Las últimas declaraciones del papa Francisco recuerdan el título de la genial película de Herzog “Aguirre, la ira de Dios”, que narra la tragedia del conquistador perdido en sus propios espejismos en el afán por llevar la Cruz al nuevo mundo.
Bergoglio fue ungido Papa en reemplazo de Benedicto XVI, alemán como Herzog, quien abandonó en vida el trono de Pedro. Benedicto conducía a la Iglesia hacia un integrismo que la hacía perder cada vez más fieles. ¿Qué es el integrismo? Es una postura cerrada que defiende un corpus dogmático que no admite la más mínima modificación. El dogma es uno, es íntegro y Ratzinger criticaba la “religión a la carta”.
El islam en sus versiones más extremas, como la de ISIS, es el ejemplo del integrismo. Ante la crisis religiosa, el Vaticano se inclinó por Bergoglio, un pastor latinoamericano más cercano a los pobres que de las misas en latín. Al principio de su reinado, Bergoglio tuvo palabras comprensivas para los divorciados e incluso para los homosexuales.
Pero el Papa Francisco tiene una obsesión llamada Argentina, y acostumbra a confundir su aldea con su reinado al frente del Estado monárquico del Vaticano como líder de todos los Católicos del mundo.
Francisco habla en el Vaticano como si hablara en la Matanza para un grupo de intendentes peronistas. En su afán de hostigar al gobierno local, ofende a la mayor parte del planeta.
Después de la media sanción en Diputados de la ley para legislar el aborto en la Argentina, el Papa dijo que la práctica es comparable a “lo que hacían los nazis para cuidar la pureza de la raza, pero con guantes blancos” (…) “Es el homicidio de los chicos”. Criticó la decisión de interrumpir el embarazo de un embrión con patologías graves o incompatibles con la vida “para resolver una vida tranquila”. “Es una moda”, sentenció.
Para completar la ofensiva sobre las formas ya legisladas de uniones civiles y en la insistencia de hablarle a los argentinos, el Papa dijo: “La familia, imagen de dios, hombre y mujer, es una sola”. Recordemos que el matrimonio igualitario se legisló durante el kirchnerismo, pero Bergoglio pasa facturas al macrismo y hasta podría excomulgar a los legisladores que voten la ley en ambas cámaras, según cuenta Ricardo Roa en Clarín.
Francisco aparece así más integrista que Ratzinger. Al radicalizarse, se enfrenta incluso con millones de cristianos que viven en países en los que el aborto está legislado y acuerdan con esa medida, como acaba de demostrar Irlanda. Comparar a los países avanzados donde el aborto es una práctica médica aceptada y legal con el nazismo es insulto sin retorno. ¿Dónde se ubica una persona de tradición católica e ideas liberales? Se siente maltratada y expulsada.
Hago mías las palabras del Rabino Ruben Nisembaum: “Lo que dijo este máximo representante de la Iglesia Católica es una ofensa y denigración a los judíos y no judíos víctimas del acto más deshumanizante de la historia humana”.
El Papa está comparando el genocidio más brutal de la historia con la legítima decisión de una mujer de no seguir adelante con un embarazo. No es un acto piadoso comparar a las mujeres que abortaron con Josef Mengele, el mayor asesino de “guante blanco”.
Esto piensa el Papa mientras la Iglesia argentina prepara una batería de argumentos legales. Si la ley se aprueba en el Senado, buscará que se judicialice en la práctica, caso por caso. El Papa no está dispuesto a tolerar que en su propio país legalice el aborto.
Francisco también se refirió al tema de la prensa con una retórica que nos recuerda el pasado reciente. Habló de “la capacidad destructiva de la comunicación malvada”. “También hoy, en muchos países, se usa este método: destruir la libre comunicación” (…) “Por ejemplo, pensemos… existe una ley de los medios, de comunicación, se cancela esa ley; se entrega todo el aparato comunicativo a una empresa, a una sociedad que calumnia, que dice falsedades, (lo cual) debilita la vida democrática. (…) y así va adelante una dictadura”.
El mundo no entiende de qué habla el Papa. Si quiso elogiar la ley de medios kirchnerista, terminó describiendo el mecanismo que utilizaron Néstor Kirchner, su viuda, Chávez y Maduro para apropiarse de medios privados y convertirlos en órganos de propaganda. Con estos argumentos anacrónicos e integristas, el Papa corre el riesgo de que se le recuerde que la Iglesia negó la rotación de la Tierra en torno del Sol, que enjuició a Galileo Galilei, que no condenó la esclavitud de los negros sino hasta el siglo XIX, que se opuso a la Independencia de América, a la educación laica, al voto femenino, a la educación sexual, a la ley de divorcio y al matrimonio igualitario.
El Estado argentino que sostiene económicamente el culto católico y paga los sueldos de algunos de sus miembros por más de $130 millones por año. El diputado radical Alejandro Echegaray presentó un proyecto para que el Estado deje de financiar sueldos y pensiones de los prelados. La separación Estado-Iglesia es una asignatura pendiente y sería una gran iniciativa para que Argentina ingrese de una vez en el siglo XXI.