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Evita: la “santa” entre la escoria y el oro (Parte IV)

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UNA INVESTIGACIÓN NECESARIA
UNA INVESTIGACIÓN NECESARIA

En cuanto al texto en que el autor inventa la pelea entre Perón y Evita, subraya Galasso que “Martínez excede aquí los límites que un creador literario debe imponerse cuando los protagonistas de sus novelas son personajes históricos. La novela histórica, al humanizar a los protagonistas del pasado, los acerca al lector pero sus defectos o virtudes deben fundamentarse en datos ciertos, no en odios personales. Seguramente, el diario ‘La Nación’ provocaría un escándalo si en una biografía de Mitre, éste apareciese pinchándole un ojo a un adolescente, pues si bien Don Bartolo fue responsable de la muerte de miles de gauchos en el interior, la fantasía del novelista no puede adjudicarle un horror de este tipo que, aunque sea ficción, impacta al lector y se graba en su memoria, mezclando la realidad fantasía.

 

Del mismo modo, la crueldad extrema con que pinta a Perón en esta escena, excede lo tolerable en un novelista e ingresa lisa y llanamente en el ‘calumnia, que algo queda’, usados por políticos o intelectuales al servicio del odio antinacional. La verdad histórica nada tiene que ver con esta horrenda anécdota. Perón intentó que Eva completara su fórmula (…) pero ante la reacción adversa de los mandos militares (…) se encuentra obligado a retroceder. Y Evita, por sobre todo, una militante, por sobre todo disciplinadamente vertical a Perón (…) lo aceptó e incluso, si bramó de indignación habrá sido contra los mandos y no contra su esposo. Por otra parte, sólo un desalmado podría usar el argumento del cáncer, en esos momentos, de manera tan inhumana”. 38

Parece que el confundido es Galasso, quien cree que su criticado escribe “novelas impuras”…se cubre Martínez al justificar que “las fuentes sobre las que se basa esta novela son de confianza dudosa, pero sólo en el sentido en que también lo son la realidad y el lenguaje: se han infiltrado en ellas deslices de la memoria y verdades impuras”. 39

Errores, errores y más errores.

 

2. “Los últimos días de Eva” de Nelson Castro 

Otro de los desorientados al considerar como fuente valedera a Julio Alcaraz, es el periodista y médico Nelson Castro. Al priorizar la novela “Santa Evita” confunde lo ficticio con lo real y usa una fuente apócrifa.

De cualquier manera, su trabajo “Los últimos días de Eva. Historia de un engaño”, es muy recomendable para quienes quieran profundizar en el tema.

En este apartado tomaré esa obra y “Los ‘cien días’ de Eva Perón” del médico Jorge Albertelli. Uso los fragmentos principales como para contextualizar la intensa trama.

La idea de una investigación sobre el “caso Evita” surge en 2006, cuando Castro recibe un email de una periodista que le comenta que su madre trabaja como administrativa en el Policlínico Presidente Perón, de Avellaneda, en la época en que el que la Primera Dama es operada. Le comenta que podría entrevistar a la testigo para incorporar al libro “Enfermos de Poder”. Justamente, al presentar ese trabajo en la Feria del Libro, sus colegas Magdalena Ruíz Guiñazú y Joaquín Morales Solá le consultan si no piensa incorporar la enfermedad de Eva Perón. Comenta el autor que recuerda una obra, que lee en su momento, escrita por Jorge Albertelli –la que cito más arriba- en la que relata toda su experiencia como jefe médico del equipo que atiende a la mujer del presidente.

Junto con uno de sus productores comienzan a buscar testimonios. Luego, se ponen en contacto con el Gerente de Noticias de “Canal 13” y “Todo Noticias”, Carlos de Elía, y nace la idea de montar un documental. Para ayudar a Castro se incorporan Ricardo Ravanelly y Cinthya Ottavino.

Siguen investigando y el trabajo queda plasmado en el documental “La muerte secreta de Evita” que “Telenoche”, emite en dos partes - 25 y 26 de julio de 2007-, y en una sola emisión por “Todo Noticias”, el 26.

Finalmente, el libro que contiene el error de tomar como cierto el testimonio inventado del peluquero, sale a la luz en 2007.

Para el presente informe me interesa establecer si Perón sabe de la enfermedad de Evita al 22 de agosto de 1951, a la hora de realizarse el mentado “Cabildo Abierto”. Anticipo que el final es abierto. Depende la ideología del lector.

Recomiendo que se lea o relea el texto completo del diálogo entre la pareja presidencial, tanto en el libro como en la película de Desanzo. Son vitales los giros para establecer la intencionalidad de ambos autores: Martínez y Feinmann. 

Refresco un fragmento de ambos: 

“Santa Evita”

(…) “–Sos un hijo de puta –la oí estallar–. Sos el peor de todos. Yo no quería esa candidatura. Por mí, te la podías meter en el culo. Pero llegué hasta aquí y fue porque vos quisiste. Me trajiste al baile, ¿no? Ahora, bailo. Mañana a primera hora hablo por la radio y acepto. Nadie me va a parar.

Por un instante, hubo silencio (…) Entonces, él habló. Separó las sílabas, una por una, y las dejó caer:

–Tenés cáncer –dijo–. Estás muriéndote de cáncer y eso no tiene remedio.

Nunca voy a olvidar el llanto volcánico que se remontó en la oscuridad en la que yo me

ocultaba. Era un llanto de llamas verdaderas, de pánico, de soledad, de amor perdido.

Evita gritó:

–¡Mierda, mierda! (…)” 

“Eva Perón” 

“P.: Porque vos no podés ser vicepresidente…y no es por los militares, ni por los curas, ni por los oligarcas. Vos sabés porqué. Ya me lo dijiste.

E.: ¿Qué es lo que sé?, ¿qué te dije?

P.: Me dijiste que odiabas tu cuerpo, que sentías que te estaba traicionando, abandonando…que él había conseguido lo que ninguno de tus enemigos había logrado: derrotarte… Bueno… me duele en el alma decírtelo (con ojos nublados y sollozos) …pero tu cuerpo te abandonó…Chinita…te derrotó…

¡Tenés cáncer, carajo! ¡Tenés cáncer!” 

Castro y su equipo buscan evidencias en los testigos para concluir si Perón y Evita saben, desde un principio, de la terrible dolencia. Recurren a varias fuentes, aunque no son coincidentes los testimonios.

El 9 de enero de 1950, Evita concurre a un acto en el salón de actos del Sindicato de Conductores de Taxis. El día caluroso y la multitud la agobian. Se siente muy mal. Al retornar a la residencia, el cirujano Oscar Ivanissevich, ministro de Educación de ese momento, y el doctor Carlos Puig le diagnostican una apendicitis aguda. Al día siguiente, la internan en el “Instituto Argentino del Diagnóstico y Tratamiento”. La opera Ivanissevich y lo asiste Puig. El primero, observa que el apéndice está sano y, por ende, no es el origen de los dolores que la descomponen el día anterior.
Entonces, Ivanissevich “
le realiza una exploración manual del abdomen y de la cavidad pelviana (…) es (…) cuando lo inquieta la ominosa sospecha de un cáncer. Y esa sospecha crece mucho más cuando (…) recuerda que dos años antes había operado a Juana, la madre de Evita, de una afección similar. Nada de esto consta en el primer parte médico que se da a conocer a las dos menos cuarto de la tarde, cuyo texto relata: ‘La esposa del primer mandatario (…) fue sometida a una operación de apendici­tis aguda, sin complicaciones. Su estado general es satisfacto­rio’. Tampoco el segundo parte médico dirá nada de lo ocurrido en la operación” 40

Todo normal. ¿Todo normal? ¿No detecta nada el destacado facultativo? Pareciera que no.

Sin embargo, casi quince años después, comenta al periodista Hugo Gambini en una entrevista para “Primera Plana” que "le pedí que se sometiera a una nueva revisación y, una vez establecido el mal, sugerí una operación de matriz (útero). No quiso saber nada y se puso furiosa conmigo.

-Es la misma operación que le hice a su madre [le comenta Ivanissevich].

-Usted a mí no me toca, porque yo no tengo nada. Lo que pasa es que me quieren eliminar para que no me meta en política. ¡Y no lo van a conseguir! [responde Evita].

- Pero, señora, nadie quiere eliminarla, lo que queremos es salvarla... insistió el médico." 41

Jorge Albertelli en entrevista con Odille Barón Supervielle, para el diario “La Nación”, el 21 de mayo de 1994, comenta:

"Evita había sido operada de apendicitis hacía seis o siete meses por el doctor Oscar Ivanissevich. Éste, al conversar conmigo, me contó que cuando la operó, el apéndice estaba sano y que pensaba que la dolencia podía asentarse en otro lado. Le sugirió entonces a Evita que se hiciera ver por un ginecólogo. Ella rechazó la idea de manera violenta, con un carterazo al doctor Ivanissevich. Al día siguiente, este renunció". 42

Por su parte, la hermana de Ivanissevich, Magda Ivanissevich de D'Ángelo Rodríguez, envía una carta a “La Nación” que publican el 24 de mayo de 1994, en la que aclara que "el 21 del actual, la entrevista que Odille Barón Supervielle mantuvo con el doctor Jorge Albertelli. Hay en ella un párrafo que me exige (…) que desvirtúe cierta afirmación. 'Dice allí el doctor Albertelli: 'Evita había sido operada de apendicitis hacía seis o siete meses por el doctor Ivanissevich. Éste, al conversar conmigo, me contó que el apéndice estaba sano y que pensaba que la dolencia podía estar en otro lado. Le sugirió, entonces, a Evita que se hiciera ver por un ginecólogo’. Tal como está redactado el párrafo, aparece el doctor Ivanissevich como incapaz de diagnosticar la enfermedad y el lugar de ubicación del mal que sufría la ya famosa y joven enferma. La verdad es muy distinta. Cuando después de la operación de apendicitis volvieron los dolores, el doctor Ivanissevich le dijo a Evita:

'Señora lo que usted tiene es idéntico a lo que tuvo su señora mamá, que yo operé, estando hoy perfectamente sana, como usted sabe. (La señora Duarte murió varios años después que Evita). Lo suyo no es por ahora grave, pero si usted no se opera llegaría a serlo’. Ante el enojo de Evita, habló mi hermano con el general Perón, estando Juan Duarte presente y les dijo: 'Si la enferma no se opera, se irá consumiendo como una velita' (textualmente). Agregaré que, cuando el doctor Pack vino de los Estados Unidos a operar a Evita, visitó en primer lugar al doctor Ivanissevich -su amigo-, quien le detalló punto por punto qué encontraría al abrir el abdomen, cosa que el doctor Pack comprobó exactamente y así se lo hizo saber al doctor Ivanissevich, felicitándolo. Fallecida ya Evita, fue mi hermano a presentar sus condolencias al general Perón y éste le dijo:

Usted tenía razón, Iván. Pero ¿qué podíamos hacer? Es absurdo, por lo tanto que se quiera insinuar la ignorancia de un profesional que salvó muchas vidas y que ha honrado al país con su intachable personalidad y su internacional prestigio médico. Y todo lo que aquí cuento me consta por habérselo oído decir a mi hermano más de una vez. Como única sobreviviente del tronco familiar y próxima al viaje sin retorno, defiendo un nombre ilustre y, sobre todo, la verdad”. 43

En el texto no aparece la palabra “cáncer”.

El 23 de julio de 2000, (no en 2003, como figura en el trabajo de Castro) en entrevista con Ana D’Onofrio, comenta el médico Abel Canónico: "Ivanissevich contó que cuando le sacó el apéndice (a Evita) tocó algo raro en el útero. Pero nadie se atrevió a aprovechar ese momento para poner un espéculo vaginal y hacer un análisis. Ivanissevich sólo refirió lo que había notado al grupo de médicos que lo rodeaba”. 44

No menciona el cáncer.

Además de la obra de Castro, es prioritario el escrito de Jorge Albertelli, quien relata con lujo de detalles su experiencia en los “cien días de Eva Perón”. Agrega “me tocó vivir ese lapso bajo el mismo techo y contemplar la frustración médica, la impotencia material. Se hizo todo lo posible y también todo lo imposible. 45

El 21 de septiembre de 1951, el doctor Méndez San Martín, ministro de Educación, lo llama por teléfono y le solicita verlo en persona. A la 15 está en su casa, lo saluda y le informa que “la señora del Presidente está enferma gravemente, necesitamos su ayuda (…) mayores datos le daremos con el doctor Raúl Mendé (Ministro de Asuntos Técnicos) quien tiene en su poder el resultado de la biopsia efectuada a la señora Eva”. 46

Al llegar a la Casa Rosada lo recibe Mendé y le expresa “Doctor, lo que vamos a confiarle es en categoría de ‘secreto de estado’; comprenderá la obviedad de silencio obligatorio que adquiere como ciudadano argentino. Necesito su palabra de honor al respecto”.47

Le entrega “un papel plegado y dijo [que se] lo han entregado a mediodía. Era el protocolo de un informe de biopsia de cuello uterino a nombre supuesto, pero que correspondía a la persona de quien habíamos hablado con el Doctor Méndez. Desplegué el papel y sufrí un impacto emocional. Decía casi textualmente: Membrete: Instituto Argentino de Diagnóstico y Tratamiento; Firma: J. C. Lascano González (distinguido patólogo, bien conocido por mí). Epitelioma espino-celular con acentuada inflamación del estroma. Se observan células con activas mitosis y en los vasos del tumor múltiples embolias de células neoplásicas. Médico remitente: Doctor Humberto Dionisi, (a quien yo conocía, profesor titular de Ginecología de la Universidad de Córdoba, muy prestigioso, que gozaba de excelente concepto en el ambiente médico, tanto en su provincia como acá, en la Capital).

Impuesto del contenido, en medio del silencio de mis interlocutores y tras meditar un corto rato dije ‘Por la lectura del informe aprecio la gravedad del caso que me presentan; dirán en qué puedo serles útil’. Tomó la palabra el Doctor Mendé: ‘Sucede lo siguiente; el Doctor Dionisi, que ya está en conocimiento de este documento, ha manifestado la imposibilidad de hacerse cargo de la paciente, dada la lejanía de su sitio de residencia y de las múltiples tareas que actualmente está desempeñando. Reitera que está dispuesto a colaborar en todo lo necesario, pero cree que su tarea no sería cumplida a la altura de las circunstancias. Solicitó que otro ginecólogo se hiciera responsable, quedando él en carácter de consultor. Por lo tanto, Doctor Albertelli, conociendo ambos sus condiciones profesionales y personales le solicitamos quiera sustituir a su colega en la que entendemos será dificilísima tarea. El Doctor Dionisi, al cual le hemos hecho mención de su nombre, ha dado su aval, reiterándonos los buenos concep­tos que tenemos de usted’.Después de pensar un momento contesté: ‘Acepto esta difícil misión porque creo que como médico, estoy obligado a ello, no habiendo razones valederas en contra. Eso sí, deseo tener una entrevista con el Doctor Dionisi y si es posible, un examen conjunto de la enferma para estar de acuerdo en la valoración del caso y el camino a seguir desde el punto de vista técnico, compartiendo responsabilidades’. Fue aceptada mi solicitud. Intervino Méndez San Martín, diciendo ‘Estamos de acuerdo. Hablaré con el Doctor Dionisi, que todavía está en Buenos Aires, para concertar la consulta, pero desearía que hoy mismo visite a la Señora; está algo ansiosa por resolver su problema. De manera que hablaré a la Residencia para saber si nos puede recibir esta tarde, así también podrá usted apreciar los elementos que ya están instalados allí y determinar si algo puede o debe ser agregado’. Los tres conversamos un rato más.

o les oculté que mi impresión, aún sin examinar a la paciente, era el de un cuadro particularmente grave, que sería o no corroborado por la inspección clínica. ¿En qué fundaba mi pesimismo tan prematuramente? La juventud por un lado, y la presencia de mitosis abundantes (células muy activas), pero sobre todo las múltiples embolias intravasculares de células neoplásicas, presagiaban a no muy largo plazo tormentas de consecuencias imprevisibles. Obtenida la "luz verde" de la Residencia y quedando Mendé en su despacho, Méndez San Martín me acompañó, a fin de ponerme en contacto con mi futura paciente”. 48

En cuanto a la primera consulta informa Albertelli que “era la hora tercia del día 22. Nos encontramos con el Doctor Dionisi en la Residencia (…) Conversamos sobre el caso médico que nos reunía. En breves palabras me transmitió su impresión y vimos algunos protocolos de análisis clínicos que ya se habían hecho. En el ínterin llegó el Doctor Roberto Goyenechea, distinguido anestesista a quien yo había convocado (…) Una vez reunidos, saludamos a la paciente. Ya bajo efecto de anestesia total, el Doctor Dionisi y yo hicimos un prolijo y exhaustivo examen ginecológico.

a finalizado y vuelta a su lecho la enferma, quedamos los tres médicos a solas. Un breve silencio pensativo, reflexivo. Mi mente repasaba aceleradamente toda mi experiencia sobre el tema en cuestión. Terminados de higienizarnos, pasamos a un saloncito contiguo, nos sentamos y distendimos nuestros físicos y espíritus (…) La consulta que hicimos, a mi pedido, en ese momento, fue por la cuarta razón, no negándoles que el aporte que podía hacer el Doctor Dionisi era también médicamente valioso y bien recibido. La experiencia nos decía que, en general, las consultas de intercambio médico, eran más bien actos algo misteriosos para el entorno, que siempre espera revelaciones sensacionales o panaceas milagrosas. En el conciliábulo se hablaba mucho del enfermo y algo de banalidades, cuidando, al referir la opinión médica a los familiares, de no desautorizar al médico de cabecera, salvo circunstancias fuera de lo común.

- Y, ¿qué le parece, Doctor Albertelli? -

Ya bien maduradas mis ideas, contesté:

- Coincido en un todo con lo expuesto anteriormente por usted. El diagnóstico de enfermedad no ofrece ninguna duda, ya por el examen clínico como por la biopsia, que es concluyente. En cuanto al estadio evolutivo considero que es un cáncer endofítico de cuello uterino, grado III con compromiso parcial del parametrio izquierdo y bóveda vaginal del mismo lado. En la biopsia se detectaron numerosos émbolos neoplásicos.

Y siguió el diálogo, aumentado el número de interlocutores por los Doctores Méndez San Martín y Mendé.

- Bien, doctor, me alegra que estemos en un todo de acuerdo. ¿Qué piensa usted en lo referente al tratamiento?”. 49

Conversan sobre qué le conviene a la paciente y esperan a Perón para comunicarle el resultado de la consulta.

Albertelli relata que llega el Presidente, saluda y expresa “estoy en conocimiento de que se ha realizado un examen a mi mujer. Comprenderán que estoy ansioso por conocer el resultado del mismo y cuáles son las conclusiones a que arribaron”. 50

Continúa el dramático encuentro con el primer mandatario: “El primero en tomar la palabra fue Méndez: ‘General, quiero presentarle al Doctor Albertelli, a quien usted no conoce. Los aquí presentes le hemos pedido que sea el portavoz de nuestro veredicto. Le dejo, pues, la palabra’.

Tomé la palabra: ‘Lamento mucho ser el vocero de noticias que le han de resultar penosas pero me veo obligado a decirle la descarnada verdad, que usted debe conocer en su carácter de esposo y Jefe de Estado, en lo referente a la salud de una persona trascendente para el país. Reflexioné un minuto antes de proseguir. El caso de su señora esposa es sumamente serio, tanto por el carácter de la enfermedad en sí, como por los factores concurrentes que lo agravan respecto del pronóstico a no largo plazo. Su mujer padece un cáncer cuyo punto de partida está en el cuello del útero, tumor maligno relativamente frecuente, habitualmente agresivo, de difícil curación con los medios que tenemos hoy en día en las manos. Cuando el diagnóstico se hace temprano existe un porcentaje de curaciones. No es este el caso. La propagación del proceso es importante, lo que retacea las posibilidades favorables. La variedad de células malignas que presenta es desfavorable por el gran número de divisiones celulares, como se puede determinar en la biopsia; indican una actividad intensa en su crecimiento, que es condición negativa. La presencia de células malignas en la luz de las venas hace presumir que en un futuro no lejano se produzcan metástasis; de lo cual no hay evidencias por el momento. Por último, es sabido que la virulencia del tumor es tanto mayor cuanto menor es la edad. Su señora es muy joven. Este es el lamentable cuadro que se presenta ante nuestros ojos. No obstante, no creemos todo perdido y la obligación es no bajar los brazos y luchar.

Por lo tanto, hemos discutido y preparado un plan de tratamiento que no es otra cosa que utilizar los conceptos clásicos universalmente admitidos y que consisten en inmediata aplicación de radium para detener el crecimiento del tumor, lapso conveniente para que los tejidos se repongan de modo de soportar un acto quirúrgico calculado en aproximadamente cuarenta días, intervención quirúrgica y ulteriormente completar con Rx, esta vez externos. Si usted lo aprueba, deseamos no perder tiempo para iniciar este plan.

La cara del general trasuntaba su estado de ánimo. No interrumpió mi exposición en ningún momento. Su tristeza era evidente; hasta me pareció entrever una lágrima furtiva. Un manto de plomo nos abrumaba a todos los presentes y las palabras no salían de la boca. El fardo más pesado me había tocado a mí y si hablé como hablé, duramente, creí hacer lo mejor para no alimentar falsas esperanzas. Un silencio más bien prolongado.

Lo interrumpió el General: ‘Lo que acabo de conocer, si bien lo intuía, me ha afectado profundamente. Quiero que sepan que Eva representa algo muy grande como esposa, como compañera, como amiga, como consejera y como punto de apoyo leal en la lucha en la cual estoy empeñado. No puedo juzgar la parte médica; confío en ustedes y apruebo lo que aconsejen, así que procedan. Deseo ardientemente que la suerte no sea esquiva y nos ayude.

Un nuevo silencio.

Perón: ‘Les ruego que me disculpen; deseo retirarme y meditar un poco. Les agradezco de antemano todo lo que puedan hacer’.

Nos saludó estrechándonos la mano a Dionisi y a mí. Y se fue”. 51

(Continuará)

 

Néstor Genta

 

 

36. 37. Galasso Norberto. Yo fui el confesor de Eva Perón (Padre Hernán Benítez). Homo Sapiens Ediciones. Rosario. 1999. p.55.

38. Galasso Norberto. Verdades y mentiras acerca de Perón y Eva Perón. Una polémica abierta. Ediciones Ayacucho. Buenos Aires. 1996. p. 31/2.

39. Martínez Tomás Eloy. Op.Cit.p. 143.

40. Castro Nelson. Los últimos días de Eva Perón. Historia de un engaño. Vergara.Buenpos Aires. 2007. p. 29.

41. Ibid. p. 31.

42. Ibid. pp. 206/7.

43. Ibid. 209/210

44. Ibid. p.32.

45. Albertelli Jorge. Op. Cit. p.12.

46. Albertelli Jorge. Op. Cit. p.13.

47. Albertelli Jorge. Op. Cit. p.15.

48. Albertelli Jorge. Op. Cit. pp.16/7.

49. Albertelli Jorge. Op. Cit. pp.29/30.

50. Albertelli Jorge. Op. Cit. p.31.

51. Albertelli Jorge. Op. Cit. p.31/3.

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Armin Vans
 
 

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  1. Concierpo con sergio. igual hay historia novelada buena como la de Orgambide. Creo que el autor del doosier como el dice qiere reflejar eso. aunque hay historadores que seria me jor que escriban novelas. me parece a mi que Genta logra desenmarscarar con envergadura a los vivos que quieren gabar guita con los antis y usando ideologicamente a evita,

  2. Estimado Milón, creo que usted está subestimando su importancia como testigo aunque sea indirecto. Cuando leí su aporte y opinión no pude dejar de leer el resto de los comentarios. Las súplicas de D y Daniel Padrón son elocuentes para incentivarlo a usted a tomar consciencia de la importancia de su testimonio para el futuro de la historia veraz en este país. Le sugiero encarecidamente que deje testimonio escrito de lo que usted ha sido confidente para que en el futuro, si quiere después de su paso a mejor vida por si teme algun riesgo debido a su conocimiento, esos testimonios contundentes queden para la posteridad Tenga usted un feliz 2011 en todos los planos.

  3. eva duarte odiaba al que tenia una vida buena, por capacidad a los cabecitas les tomaba el pelo todo su amor por elos fue falzo le gustaba el lujo y fue ambisiosa.a los cien dia de tomar el gobierno los nazis eva se compro 60 mil pesos en joyas y termino con joyas de 50 mil kilates en venta en estos momentos en 2.400.000 dolares ni la reyna de españat tenia tanto, a la gilada la arreglaba con una sidra y un pan dulce por año o una maquin d e cocer siempre usaron a los idiotas utiles tenian la alianza nacionalista que manejaba patricio kelly para persegir al opocitor en la decada del 70 usaban las tres A

  4. entraron y jackearon la pagina o algo asi Evita: la “santa” entre la escoria y el oro (Parte I / IV) UNA INVESTIGACIÓN NECESARIA “La tarea de decir la verdad es un trabajo sin fin: respetarla en su complejidad es una obligación de la que no puede zafarse ningún poder salvo imponiendo el silencio de la servidumbre”. Michel Foucault A Germán Abdala (1955-1993). Ejemplo de sindicalista y diputado inclaudicable. El peronismo: la “molesta” revolución social inconclusa del país burgués El peronismo ingresa en la historia Argentina moderna como una explosión revolucionaria que da a los desposeídos mejoras impensadas para la época. La intolerante y soberbia clase dominante no lo perdona ni lo perdonará: los derechos básicos al trabajador, a la familia, a los niños, a la ancianidad, a la educación y a la cultura, son hitos inolvidables para los beneficiarios. Reconoce la investigadora Susana Rosano que “bajo los principios de un Estado que actuaba como una especie de regulador de la riqueza, director de la política y armonizador social, el (…) peronismo significó que por primera vez en la historia del país se otorgaba, y con estatuto legal, no sólo importantes reivindicaciones a los trabajadores sino la ‘dignidad’ como seres humanos de la que habían sido privados por los anteriores gobiernos, para quienes no eran más que ‘los cabecitas negras’” dejando en ellos la impronta de que la conciliación de clases es posible”. 1 En la misma línea de ideas amplía, con precisión de neurocirujano, el historiador Claudio Ponce: “El contexto social y económico de los primeros años de la década del ‘40 mostraba un vacío en la conducción de las masas obreras. Esta vacuidad, sumada al desarrollo impulsado por un proceso de sustitución de importaciones obligado por el marco internacional imperante, contribuyó a la posibilidad de que una personalidad ajena a la clase obrera se convirtiera en el intérprete de sus relegadas aspiraciones. La simbiosis que se produjo en el hecho fundacional del movimiento peronista, marcó una suerte de síntesis entre actores sociales tradicionalmente enfrentados por su condición de clase. La pertenencia del coronel Perón al ejército lo ubicaba muy alejado de las vivencias del proletariado. Sin embargo, el acercamiento que estrechó su vínculo con los sindicatos durante los tiempos de su gestión en el gobierno de facto, le permitió ‘percibir’ el momento apropiado para ‘colarse’ en la espontaneidad de la clase obrera, desligarse de su tradición militar y mimetizarse con las pretensiones de los trabajadores (…) Las raíces del movimiento peronista están entrelazadas con el devenir de una lucha social que pugnó por transformar una Argentina que separaba y diferenciaba a los colectivos populares de las minorías privilegiadas y únicas con derecho a la dignidad. Esta confrontación de clases, que mostraba los abusos y la explotación del grupo dominante sobre los trabajadores, generó la movilización popular de octubre [17] que puso punto final a una ‘deferencia proletaria’ que expresaba la indefensa sumisión a los intereses particulares de la plutocracia argentina(…) El movimiento (…) conllevaba en su seno las mismas contradicciones que padecía el país, un componente herético y revolucionario que expresaba los deseos de una clase excluida y un aparato conservador que promovía la posible armonía entre los intereses enfrentados; Perón se convertía en ‘el punto’ que equilibraba la balanza”. 2 A pasar de lo enunciado al comienzo de este informe o justamente por esas notables mejoras elementales para los “cabecitas negras”, “los grasas”, y para los trabajadores en general, ese amplio frente nacional de 1945 es desmembrado una década después. Eva Duarte está muerta. Sólo la clase trabajadora, algunos serviles burócratas, ciertos intelectuales y algún sector militar bancan al líder que cae en desgracia. El 16 de setiembre de 1955, un entente cívico-militar aprovecha esa anemia volitiva y se lanzan contra la democracia. Una semana después, jura como “presidente” el general Eduardo Lonardi. Los obreros manifiestan su descontento y son brutalmente reprimidos. El secretario general de la CGT, Hugo Di Pietro, trona que “cada trabajador luchará con las armas en la mano y con aquellos medios que estén a su alcance”. 3 El “dictablando” que gobierna en forma ilegal intenta una conciliación, que el “dictaduro” Isaac Francisco Rojas y sus seguidores no toleran. No quieren que el cuerpo peronista recupere glóbulos rojos y se fortalezca. El almirante es el héroe del sector que odia al “monstruo”. Pasarán a la historia como “gorilas”, mote que –se cree- obedece a un estribillo difundido por un programa radial humorístico de la época que ante cualquier situación conspirativa, emite un canto que precisa “deben ser los gorilas, deben ser, que andan por allí”. Pero el rencor que los une no alcanza para gobernar o desgobernar en conjunto. Se superponen los egos, las ambiciones. Las luchas intestinas hacen que se dividan y volteen a Lonardi. Tan es así, que el 13 de noviembre asume como presidente provisional de facto el general Pedro Eugenio Aramburu, su vice es Rojas. Muchos años después, el presidente de la “Comisión de Homenaje Permanente al Almirante Isaac Francisco Rojas” contralmirante (RE) Carlos Alberto Sánchez Sañudo considera que la primera decisión de su admirado “trascendental e histórica fue asumir el mando de la Marina de Guerra en Operaciones para derrocar a un moderno Estado Policial, montado y perfeccionado como ‘sus’ modelos europeos, el fascismo italiano y el nazismo alemán. Y en verdad la Revolución Libertadora fue la primera que logró triunfar ante un régimen policial moderno, realizada exclusivamente por las fuerzas civiles y militares del país, cuyo propósito primario era derrocar a un régimen tiránico y corrupto. En Europa -tal vez no lo recuerde la juventud- los regímenes similares debieron ser derrocados por los ejércitos invasores”. 4 Agrega Horacio A. García Belsunce en su “Homenaje a la Revolución Libertadora de 1955 en su centenario” que “sólo puede hablarse de verdadera revolución cuando nos referimos a la Revolución de Mayo de 1810, que dio la independencia a la patria, a la del 3 de febrero de 1852, triunfante en Caseros, que puso fin a la tiranía de Rosas (…) y (…) a la Revolución Libertadora del 16 de setiembre de 1955 que depuso la dictadura y derogó la Constitución de 1949, que ,como tal, era la base institucional del régimen peronista, lo que justifica en derecho y en los hechos que la Revolución Libertadora del ’55 ha sido la única y verdadera revolución del siglo XX”. 5 Además, considera que entre los hechos que “alteraron el lugar ocupado por las Fuerzas Armadas” está “el desagrado por la abierta relación que mantenía con su amante, la actriz Eva Duarte”. 6 La venganza toma fuerza, sangre y vidas. En lo físico no debe quedar un ladrillo que sea peronista. No se salva ni el Palacio Unzué - residencia presidencial entre 1946 y 1955- que es demolido. También se ocupan de lo simbólico, de la memoria. Los destructores no son semiólogos, pero saben que lo físico y lo simbólico están unidos como las caras de una moneda. A propósito de signos y significaciones, me detuve en una foto del el 24 de abril de 1952, que registra el encuentro de Evita, en el Palacio Unzué, con varias personalidades. Se la nota muy demacrada, frágil, delgada, ojerosa; se aproxima el final. La cámara registra con magistral fidelidad y crudeza el momento, el segundo. La gente que la rodea expresa su sentimiento en los rasgos faciales. La comisura de los labios hacia abajo denota tristeza y dolor ante “esa mujer” que no supera los treinta y ocho kilos. Solo un visitante presenta una mueca diferente: una tenue y casi imperceptible sonrisa. Su cargo, nombre y apellido: capitán de navío Isaac Rojas. Como sostiene el psicoterapeuta del “Grupo de Palo Alto”, Paul Watzlawick: ¡es imposible no comunicar! Pero los odios no son nuevos, ni propiedad de los que derrotan a Perón. En otro momento histórico, al intendente de Buenos Aires Adolfo Bullrich, se le ocurre dinamitar la casona del “primer tirano” de la historia oficial, que desde su derrota se usa de diversas maneras. La publicación “El Nacional” titula el 1 de febrero de 1899: “La casa abominada”. Precisa que la “solemne demolición tiende a perseguir dos objetivos: fijar el criterio histórico respecto a Rosas y dar al pueblo una lección moral y política. 7 Un día después, dice “La Prensa”: “Se ha querido hacer coincidir la desaparición total de la vieja casa de Rosas, en Palermo, con la fecha 3 de febrero, que marca el final de esa época histórica conocida con el nombre del tirano caído en Caseros (…) el espacio ocupado hasta ayer por el antiguo caserón, servirá para ensanche y embellecimiento de Palermo”. 8 Por esos años, ya existe un periodismo subjetivo y dependiente. El 25 de mayo de 1899, sobre el predio de la ex casona se inaugura un monumento dedicado a Domingo Faustino Sarmiento, otrora enemigo del dueño del solar. 9 Hoy, también la ciudad -como construcción humana histórica- se puede leer como discurso, como texto. La ciudad comunica y opera desde lo físico-simbólico. Presenta pujas de espacio y de poder. Operación masacre: eliminar a Perón y Evita Tan importante, tanta fuerza tiene el peronismo que los golpistas septembrinos deciden descabezarlo. En lo físico, no pueden debilitar el accionar de la Primera Dama en pro de los necesitados. Sólo una patología cruel logra derrotarla. Luego, es embalsamada por el doctor Pedro Ara y los “valientes” militares que detentan el poder le temen al cadáver de “esa mujer”. Es un cuerpo muerto en lo físico, pero de gran vitalidad en lo simbólico que puede convertirse en bandera de los derrocados. Optan por secuestrarla, desaparecerla. En el caso de Perón, la masacre cívico-militar del 16 de junio de 1955 no lo alcanza. Las dos primeras bombas, de cien kilos cada una, son arrojadas por el capitán de fragata Néstor Noriega, desde un Beechcraft. Una pega en el centro de la Casa Rosada y la otra, en el Ministerio de Hacienda. Se abre el score: mueren dos ordenanzas; subversivos: 2 vs. Inocentes: 0. Luego, los aviones asesinos caen sobre la Plaza de Mayo y zonas aledañas. Por buena suerte, la mitad de las bombas no explotan. Pero el ensañamiento es tan feroz que no sólo sueltan bombas, sino que ametrallan a mansalva. Es fácil disparar sobre los inocentes que circulan indefensos por la zona. Aún no se inventa el eufemismo “daño colateral”. Las bombas de los insurrectos “sólo” asesinan, prima facie, según Rojas, a unas 156 personas y además dejan 900 heridos. El viernes 17 de junio de 1955, “Clarín” ubica un suelto en primera plana que dice sin titubeos: “Monstruoso e inhumano”. Si bien su creador, Roberto Noble, expone algún que otro guiño al peronismo, ya pueden leerse “huellas” camaleónicas, subjetivas, acomodaticias y dependientes del medio de comunicación. Hay arena y cal. Un bife y un abrazo. Si, no, ni y so. Por ejemplo, decide quitar el rojo al título del diario ante la muerte de Eva Perón. Como homenaje, como gesto de luto, la palabra “Clarín” vira a negro. Acorde a su “independencia periodística”, dos días después de la asunción de Lonardi, golpe y sangre mediante, destaca el diario cuyo lema es “un toque de atención para la solución de los problemas argentinos”: “es hora de suspender beligerancias partidistas. Hay que colaborar y auspiciar la gestión del nuevo gobierno. Se trata de afianzar los magníficos principios de la libertad y democracia que acaban de ser restablecidos después de una década de desuso y tergiversación”. El tañido acomodaticio gatea y da sus primeros pasos y evolucionará al “Clarín” actual, que llega a una perfección casi total con Todo Noticias”, canal autoproclamado: “periodismo independiente”. Grosso modo, los pasos de la caída del “segundo tirano” son los siguientes: Perón intenta una pacificación; la oposición rechaza esa política de paz; el Presidente cambia la actitud y los ataca; el 16 de setiembre estalla un nuevo golpe encabezado por el general Lonardi; tres días después, Perón plantea su renuncia para concertar un acuerdo sin sangre; la Junta de generales la acepta; “el segundo tirano oficial” se asila en la embajada del Paraguay el 21 de setiembre de 1955 y pasa a ser “tirano prófugo”. Los errores y algunos excesos cometidos durante el peronismo serán nimios con lo que se viene. Cae el presidente democrático – “dictador”, “totalitario”, “tirano”, “fascista”, “nazi”, y “populista” dependiendo de la caracterización peyorativa de la corriente historiográfica que lo califique - y debe refugiarse en la cañonera “Paraguay” para iniciar el exilio. Rojas presiona para matarlo, pero otro militar de peso argumenta que es mejor mantenerlo vivo, pues esa vitalidad los mantiene unidos. Además, no quieren crear un mártir: lo físico va unido con lo simbólico. Los gestores de “la Revolución Libertadora del ’55” que según Belsunce “ha sido la única y verdadera revolución del siglo XX” lanzan un volante “pacificador” que predica: “La Revolución Libertadora es un hecho histórico que puso fin a la larga noche de la tiranía. Ni perdón, ni olvido contra el tirano y sus secuaces. Recuerde lo que dijera el General José María Paz en sus ‘Memorias’: ”. El 5 de marzo de 1956, emiten el decreto número 4161: <<(…) por el cual se disuelve el Partido Peronista en sus dos ramas [el Partido Peronista Masculino y el Partido Peronista Femenino], en virtud de su desempeño y su vocación liberticida, y Considerando: Que en su existencia política el Partido Peronista (…) se valió de una intensa propaganda destinada a engañar la conciencia ciudadana, para lo cual creó imágenes, símbolos, signos y expresiones significativas, doctrinas, artículos y obras artísticas. Que dichos objetos, que tuvieron por fin la difusión de una doctrina y una posición política que ofende el sentimiento democrático del pueblo argentino, constituyen para éste una afrenta que es imprescindible borrar, porque recuerdan una época de escarnio y de dolor para la población del país y su utilización es motivo de perturbación de la paz interna de la nación y una rémora para la consolidación de la armonía entre los argentinos. Que en el campo internacional también afecta el prestigio de nuestro país, porque esas doctrinas y denominaciones simbólicas adoptadas por el régimen depuesto, tuvieron el triste mérito de convertirse en sinónimo de las doctrinas y denominaciones similares utilizadas por grandes dictaduras de este siglo, que el régimen depuesto consiguió parangonar. Que tales fundamentos hacen indispensable la radical supresión de esos instrumentos o de otros análogos, y esas mismas razones imponen también la prohibición de su uso al ámbito de las marcas y denominaciones comerciales, donde también fueron registradas con fines publicitarios, y donde su conservación no se justifica, atento al amplio campo que la fantasía brinda para la elección de insignias mercantiles. Por ello, el presidente provisional de la Nación Argentina [general Pedro Eugenio Aramburu], en ejercicio del Poder Legislativo, decreta con fuerza de ley: Art. 1º Queda prohibida en todo el territorio de la nación: a) La utilización, con fines de afirmación ideológica peronista, efectuada públicamente, o la propaganda peronista, por cualquier persona, ya se trate de individuos aislados o grupos de individuos, asociaciones, sindicatos, partidos políticos, sociedades, personas jurídicas públicas o privadas de las imágenes, símbolos, signos, expresiones significativas, doctrinas, artículos y obras artísticas, que pretendan tal carácter, o pudieran ser tenidas por alguien como tales, pertenecientes o empleados por los individuos representativos u organismos del peronismo. Se considerará especialmente violatoria de esta disposición la utilización de la fotografía, retrato o escultura de los funcionarios peronistas o sus parientes, el escudo y la bandera peronista, el nombre propio del presidente depuesto, el de sus parientes, las expresiones “peronismo”, “peronista”, “ justicialismo”, “justicialista”, “tercera posición”, la abreviatura P, las fechas exaltadas por el régimen depuesto, las composiciones musicales “Marcha de los muchachos peronistas” y “Evita capitana”, o fragmentos de las mismas, y los discursos del presidente depuesto o su esposa, o fragmentos de los mismos. b) La utilización, por las personas y con los fines establecidos en el inciso anterior, de las imágenes, símbolos, signos, expresiones significativas, doctrina, artículos y obras artísticas que pretendan tal carácter, o pudieran ser tenidas por alguien como tales, creados o por crearse, que de alguna manera cupieran ser referidos a los individuos representativos, organismos o ideología del peronismo. c) La reproducción por las personas y con los fines establecidos en el inciso a), mediante cualquier procedimiento, de las imágenes, símbolos y demás objetos señalados en los dos incisos anteriores. Art. 2º Las disposiciones del presente decreto-ley se declaran de orden público, y en consecuencia no podrá alegrarse contra ellas la existencia de derechos adquiridos. Caducan las marcas de industria, comercio y agricultura, y las denominaciones comerciales o anexas, que consistan en las imágenes, símbolos y demás objetos señalados en los incisos a) y b) del Artículo 1º. Los Ministerios respectivos dispondrán las medidas conducentes a la cancelación de tales registros. Art. 3º El que infrinja el presente decreto-ley será penado: a) Con prisión de treinta días a seis años, y multa de m$n 500,- a m$n 1.000.000,-. b) Además, con inhabilitación absoluta por doble tiempo del de la condena para desempeñarse como funcionario público o dirigente político o gremial; c) Además, con clausura por quince días, y en caso de reincidencia, con clausura definitiva, cuando se trate de empresas comerciales. Cuando la infracción sea imputable a una persona colectiva, la condena podrá llevar como pena accesoria la disolución. Art. 4º Las sanciones del presente decreto-ley serán refrendadas por el Excelentísimo señor Vicepresidente Provisional de la Nación [el almirante Isaac Rojas] y por todos los señores ministros secretarios de Estado en acuerdo general. Art. 5º Comuníquese, dése a la Dirección General del Registro Nacional, y archívese>>. Este decreto conjuga un ataque feroz a lo físico y a lo simbólico del peronismo. Se lo quiere borrar de la faz de la tierra y, si se puede, de sus alrededores. Como refiere la historiadora española Marysa Navarro “si bien la erradicación del peronismo se intensificó sobremanera a partir del momento en que asumió la presidencia Aramburu, la violenta destrucción de los símbolos peronistas había comenzado ya en setiembre de 1955 (…) se destruyeron estatuas, fotos e insignias partidarias, se hicieron enormes fogatas con libros, folletos y documentos peronistas, con sábanas, mantas y muebles de la Fundación Eva Perón porque tenían el escudo de la institución. Sus depósitos fueron saqueados (…) La sede de la Fundación (…) tenía en su frente un número de estatuas que fueron removidas y hechas añicos. El afán por borrar todo vestigio de peronismo llegó a tal extremo que la casa que poseía Evita fue destruida (….) y hasta el hermoso Palacio Unzué en el que vivieron Perón y Evita —residencia oficial de los presidentes argentinos - fue arrasado. Por otra parte (…) la prensa (…) se lanzó a una orgía de denuncias sobre los negociados de funcionarios peronistas y los tesoros acumulados por Perón (…) Esta campaña de prensa, junto con la publicación de numerosos artículos sobre ‘la vida secreta de Juan Perón y Eva Perón’ [el documental “La muerte secreta de Evita”, de 2007, que lanza “TN” y “Canal 13”, juega con la palabra “secreto”. El “secreto” vende. Causalmente, se lanza al cumplirse los 55 años de la muerte de Eva Perón. Otro “secreto”: el 10 de septiembre de 1981, la revista "Gente y la actualidad", publica en su tapa una fotografía de Ricardo Balbín cuando se encuentra internado en la sala de terapia intensiva de la Clínica Ipensa de la Ciudad de La Plata. Es un “secreto” entendible de la familia guardar la imagen del líder radical en un estado lamentable. En el caso del presidente Néstor Kirchner se juega con el “secreto” del cajón. ¿Está dentro o no? ¿Es ético escudarse en la libertad de prensa, provocar dolor y sufrimiento en los deudos?, ¿Hay límites?] y el reguero de decretos, intervenciones, exposiciones e investigaciones, tenía el propósito de justificar la existencia de la Revolución Libertadora en toda su militancia antiperonista, por los crímenes, arbitrariedades y excesos de lo que se dio en llamar ‘el régimen depuesto’ y al mismo tiempo demostrar a los partidarios de Perón que habían vivido ciegos y engañados durante diez años. En esta época, apareció por primera vez en la Argentina una serie de obras sobre Evita, algunas de las cuales habían sido publicadas con anterioridad en el exterior: en los Estados Unidos, ‘La mujer del látigo’, de Mary Main, bajo el seudónimo de María Flores, y ‘Bloody Precedent’, de Fleur Cowles, y en el Uruguay, ‘El mito de Eva Duarte’, de Américo Ghioldi. En la Argentina, la lista incluye: ‘Eva Perón. Su verdadera vida’, de Benigno Acossano; ‘Eva, la predestinada. Alucinante historia de éxitos y frustraciones’, de Román J. Lombille; ‘Esa noche de Perón’, de Ricardo Boizard; ‘¿Qué es esto?’, de Ezequiel Martínez Estrada, y ‘Biografía patria’, de Luis Franco, contienen capítulos dedicados a Evita. En términos generales, estas obras repiten los chismes, cuentos y versiones que corrían en los salones y camarillas opositoras mientras el peronismo (…) No hay en ellas la mínima tentativa de cuestionar los rumores o las anécdotas que reproducen y ninguna es el producto de una investigación medianamente rigurosa desde el punto de vista histórico. (…) surge de inmediato (…) su propósito panfletario, ya desde el título. Tanto las obras publicadas hasta 1955 como las que aparecieron a partir de esa fecha son ensayos imbuidos de espíritu revanchista que tienen un propósito común: atacar todo cuanto el peronismo representó y exhibir sus lacras para así poder destruirlo. Buscan desmitificarlo (…) la figura de Evita fue un campo particularmente fértil para la temática psicologista. La imagen que surge de estas obras es la de una actriz de segunda categoría, una ‘partiquina’ de vida muy dudosa (la terminología que se usa es por lo general muy vulgar y hasta soez), cuyos actos después de su unión con Perón tienen un solo objetivo: satisfacer su insaciable sed de venganza, su profundo resentimiento debido a su bajo origen social y a los desprecios que le infligió la oligarquía. Es una mujer que odia a los hombres desde sus años de artista —Mary Main va más lejos y dice que aprendió a odiarlos desde su niñez— y una vez que se siente fuerte y poderosa los castiga despiadadamente. Según Franco, había en Evita dos resentimientos: ‘Uno muy sombrío que le venía de su pobreza vergonzante, de su condición de hija adulterina y de la turbia moral de su familia, y otro, no menos sombrío, que le venía del fracaso de su aspiración a ser una gran actriz’. Guiada por su ambición, su egoísmo y su resentimiento, busca consistentemente el camino más corto y más fácil que pueda hacerle alcanzar su meta, acumular poder para hacer pagar a la sociedad el mal que le ha hecho y lo consigue por medio de la influencia sobre los hombres, tanto civiles como militares. Es ‘la mujer del látigo’ que ha pintado Main, fría, dura, implacable, que insulta a funcionarios de gobierno con un lenguaje de bajo fondo, les pega carterazos, manosea a Perón y a todo el que se acerca a ella y solamente admite la más abyecta adulonería. Todos los actos de su vida están marcados por un signo negativo y no hay en ella el mínimo atisbo de generosidad. Va a Europa para insultar a las damas oligarcas; destruye la Sociedad de Beneficencia porque ésta la rechaza y construye hogares infantiles que en realidad no albergan a niños pues se llenan cuando vienen visitantes extranjeros; se apoya en las masas porque es el único sector de la sociedad argentina que la acepta y las impulsa a odiar a la oligarquía porque quiere vengarse de sus desprecios. Es un ser insensible, incapaz de sentir afecto hacia nadie y menos de querer verdaderamente a Perón. ‘El amor-pasión nunca existió entre Eva y Perón. Ni en sus primeros encuentros, siquiera’, afirma rotundamente Lombille. Por lo tanto, su amor por los descamisados es totalmente falso, una mentira refutada por sus joyas y sus ropas. Lo que sí tenía, según Ghioldi, era ‘un amor desmesurado al lujo’. A pesar de su apariencia femenina, Evita es en verdad un hombre, y para algunos autores lo que mejor explica su carrera de aventurera es el dominio que tiene sobre Perón. Los rasgos de su personalidad son mucho más masculinos que los de Perón y ella es la que lo arrastra cuando desfallece y lo incita a seguir luchando cuando está dispuesto abandonar todo. Para Franco: ‘Había sin duda en el carácter peroniano un elemento de molicie femenina’. En contraposición con él, Evita es fuerte y Perón extraordinariamente débil. ‘En los diálogos entre ambos’, señala Lombille, ‘priva siempre la voluntad de la mujer sobre la parsimonia y la blandura del hombre, que oculta su inferioridad bajo una capa de bonhomía y pillería’. La debilidad de Perón se traduce en cobardía y miedo físico en varias instancias. Por ejemplo, el 17 de octubre de 1945, cuando Evita supuestamente lo saca a empellones del Hospital Militar, usando expresiones dignas de un carretero, y también durante la enfermedad de esta última. Boizard cuenta que en el cuarto de Evita ‘hiede’. Perón, que odia los malos olores y que vive rodeado de ungüentos y perfumes, tiene que usar una mascarilla para acercase a esa ’. El mito de la cobardía de Perón, supuestamente reforzado por la forma en que se produjo su caída, tuvo una larga vida y lo persiguió hasta los años setenta. La debilidad o ‘femineidad’ de Perón es lo que explica la fuerza de Evita y el ascendiente que llega a tener en su gobierno. Como lo expresa Martínez Estrada sin tapujos: ‘Él es la mujer y ella el hombre’. En este mito uniformemente negro, hay sin embargo algunas variaciones, puesto que de alguna manera deben acomodarse a éste los últimos años de la vida de Evita, sus largas horas de trabajo en el Ministerio y los desbordes que provocaba en los descamisados. Se transforma entonces en ‘una pobre mujer’ sin voluntad, usada por el dictador ya que éste la obliga a asistir a su asunción de mando pues ella es la que le da popularidad y luego convierte su velatorio en ‘un espectáculo grotesco’ o como dice Boizard en una ‘bacanal necrológica’. En el mito negro, Evita es la encarnación del mal en todas sus formas y desviaciones. Es la pecadora cuya redención no se acepta pues sus pecados originales son de tal naturaleza que pervierten todos sus actos a pesar de las apariencias contrarias. Por su origen y por su vida, no puede tener la superioridad moral que generalmente se atribuye a las mujeres, de allí que se insista en verla como un hombre. Es también la mujer misterio, impenetrable, desconocida y extraña que inspira miedo pues parece poseer poderes sobrenaturales que la hacen eludir los controles normales y escaparse de sus límites naturales, en este caso, su clase y su condición de mujer y esposa. Advenediza, aventurera, resentida, prepotente, vengativa, egoísta, hipócrita y ambiciosa son los adjetivos que mejor caracterizan a Evita según estos autores. Para Ghioldi, es el producto del totalitarismo de Perón y nada hay de redimible en ella. Traza el siguiente perfil: ‘Corta de inteligencia, deficiente de cultura y sensibilidad femenina, ignorante de las relaciones morales y civiles de los hombres, sin autocrítica, sin carga de escrúpulos de conciencia, falta de gusto, Eva Perón ingresa a la historia como una leyenda plantada en el mentidero argentino’. Franco es apenas más generoso y admite que pese a ser una advenediza, ‘Evita logró identificarse parcialmente con las clases desposeídas y obró a ratos como una mujer del pueblo’. La describe como una combinación de madame Pompadour y Louise Michel, ‘una especie de Providencia con polleras de la Rue de la Paix, ante la cual se humillaron como perros castrados, ministros, generales, médicos, obispos, financistas e intelectuales y el propio marido...’. En cuanto a Martínez Estrada, con su verborragia habitual, la verá como ‘la sublimación de lo torpe, ruin, abyecto, infame, vengativo, ofídico y el pueblo vio que encarnaba atributos de los dioses infernales. Su resentimiento contra el género humano, propio de la actriz de terceros papeles, se conformó con descargarse contra la oligarquía o el público de los teatros céntricos. El pueblo de los descamisados y grasitas había sido antes su público’ (continuará). Néstor Genta Bibliografía y reconocimiento de autores: 1. Rosano Susana. Rostros y máscaras de Eva Perón. Imaginario populista y representación. Argentina, 1951-2003. University of Pittsburgh. 2005. http://www.scribd.com/doc/8611078/Susana-Rosano-Rostros-y-mascaras-de-Eva-Peron 2. Ponce Claudio. Tesis 11. A propósito de los 60 años del 17 de Octubre de 1945. El componente herético del peronismo. www.tesis11.org.ar/a-proposito-de-los-60-anos-del-17-de-octubre-de-1945-el-componente-hereti co-del-peronismo/ 3. James Daniel. Resistencia e integración. El peronismo y la clase trabajadora argentina. 1946-1976. Editorial Sudamericana. Segunda Edición. Buenos Aires.1999.p. 69. 4. Sánchez Sañudo Carlos Alberto Discurso del Contralmirante (R.E.) Carlos Alberto Sánchez Sañudo con motivo del homenaje al Señor Almirante Isaac F. Rojas en el 11º Aniversario de su Fallecimiento. http://www.lalibertadora.org/articulos00005.html 5. García Belsunce Horacio A. “Homenaje a la Revolución Libertadora de 1955 en su centenario”. http://www.lalibertadora.org/index2.html 6. Ibid. 7.8.9. Genta Néstor. En bronce eternizados. (aún inédito) -------------------------------------------------------- si alguien necesita las que sigue las tengo

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Cynthia Gentilezza. Analista en seguros


 

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