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¿QUÉ MENEA AL PERRO?

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CÓMO EN 2005 ANTICIPÁBAMOS LO QUE VENDRÍA
CÓMO EN 2005 ANTICIPÁBAMOS LO QUE VENDRÍA

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"El perro menea la cola,
 pero, ¿qué menea al perro?”
(del filme Wag the dog)

    Como estarán las cosas en estos tiempos preelectorales, que hasta a Ricardo López Murphy se le da por hacerse el gracioso. Buscando dejar de lado aquella severa marca registrada de cara de perro bulldog, sacudió el acartonado avispero con un spot publicitario de antología: “Duhalde lo puso a Kirchner. Kirchner la puso a su mujer. De esta manera, se la puso a Duhalde. Entonces Duhalde le puso la suya. El 23 de octubre ponga mi boleta en la urna para recuperar el trabajo, la seguridad y la educación de los bonaerenses, y de una vez por todas terminemos con este qui……….” Esto de suyo habrá atragantado a muchas señoras estiradas, pero lo que no trascendió es lo que opinó su ladero Mauricio Macri, ante tanta audacia del ex ministro de Economía de Fernando De la Rúa. Sobre todo, en días en que caso de los barrabravas de Boca que zafaron de la sombra es más que emblemático. Pero lo constituye aún más la cuestión que ningún medio ilustró, como no lo hicieron cuando el asunto del ataque a la Legislatura porteña, la forma en que esos hinchas caracterizados son usados como mano de obra ocupada desde hace 20 años por conspicuos políticos radicales y justicialistas. Tal como se evidenció en lavaca.org y en este sitio, la presencia de Santiago El Gitano Lancry custodiando el portón de Perú 160 desde la época del puntero Carlos Bello (el papá de Claudia), es la prueba viviente que en los tiempos pinguineros aún sobrevive la peor cara del matonaje prebendario.
    Eduardo Jozami, otro cararrota que fue ladero de Ibarra como titular de la Comisión Municipal de la Vivienda, donde bancaba al puntero Guillermo Villar de la Villa 21-24, primero coqueteó con el ARI para luego pasarse al engendro kirchnerista Frente por el Triunfo Popular, que en la Capital Federal apoya la candidatura de Bielsa. Pero parece que hubo problemas de cartel, puesto que el aludido volvió a bajase y de prisa tuvieron que rearmar los afiches sin su foto.
Y lo que también perdura, a pesar de la negativa oficial y las habituales bravatas de Aníbal Fernández, es el clientelismo de la peor ralea. La semana pasada el duhaldismo denunció que en localidades del conurbano desembarcaban camiones plagados de electrodomésticos que eran repartidos a gente de bajos recursos, por integrantes del Ministerio de Desarrollo Social. Esto fue ilustrado por una investigación del diario Perfil, en su edición del domingo 25, en la cual se revela cómo los que despotrican cotidianamente contra los vicios de la década maldita no vacilan en continuarlo: “El sistema, que crispa a los caciques locales del propio Frente para la Victoria, es sencillo y brutal: ejércitos de 'asistentes sociales' eligen, según criterios que se insinúan arbitrarios, las familias a las que 'encuestan' para relevar sus necesidades. Y les ofrecen un menú del que cada beneficiario puede elegir mercadería por un valor tope de mil pesos. La carta es amplia: heladeras, cocinas, lavarropas, calefactores, máquinas de coser, mesas, camas, chapas, tirantes y membranas, entre otros elementos” (Juan Rezzano).


Con todo el glamour

    En el mismo periódico se observa el costoso guardarropa que ostentó la primera ciudadana en lo que va de la campaña electoral, en una nota de Paulina Maldonado. El total es 126.685 pesos, bien visible en las fotos que hace comprender a las claras tanto misterio oficial en cuanto a sus compras:“CFK está un tanto perseguida con el tema. Por eso a sus proveedores les advierte, con el mismo tono que utiliza en los discursos de campaña, que si ventilan sus compras ella jamás volverá a pisar sus locales. Y como nadie quiere perderse semejante clienta, todos se niegan a hablar de sus adquisiciones, alegando que esa información es absolutamente confidencial. Los más estrictos justifican su silencio que las compras de la señora son “secretos oficiales”.
    Precisamente, hace un par de meses una encuesta revelaba que precisamente ese desmedido deseo de ostentación provocaba un enérgico rechazo por parte de amplias franjas de la población bonaerense. Seguramente para subsanar esto, las huestes asistencialistas de la suprema hermana pingüina Alicia (en ningún país maravilloso, y desprovista de espejos) colman de enseres a familias que no poseen ni trabajo digno y casi no tienen para comer.
    En lugar de tanta hipocresía, de tanto lujo y estupidez, sería mejor moralizar la actividad política promoviendo desde arriba planes destinados a paliar estos flagelos que hace rato parecen haberse afincado. Pero claro, para esto hace falta tesón, sinceridad y otras virtudes que no figuran en la agenda electoral de casi nadie. Mientras tanto, el perro sigue meneando la cola pero nadie se incomoda en pensar qué lo mueve en realidad.  

 

Fernando Paolella

 

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