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Derechos Humanos SA: el kirchnerismo y una verdad incómoda

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BASTA DE MENTIRAS, POR FAVOR
BASTA DE MENTIRAS, POR FAVOR

Todo lo acontecido en el affaire Hebe-Shocklender, expone una gesta épica de la mentira convertida en suprema verdad, de cómo una pareja de abogados platenses que, huyendo de La Plata, se afincaron en Río Gallegos y se hicieron ricos gracias a la especulación inmobiliaria quedándose con las propiedades de los esquilmados con la resolución 1050. De aceitados contactos con los militares, luego no tuvieron empacho en asimilarse con la derecha isabelista dentro del movimiento justicialista para luego acomodarse con Carlos Menem, el privatizador de YPF, mediante la cual se embolsaron unos buenos millones que fueron depositados en diversos paraísos fiscales, mediante los dilectos oficios de Domingo Cavallo y de Daniel Marx. Pasado el decenio menemista, Néstor Kirchner desembarca en la Capital Federal con ambiciones de ser el futuro inquilino de Balcarce 50, con un engañoso discurso que buscaba borrar su pasado menemista y erigirse como su antinomia. Mientras en su provincia austral gobernaba con mano de hierro y no se le escapaba ningún número, acá se mostraba como progresista y conciliador.

 

La oportunidad vino luego del desmadre del desgobierno de Fernando De la Rúa, anotándose en la lista de espera de los presidenciables en el breve interregno de Adolfo Rodríguez Saá. Colocándose detrás de Eduardo Duhalde, en su administración de emergencia, contó con su bendición para luego en los comicios de mayo del 2003 consagrarse vencedor con un exiguo porcentaje del 22 %, convalidado ante la defección de su otrora amigo-enemigo Carlos Menem. Pero al flamante presidente pingüino le hacía falta otro tamiz ideológico, pues no podía presentarse en sociedad con los antecedentes de usurero, o con como un lamebotas del riojano antes amado. Bajando del Sinaí del oportunismo, no fue otro que Horacio Verbitsky quien le acercó las tablas de la ley de los derechos humanos, poniéndose el sayo de mandamás del CELS. Por eso, quien jamás puso la firma pidiendo por los desaparecidos, y nunca presentó un habeas corpus, se convirtió en el supremo heraldo de esa lucha. Entonces, quien era hábil para los negocios gestó una empresa más, compró a destajo a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, les puso un precio a Hebe Pastor de Bonafini y Estela de Carlotto, y ellas dos aceptaron, convirtiéndose en dos meras empleadas obsecuentes del amo.

Néstor Kirchner sólo sabía comprar, y lo hacía para siempre. Así, los DDHH en Argentina fueron estatizados, convirtiendo a dos de los principales organismos en una pyme estatal.

Y también compró la historia y la memoria, en aquel memorable 24 de marzo de 2004 en la ESMA, cuando se atribuyó únicamente el mérito del Prometeo luchador de aquella epopeya, ninguneando como nadie a Raúl Alfonsín, el radical del juicio a las Juntas, la obediencia debida y el punto final. No olvidemos que también Kirchner aplaudió convalidando los indultos menemistas, como garantía suprema para la pacificación nacional. Pero desde su asunción, compró el relato setentista y lo vendió a gusto y piacere:

“El relato de la guerra de los años setenta atravesó, en verdad, dos versiones. En una primera versión, que llegó hasta 1983, el Ejército quiso imponer la interpretación según la cual había derrotado al terrorismo montonero en defensa de la civilización occidental. Pero a partir de 1983 esta versión que llamaríamos antisetentista empezó a ser reemplazada por otra versión setentista según la cual los vencedores de los setenta habían sido sin excepciones inhumanos, represores, en tanto que sus vencidos, jóvenes idealistas, eran víctimas de la sistemática violación de sus derechos humanos.

¿Cómo fue posible esta paradoja de que los vencidos hayan impuesto su relato a los vencedores, en contradicción con lo que ha sido habitual en la historia? Por una transformación interna de los Montoneros gracias a la cual, después de haber perdido la guerra cruenta que habían desatado al comenzar los años setenta, pudieron ganar la guerra incruenta que acompañó al desenvolvimiento de la democracia, y esto hasta un punto tal que hoy los militares han pasado de ser de los victimarios que fueron en los años setenta a ser las víctimas de la violación de sus propios derechos humanos, ya que de los mil militares que hoy pueblan las cárceles, más de ochocientos están presos sin proceso ni sentencia, lo cual los convierte, técnicamente, en presos políticos.

El autor intelectual de esta notable paradoja fue el pensador italiano Antonio Gramsci, quien en los años veinte, cuando el dictador Mussolini lo tenía en prisión, desarrolló la hipótesis de que el comunismo no vencería mediante la lucha de clases de origen obrero sino mediante la seducción de los intelectuales, los artistas y los periodistas, todos ellos de clase media, en el curso de una lucha ya no “física” sino “cultural”. Fue con la ayuda de esta doctrina que los Montoneros y sus aliados dieron vuelta el relato de los años setenta.

 

Uso y abuso

 

El paso de un relato “militar” a un relato “montonero” no ocurrió, empero, de golpe. Cada cual a su manera, los presidentes Alfonsín, De la Rúa, Menem y Duhalde procuraron llevar al país a una visión intermedia, ni promontonera ni antimontonera, que abriera las puertas a la única solución de largo plazo que, siguiendo al abrazo entre Perón y Balbín en 1973, podría reconciliarnos a los argentinos con nosotros mismos. Cuando Kirchner llegó al poder en 2003, sin embargo, lo primero que hizo fue reavivar el fuego del rencor.

¿Lo hizo por convicción o por conveniencia? El hecho es que, antes de asumir el poder, Kirchner no se había distinguido por disentir ni de los militares ni de Menem. Es que su lógica era otra, porque lo que lo ha movido desde hace siete años no ha sido su pertenencia a uno o a otro de los relatos que nos habían separado, ni mucho menos a su generosa superación, sino una inspiración enteramente diferente: la búsqueda obsesiva del poder total. Dentro de esta nueva lógica, hasta causas sagradas como los derechos humanos resultaban meramente instrumentales. De Kirchner en adelante esta noble consigna ha quedado, igual que otras, al servicio de una ambición desenfrenada.

En el despliegue de su poder, Kirchner consiguió seducir hasta a militantes por los derechos humanos. Blanco de esta nueva lógica fueron, por lo pronto, las Madres de Plaza de Mayo. El Kirchner anterior a 2003, que había sido funcional en Santa Cruz tanto a los militares como a Menem, se transformó de ahí en más en activo adherente al relato montonero. Pero su intención, ¿tenía algo de auténtica? Poniendo en práctica su propia clasificación de los argentinos en enemigos o incondicionales, Kirchner logró hasta torcer la historia de las Madres, quienes después de haber sido admiradas hasta por sus detractores por su heroísmo, pasaron a convertirse en otro peón más en el tablero del poder. Hay, así, dos capítulos en la historia de las Madres, uno admirable y otro nebuloso porque algunas de ellas podrían haber recibido cuantiosas prebendas a cambio de su adhesión.

Si esta instrumentación de las banderas de las Madres en función de las necesidades del poder permitía sospechar que no todo era confesable en la intención de los Kirchner, el grosero despliegue de los infundios que lanzó la Presidenta el último martes por la cadena oficial dejó al descubierto la evidencia de que su ardiente defensa de los derechos humanos no es sino un recurso más, entre otros, para manejar a los argentinos.

 

Premisas y conclusiones

 

El largo discurso de Cristina Kirchner del último martes dejó perplejos a los observadores por el contraste entre sus premisas y sus conclusiones. En las premisas, dedicadas a exponer su propio relato sobre la compra de Papel Prensa, la Presidenta acusó a los directivos de diarios La Nación y Clarín de haber adquirido la fábrica de papel aprovechando la prisión y tortura de los miembros de la familia Graiver, en complicidad con los militares. Pero a esta horrorosa acusación no siguió, como muchos temían, la expropiación de Papel Prensa o la prisión de sus directivos sino el tímido anuncio de que el Poder Ejecutivo derivaría el tema al Congreso, donde está en minoría, y a la Justicia, donde ni Oyarbide se animaría a darle curso.

Fue como si alguien, después de haber acusado a otro de asesinar a su hijo, sólo decidiera enviarle un telegrama colacionado. ¿Cómo explicar esta contradicción entre los durísimos fundamentos del discurso presidencial y su ambiguo desenlace? Algunos hablan de la acción diplomática de los Estados Unidos, alarmados por el avance de los Kirchner contra la prensa libre.

Otros mencionan el disenso que se habría desatado en el seno mismo del poder entre los “halcones” y las “palomas”. Lo más probable es que el contraste entre el relato de Cristina Kirchner sobre Papel Prensa y la verdad de lo que ocurrió, minuciosamente revelada por Isidoro Graiver, haya resultado de tal monta que dejó al descubierto el infundio del Gobierno. Antes de que la Presidenta hablara, la calumnia ya había sido descubierta.

¿Qué podría hacer entonces Cristina? Quizá lo mejor habría sido no pronunciar su anunciado discurso. Al insistir empero en el lanzamiento de sus premisas, a las que no seguiría ninguna conclusión concordante, la Presidenta aceptó un daño que quizá sea mayor que lo que hemos visto hasta ahora: el haber expuesto su última versión del relato setentista a una crisis de credibilidad insuperable. Quizás éste sea el momento en que los tirios y troyanos de otrora echen mano al último recurso que les queda frente a la memoria de los años 70: que unos y otros, los actores de aquella tragedia, digan la verdad de lo que pasó, sabedores de que, contra su confesión, serán perdonados. Es lo que hizo Mandela en Sudáfrica. Si queremos volver al futuro, es lo que deberíamos hacer, también, nosotros”, según la visión de Mariano Grondona plasmada en La Nación del 30 de agosto de 2010.

“Kirchner lo hizo”, se transformó en un paladín de los derechos humanos como nunca lo fue. Mientras se enriquecía hasta niveles de lujo asiático, hacía lo propio con quienes adherían a su engañoso ideario y se dejaban convencer por muchos millones. Así, transformó a Hebe Pastor de Bonafini en una próspera empresaria, en una gorda rica, y a su ex fiel ladero, su ex guardaespaldas-abogado-apoderado Sergio Schocklender, en un empresario exitoso en el rubro de la construcción e inmobiliario.

“No puedo aceptar su doctrina de que no debemos juzgar al Papa o al Rey como al resto de los hombres con la presunción favorable de que no hicieron ningún mal. Si hay alguna presunción es contra los ostentadores del poder, incrementándose a medida que lo hace el poder. La responsabilidad histórica tiene que completarse con la búsqueda de la responsabilidad legal. Todo poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente. Los grandes hombres son casi siempre hombres malos, incluso cuando ejercen influencia y no autoridad: más aún cuando sancionas la tendencia o la certeza de la corrupción con la autoridad”, expresó en una misiva al arzobispo Mandell Creighton el historiador inglés John Emerich Acton, en 1887.

A pesar de los siglos, esa frase en negrita nuestra, sigue teniendo una vigencia de hierra. Pues no importa la procedencia de tal o cual dirigente, o presidente, o quien ejerza la autoridad, si se transforma en la negación de sí mismo mediante el ejercicio del autoritarismo, su nivel de corrupción llegará a picos máximos. Y en el caso del binomio puntualizado arriba, todo lo expresado manifiesta con creces que esto fue así.

Cuando se están finalizando estas líneas, es más que evidente que en las pasadas elecciones primarias del domingo 14 de agosto, existió un fraude descarado. Pero lo que absolutamente quedará claro, es el infame vaciamiento de contenido en aras de prosperidad material a cualquier precio perpetrado por el kirchnerismo. Hebe de Bonafini pasó de la confrontación total con Alfonsín, Menem, De la Rúa y Duhalde, a venderse al mejor postor con el advenimiento del matrimonio morganático Kirchner. Haciendo caso omiso de su oprobioso pasado en Santa Cruz, aceptó pasarse a sus filas con armas y bagajes y se convirtió en una triste caricatura de sí misma. En una gorda rica, una vaca en la vía del progreso argentino a la que no le importa un comino si el tren del futuro la va a llevar por delante.

La Historia, según se la mire, no las absolverá, como tampoco a los Kirchner con su militancia inmobiliaria durante el Proceso para devenir, años después, en una S.A. voraz pletórica de poder y riqueza, con un tremendo afán de comprarlo todo. Hasta las ideas, porque también ellos dos le pusieron un precio. Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, compraron y se convirtieron en señoras de muy buen pasar, siempre listas a salir a combatir, por ahora mediante la palabra virulenta, a quienes amenacen poner piedras en su cómodo y lujoso devenir. Porque como dice el mafioso antes de pegarte cuatro tiros: “No es nada personal, son solo negocios..”

 

 Fernando Paolella 

 
 

23 comentarios Dejá tu comentario

  1. muy buen relato. pero yo tengo dudas si la gran masa de la gente compró el discurso setentista, tendrías que salir a la calle, pararte en una esquina y preguntar al transeunte. porque hay mucha gente que no piensa así, mucha es mucha. que los atrincherados en el poder impongan su discurso, no implica necesariamente que la gran masa lo consuma y lo digiera, eso lo palpás en el diálogo en la calle. hace unos días me impactó que mi hijo escuchó a alguien (docente) que dijo: el único error que cometieron los militares, fue no limpiarlos a todos.

  2. DONDE ESTAN LOS DERECHOS HUMANOS DE LOS JUBILADOS QUE APORTAMOS DURANTE .,42 AÑOS Y 10 DOBLE APORTE ,COBRANDO LA MISERIA DE 1400 PESOS ,SOY VIUDA Y NO TENGO LOS BOLSILLOS FORRADOS COMO LA KAKA A COSTILLA DEL PUEBLO ,LLORAS PORQUE SE MURIO EL ,TENES LA OPORTUNIDAD DE DEMOSTRAR SI REALMENTE VALES O SOS MAS DE LO MISMO. CORRUPTOS MAL NACIDOS ,COMO TODOS LOS QUE VIVEN DEL ESTADO O DE LOS POBRES

  3. Ha pasado mucho tiempo de este art. que me ha parecido excelente, pero la bronca debemos destilarla de otro modo, no bajando los brazos mostrando este tipo de art.a nuestros conocidos sobre todo a aquellos que defienden tanto (al plantel por llamarlo de alguna manera) que dice administrar los destinos del pais.El egoismo, y la sobervia no les permite ver la realidad.

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