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Monseñor Bergoglio: historia y cambio

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LA IGLESIA Y LA PAPAMANÍA MARKETINERA
LA IGLESIA Y LA PAPAMANÍA MARKETINERA

“Padre Francisco, salga por Cristo a predicar, una justicia más audaz. Ya no recaiga, háblele al alma, Del pueblo de pié, se necesita tanta fe, sea usted capaz”. Pedro y Pablo (fragmento de la canción “Padre Francisco”)

 

Luego de una feroz avanzada contra el recién asumido papa Francisco, Página/12, ahora desde la pluma de Luis Bruschtein, aclara que “El polaco Karol Wojtyla inició en 1978 un papado muy conservador, con el obispo alemán Josef Ratzinger (...) al frente de la Congregación de la Doctrina de la Fe, la ex Inquisición. Durante 35 años la Iglesia representó la imagen militante del statu quo y el antiprogreso. Durante esos 35 años la Iglesia no cambió nada. Pero los dos obispos que controlaron el Vaticano en ese tiempo ya no están. La llegada de Jorge Bergoglio implica un cambio. Todas las señales que se encargó de transmitir el flamante papa Francisco son para demostrar que no habrá continuidad, que habrá un cambio. Se habla de un cambio en la posición del Gobierno, pero lo que ha cambiado ha sido el Vaticano. Resulta tan evidente que no se entiende esa evaluación crítica de la posición oficial ante la Iglesia. Es más, el Gobierno cambia su posición porque percibe el cambio que se quiere plantear desde el Vaticano”.

Si bien para el periodista del matutino oficialista es “el Gobierno (el que) cambia su posición porque percibe el cambio que se quiere plantear desde el Vaticano”, la realidad es que el nuevo Papa discursaba cambios, por lo menos, desde hace más de quince años.

Tan es así, que monseñor Jorge Mario Bergoglio en una disertación que dio en la Universidad del Salvador, en 1995, con motivo de los veinte años del “Documento ‘Historia y Cambio’”, precisó críticas concretas que, evidentemente, pasaron bastante inadvertidas a los enunciatarios.

Puede resultar útil rescatar esa memoria en esta hora de “papamanía marketinera etnocéntrica”, que pasará en breve.

En el comienzo, remarca que “desde 1975 hasta ahora (1995, gobierno neoliberal de Carlos Saúl Menem) nuestro medio externo universitario ha cambiado. Se han multiplicado los institutos educativos universitarios y –con dolor- notamos que algunos de ellos parten de ‘aproiris’ no condicentes con la ‘universitas’ ni con la dignidad de las personas: p.ej. se habla de la rentabilidad per capita de una universidad privada, al alumno se lo llama ‘cliente’ y todo parece reducirse a una transacción mercantil, cuando no a una expresión más de la seductora hambre de consumo de nuestra cultura actual”. 1

No suena conservador el jesuita. Deja asentada su queja a los institutos educativos que “cosifican” al estudiante y lo convierten en cuota.

¿Fue oído o escuchado? Y ¿se produjeron cambios? Además, ¿puede extenderse a todos los institutos educativos?, ¿quién controla los subsidios que el gobierno de turno entrega a estos institutos educativos?, ¿Cuánto le sale al contribuyente mantener esas empresas educativas?

Sí, empresas educativas. Más de algún educador escuchó en más de una oportunidad el binomio “empresa educativa”, refiriéndose a la educación como un negocio que deja pingûes ganancias.

Cabe destacar que no todos los institutos privados reciben subsidios. El caso específico son las instituciones católicas. Es común que a otros cultos en lugar de dinero se les favorezca en desgravaciones impositivas.

Causalmente, por esos años, el periodista de investigación y economista Héctor Ruiz Núñez , sostenía que “la contribución del Estado a los colegios y universidades católicos representaba el mayor ingreso que recibe la Iglesia argentina de fuente oficial. Si bien las partidas no están centralizadas y no puede establecerse el monto preciso, un cómputo de diversas fuentes proporciona estas cifras: para establecimientos primarios y preprimarios, 19,9 millones de dólares; para secundarios y terciarios, 82,3 millones y para las universidades, 11,4 millones. Esto significa un total superior a los 113 millones de dólares, que procede exclusivamente del presupuesto nacional; o sea, sin considerar las asignaciones provinciales y municipales”. [Ver Nota debajo]

Pero no se quedó corto en quejas el Bergoglio de la década de 1990.

Para comprobarlo, se transcribe el discurso original, sin intertextualidad (sin agregados propios) para que se comprenda lo que expresó el entonces futuro Obispo de Roma:

“Hoy, en cambio, las poderosas estructuras de la Modernidad se desgranan irremediablemente y, a ese resto de su naufragio (que compartimos) lo llamamos con cierto pudor intelectual: la postmodernidad. El desafío histórico contiene toda la ambigüedad de una crisis y el hombre de hoy tiende –por inercia- a reconstruir lo que fue ‘el ayer’, cuando solo tiene en sus playas los restos de un viaje trunco. Por ello no nos extrañemos si en la galería del mundo actual encontramos raras convivencias de odios raciales o tribales al lado de predicadores de la paz y armonía con el cosmos, adoradores de cibernéticas y computadoras junto a modernos ‘yoguis’ de la meditación trascendental, la frenética búsqueda de la mejor calidad de vida mientras una cada día más creciente número de personas decrece en su miseria y otros desfallecen de hambre. Todo este panorama aparece englobado por una tendencia de los poderes y dirigencias responsables a uniformar en sus decisiones, evitando los grandes conflictos y –por otra parte- canalizando el precio y las contradicciones de los grandes cambios hacia las comunidades, etnias y sectores marginados de las sociedades (…) ya sabemos del producto de la confusión de una crisis, de querer reconstruir los restos del naufragio: cada uno rehace una divinidad según donde la propia impotencia deje más al descubierto las heridas o las desorientaciones (…) De otro lado, podemos encontrar una legión de fanáticos que, aferrados a sus temores conscientes o inconscientes, enarbolan las banderas de los dioses que justifican sus aberraciones o simplemente sus prejuicios o ideologías. Es así que desde el fundamentalismo de cualquier signo hasta la New Age –pasando por nuestras propias mediocridades en la vida de la fe-, los náufragos postmodernos nos hemos nutrido en la poblada alacena del mercado religioso. Porque no debemos engañarnos: una vez más aquí estamos armando una casa con trastos viejos de ideologismos, cientificismos esotéricos o simplemente recurriendo a nuestro espíritu burgués consumista. El resultado es el teísmo: un Olimpo de dioses hechos a nuestra propia ‘imagen y semejanza’ en el espejo de nuestras insatisfacciones, miedos y autosuficiencias: dioses atrapados en las propias inseguridades, reducidos a meras apoyaturas o justificativos de nuestras ilusiones y creencias. Un teísmo que muchas veces, en su explicitación, utiliza elementos cristianos pero con el fin de ir desmontando el cristianismo, diluyéndolo en la neblina de una divinidad vaporizada por el spray de los mercados (…) porque el nuevo ateísmo es precisamente esta confusión de dioses y hombres en que ninguna palabra nos suscita confianza. Hartos de mensajes corremos el peligro de caer en la incertidumbre y la mala indiferencia, graves enfermedades del espíritu. Hoy, más que nunca el camino es la santidad: es decir ser testigos veraces de lo que se cree y se ama (…) El relativismo es la tendencia actual a desacreditar los valores y –en definitiva- toda dignidad y –por lo tanto- toda misión, ese ‘sentirse llamados’ (…No se trata de ver aquí conspiraciones ni planes (en sociología, la teoría del complot, desde el punto de vista hermenéutico, es una de las más débiles), pues no sería más que un artilugio para esconder nuestras propias falencias. El relativismo no es más que el producto de aquel mal del que hablábamos: el de la incertidumbre contagiada de mediocridad, que lleva al descreimiento, a la falta de compromiso con la propia comunidad. Es algo así como la imagen de muchos jóvenes (y otros no tanto) absortos en el ‘zapping’ televisivo, en el videojuego, o el romance pasional con la computadora; todos los medios que fantasean sobre la posibilidad de que la realidad pase rápido en un instante, que pueda ser dominada por un orden, instrumentalizada en un juego (…) a esta altura es necesario aclarar que otro espíritu de nuestra atribuida postmodernidad nos puede amenazar: un nuevo nihilismo que ‘universaliza’ todo anulado y desmereciendo particularidades, o afirmándolas con tal violencia que logran su destrucción. Un vistazo al mundo actual, lleno de luchas fratricidas, terrorismos alienantes, pero –sobre todo- inspirado por una tendencia por uniformar políticas hacia ‘un nuevo orden’, por la internacionalización total de capitales y de medios de comunicación, nos deja un agrio sabor de despreocupación por los compromisos sociopolíticos concretos, por una real participación en la cultura y valores locales. Hemos malamente ‘universalizado’ nuestros intereses en el único interés por sobrevivir o vivir el momento intensamente. Soñar con un medio ambiente sano o con la posibilidad de una compra en el shopping, o el contar con los sistemas de comunicación multimedia se ha transformado en metas de vida hallables en todas las sociedades. El hombre de carne y hueso, con una pertenencia cultural histórica concreta, se va transformando –a través de los alambiques de esta ilusión vana- en una suerte de ‘homo universalis’, inmanentemente universalizado…y la plenitud a la que se nos invita a aspirar no sería otra que ‘universalizarnos’ en el ‘hombre light’. Queremos ilusionarnos con una individualidad autómata, no discriminada… y terminamos siendo un número en las estadísticas del marketing, un estímulo para la publicidad. Somos ‘la nueva burguesía’: parte de la nueva burocracia, la del comercio y división del trabajo según lo dicte el mercado internacional”.

Bergoglio fue claro, nuclear y sin ambages. No le tembló la voz a la hora de hablar de “la cultura del cambalache”, remitiéndose a la letra del popular tango de Enrique Santos Discépolo.

Tampoco, en esos años del vale todo, se puede responsabilizar a “la Iglesia”.

Los principios rectores estuvieron en el discurso del entonces Monseñor, pero el pestilente neoliberal primó y dominó el materialismo, el egoísmo y la especulación.

 

Néstor Genta

 

Aquellos lectores que quiera adentrarse tanto en el financiamiento como en la calidad educativa, pueden recurrir al “Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento”.

(Av. Callao 25 Piso 1 - C1022AAA Buenos Aires Argentina - Tel: (54-11) 4384-9009 - Fax: (54-11) 4384-9009 int. 1213) y/o al sitio web http://www.cippec.org

Desde la plataforma, se pueden descargar libros e informes en formato PDF.

Resulta muy interesante “Radiografía de la educación argentina” de Axel Rivas, trabajo apoyado por la “Fundación Arcor” y la “Fundación Noble-Clarín”.

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6 comentarios Dejá tu comentario

  1. El Papa hablo sobre el tema PEDOFILIA y dijo que no iba a haber tolerancia de ningun tipo. Espero que los hechos reflejen sus palabras, porque al dia de hor, el padre Grassi, sigue vistiendo sotana. Hace muchos años que venimos recibiendo promesas a nivel politico que nunca se cumple, ESPERO QUE EN ESTE CASO NO PASE LO MISMO.

  2. Antonio: El padre Grassi SE ENFRENTÓ CON EL GRUPO CLARIN. Es una víctima. Los jovenes fueron buscados por la gente del trece para tenderle la cama. Informate del juicio. De los 3 acusadores sólo llegó uno. El tal Gabriel (a). La única supuesta victima. Los otros levantaron la acusación. En esa condena, que está en otra instancia superior, y tiene todo el derecho de defensa en juicio como todo argentino, te sugiero veas la prueba con cámara que hizo media´ticamente Portal, y que está en youtube. Allí verás que por la única razón por la que lo condenarion, es IMPOSIBLE. http://www.youtube.com/watch?v=XNq5rDY6Lbg De todas formas, te aclaro que no pongo las manos en el fuego por Grassi, pero creo que es víctima de una infamia. El grupo es poderoso. El lo que hizo es defender la obra, que daba ayuda a muchos jovenes y niños. Todo se perdió. Y mezclar el tema Grassi con el Papa Francisco es una estupidez. Mejor lee lo que dijo y lo que HIZO Bergoglio durante TODA SU VIDA. Saludos!

  3. Sería interesante averiguar y estudiar por que hay tantos pedófilos. Una perversión que es mayor en los hombres que en las mujeres. PARA HACERLA MÁS CORTA ¿por que hay tantos degenerados ? La verdad que me intriga el tema

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