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La mordaza de la Noble Ernestina

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CLARIN Y LA OBSECUENCIA HISTÓRICA
CLARIN Y LA OBSECUENCIA HISTÓRICA

    Tres tapas. Con sólo ése número de portadas de Clarín se puede perfectamente reflejar su papel durante los oscuros años del Proceso (1976-83). La primera es del mismo día del golpe, 24 de marzo de 1976, en la cual se destaca un título con formato catástrofe que anuncia NUEVO GOBIERNO. Dos fotos lo acompañan, una la del archifamoso helicóptero que trasladó a la ex -presidente María Estela de Perón hacia la reclusión, la otra es la de unos pocos de sus adictos en la Plaza de Mayo.

 

    La otra data del martes 26 de junio de 1979. Arriba se distingue un titular destacado que alude a la situación internacional: BRASIL ROMPIO CON EL REGIMEN DE SOMOZA. Más abajo, otro pero con menor grado de impacto, alude a la decisión de la OPEP de aumentar el precio del petróleo. Pero lo más saliente de esa edición, es la información que ocupa la totalidad de la portada. Una enorme foto del Monumental repleto sirve de marco para el título CLAMOROSO FESTEJO A UN AÑO DEL MUNDIAL, además de otra foto más pequeña en la que se observa a la directora Ernestina Herrera de Noble compartiendo cartel con el dictador Videla y el titular de la AFA Julio Grondona.

    La última tapa es la del domingo 10 de diciembre de 1983, día de la asunción del presidente Alfonsín. LLEGAMOS, es el titular gigantesco que corona la edición de 124 páginas del “gran diario argentino”.


¿Ellos también?


    Muy paradójico, pues resulta que “ellos” también consideran que alcanzaron la “meta” en el alumbrar aquel inolvidable 10 de diciembre. Pues desde su edición del 24 de marzo de 1976, Clarín se convirtió por voluntad propia, según el libro Decíamos ayer (de Eduardo Blaustein y Martín Zubieta, Colihue, 1998), en una explícita y extraña versión de gran Boletín Oficial. Es que el diario fundado en 1945 por Roberto Noble inmediatamente se volvió opaco, resolviendo apoyar al golpe incondicionalmente hasta su desacuerdo crítico con la política de Martínez de Hoz. Esta singular tendencia conformó un diario totalmente desprovisto de vida, donde lo que impera en la sección política es la automordaza, mientras que en economía tibiamente esbozan una oposición que aumentará con el declive de la “plata dulce”. En las páginas de espectáculos y deportes Clarín explota de vida, sobre todo luego de la euforia del Mundial. Pan y circo, muchachos. Está todo bien, acá nunca pasó nada.
    En un país salpicado de fosas comunes y muertos sin sepultura, el diario de la señora de Noble trinaba por la censura cinematográfica y por la ausencia de un desarrollista al frente del ministerio de la calle Hipólito Irigoyen. Pero absolutamente nada referido a la noche y la niebla que se abatió sobre la nación. El 5 de agosto de 1976, al día siguiente del asesinato de monseñor Angelelli, se limitan a informar que el obispo riojano “muere víctima de un accidente automovilístico”. Esto constituye una constante en esos horribles 3000 días: eufemismo, fútbol, péguenle un poco al ministro de economía y con información internacional a destajo. Pues desde “arriba” la orden era mirar para otro lado puertas adentro, el reloj que marca la realidad nacional fue congelado. Obviamente, sabían muy bien lo que estaba pasando en realidad. No obstante, no les era ningún impedimento para concurrir a los cafecitos ofrecidos por Videla para agasajar a algunos periodistas considerados “confiables”.
    En ocasiones el “gran diario argentino” salía del ejercicio ensimismático de mirarse el ombligo para publicar algo un poquito más “comprometido”, pero nunca se hacía cargo sino que aludía a un tercero. “Según la agencia Noticias Argentinas”, o “de acuerdo con lo publicado en el Buenos Aires Herald”, eran las fórmulas singulares para blanquear tímidamente los espinosos temas de derechos humanos, represión y desaparecidos.
    Pero también en ocasiones el panegírico llegó hasta el paroxismo. En un editorial titulado “24 de marzo”, publicado el 24 de marzo de 1979, se hace referencia al “proceso de reordenamiento” impuesto por la Junta Militar frente al “vacío de poder que era cubierto por el desorden, la anarquía y la guerrilla”, pero ninguna referencia al horror desatado por la indiscriminada represión paraestatal.  


Carter, el Mundial y la Comisión


  Para Clarín la figura y la gestión del demócrata James Carter siempre fue motivo de ácidas críticas y, porque no, de burla. Sin duda fue el mandatario estadounidense más vilipendiado por este medio, sobre todo por su acérrima defensa de los derechos humanos y la actuación de la funcionaria Patricia Derian. Cada vez que Carter aludía a este tema se consideraba su interés como una “injerencia” en los asuntos internos del país y casi constantemente la crónica era acompañada por una caricatura de Sábat en la cual el mandatario aparecía con ropa de granjero mascando maní.
    Cuando el 5 de noviembre de 1980 “el granjero de Georgia” cae derrotado por un 50% de Ronald Reagan frente al pobrísimo 43%, Clarín desde su portada estalla de júbilo. TRIUNFO REAGAN, es el enorme titular al que acompañan dos fotos paralelas de los contendientes. Frente a un Reagan sonriente y pletórico de satisfacción, se contrapone la imagen de un Carter llorando a lágrima viva.
    El Mundial 78 fue la gran apuesta, en la cual Clarín se jugó el todo por el todo desde la pitada inicial. Pues para el producto de la señora de Noble no sólo se trataba de 22 jugadores corriendo tras una pelota, sino de una “vidriera” destinada a “borrar a la vez imágenes falaces que se propalan sobre nuestro país en el exterior” (editorial Una victoria trascendental”, 26\6\78). Pues que mejor que la amplia difusión del deporte más popular de alcance universal, para acallar los gritos de los torturados y la “campaña antiargentina” lanzada por aquellos “incomprendidos” contra una “nación que, en la plenitud de su dignidad, se ha encontrado a sí misma” (Videla, publicado por Clarín el 30\6\78).
    Cuando la Comisión Interamericana de Derechos Humanos arriba al país el 6\6\79, Clarín le otorgó una especial cobertura, pero menor que la del Mundial Juvenil que en esos días se libraba en Tokio. Cuando éste concluyó, con la victoria argentina, Clarín se ocupó de mostrar el “contraste” entre la manifestación gestada por el relator José María Muñóz y los familiares de detenidos desaparecidos que hacían cola en la sede de la OEA.
    Es en este diario en que Videla vierte su “célebre” definición sobre los desaparecidos el 14\12\79, cuando la Junta afirmaba muy ufana que no se había “confesado” ante la CIDH: “frente a los desaparecidos, en tanto éste como tal, es una incógnita. Si reapareciera tendría un tratamiento equis. Pero si la desaparición de convirtiera en certeza, su fallecimiento tiene otro tratamiento. Mientras sea desaparecido no puede tener tratamiento especial, porque no tiene entidad, no está muerto ni vivo”. Otro golazo del diario de la Noble, ofrecer letra al dictador para que éste ofreciera una perspectiva “filosófica” al genocidio.


Malvinas y después


    El devoto cruzado mercedino Videla voluntariamente había ingresado en cuarteles de invierno, siendo sucedido por Roberto Viola en 1981. Pero en diciembre de ese mismo año, la Junta Militar decidió su remoción y su reemplazo por el etílico Leopoldo Galtieri. Clarín ni lerdo ni perezoso apuesta con todo al caballo ganador y hace votos por su éxito (editorial “El próximo gobierno, 16\12\81). El chupamedismo del matutino llega a un punto máximo cuando el controvertido César Menotti critica duramente al Proceso en una entrevista publicada en la revista La Semana: “El pueblo y la historia juzgarán a quienes se alejen de la conciencia popular; a quienes no entiendan que hay que gobernar para las grandes mayorías y a quienes en su terrible insensibilidad no se dan cuenta de que en este país se está sufriendo mucho”. Los chicos de doña Ernestina se sintieron en la obligación de advertirle a la ciudadanía que detrás del polémico directos técnico,“hay intereses que todos conocemos y que precisamente son de izquierda”. Cuidado!, el cuco sigue gozando de buena salud y manipula tontos útiles y “apátridas” como Menotti.
    Pero hacia marzo del 82 la luna de miel con el “general majestuoso” está en vías de resquebrajamiento, llegando a su clímax luego de la represión de la marcha de la CGT en Plaza de Mayo el 30 de marzo de 1982.
    No obstante, el hecho inaudito de la recuperación de las Malvinas (2\4\82), el manotazo agónico de un Proceso al borde del final, pareció un signo para que Clarín recuperara la confianza. “El Gobierno, que se hallaba huérfano de adhesión, había encontrado una razón de ser (luego del 2/4), con el consiguiente fortalecimiento de la figura del presidente Galtieri”, proclamaba Joaquín Morales Solá en su nota “El desembarco del consenso” (4\4\82). Pero la algarabía sólo duró 74 días, durante los cuales Clarín se hizo eco del triunfalismo emanado de las usinas de inteligencia. Luego del amargo final, con la rendición el 14 de junio de 1982, lentamente las huestes de Doña Ernestina optaron por despegarse de los arrasados por la historia. De este modo, el 10 de diciembre de 1983 pudieron estrenar sus brillante traje democrático.
    En cierto modo, ellos también llegaron
.

Fernando Paolella

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2 comentarios Dejá tu comentario

  1. Estos desaparecidos..... y los desaparecidos por bonazo y los desaparecidos por kunkel en Formosa, pobres adoslescentes conscriptos quienes los defienden?

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