La narcopolítica que no se va

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YABRÁN, LA DROGA Y LOS FUNCIONARIOS NACIONALES
YABRÁN, LA DROGA Y LOS FUNCIONARIOS NACIONALES

"Durante varias décadas los gobiernos han participado en el tráfico de drogas. Eso significa que el narco-terrorismo se ha convertido en un fenómeno patrocinado por el Estado". Rachel Ehrenfeld, Periodista.

 

    Desde hace varios años venimos escuchando hablar en demasía de los cárteles colombianos de drogas, especialmente de cocaína. Nunca se trató realmente de un cártel, sino más bien de un conjunto indeterminado de familias e individuos que trabajan, no para establecer precios, sino para asegurar una alta tasa de entrega a los mercados de estupefacientes de todo el mundo. Estas familias de la droga, que han manejado grandes ciudades como Medellín y Cali, dominan el comercio de la marihuana y cocaína, llevando corrupción y violencia a varias ciudades que superan las fronteras de Colombia.

    A fines de los años ’80 y luego de utilizar el mismo camino durante tantísimos años para el tráfico de drogas hacia otros países, el "cártel de Cali" necesitó modificar el recorrido. Para ello pensó en Chile, país que regresaba a la democracia y abría su economía, dos hechos que ayudaban a proyectar el negocio. Pero había otros dos problemas: la envergadura del país y la transparencia que querían dar a sus operaciones comerciales harían notar visiblemente las sumas de dinero injustificado. Entónces miraron hacia Argentina. Sus políticas y economías regionales anacrónicas y poderosas y una clase política corrompible en la medida en que se financiaran sus campañas, eran el caldo de cultivo que necesitaban.

    A principios de los noventa, Argentina ya era país de tránsito (y, por qué no decirlo, de consumo también), y los cárteles de la droga buscaron aliados dentro de nuestro país. El desaparecido Alfredo Yabrán se convertía en ese sentido en una pieza clave para el transporte de estupefacientes a través del territorio nacional y permitir su salida a través de la Aduana de Buenos Aires y Ezeiza.

    Yabrán ofrecía todo lo necesario para lograr ese fin: empresas de transporte de correspondencia, de transporte de caudales, de asistencia de rampa a aviones, control de los depósitos fiscales, y más.

    Al mismo tiempo ofrecía vínculos muy importantes: políticos de primera línea, gente de la cúpula de gendarmería, brigadieres de la Fuerza Aérea, Ibrahim Al Ibrahim en Ezeiza y el brigadier Rodolfo Echegoyen en la Aduana.

    Pero no todo iba a ser color de rosa. Existia incompatibilidad de negocios con la policía bonaerense: es que para que un país sirva de tránsito para la droga, no puede ser de consumo al mismo tiempo, y la policía distribuía en toda la costa y Gran Buenos Aires.

    Por otro lado existían dos escollos más imposibles de superar. Uno tenía que ver con la triangulación de armas que involucraba a figuras del Gobierno y personajes como Monzer Al Kassar, quienes necesitaban la infraestructura de Yabrán. El otro problema era Siria, que, a través de Ibrahim Al Ibrahim, necesitaba lavar dinero de la venta de heroína para su envío a Estados Unidos y también entorpecía a los otros negocios. Sobre todo teniendo en cuenta que la guerra entre los distribuidores de cocaína y de heroína en el mundo es cada vez más dura.

    Un ex ministro, que conoció muchísimo a Carlos Menem declaró sobre este tema de superposición de intereses: "Menem dejó que Mario Rotundo le prometiera a Muhamar Kadafi que le iban a vender el Condor mientras Cavallo le prometía a Estados Unidos que lo iban a desarmar. Y esto sucedía en dos habitaciones del mismo hotel. Con mentalidad árabe, el ex presidente pateó la cosa para adelante todo lo que pudo y, cuando Estados Unidos apretó mucho, terminó diciéndole a los hombres de Kadafi que él no lo conocía a Rotundo. Con los sirios y los colombianos hicieron lo mismo. Hablaron todos en nombre de todos, recibieron plata para la campaña, se comprometieron a millones de cosas y después los traicionaron, no cumplieron, cumplieron a medias, hasta que se encontraron en medio de una guerra".


Buenos muchachos

   
"Los líderes del narcotráfico eligieron otros puntos de américa para producir y se cambió el circuito de la droga. Había que conseguir nuevos territorios.(...) La droga de Perú y de Bolivia sale por Argentina. Para eso se necesita una gran organización, compañías de transporte, aéreas y de navegación, compañías de transporte de caudales. Esta gran organización se fue ampliando en la Argentina", confesó el fallecido periodista Jacobo Timerman a la revista Noticias el 2 de junio de 1991.
En ese marco debe entenderse en crecimiento de Alfredo Yabrán en nuestro país y el motivo de su inversión en sectores tan estratégicos. Veamos.

    El día 28 de junio de 1975, Yabrán pasó de ser empleado de OCASA a dueño de la mayoría de acciones. Coincidentemente, Mario Caserta, otro de los empleados de dicha empresa (que trabajó como operador privado de José López Rega), se abrió también de la empresa y fundó Tab Torres, una importante firma recaudadora de caudales que aparecería vinculada al oscuro "Yomagate" veinte años después. Al igual que su ex compañero de trabajo, Caserta tenía muy buena llegada a brigadieres de la Fuerza Aérea. Recordemos que fue este último quien canalizó el aporte que hizo Yabrán para la campaña de Carlos Menem, junto a Mario Rotundo.

    A poco de llegar Menem a la Presidencia, Caserta se enemistó con Yabrán, aparentemente por sus deseos cruzados de controlar el transporte de valores. Algunos creen que esta pelea fue el detonante para que fuera el único en purgar condena por el "Narcogate". Poco antes de ser detenido, siendo "presidente Federal de Agua Potable", Caserta emitió un comunicado en el que responsabilizó de su caída a "personajes vinculados a investigaciones que ordené a pedido de otros funcionarios del Gobierno, cuando descubrí contratos y prebendas que entregaron el ciento por ciento del poder de transporte nacional de sacas, encomiendas y correspodencia a empresas que hoy son monopólicas y que han dejado nuestro correo desmantelado, vaciado".

    El funcionario nunca le perdonó a Yabrán que en las vísperas del Narcogate, éste le hubiera dado asilo a Ibrahim al Ibrahim en su estancia de Entre Ríos, de donde luego escapó hacia el exterior, permaneciendo prófugo. Caserta estuvo entónces a punto de contar todo lo que sabía, pero lo convencieron de que era mejor pasar unos años en la carcel y poder seguir su vida en paz.

    Meses después de haber salido en libertad, sufrió un grave accidente automovilístico cuando iba a La Plata a entrevistarse con el entonces Gobernador Eduardo Duhalde. El mensaje fue claro.


Concluyendo

    Luego de la desaparición de Alfredo Yabrán, muchos dejaron de prestar atención a los negocios que este tenía con los estupefacientes. Se hizo más interesante preguntarse si el empresario postal realmente murió, que cuestionar la posibilidad de que sus oscuros negocios estén siendo realizados actualmente por gente de su confianza. 

    En buen romance... el hecho de que Yabrán haya desaparecido de la vida pública ¿significa que el aparato que encabezaba está desactivado? Imposible creer semejante puerilidad.

    Pasan los Gobiernos, los políticos van y vienen, pero la estructura es siempre la misma. El "sistema" está por encima de todo. Ayer era Carlos Menem, hoy es Néstor Kirchner.

    Nadie escapa al estigma de la droga...

 

Christian Sanz

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