los medios. Debe ser por ello que están habilitados la soberbia, la agresividad y la falta de respeto.

Todo esto abona la sospecha sobre la tendencia autoritaria de su personalidad y su ideología. Podrá orientar el Estado hacia una agenda de derecha, pero difícilmente pueda romper el entramado de corrupción, mafias y clientelismo que carcome al sistema político argentino desde hace casi un siglo.

Es decir, Milei resulta muy seductor como forma de expresar bronca y resentimiento contra el statu quo o la extrema izquierda. Empero, hay altas probabilidades de que su autoritarismo y su dogmatismo generen una fuerte inestabilidad, si no un proceso autoritario. Por eso los mercados reaccionaron mal ante su triunfo, aunque él afirme que es imposible porque se considera “pro mercado”. La negación de la realidad es también un síntoma preocupante.

Massa es la continuidad. Milei, por su parte, es un voto bronca irracional, de alto riesgo. Patricia Bullrich pareciera ser, en este contexto, la única opción potable, más racional y democrática, pero sin dejar de ser rupturista con el orden vigente. Ella encarna un liberalismo democrático e institucionalista que ha sido sumamente exitoso donde se lo ha aplicado. Rompe con la hegemonía peronista, pero evita el experimento libertario. Este último nunca se implementó plenamente y ayudó a crear la crisis financiera internacional de 2008, por propiciar una desregulación fanática e indiscriminada del sistema financiero.

Algo similar al liberalismo democrático se aplicó con la Generación del 37, que nos convirtió en potencia mundial. Pero, aún en ese caso, no se llegó a realizar de forma completa, ya que no teníamos instituciones ni tradiciones democráticas. No logramos combinar de forma estable sufragio universal con división de poderes, pilares de una democracia liberal.

Es entendible que haya cierta frustración con Juntos por el Cambio. Macri generó expectativas demasiado altas, que no pudo cumplir. Sin embargo, inició reformas que no alcanzaron continuidad porque el peronismo se rejuntó para impedir que volviera a ganar. Asimismo, no tuvo apoyo del Congreso, algo que debería cambiar con un legislativo mucho más diverso y liberal que el de entonces.

Cabe agregar que, en la interna entre Larreta y Bullrich, hubo una fuerte definición de este espacio a favor del liberalismo democrático, cosa que no estaba tan clara cuando lideraba Macri, con una pata socialdemócrata fuerte. La evidencia más contundente de este giro es la participación de liberales indudables en el espacio de Bullrich, como Carlos Melconian, Ricardo López Murphy y José Luis Espert.

Aunque el kirchnerismo lo niegue, la herencia recibida en 2015 fue terrorífica: alta inflación, altísimo gasto público y presión fiscal, déficit fiscal, déficit comercial, déficit energético, atraso cambiario, burocracia desmadrada, corrupción arraigada, sindicatos politizados, etc. La función histórica de Macri fue cortar el proceso autoritario del kirchnerismo, normalizar algunas variables macroeconómicas e iniciar un debate público que abrió la posibilidad de un cambio profundo. No es poco.

Hoy en día, debemos aspirar a más. Parece haber llegado la hora del liberalismo democrático. Es lo que la Argentina necesita. Estamos ante la oportunidad histórica de aplicarlo por primera vez de forma completa y sostenida en el tiempo. En las actuales circunstancias, sin idealizar a nadie, Patricia Bullrich es la única que lo encarna y es quien presenta la claridad de ideas y la fuerza de convicción para llevarlo a cabo.

 
 

39 comentarios Dejá tu comentario

  1. Micheletti, yo veo que vos confundís la realidad con el relato de los académicos y comunicadores. Que a mucha gente le guste hablar de democracia liberal, o que sea parte del relato de los intelectuales, no significa que sea legítimo asegurar que ese es un sistema de gobierno, y mucho menos que sea el actual. Yo entiendo perfectamente las buenas intenciones de lo que quieren decir con eso de democracia liberal, pero es una mentira superficial, porque no entienden lo que es democracia ni lo que es liberal.

  2. Y acá llegamos directo a lo peligroso que es manejarse con tópicos superficiales valga la redundancia. Porque sabemos y podemos comprobar quiénes son los que justifican abiertamente su fraude electoral con la excusa de haber "salvado la democracia" de la victoria y de los votantes del otro tipo que a ellos no les gusta. ¿Cómo es eso de robar elecciones y encarcelar opositores y hacerlo para salvar la democracia? ¿Cómo se explica que al que reclama investigación y recuento, que es lo mismo que siempre reclama de pleno derecho el que pierde, lo acusen de golpista en nombre de la democracia? ¿Qué hay de liberal en todo eso? Lo ves y lo leés, implícito, admitido y hasta celebrado por los protagonistas, las decisiones de gobierno están y las justificaciones absurdas también. Ahora, vos me decís que entender lo que nos dicen, lo que hacen, y lo evidente, son teorías conspirativas; y que lo correcto es que bajemos la cabeza y no le miremos la cara al chorro. ¿Con qué fin Micheletti, para demostrar que somos crédulos e ingenuos y no hacer enojar a los dueños de la democracia?¿Dónde está lo liberal en todo esto si es delito dudar de lo que te dice el líder democrático? Vos mismo Micheletti, no sos capaz de aceptar lso alcances del discurso colectivista y ya saliste a acusarme de repetir discursos extremistas y teorías conspirativas. La superficialidad del que repite lugares comunes "con la mejor de las intenciones" no te disculpa Micheletti. Me parece que tu intento muestra soberbia arrogancia y falta de respeto de tu parte. Y tu error de cálculo resulta ser una falta de respeto con vos mismo.

  3. Decí lo que quieras, y te dejo la última palabra, pero la realidad muestra otra cosa. La democracia liberal existe. No es perfecta, pero es por lejos el sistema político más exitoso de la historia. Hay muchas investigaciones, mediciones internacionales y datos hoy en día como para negarla. Países como Noruega, Suecia, Finlandia, Alemania, Gran Bretaña, Canadá, Australia, Suiza, Estados Unidos (aunque en las últimas décadas ha perdido mucha calidad democrática), Nueva Zelanda, etc.... Más cerca, de manera reciente, Chile, Uruguay y Costa Rica, son ejemplos de democracias liberales bastante consolidadas. Todos estos países son democracias liberales porque cuentan con elecciones libres, división de poderes, independencia judicial razonable y libertades básicas garantizadas por un Estado de Derecho. Negar la realidad por medio de la atribución arbitraria de malas intenciones, teorías conspirativas y la generalización absurda es soberbio. Saludos.

  4. Gracias Micheletrti, muy amable de tu parte. Vos querés defender estás una fantasía acusandome de decir que no existe. No es cuestión de que algo exista o no exista. Las opiniones, los recursos literarios y las fantasías existen y nadie lo niega. Lo notable es que esas fantasías no tienen su soporte ni en las legislaciones ni en los hechos. Ningun gobierno puede estar obligado a ser liberal ni democrático porque no hay ninguna constitución que defina y especifique lo que es la democracia ni lo que es o no es ser liberal. Hay una tradición de hacer elecciones, hay algún respeto remanente por la división de poderes, hay derechos individuales cada vez más limitados y más amenazados, que desaparecen ante el discurso colectivista. Por eso la democracia liberal sigue siendo solo una frase tan irresponsable, engañosa y contradictoria como l quienes la usan.

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