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La TV patética

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HOTEL DE CORAZONES DESTROZADOS
HOTEL DE CORAZONES DESTROZADOS

A medida que uno avanza en la vida (no vamos a decir envejeciendo por una cuestión de coquetería) va adquiriendo experiencia. Los errores que cometemos cuando comenzamos a ejercer una profesión o a relacionarnos con la gente, se supone que no los repetimos (aunque ese dicho que versa que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, sea cierto). Vamos aprendiendo, mejorando y creciendo.

 

A todos –quién más, quién menos- nos sucede lo mismo. Excepto, y la excepción confirma la regla, que alguien pertenezca al incomprensible mundo de la televisión.

Así es, la televisión y su gente son los únicos que repiten las cosas y ni siquiera siguen igual -lo cual sería un mérito-, sino que cada vez van haciendo las cosas de peor

En noviembre de 1971 apareció en nuestras pantallas un programa que revolucionó algunas concepciones del encuentro con el amor: “Yo me quiero casar, ¿y usted?” ideado y conducido por un extraño y simpático personaje de nuestra TV, Roberto Galán.

El ciclo tuvo éxito. Algunos lo miraban por curiosidad, otros con ganas, otros decían que para divertirse, otros para ver a algún conocido, etc. La cosa es que fue un acierto televisivo. Era, obviamente, una conjunción de cosas las que hacían que así lo fuese. Y, sobre todo, la manera en que el conductor llevaba adelante cualquiera de las situaciones que se daban, desde las más comunes hasta las más ridículas o insólitas.

El punto es que la idea fue copiada más de una vez, pero en lugar de hacer algo mejor, basándose en la experiencia, las copias van decreciendo y se hacen emisiones cada vez más lastimosas. Así vemos hoy por canal 13 en las tardes de lunes a viernes, un programa que da pena mirar: “12 corazones”, una mezcla de Galán, Lily Sullos y Gran hermano. Un cóctel que da como resultado un cóctel de mal gusto.

Del drama participan 12 invitados cuyos corazones se encuentran en soledad. De los participantes no voy a hablar. En este caso, me da pena la ignorancia.

La emisión tiene como base a los 12 signos del zodíaco, por eso los participantes no son identificados por sus nombres, sino por su signo zodiacal. Ya van viendo lo serio que es el asunto. “Científico” es la palabra exacta. ¿Acaso hay algo más certero y más preciso que saber si una persona es de aries, cáncer u otro signo? Bue... sigamos. La astróloga del programa se llama Mónica Eyherabide y es una persona muy seria. Las predicciones tienen precisión absoluta, así es como le dice a los que allí se encuentran sentados “Aries tiene que ser cuidadoso con el dinero”. Entonces yo me miro en el espejo y me pregunto “¿Seré de aries?” o “(para tauro) No es buen momento para mudanzas”. Entonces comienzo a rezar por algún tauro que justo se compró o alquiló una casa y no le queda otra que mudarse, aunque dada la predicción tal vez le convenga vivir un tiempo en la calle.

Eyherabide tiene ganas de estrella. Pero la pobre no llega ni a los aires. Se llama a sí misma “la brujita de la nueva era”. Mirá, yo no quiero decepcionarte ni tirarte abajo la autoestima, pero me parece que todavía te falta para participar en algún concurso con la bruja Cachavacha. En fin, toma posición de femme fatal y dice cuando habla de los signos: “Vamos a ver las caritas” Así es que te muestran caritas tristes o alegres según esté tal o cual “casa” en tu horóscopo. Otra vez corro al espejo y me miro la cara “¿Será que no puedo entender lo que dice y me tienen que poner las caritas cual nene de 1º grado que no sabe leer?”  ¡Y yo que me creía tan viva!  Porque queda totalmente descartado de plano que la súper astróloga no puede armar frases de más de dos

Mirá que hay que ser caradura para decir (o intentar decir) tanta pavada en una hora! Lily Sullos, un poroto al lado de esta estafadora que, recordemos, aseguró en algún momento que nuestra misión en este mundo es la de a "aprender a vincularnos con la energía del dinero". Muy revelador.

La dinámica del programa consiste en la participación de doce personas: cuatro hombres y ocho mujeres. Después de una serie de preguntas sobre el amor y otras cosas de la vida cotidiana, comienza la parte “gran hermano” en donde los hombres descartan a dos mujeres bajo fundamentos tan serios como “Creo que no va conmigo”, “No me parece simpática”, “Se la ve muy autoritaria” (como ven el programa sigue tan serio como empezó) Después las mujeres que quedan van pasando al frente, eligen a un galán y este es el que tiene la decisión para decir sí o no –no es fácil sobrellevar ninguna de las dos situaciones en cámara para gente que sólo buscaba cinco minutos de fama-; puede pasar que la dama no elija a nadie y se vaya tan solitaria como llegó. La multitud detrás de cámaras apoya con aplausos o abucheos las decisiones.

Aunque no todo es chabacano, como cortina de los cortes podemos leer frases que nos ayudan a repensar la realidad, nuestros aciertos, nuestros errores y la vida misma. Recordaré algunas de ellas sólo para que aquel que nunca vio el programa no se pierda tan grande oportunidad. “A las mujeres de hoy nos gusta vivir en libertad”, Romina Gaetani (tomado directamente del diccionario de la Filosofía universal); “El secreto de una buena relación está en aprender a tolerar al otro y respetarlo tal cual es”, Daniela Cardone (extraído del libro Los intelectuales: coherencia entre sus dichos y sus hechos); “Todos estamos sujetos a equivocarnos, pero también tenemos la posibilidad de pedir perdón”, Facundo Arana (La vida mística de los héroes) AAHHH!!! ¿Vieron que no todo es estupidez? ¿Vieron que la televisión enseña? Ciudadanos, aprendamos a pensar y a vivir como nos enseñan los ejemplos citados.

Volvamos a algo más humano e imperfecto: al programa en sí mismo. A veces se forman parejas, a veces no, sin embargo no termina siendo ese el núcleo del programa, sino todo el merchandising que se genera alrededor: consultas en la página web, la sección llamada “Mujeres al frente”, las fiestas de solos y solas, los foros, los juegos a través de Movicom, etc., etc. La industria de los corazones perdidos.

No vayan a creer que juegan con la ignorancia de la gente, nooo!!!! Sólo los ayudan a encontrar su camino cual pastor Giménez.

En honor a la verdad, algún acierto tuvo el programa y fue cambiar a la conductora. No voy a decir lo que me parece Claribel Medina, (aquella que llegó de la mano de Pablo Alarcón a la Argentina, total acá hay lugar para cualquiera), pero como conductora era un verdadero desastre. Andrea Politti, en cambio, se sube a un personaje y lleva adelante con bastante altura y soltura la hora de emisión. Sabe distender situaciones y bromear con circunstancias y personas sin caer en la burla abierta.

Los griegos creían en un destino marcado, imposible de evitar, burlar o modificar. Nosotros somos más abiertos y creemos que cada uno va construyendo su propio camino. Lo que no sé es bajo qué cultura o en qué concepción de la vida el destino es forzado, nos expone a la deriva frente a otros e intenta ser marcado por los demás.

 

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