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Desmenuzando al Instituto de Revisionismo Histórico que impulsa el Gobierno

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GOLPEAR JUNTOS Y MARCHAR SEPARADOS
GOLPEAR JUNTOS Y MARCHAR SEPARADOS

“Es la memoria un gran don, calidá muy meritoria; y aquellos que en esta historia sospechen que les doy palo, sepan que olvidar lo malo también es tener memoria”. Martín Fierro, de José Hernández.

 

 

(Para Norberto Galasso)

La creación del “Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego” deja nuevamente al descubierto la falacia de una historia neutra y objetiva. Por eso, los historiadores y los que escriben sobre ella son parciales, subjetivos e ideológicos. Por eso, tanta bulla. Por eso, tanta bronca. Por eso, las críticas de: Mirta Zaida Lobato, Hilda Sábato, Juan Suriano, Luis Alberto Romero, María Sáenz Quesada y Beatriz Sarlo, entre otros. Por eso, el diario mitrista y anti k “La Nación” “quiso saber por qué historiadores de la talla de Tulio Halperín Donghi o Norberto Galasso no fueron convocados”. ¿Desde cuándo el diario mitrista valora a un antimitrista acérrimo como Galasso? Por eso, el diario “Libre” y anti k titula “Galasso le responde al "revisionismo K"”. Por eso, el diario k “Tiempo Argentino” permite que Galasso explique por qué no forma parte del nuevo instituto e inaugura el próximo viernes 16 de diciembre el “Centro de Estudios Históricos, Políticos y Sociales Felipe Varela” que adhiere a “una línea de interpretación histórica que calificamos de federal-provinciana, latinoamericana o socialista nacional”.

Por eso, el director del nuevo instituto, Mario “Pacho” O'Donnell sostiene que la historia de Mitre no será cuestionada y reafirma: “soy un revisionista que nunca ha hecho antimitrismo”. Por eso, el ex funcionario radical y ex embajador durante la presidencia de Carlos Menem afirma: “A Galasso lo invitamos, pero él tiene un costado más marxista y no aceptó”. Por eso, “olvida” O'Donnell que Galasso escribe en 1995, en “La larga lucha de los argentinos” y reitera en 1999, en el “Cuaderno para la Otra Historia” número 3: “La corriente historiográfica socialista, federal-provinciana o latinoamericana” en que fija el origen de esta corriente en el grupo “Frente Obrero”, “única expresión marxista que acompañó a los trabajadores en su irrupción del ’45”.

Solo un ignorante, alguien que desconoce la trayectoria de Galasso, sus publicaciones, su militancia y el “Centro Cultural Enrique Santos Discépolo, puede pensar que no forma parte del nuevo instituto por su costado marxista.

O'Donnell propone “la necesidad de una historia nacional, popular y federalista alternativa a la liberal, oligárquica, porteñista, antipopular y antiprovincial”. Lo que concuerda con el Decreto 1880/2011 que fija: Que el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino Iberoamericano “Manuel Dorrego” no se abocará en exclusividad a la figura del mártir de Navarro sino a la reivindicación de todas y todos aquellos que, como él, defendieron el ideario nacional y popular ante el embate liberal y extranjerizante de quienes han sido, desde el principio de nuestra historia, sus adversarios, y que, en pro de sus intereses han pretendido oscurecerlos y relegarlos de la memoria colectiva del pueblo argentino”.

Una mímesis de lo expuesto por Galasso hace más de diez años.
Entonces, ¿cómo puede entenderse que la cabeza del nuevo instituto no cuestione a Mitre? ¿Puede que “olvide” que la gestión mitrista somete al interior federalista, pone en marcha un proyecto semicolonial, aplasta al Paraguay y realiza una política exterior antilatinoamericana?

Lo axial es que los unos y los otros son parciales, subjetivos e ideológicos, aunque algunos no lo admiten.

Como estudiosos que se supone que son, no pueden “olvidar” que desde hace una treintena de años -en metodología de la investigación- el modelo socio-crítico postula que así como la educación no es neutral, tampoco lo es la investigación. 1 En concordancia con lo este modelo para el lingüista Zvetan Todorov “el conocimiento no es una actitud neutra que podríamos oponer en bloque a los juicios de valor emitidos por los otros: por sus determinaciones y sus consecuencias, este se encuentra estrechamente unido a la posición ética que se asume y a los valores que se elogian.” 2
 En el siglo XIX, el historiador germano y positivista Leopoldo von Ranke señala que la labor del historiador consiste en mostrar los hechos del pasado. Una traba a esta posición es que el observador decide cuál es el hecho histórico. A esta historia simplificada el filósofo francés Victor Cousin suma que el historiador debe buscar un hilo conductor a los hechos para que cobren vida y sentido. Domingo Faustino Sarmiento, influido por este pensador hegeliano, dice en “Facundo”: “Los hechos están ahí consignados, clasificados (…) fáltales (…) el soplo de vida que ha de hacerlos enderezarse a todos a un tiempo a la vista del espectador, y convertirlos en cuadros vivos”. 3

Sucede que el “maestro de maestros” es presa de la subjetividad y de cierta mendacidad en algunos de sus trabajos, quien en “Campaña en el Ejercito Grande” confiesa: “esta fue la batalla de Caseros para los de casa (…) para el público puede leerse en el Boletín N° 26, novela muy interesante que tuvimos el honor de componer entre Mitre y yo” 4 Deja bien sentado que es una novela, una ficción... Agrega Luis C. Alén Lescano que Sarmiento llama a su "Facundo" ‘obra improvisada' y 'llena por necesidad de inexactitudes (…) no tiene otra importancia que la de ser uno de los tantos medios tocados para ayudar a destruir un gobierno absurdo', reconocimiento de su intencionalidad política y no historiográfica, que volverá a sincerarse muchos años después, al decirle en 1878 a José María Ramos Mejía que proyectaba estudiar la época de Rosas, su advertencia para que 'no reciba como moneda de buena ley todas las acusaciones que han hecho a Rosas en aquellos, tiempos de combate y lucha'. Esta [frase] desautorizada por Rojas como una frase polémica sin valor científico y carente de verdad, fue el sustento de la historiografía clásica enseñada y repetida hasta la actualidad, con variantes más o menos ingeniosas, para todos sus epígonos". 5

Sobre la selección de la documentación y de los hechos dice el historiador Miguel Angel Martin: “por varios años he regentado la cátedra de Historia de la Edad Media Europea en diferentes universidades (…) y en mi biblioteca cuento con varios cientos de ellos (…) En cierta ocasión me puse a pensar que quizá poseía obras fundamentales sobre todos los hechos históricos de susodicho milenio (…) pronto reconocí mi error al percatarme de que los hechos ocurridos durante la primera parte de esta era fueron seleccionados por cronistas que pertenecían a la Iglesia Cristiana de Occidente. Son ellos los que nos han inculcado el firme convencimiento de que la Edad Media fue una era de acentuado fervor religioso (…) ¿fue ello así? Es difícil dar una respuesta adecuada, ya que es muy poco lo que han escrito los nobles, campesinos, siervos y otros elementos de esa sociedad y menos aún lo que ha llegado a nosotros (…) Y estas deficiencias han perpetuado, quizá, muchos errores”. 6

Dicho sea de paso, tampoco los obreros argentinos escriben libros de historia, no tienen tiempo o carecen de una adecuada formación para lograrlo. Esa la “comunidad inferior” de Marx, sólo aporta fuerza laboral y prole, nuevas fuerzas de trabajo.

 Durante mucho tiempo el endiosamiento al hecho es considerado fundamental y se lo complementa con la exacerbación a la fuente documental.

 A propósito, el historiador cuenta con dos métodos para reconstruir su ciencia: la heurística y la hermenéutica. La primera, es el conjunto de testimonios probatorios de que lo que se dice es verdad. Estas fuentes pueden ser públicas (diarios, leyes, decretos, etc.) y privadas (contratos, certificado de nacimiento, correspondencia personal, ropa, muebles, etc.). Mientras que la hermenéutica es la interpretación de los acontecimientos. Ambas, están sujetas a humanas desviaciones.

También, es dable observar la finalidad del nuevo instituto que propone estudiar, investigar y difundir la vida y la obra de personalidades y circunstancias destacadas de nuestra historia que no han recibido el reconocimiento adecuado en un ámbito institucional de carácter académico, acorde con las rigurosas exigencias del saber científico”, pues como asegura el epistemólogo Ezequiel Ander- Egg "un hecho es un dato real y objetivo (…) que se da a alguien (…) es discernido y juzgado. Esto nos lleva a desechar la opinión expresada en algunos libros de metodología, según la cual es posible realizar un trabajo científico independientemente de los valores y sentimientos del hombre”. 7 Tan así es que Bartolomé Mitre y Vicente Fidel López, padres de la erudita historiografía nacional, fijan su inflexible posición subjetiva e ideológica. Así, el creador del diario “La Nación” le escribe a López: “Los dos, usted y yo, hemos tenido la misma predilección por las grandes figuras y las mismas repulsiones contra los bárbaros desorganizadores como Artigas, a quienes hemos enterrado históricamente”. 8 Por otro lado, el historiador liberal Adolfo Saldías le envía a Mitre su “Historia de Rosas” y le enfatiza en tono conciliador que la “prédica de los odios constituye un verdadero peligro para el porvenir de las ideas”. 9

Le contesta: “Es un libro que debo recibir y recibo, como una espada que se ofrece galantemente por la empuñadura; pero es un arma del adversario en el campo de la lucha pasada, y aún presente, si bien más noble que el quebrado puñal de la mazorca que simbolizaría, por cuanto es un producto de la inteligencia”. 10 Y también dicta el traductor de “La Divina Comedia”: “Si por tradiciones partidistas entiende usted [ Saldías ] mi fidelidad a los nobles principios que he combatido toda mi vida, y creo haber contribuido a hacer triunfar en la medida de mis facultades, debo aclararle que conscientemente he guardado como guardo hoy los nobles odios contra el crimen que me animaron en la lucha”.11 Más que una historia neutra y anodina observamos textos de combate escritos por sinceros intelectuales militantes. Verbi gratia: “predilección por las grandes figuras”, “repulsiones contra los bárbaros desorganizadores", "hemos enterrado históricamente", "nobles odios". Clarísimos: parciales, subjetivos e ideológicos. Con indiscutible honradez y fragor, transmiten los valores de la clase dominante que pretenden pergeñar sin ambages.

Sobre la objetividad del vencedor de Pavón advierte el jurisconsulto Juan Bautista Alberdi: "¿Qué discusión (…) puede haber con un historiador que tiene en un mismo tintero la pluma del historiador y la pluma que hace decretos? En el calor del debate, ¿no es de temer que una equivocación de pluma le haga responder a una objeción con un decreto de proscripción o de destitución?". 12

 Pero la subjetividad no es sólo patrimonio de la historia oficial, liberal o mitrista. El forjista Arturo Jauretche narra una anécdota en la que intervienen el poeta y político Manzi (Homero Nicolás Manzione) y el revisionista nacionalista Ignacio B. Anzoátegui. Cuenta el autor de “El medio pelo en la sociedad argentina”: "Esto de cómo se fabrican los prodigios, que es cosa de no tocar ciertos temas y no revisar ciertas consagraciones, me recuerda un suelto [columna de opinión] de Hornero Manzi, en uno de esos periódicos que nacen para gritar cuatro verdades y morirse enseguida (...) Después que nos balearon en la calle Florida, desde las ventanas de 'La Fronda', allá por el treinta y uno, Ignacio Anzoátegui, que acaba de publicar 'Vida de muertos', nos soltó un brulole [crítica periodística ofensiva y polémica]. Homero contestó: '-Usted, que se ha metido con todos los próceres menos con uno: el que dejó un diario de guardaespaldas...”. 13 En forma elegante lo trata de cobarde y acomodaticio por no rozar a Mitre y a "La Nación".

Desde la historia social se les pregunta a los historiadores Félix Luna y Luis Alberto Romero: “¿Cuán objetivo puede ser el estudio histórico?”. 14 Responde el segundo: “La objetividad es una aspiración (…) no somos neutrales, cada uno tiene su perspectiva”. 15 Más adelante, Luna apunta: “Son diferentes puntos de vista los que nosotros podemos abordar (…) hay una metodología. Y sin embargo no somos neutrales, cada uno (…) tiene ciertos valores”. 16

Sobre el tema expone la historiadora Teresa Eggers-Brass “la creencia en la imparcialidad del historiador, en su objetividad, induce a errores: toda persona que se siente a observar algo lo hará con un preconcepto, con una ideología, con una cosmovisión. Si piensa que es ‘apolítico’, es porque no tomó conciencia de que en realidad está aceptando al mundo establecido como válido, y por lo tanto aprueba las relaciones sociales y económicas existentes. Quienes califican una postura de ‘ideológica’ lo hacen generalmente porque va contra el sistema, cuando en realidad si no lo critica, está a favor del mismo y también forma parte de una ideología ( la dominante, claro está) aunque no esté explícita”. 17

Tulio Halperín Donghi deja bien asentada su marcada subjetivad y “cientificidad” al responder en una entrevista: “Hacer, por ejemplo, los tomos de ‘La República imposible’ me dio un trabajo espantoso, me llevó años. Y lo que no hice, y eso evidentemente es muy objetable pero es inevitable, es justificar la selección [que] está hecha con mi criterio, es decir, lo que me parece importante. Ahora tengo una especie de adversario, [el historiador nacionalista Noberto] Galasso, que explica que para hacer historia hay una etapa en que se junta todo y otra en la que, desde una perspectiva militante, se explica la versión que a uno le gusta. Es una manera un poco tosca de decir lo que todos hacemos”. 17bis Norberto Galasso le responde: “agradezco a dicho historiador [Halperín Donghi] pues me reconoce como ‘una especie de adversario’, actitud no habitual en él que siempre se ha posicionado como dueño exclusivo de verdades absolutas, desde cuya alta cima no reconocía antagonistas. Lo sorprendente es que no sólo me reconoce sino que otorga validez a mis argumentos que ahora comparte. Este reconocimiento se produce con cierta tardanza pues hace ya más de trece años, desde mi libro ‘La larga lucha de los argentinos’, vengo señalando que la corriente historiográfica que él orienta se caracteriza por aparentar un depurado ‘rigor científico’ ajeno a toda subjetividad y a toda ideología y que, en cambio, es tan tendenciosa como todas las demás interpretaciones históricas, entre las cuales incluyo a la que pertenezco, con la diferencia que nosotros reconocemos que valoramos los sucesos según nuestra propia escala de valores y ellos, lo habían negado hasta ahora. Es decir, somos todos tendenciosos en la hermenéutica, aunque seamos rigurosos en la heurística, sólo que el profesor y sus discípulos nunca lo admitieron”.18 Da a entender el subjetivo Galasso que al subjetivo Halperín Donghi se le pierde algún dato cuando en su libro “La democracia de masas” “omite que hubo 380 muertos en el bombardeo del 16 de junio de 1955, afirmando sólo que ‘se ametralló el centro porteño’; eso se origina en que tuvo la información pero la desechó porque no era ‘de su gusto’ revelar los crímenes de Aramburu y Rojas. Resulta asombrosa –y muy digna de su parte- esta confesión que, sin embargo, coloca en dificultades a los profesores, que en su nombre blasonan de ‘científicos’ y ‘objetivos’, así decían que enseñaban con rigor y veracidad a sus alumnos”. 19 También, el autor de “Cooke: de Perón al Che”, menciona que no es nacionalista, sino un hombre de la Izquierda Nacional. Le solicita que recuerde cuando en la revista “Punto de vista”, de abril de 1985, plasma que “el neorevisionismo de izquierda se identifica con una historia continuada pero soterrada gracias a ellos aflora por un instante: es la de las clases oprimidas”. 20 Finaliza Galasso con ironía: “usted reconoce que somos tendenciosos y que yo ‘soy su adversario’, -por los contenidos, pero que, además, en la forma, nos diferenciamos porque yo uso un ‘estilo tosco’. Quizá sea correcto: yo escribo en mi país, como decía Ugarte [Manuel], en una América Latina convulsionada, entre huelgas y gritos, movilizaciones y violencias, golpazos de puertas y ventanas que traen las protestas de la calle y aquí, y en ese clima de lucha y de tensión no hay lugar para exquisiteces. Aquí sólo se puede ser ‘tosco’ (y sí Agustín [Agustín Tosco, sindicalista argentino], mejor)”. 21

Para el filósofo José Pablo Feinmann: “Hay una historia oficial, impuesta verticalmente por la arbitrariedad del poder (…) esencialmente porteña (…) maniquea (…) Frente a esta historia, el revisionismo implicó un indudable avance. Sacó a la luz los documentos negados, los nombres prohibidos, impronunciables, las verdades ocultas. Expresó la visión de los vencidos”. 22 Y remata con justeza: “No obstante, la visión del vencido, si se estructura a partir de la negación del vencedor, continuará dependiendo de ella (…) Nuestra historiografía se estructuró a partir de una verdad impuesta por el poder de una parcialidad (...) que había triunfado. Y una parcialidad triunfa cuando consigue imponer verdad como verdad de la totalidad". 23

En esta historia hegemónica - en sentido gramcsiano- solo hay homenajes de calles para las derrotas de los pueblos originarios, como por ejemplo: Apulé, Cochicó, Leones. Por el contrario, no aparecen sus triunfos. Calfucurá, Catriel, Cachuel, Cañumil y Yanquetruz destruyen a las fuerzas de Bartolomé Mitre, Manuel Hornos, Nicolás Otamendi y Emilio Mitre, en varios enfrentamientos. La mayor derrota la padece Bartolomé Mitre, en mayo de1855, en Sierra Chica, en manos de los lanceros de Calfucurá.

El historiador, filósofo y político Benedetto Croce sostiene que toda la historia es "historia contemporánea" y que consiste en observar el pasado con los ojos del hoy. Fustiga el apego al pasado. Su epígono, Robin George Collingwood lanza un pensamiento más amplio al expresar que la filosofía de la historia no se ocupa del pasado en sí, ni de la opinión que de él se forma el historiador, sino de ambas en conjunto y relacionadas entre sí.

Un punto de difícil solución a la hora de valorar las actuaciones de diversos personajes es cómo ubicarse desde el aquí y el ahora. Es sencillo juzgar un accionar que tiene más de cien años y descontextualizado. Lo trata Herbert Buttertield cuando se ocupa del enfoque o interpretación whig de la historia: imponer al pasado los patrones del presente y evaluar las ciencias de otras épocas a la luz y con referencia al conocimiento actual. Contrario sensu, los historiadores antiwhig consideran que sólo se puede interpretar el pasado en relación con el contexto de la época en la que los acontecimientos aparecen. Resume lo especificado el historiador Edgard H. Carr: “el énfasis puesto en el papel del historiador como hacedor de la historia tiende (…) a descartar toda historia objetiva: la historia es lo que hace el historiador. Y de hecho parece que Collingwood haya llegado a esta conclusión en un momento dado (…) se nos ofrece aquí la teoría de su infinidad de significados, ninguno de los cuales es mejor ni más cierto que los demás (…) Pero tras la hipótesis de Collingwood, se oculta otro peligro aún mayor. Si el historiador ve necesariamente el período histórico que investiga con ojos de su época, y si estudia los problemas del pasado como clave para la comprensión de los presentes, ¿no caerá en una concepción puramente pragmática de los hechos, manteniendo que el criterio de la interpretación recta ha de ser su adecuación a algún propósito de ahora? Según esta hipótesis, los hechos de la historia no son nada, y la interpretación lo es todo (…) Nuestro examen de la relación del historiador con los hechos históricos nos coloca, por tanto, en una situación visiblemente precaria, haciéndonos navegar sutilmente entre el Escila [en la mitología griega, monstruo marino que mora en el lado opuesto de Caribdis] de una insostenible teoría de la historia como compilación objetiva de hechos, de una injustificada primacía del hecho sobre la interpretación, y el Caribdis [ el monstruo marino que se opone a Escila] de otra teoría igualmente insostenible de la historia como producto subjetivo de la mente del historiador, quien fija los hechos históricos y los domina merced, al proceso interpretativo; entre una noción de la historia con centro de gravedad en el pasado, y otra con centro de gravedad en el presente (…) El historiador y los hechos de la historia son mutuamente necesarios. Sin sus hechos, el historiador carece de raíces y es huero; y los hechos, sin el historiador, muertos y falsos de sentido. Mi primera contestación a la pregunta de qué es la Historia, será pues la siguiente: un proceso continuo de interacción entre el historiador y sus hechos, un diálogo sin fin entre el presente y el pasado”. 24 El profesor Jorge María Ramallo advierte sobre la tentación de interpretar el pasado según nuestra posición ante el mundo y aconseja no caer en el peligro del fait accomli, del hecho consumado cuyo final ya es conocido. Recurre a Lucien Febrve, quien sostiene que “recomponer la mentalidad de los hombres de otra época; ponerse en su cabeza, en su piel, en su cerebro para comprender lo que fueron, lo que quisieron, lo que consiguieron…”. 25, 26, 27
Asociado a estas cuestiones está el etnocentrismo y el relativismo cultural. Para los antropólogos Mariana I. Mancusi y Claudio A. Faccio “el etnocentrismo consiste en considerar a nuestro propio grupo con su particular cultura como el parámetro a partir del cual se analizarán y juzgarán a los otros grupos (…) Todo aquello que escape a nuestro patrón de ponderación pasará a ser 'raro', anormal y –por qué no-patológico”. 28

Por otro lado, el relativismo "como tesis ideológica, establece que cada cultura es una configuración única, con su propio sabor, estilo y espíritu (...) pero, ¿cómo se puede saber esto sin antes comparar una cultura con otras? (...) los relativistas nos dicen que una cultura debe ser examinada como una totalidad y sólo en términos de sí misma; mientras que los comparativistas afirman que una institución, un proceso, un complejo o un detalle debe ser separado de su matriz cultural para que pueda ser comparado con los de un contexto sociocultural diferente". 29 Entonces, desde el punto de vista de un relativismo extremo ¿deberíamos justificar un genocidio o los sacrificios humanos –con extracción del corazón incluido- porque hay que respetar la cultura de quienes caen semejantes aberraciones?, ¿justificará el nuevo instituto histórico la guerra del Paraguay en que se extermina el 90 % de la población masculina entre los 15 y los 60 años de edad? ¿Hay un límite? El antropólogo Juan Manuel March considera "el problema del relativismo conduce a un callejón sin salida, dilemático y propio de las gnoseologías absolutas (fundamentalismos y fanatismos, en su versión más extrema). Por supuesto, uno no va a proponer como quería [Lewis Henry ] Morgan a fines del siglo XIX que se imponga como final evolutivo a todas las sociedades del planeta la Era industrial de la Inglaterra Victoriana, por ejemplo, pero, en un sentido estricto, no se puede adoptar un relativismo sin fronteras ya que se pierde la visión del propio sujeto y se corta la formación de contextos de intercomunicación: la conocida racionalidad dialógica de Jürgen Habermas. El conflicto epistemológico en realidad no existe ya que, a pesar de que somos inconmensurables con China e India, existen campos de comunicación comunes, de alguna forma podemos producir interactivamente con esos miembros de esas culturas contextos comunicativos que respondan a pautas comunes de racionalidad, las culturas son diferentes pero no son estancas entre sí. En este sentido, la globalización - comprendida como la unificación planetaria de la humanidad, no desde la perspectiva de [George] Bush pero sí como fases de transformaciones culturales - constituye una prueba de lo que digo (...) Respecto al relativismo y la historia, uno puede comprender los motivos de [Julio A.] Roca y la campaña del desierto desde su contexto ideológico-histórico pero los genocidios son genocidios en cualquier etapa de la historia, no existe relativismo que justifique esto, si lo puede explicar desde la cosmovisión particular de cada cultura pero no justificarlos. Por otro lado, todos nosotros abordamos a la realidad desde nuestras categorías simbólicas, es imposible abordarlas desde la perspectiva del 'otro’, se puede arribar a una racionalidad intercomunicativa pero nunca pensar como el ‘otro’”. 30

Una respuesta a mi interrogante sobre los valores me lo brinda el lingüista e historiador del pensamiento Tzvetan Todorov: "la verdadera moral es universalista e igualitaria, contrariamente a la política, que es defensa de los intereses de un grupo, en detrimento de todos los demás grupos. Hacer política significa que se acepta –no durante todo el tiempo al menos en los casos extremos- someter la búsqueda de la verdad y de la justicia al interés local. 'Cualquier hombre de partido, sólo por eso enemigo de la verdad...' decía [Jean-Jacques] Rousseau. Resulta de ello que la perspectiva del científico (o la del filósofo) es, en cuanto a su principio, incompatible con la del hombre político, a pesar de que en la práctica se pueda seguir sucesivamente uno y otro camino. Al ponerse al servicio de una causa política, sea en el aparato del poder, sea para promover una revolución cualquiera, ya no se puede decir que se actúa en calidad de científico o de filósofo; que alguien sea un físico importante o un gran pensador no hace sus actos políticos ni más ni menos justos. Por eso 'la sabiduría ensaña a los filósofos a no entrar en guerra' (...) El pluralismo no significa que todas las elecciones valgan igual, ni que cualquier opción deba encontrar su lugar dentro del Estado democrático: se apartará a los elementos destructores o, lo que viene a ser lo mismo, a las personas que quieran imponer su propio modelo de sociedad entera (...) no se renuncia a la búsqueda de la verdad sino que se renuncia a imponer por la fuerza a los demás lo que uno cree que es la verdad". 31

 Otra historia que aparece de cuando en cuando es la contrafáctica. Un ejemplo la tenemos en discursos sociales populares como: “Si Evita viviera sería montonera”, “Si Perón viviera hubiera hecho lo mismo que Menem”, etc. El historiador británico Edward Hallett Carr desacredita esta corriente histórica al aseverar: “La historia es una crónica de lo que la gente ha hecho, no de aquello que dejó de hacer.” No obstante, cae en contradicción al emplearla en sus investigaciones sobre la Revolución Rusa.

Refiero hasta aquí diversos enfoques historiográficos. Dejo para el final el llamado determinismo histórico, predestinación o causalidad, que considera que todo encadenamiento de sucesos está condicionado y establecido de antemano en forma inevitable, ya sea por leyes naturales o divinas. Este terreno cenagoso es caminado por filósofos y teólogos, pero, en general no se respeta dentro del conocimiento historiográfico. En el caso más extremo es muy peligroso porque libera al sujeto de sus responsabilidades, lo torna pasivo, sumiso, resignado. Si se convence a la juventud que estamos en el final de la historia, que se acabaron las ideologías, que todo está perdido, para qué luchar, para qué trabajar... Sencillo y complejo: para lograr una mejor sociedad, más justa e igualitaria. Se quiere convencer desde la ideología que no hay más ideología: ¡toda una ideología!

Di paradigmas historiográficos para demostrar lo engañoso de una visión objetiva, neutra, imparcial y aideológica.

Concluyo con Galasso que expone con lucidez “si no fuera porque algunos todavía son temerosos de recurrir a ciertas figuras peligrosas diríamos que lo deseable y esperable es que ambos institutos ‘golpeemos juntos, pero marchando separados’ para poner fin a las fábulas que todavía hoy confunden a los estudiantes, ya sea las provenientes del nacionalismo clerical, del pretendido neutralismo científico o de la ‘izquierda abstracta’.

Por todo lo dicho, los estudiosos - con sus versiones de la historia, con sus ideologías y con sus "galerías de próceres” y “malditos”- se agrupan en diversas corrientes historiográficas…y en diferentes institutos.

 

 

Néstor Genta


1. Sinópoli Daniel Alberto. Opinión pública y consumos culturales. Reconocimiento de las estrategias persuasivas. Editorial Docencia. Buenos Aires. 1997. p.26.

2. Todorov Zvetan. Las morales de la historia. Ediciones Paidós Ibérica. Barcelona. 1993. p.62.

3. Sarmiento. Facundo. Espasa Calpe. Buenos Aires.1993. p.53.

4. Font Ezcurra Ricardo. La historia instrumento político. Revista del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas. Nro. 34. Buenos Aires. 1994. p.58.

5. Alén Lescano Luis C. Una historia de la conciencia nacional. Revista del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas. Nro. 55. Buenos Aires. 1999. p.13.

6. Martin Miguel Angel. La historia como disciplina profesional.

bdigital.binal.ac.pa/bdp/descarga.php?f=desarrollo10.pdf.

7. Ander-Egg Ezequiel. Técnicas de investigación social. 24º edición. Lumen. Buenos Aires. pp.18/9.

8. López Vicente Fidel. Manual de historia argentina. S/E. Talleres Rosso. Buenos Aires. 1889. p.243.

9. Galasso Norberto. De la Historia Oficial al Revisionismo Rosista. Corrientes historiográficas en la Argentina. Cuadernos para la Otra Historia. Nro. 1. Centro Cultural Enrique Santos Discépolo. Buenos Aires. 1999. p.24.

10. Ibid. p.24.

11. Ibid. p.13.

12. Font Ezcurra Ricardo. Op. Cit. p. 58.

13. Jauretche Arturo. Los profetas del odio y la yapa. La colonización pedagógica. Peña Lillo Editor. 9º edic. Buenos Aires. 1984. p.115.

14. Mortati Julieta. Las razones detrás del boom. Luna y Romero: un debate histórico. Perfil. 9.10.2005. p.15.

15. Ibid.p.15.

16. Ibid.p.15.

17. Egger –Brass Teresa. Historia Argentina. Una mirada crítica- 1806-2006. Editorial Maipue. Ituzaingó. Provincia de Buenos Aires. 1ra. Reimpresión.2007. p.36.
17 bis. Pagni Carlos. EL historiador cuenta su historia. “Ya me acostumbré a la idea de que la argentina es peronista”. En ADN Cultura, la revista cultural de La Nación. Buenos Aires. 13 de septiembre de 2008. p. 7.

18.19.20.21. Galasso Norberto. La respuesta de Norberto Galasso a Halperín Dongui. Miradas al Sur. 19 de octubre de 2008. Buenos Aires. p.34.

22. Feinmann José Pablo. La creación de lo posible. Editorial Legasa. Buenos Aires. 1986.pp.82/3

23. Ibid. pp.82/83.

24. Carr Eduardo H. El historiador y los hechos. Seminario de fundamentación epistemológica. Modos de ver a partir de la significación de la historia y la concepción de la ciencia.ayura.udea.edu.co/~fisica/MATEFISICA/EPIST-634/PEF200501_archivos/EL%20

HISTORIADOR%20Y%20LOS%20HECHOS.pdf

25. Ramallo Jorge María. Metodología de la enseñanza de la historia. Ediciones Braga. Buenos Aires. 1992. p.20.

26. Ibid. p.20.

27. Ibid. p.20.

28. Mancusi Mariana I. y Faccio Claudio A. Antropología social. Aportes y reflexiones desde América Latina. Editorial Docencia. Buenos Aires. 1991. p. 58.

29. Ibid. p.66.

30. correspondencia con el autor.

31. Todorov Zvetan. Op.Cit. pp.255/6.

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  1. Al patriota. muy elocuente. quién sos? no podés tirar una idea coherente? justificá alfo ignorante! ya tuviste rtu segundito de gloria. Al vengador: sos temible. Jajajajaj! caes en una falacia lógica, si no crees en nada: no crees en vos. los libros no muerden, chochamu.

  2. ¿Qué se puede esperar de este sitio de marxistas fracasados? Muchachos, los 70 terminaron y ustedes perdieron. Entre las pésimas columnas de Sanz y Paolella, ahora hay que tolerar las de Genta. Todos zurdos reprimidos. Sigan llorando por los rincones.

  3. Me encantaría que a quien no le gusta este sitio, que no lo leyera. Nadie obliga a nadie a leer información que encima es gratuita y pública. Reivindico a mis amigos y colegas Fernando Paolella y Néstor Genta, ambos brillantes plumas de Tribuna. Atte.

  4. LOS QUE DICEN SER DE ENTRE RIOS NO TIENEN NINGÚN TRABAJO PUBLICADO NI SERIO NI NO SERIO. SCHIAVONI FUE MINISTRO DE GOBIERNO DEL CORRUPTO GOBIERNO DE BUSTI. TRAICIONÓ A TODOS. ACTUALMENTE ES INTENDENTE DE LA CIUDAD DE NOGOYÁ. EL OTRO SÓLO ES CONOCIDO A LA HORA DE LA BUSECA

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