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Publicidad burguesa

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MENSAJES DE LA BURGUESÍA DISFRAZADOS DE PERIODISMO
MENSAJES DE LA BURGUESÍA DISFRAZADOS DE PERIODISMO

En la Antigua Grecia, los ámbitos de lo privado y lo público estaban claramente diferenciados. La cuidad-estado permitía que el hombre, además de su vida privada, cuyo centro era el hogar y la familia, tuviera la posibilidad de acceder a una vida pública, espacio en donde los ciudadanos se reunían para debatir, a través del debatir, a través del discurso argumentativo, los problemas del gobierno de la ciudad. Lo público, en este marco, era el espacio de la libertad; lo privado, por el contrario, era la atadura impuesta por la necesidad de la administración doméstica del hogar, del mantenimiento fundamentalmente económico. Sólo los que dominaban las necesidades de la esfera privada podían ingresar a la esfera de lo público. La idea de gobierno, en la antigüedad, estaba separada de lo público, y pertenecía al ámbito de lo privado.

 

En este contexto social los hombres encontraban en la esfera pública el lugar de la publicidad de los intereses que tenían en común. Ella surge de ese espacio de discusión entre iguales haciendo, según Habermas, visible todo a todos. 

En la Edad Media, la distinción entre lo público y lo privado no es tan marcada. La figura del señor feudal está representada en ambas esferas. El aura de prestigio que ésta conlleva invade los dos espacios y la idea de público y privado comienza a desdibujarse. A esta publicidad, Habermas la denomina representativa. No depende de un ámbito privado o público, se presenta como una categoría de status, quien lo posee lo representa públicamente y se le confiere poder. En la modernidad los conceptos de público y privado se modifican aparece uno nuevo: lo social.

La diferencia establecida entre los dos primeros términos guarda relación con lo político y lo privado, respectivamente. El concepto de social es puramente moderno y tiene relación con el surgimiento de la nación-estado. No pertenece ni al ámbito de lo público ni al de lo privado. Aquello que en la antigüedad se mantenía en la esfera de lo privado: organización, actividades, planes, etc. Que pertenecían al ámbito de lo familiar, comienzan a tener relevancia pública en la medida en que eran objetos de control de algo privado. Estos intereses privados pasan a ser públicos y con ello se va borrando la línea entre público y privado para convertirse en cuestiones sociales. Esto ocurre cuando la burguesía en ascenso abandona la órbita privada del hogar y el trabajo y transforma sus intereses privados en públicos. 

Para Habermas, con el advenimiento del capitalismo temprano, con la instalación de este nuevo orden social es que aparece lo que él denomina publicidad burguesa. La función de la publicidad es establecer relación entre el público y lo público. Es decir entre la esfera de "personas privadas que se reúnen en calidad de público" y la esfera del "poder público". Comienza así a diferenciarse lo público-estatal y la esfera privada que se hace pública. El embrión del orden social establecido se encuentra en la etapa en que la burguesía pertenece a una capa de ascenso, pero que no detenta el poder. Es un sector ilustrado compuesto por juristas, médicos, comerciantes, etc., opuesto "al estado que delimita, por un lado, un ámbito privado claramente distinguido del poder político, pero (...) por el otro lado, la reproducción de la vida rebasa los límites del poder doméstico privado, convirtiéndose en un asunto de interés público" (Habermas, 1999: 62) 

En este cambio social, la prensa juega un papel fundamental, ya que es por intermedio de ella que se hace posible transformar lo privado en público y viceversa (Ver ejemplo al pie). 

Es importante en este punto hacer mención a la evolución que sufrió la prensa a lo largo de su historia, para comprender mejor el rol que cumple en la publicidad burguesa. 

En sus orígenes (siglo XVI mediados del siglo XVIII ), surge del intercambio de correspondencia privada, se limita al tráfico y organización de dicha correspondencia. Su objetivo es puramente económico. Está organizada como una pequeña industria. 
Tiene una segunda fase que va desde fines del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX, llamada "la gran prensa", período en el cual se le suma un nuevo elemento: lo político. Es la etapa en que aparece el "periodismo de escritores" y cobra relevancia una nueva instancia: la redacción. La prensa ya no es mera portadora de noticias con fines comerciales, sino que pasa a ser formadora de opinión. Es por ello utilizada y llevada adelante por los intelectuales, no con fines económicos, como en el caso de la primera etapa, sino, justamente, con el interés de formar, influir y participar en la opinión pública. En esta época pasa a ser el medio de comunicación entre los escritores y el público. 

La tercera fase, la industrial, abarca desde mediados del siglo XIX hasta la actualidad, es en la época en que el Estado burgués de derecho se consolida y la publicidad políticamente activa se legaliza, la prensa se convierte en una empresa comercial y se le agrega otro elemento fundamental: los avisos publicitarios. Ya no es ni transporte ni mediador, ahora es una poderosa herramienta de poder. "La prensa se hace manipulable de acuerdo con el grado de comercialización. Puesto que la venta de la parte destinada al reclamo publicitario está interrelacionada con la venta de la parte confeccionada por la redacción, la prensa, hasta entonces institución de determinados miembros del público como personas privadas; esto es, en la puerta de entrada a la publicidad de intereses privados privilegiados" (Habermas, 1999: 213) 

En esta transformación que sufre la prensa se va transformando también la publicidad a medida que penetran y la dominan intereses privados. 

La burguesía, excluida en sus orígenes del poder político, genera espacios de discusión y publicidad de sus intereses como los cafés, los salones, los teatros, etc. A medida que la prensa va modificando su conformación se va convirtiendo en el espacio por excelencia de la publicidad de la burguesía. 

Como señala Habermas, la publicidad burguesa tiene relación con la publicidad representativa, engendra ese carácter feudal que se daba en la Edad Media: "El aura de la autoridad personalmente representada vuelve a constituirse en momento de la publicidad; la moderna publicity está completamente emparentada con la feudalpublicness" (Habermas, 1999, 227) 

Las organizaciones privadas y el Estado se encuentran en permanente interrelación. La sociedad va incorporándose al ámbito estatal en forma de uniones, partidos, etc. Y el Estado a su vez pierde fuerza cediendo espacios al círculo privado. En este contexto la publicidad actúa como integradora de Estado y sociedad. Pero esta sociedad no toma sus decisiones bajo los procedimientos jurídicos-parlamentarios, no toma compromisos políticos, es una sociedad que "exige decisiones en forma de compromisos temporales, esto es, en el intercambio de favores e indemnizaciones particulares sin recurrir a los procedimientos institucionalizados de la publicidad" (Habermas, 1999: 226) La conducción de esta índole se genera justamente en el carácter privado de dichas organizaciones. 

La publicidad es el medio por el cual los intereses privados se muestran como intereses comunes. Refuerza la posición privada sin que ésta sea sometida a pública discusión, tal como funcionaba la publicidad representativa feudalista, el objetivo de la publicidad burguesa es la "representación de sus miembros en la sociedad" (Habermas, 1999: 227), pero no como representantes de organizaciones privadas, sino colectivas. De esta manera las decisiones, confundidas como bien común, no se ponen en discusión por los grupos que no pertenecen a la esfera del público (este último término en el sentido habermasiano). 

El funcionamiento de la sociedad planteado anteriormente, nos obliga a revisar el concepto de corporativismo y el funcionamiento de una sociedad basada en dicho sistema. 

Así define el diccionario el término corporación: "cuerpo, comunidad, generalmente de interés público, y a veces reconocida por la autoridad". Corporativismo se define de la siguiente manera: "sistema político basado en las corporaciones o sindicatos como órganos directores más bien que en la representación territorial de los partidos políticos" 

En una sociedad neocorporativista los grupos organizados no se limitan a negociar con la administración sino que coordinan y regulan los intereses de sus miembros en un sistema global de relaciones sociales. Aceptar este sistema es aceptar desde el inicio una situación de desigualdades y jerarquías. Existe una macro organización de los intereses sociales a través de estructuras representativas de tipo monopólico y negociaciones que permiten la articulación de los intereses de las asociaciones con el Estado. El proceso permite la constitución de asociaciones con monopolio de representatividad y el Estado es el que las legitima. 

Schmitter agregó dos subtipos de neocorporativismo al sistema de representación: el corporativismo societal, entendido como un sistema de intermediación de intereses de tipo social, enraizado en sistemas liberales democráticos; y el corporativismo estatal, que suele asociarse con sistemas autoritarios, con un fuerte control burocrático y centralizado en organizaciones funcionales. 

La sociedad queda así en medio de la representación de los intereses de grupos organizados de la sociedad civil, con las estructuras decisorias del Estado. 
Schmitter define neocorporativismo como "un sistema de representación de intereses en el que las unidades que lo constituyen están organizadas en número limitado de categorías singulares, obligatorias, no competitivas, ordenadas jerárquicamente y funcionalmente diferenciadas, reconocidas o legalizadas por el Estado (cuando no son creadas por este) y a las que se les garantiza un determinado monopolio representativo dentro de sus respectivas categorías, a cambio de practicar ciertos controles en la selección de sus dirigentes y en l articulación de peticiones y ayudas" (Schmitter, 1974: 86) 

El poder está concentrado en las manos de unos pocos. Se crean sistemas bipartidistas que intercambian el momento en que cada uno tiene el máximo poder. Este "acuerdo" trae como consecuencia la eliminación del multipartidismo, cerrándose así cada vez los círculos de poder. 

En el neocorporativismo las decisiones políticas, económicas y culturales son tomadas por las corporaciones existentes. Como ya vimos el sistema implica desigualdad y jerarquía. Sólo aquellos que tienen acceso a las corporaciones son quienes están "autorizados" a decidir sobre los acontecimientos sociales. Pero, ¿cómo y quiénes constituyen las corporaciones? No es bajo un régimen autoritario que éstas aparecen y se desenvuelven, sino paradójicamente bajo el sistema democrático. 

Desde aquellos grupos excluidos del poder político y reunidos en forma independiente en los salones hasta nuestros días, la burguesía ha hecho un rápido ascenso al poder y no sólo ya no es la gran excluida del sistema político gubernamental, sino que es ella misma quien tiene y retiene ese poder, sirviéndose de su gran aliada: la prensa. 

Las organizaciones corporativistas necesitan ser reconocidas, aparecer como portadoras de intereses comunes y como entidades en donde el pueblo se vea representado. Por ello es que para mantenerse en el lugar que ocupan deben manejarse con un sistema en donde el pueblo las reconozca sin cuestionarlas. La democracia ayuda en este proceso ya que ella implica participación de todos los sectores, voz a través del voto y espacios de reclamo y de opinión. Nadie queda afuera, todos están representados. 

El avance tecnológico y los medios de comunicación han invertido, modificado y trastocado algunos elementos que siguen pareciendo pero que ya no son. ¿Qué significa esto? Recordemos que la burguesía comienza a ganar espacios cuando sale del mundo privado al mundo público y comienza a hacer publicidad de sus propios intereses. 

Busca dónde y cómo, y logra sus objetivos. Conoce entonces perfectamente el mecanismo, el camino a seguir para ocupar espacios que no le pertenecían. Así fue entrando, acomodándose y por último adueñándose de puestos que ocupaban otros. 
La democracia permite la participación de todos, esta premisa básica no se puede ni negar ni modificar, por lo tanto hubo que buscar otros caminos alternativos que veladamente no se ajusten a dicha premisa, pero que parezca que sí lo están haciendo. 

El hombre privado en la calle, se convierte en un enemigo en potencia porque buscará sus espacios y poco a poco los irá ganando. ¿Cuál es la forma de engañarlo, de convencerlo de su participación pública, pero de mantenerlo en su casa? En este punto es en donde la tecnología y medios de comunicación se unen y complotan a favor de los grupos dominantes. A través de los medios los hacen su publicidad, ellos son locutores, alocutores, interlocutores y referentes. El ciudadano es el espectador que ve pasar delante de sus ojos (que no ven) los arreglos entre los grupos. 

Corporaciones y Estado

El empresario Francisco Macri es el representante de una de las organizaciones privadas más poderosas del país. Ente las gestiones más conocidas se encuentran la gestión en Fiat Argentina(involucrada en ese período en la entada ilegal al país de automotores); la concesión en la privatización de la Panamericana, ramales Tigre y Escobar (Autopista del Sol) y la adjudicación en la privatización de Correo Argentino. Autopistas del Sol fue financiada por el Estado y las ganancias quedaron en manos privadas. La deuda que dicha concesionaria tiene en manos del Grupo Macri, quedó debiendo al Estado una cuantiosa suma de dinero. Sin embargo el Estado, negociador permanente con estas corporaciones, favorece al Grupo abonándole mediante la firma de un decreto, 30 millones de pesos. El 11 de octubre, 3 días antes de las elecciones nacionales para senadores y diputados, es decir para representantes de la ciudadanía en el Parlamento, el diario Página 12 publica una nota titulada "Cómo hizo el Estado para pagarle a su mayor deudor", en donde se puede leer: "Sorprende de entrada, que un decreto -por añadidura de necesidad y urgencia- que le ordena a la AFIP cancelar deudas con sus proveedores por casi 30 millones de pesos no aclara quiénes han de ser destinatarios de esos pagos. Más aún cuando no cabe el plural porque...dos días después de publicada la norma en el Boletín Oficial, Correo Argentino S.A. -que no es mencionado ni una sola vez en el DNU- [aparece como] el único beneficiario de ese pago". El argumento con el cual el gobierno justifica sus firmas, aparece en la voz del ministro de Desarrollo Social, Juan Pablo Cafiero: " porque Macri no podía pagar los sueldos". Intereses exclusivamente particulares son presentados como intereses de todos. Es el trabajador el perjudicado, por ello se ayuda al Grupo. ¿Cómo contradecir una justa medida como la tomada? El terreno se está preparando. Los que no pertenecen a los grupos de poder quedan fuera de las decisiones. 

El día 25 de octubre de 2001, el diario Clarín publica una nota cuyo título es "Surge una polémica por la propuesta de estatizar las deudas privadas" (Ver al pie), dicha polémica es por un pedido de Francisco Macri: "para las empresas que desde hace décadas estamos luchando por el bienestar del país, hemos venido acumulando todos, en general, una carga muy dura de afrentar, especialmente ocasionada por las altísimas tasas de interés que hemos estado pagando, compitiendo con empresas internacionales que pagan bajísimas tasas. También hemos estado afligidos por la falta de toma de decisiones de varios Gobiernos, que ha agudizado aún más los problemas de cada una de las empresas en casi todos o en todos lo sectores argentinos". La nota hace escuchar las voces "disidentes" de Eduardo Buzzi, presidente de la Federación Agraria quien, sin embargo, aclara: "es distinto el caso de las cooperativas agropecuarias, por ejemplo, que tuvieron que hacerse cargo e las deudas de muchos productores y entonces se vieron obligadas a cumplir el rol que no cumplía el sector financiero. En este caso, por estar en resto . Ese modelo de gestión solidaria, el Estado debería sostenerlas". Otra vez aparece como una cusa justa para el país y para quienes confiaron en él. Ellos luchan por el progreso de la Nación, pero ésta parece no reconocérselos. Publicidad burguesa, dirigida por ellos y para ellos. "En un banco líder, -apunta la nota- en tanto, reconocieron que siguieron el tema con atención". Presupuestos y supuestos qu sólo manejan las organizaciones privadas. El ciudadano común no sabe cuál es ese banco líder. Conversan entre ellos a través de esta aliada que es la prensa. El tema está implantado.

El gobierno da a conocer sus medidas económicas, La Nación publica el resumen de las mismas el día 3 de noviembre de 2001 bajo el siguiente titular "Las mediada apuntan a alentar el pago con tarjetas de débito". Tres de su puntos son: Compensación: a través de la reforma del artículo 823 del Código Civil, se habilita la compensación entre débitos y créditos. A modo de ejemplo, si alguien le debe $ 120 al Estado en impuestos y el Gobierno a su vez le debe $ 100 en materia de reintegros, el particular queda habilitado para pagar sólo la diferencia. La reforma, además estimula el pago con bonos. 

Asociaciones:Las empresas en crisis (grados de riesgo 3 a 6 puntos) podrán asociarse con la AFIP...

Moratoria: Se establece un nuevo plan de facilidades de pago con los impuestos vencidos al 30 de septiembre de 2001 que no hayan sido abonados. Las empresas podrán refinanciar sus pasivos en un período de 24 a 120 meses, con una tasa del 0.7 % como máximo".

La prensa en el medio por el cual se comunica la burguesía. Estado y corporaciones llegaron a un acuerdo, a un negociado que beneficia sólo a ellos. Los otros quedan afuera. Desde el exterior se escucha sin oír y se mira sin ver. El resto están sentado frente a ellos como si estuviera en la butaca de un cine o de un teatro.


Actividad pasiva 

Todo se vuelve espectáculo. El hombre, aislado y encerrado en su casa, vive una realidad virtual. Debord lo explicita claramente: "Del automóvil a la televisión, todos los bienes seleccionados por el sistema espectacular son también las armas que le permiten reforzar de modo constante las condiciones de aislamiento de las "muchedumbres solitaria". La burguesía toma viejas formas de participación y las transforma. La ciudadanía cree participar, pero no lo hace. Todo le llega por medio de la televisión, la radio, la prensa, Internet o telefónicamente. Es cómplice de un sistema que le entrega todo armado y organizado y le pide que opine, intervenga, tome partido, considere, haga oír su voz, plantee su parecer y para eso le "crea" un espacio que mide exactamente igual que su casa, que tiene como abertura no puertas y ventanas, sino la pantalla de un televisor, un visor de computadora, un diario o un teléfono. Todos los elementos de los que se sirve la publicidad burguesa. Pero no sólo salen del lugar de discusión y consenso los ciudadanos comunes, el "salón" parece tener cada vez menos capacidad para acoger a todos los interesados y van quedando los grupos más poderosos. La pugna es despiadada. El círculo se cierra en una minoría alarmante. Todo queda en manos de uno pocos. No admiten la participación de otros. Las decisiones, en plano ejercicio de la democracia, son tomadas arbitraria y autoritariamente por esta poderosa minoría. 

El ciudadano acepta las reglas, "comprendió" que sus intereses son los mismos intereses que tienen las corporaciones, juega el juego impuesto y no reclama si pierde porque está convencido de que siempre gana.

 

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