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Pobreza e imprevisión en un país Premium

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EL CAMPO, LOS COMMODITIES Y LAS POLÍTICAS ERRÁTICAS
EL CAMPO, LOS COMMODITIES Y LAS POLÍTICAS ERRÁTICAS

Si hay algo que distingue a la Argentina en el mundo son sus productos de exportación. El trigo y la carne son los distintivos del país. Si a ambos productos se les agrega la palabra "Argentina" como marca-país, se está definiendo no sólo una denominación de origen sino un producto de primer nivel en cuanto a calidad. Eso es lo que son el trigo argentino y la carne argentina: calidad más marca país igual a producto premium, de altísimo valor de mercado.

 

El mercado de los premium es un exclusivo ambiente de negocios al que sólo ingresan los mejores. No existe país en el mundo que no defienda sus productos premium no sólo en las negociaciones internacionales sino en la definición de su política comercial. Hay países que basan toda su fuente de ingresos y se sustentan en sus productos premium aun a pesar de que sean commodities, como es el caso de los bienes argentinos. Así como el petróleo se ha convertido en un producto de altísimo valor estratégico, los alimentos lo serán en esta década y una vez más la Argentina está dejando pasar el tren de la historia y dilapidando productos premium.

Cuando el martes próximo el ministro de Agricultura se encuentre con los productores rurales (¿irá Domínguez al teatro Broadway?) tendrá la oportunidad inmejorable de definir cuál es la política comercial de nuestros principales productos de exportación. Hasta ahora, las miserias políticas de turno están condenando el futuro del país. El fracaso del modelo económico peronista está llevando a la Argentina no sólo al aislamiento sino también a la próxima generación hacia un callejón sin salida.

El modelo económico, bajo la excusa de "asegurar la mesa de los argentinos", está llevando la producción de alimentos hacia un colapso y, lo que es peor, está destruyendo el corazón de esa producción. La imprevisión y la falta de inversión en obras de infraestructura resultaron factores determinantes en el deterioro del primer recurso de capital del campo: el suelo. La falta de una red hídrica -canales, diques compensadores, esclusas y reservorios, entre otros- ha dejado la producción rural indefensa. Primero las inundaciones, luego la sequía y ahora otra vez el agua han dañado el suelo de manera ostensible. La dirigencia política corre de atrás y para colmo atiende mal lo urgente.

Un ejemplo de tamaño disparate es la situación en el corazón de la Pampa Húmeda: La Picasa, en el sur santafesino, muy lejos del límite con Entre Ríos, según la geografía presidencial. Se trata de una cuenca endorreica que alimenta unas 500.000 hectáreas del sudoeste de Santa Fe, sudeste de Córdoba y noroeste de Buenos Aires y donde viven y trabajan unas 100.000 personas. Las inundaciones de comienzos de siglo expulsaron a productores rurales y los convirtieron trágicamente en productores ictícolas, ante la desidia oficial. La laguna pasó de una superficie de 5.000 hectáreas a 60.000 y alcanzó una cota de 100 metros sobre el nivel del mar, lo que dificulta el drenaje de las aguas. Al mismo tiempo, el escurrimiento natural se vuelca hacia la cuenca del río Salado, que abarca el centro y norte bonaerense extendiendo su área de afectación. Una prueba de la impericia oficial: en lugar de encarar obras de escurrimiento y drenaje, este gobierno decidió hacer un gran taponamiento. Un pedraplén para asegurar las vías ferroviarias y la Ruta 7 y un control de las aguas en la cota actual, para luego encarar un drenaje por el arroyo del Medio, en el límite entre Santa Fe y Buenos Aires.

El actual ministro de Agricultura, Julián Domínguez, entonces ministro de Obras Públicas bonaerense, se opuso tenazmente a la iniciativa. ¿Qué dirá ahora? Entre tanta confusión y carencia intelectual, las copiosas lluvias produjeron nuevamente el mismo problema: las aguas socavaron el pedraplén, generaron el hundimiento de la ruta y anegaron más hectáreas. El avance de las aguas y la imprevisión oficial amenazan la vida de miles de habitantes en la zona y provocará más pobreza.

Este modelo generador de pobreza produjo la peor cosecha de trigo de la historia, casi sin saldos exportables y con rendimientos misérrimos en cantidad y calidad. La mayoría del trigo de la actual campaña es de baja calidad y, en muchos casos, destinado sólo a forraje.

Algo similar ocurrió con la carne. Durante la primera década, la faena superó ampliamente la parición y las políticas de peso mínimo, subsidios y compensaciones trajeron como consecuencia una producción de carne de escasa calidad, fácilmente reemplazable por otra de distinto origen y, lo que es peor aún, el reemplazo de lotes ganaderos por otros destinados a la agricultura, básicamente a la producción sojera. El abandono de la ganadería trae consigo la liquidación de vientres y una menor tasa de pariciones.

Liquidar un rodeo lleva pocos meses, pero armar un rodeo de calidad insume años y hasta décadas. En otras palabras: no sólo se perdieron mercados externos a manos de Brasil, Uruguay, Canadá y Australia sino que a nivel interno la carne orilla los mismos precios que durante la convertibilidad y encima el Estado destina millonarios recursos para mantener esos precios.

Mientras tanto, la sojización avanza a paso redoblado. Ese "yuyo", según el dialecto presidencial, se ha convertido en la tabla de salvación de muchos productores pero también en la del gobierno, al amparo de las retenciones. Esta sojización dejará consecuencias muy gravosas para el sector y para el país. La falta de rotación en los cultivos propenderá a un mayor desgaste del suelo. El vuelco hacia un monocultivo convertirá a la Argentina en un país mucho más vulnerable. Miles de personas que viven en el interior realizando actividades rurales de mano de obra intensiva deberán migrar hacia las grandes ciudades en búsqueda de un destino mejor, lo que agravará los problemas sociales. Y, final y fatalmente, la Argentina pasará de ser un país de productos premium a ser un país de productos forrajeros, con menores ingresos reales. En otras palabras, un país más pobre con sueldos sustancialmente menores, menor diversidad de producción y precios en dólares subsidiados por el gobierno (¿hasta cuándo?). La mesa de los argentinos es carísima, de allí que los trabajadores destinen la mayor parte de sus ingresos a la compra de alimentos.

La menor producción de alimentos, sustentada por el modelo económico regente, y la mayor demanda por parte de la población están motorizando una inflación que supera largamente el 20% anual. Esta inflación ya presenta características estructurales difíciles de superar en el corto plazo, a menos que se encare un profundo programa de reformas que fue dejado de lado en más de una ocasión por las mismas miserias políticas.

Mientras esto les ocurre a miles de argentinos, ¿hacia dónde mira la Casa Rosada?

Miguel Ángel Rouco
DyN

 

2 comentarios Dejá tu comentario

  1. Que desastre... Yo no entiendo, no logro comprender como la mayoria de los gobernantes son tan frios de cabeza y de alma. Aportan nada mas el titulo, y despues salen a vender a pocos pesos el pais por plata; dejan a merced de los cuervos del exterior los metales preciosos, el ecosistema acuatico, el agua!! La gente sigue teniendo hambre, mientras en otro lado se construyen estadios, hoteles de lujo... Ya se estan por terminar de devorar los bosques; ya hay problemas terribles relacionados con el medio ambiente; les parece un tema menor este? Porq si no interesa en lo mas minimo la gente, al menos deberian pensar en el mundo que les queda a su progenie. Cada vez me decepciona mas ser un ser humano, duele de verdad descubrir la realidad cuando esta le golpea a uno en la cara.

  2. DESDE NIÑA VENGO ESCUCHANDO QUE SOMOS UN PAIS PREMIUM, NO LO CREO, Y PERDONEN MI FRANQUEZA, LOS AÑOS DE VIEJA QUE TENGO ME HAN DEMOSTRADO QUE SOMOS UN PAIS DEL MONTON, NUNCA APRENDIMOS NADA, POR CONVENIENCIA, POR IGNORANCIA, POR VIVEZA, POR LO QUE SEA, LAS PRUEBAS ESTAN A LA VISTA, EN EL BICENTENARIO, ESTAMOS PEOR QUE NUNCA EN 200 AÑOS, ENVUELTOS EN EL LODAZAL MAS INMUNDO Y SOMOS EL ESCARNIO DEL MUNDO.

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