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El buche Salinas - Parte II

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TRAICIÓN, OPERACIONES Y CONTACTOS CON NILDA GARRÉ
TRAICIÓN, OPERACIONES Y CONTACTOS CON NILDA GARRÉ

La historia de los convulsionados años 70 es realmente inexpugnable. Amores, traiciones, acuerdos y desacuerdos son parte del condimento que sazona el culebrón de esos años de plomo. Por tal motivo, su relato y análisis no deben ser tomados a la ligera.

 

Como ha sido de público conocimiento, hace casi tres décadas, el entonces comandante en jefe de la Armada, el dictador Emilio Massera, montó una operación de "reconversión" de un grupo de detenidos y torturados que pasaron por la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA).

Oportunamente, diario El Mundo relató los detalles de este ambicioso plan, el cual afectó fundamentalmente a militantes del movimiento montonero y que consistía en "sacar del país a los que habían colaborado con el régimen militar traicionando a sus compañeros".

Según cuenta el prestigioso periódico, "los hombres de Massera no dudaron en perdonarles la vida, facilitarles una nueva identidad y colocarlos en países europeos. A cambio de salvar sus vidas los montoneros que se acogieron a la propuesta de Massera se comprometieron a seguir colaborando con el régimen militar y, especialmente, con la Armada argentina.

(...) La operación de reconversión de los montoneros que habían colaborado con los militares, porque previamente habían sido torturados, se llevó a cabo entre 1979 y 1980, según ha podido saber El Mundo.

En esas fechas el GT 3, el Grupo de Tarea de la Armada, envió a España entre 40 y 50 montoneros reconvertidos. La Armada argentina se encargó de fabricar pasaportes legales para todos ellos, pero con identidades falsas.

El perfil ideado por los oficiales de la Armada argentina para reconvertir a los prisioneros tenía que ser de las siguientes características: cuadros políticos medios, alto nivel intelectual y fuerte vinculación ideológica con el nacionalismo radical.

(...) Las relaciones de los servicios de información españoles y argentinos siempre han sido muy fluidas, como quedó demostrado en la Operación Algeciras y en la operación de traslado del archivo de los desaparecidos a Europa".

En el marco de esta operación, aparece la figura del "periodista" Juan José Salinas.


Buchón, buchón, que grande sos

Empleado del oscuro José Luis Manzano megadenunciado por sus actos de corrupción durante el gobierno de Menem y lamebotas de Daniel Vila manejador del dinero del oscuro anticastrista Jorge Más Canosa, Juan José Salinas ha sabido acomodarse como “periodista” cuando en realidad siempre ha sido un mercenario y, según sus propios compañeros montoneros de los ’70, un “buchón”. Esto es, una persona que no ha dudado en señalar a los suyos para poder salvar su pellejo y acomodarse laboralmente.

Salinas estuvo exiliado en Barcelona entre los años 1977 y 1982, gracias a un oportuno salvoconducto que le concedieron sus captores. El precio de semejante favor fue el de delatar a sus "compañeros", muchos de los cuales se encontraban no casualmente en España.

En el marco de un artículo publicado hace unos meses por este mismo medio (1), una persona que supo gozar de la confianza del "periodista", aseguró que Salinas es repudiado incluso por familiares de montoneros muertos en España porque saben que él negoció sus entregas (sic)”. Lo mismo ha admitido en su momento la periodista Viviana Gorbato, autora del libro Montoneros, soldados de Menem.

Posteriormente, Salinas haría una carrera interesante, merced a sus contactos con ímprobos políticos, uno de ellos Eduardo el nabo Epszsteyn, ex ministro plenipotenciario de Aníbal Ibarra —Medio Ambiente, Turismo y Producción— y principal operador político del ex jefe de gobierno.

Además de su relación con Epzsteyn, a principios de los 90, entre 1992 y 1993, escribió junto a su "amigo" Julio Villalonga —otro amigo de Manzano, Moneta, Vila y los que le birlaron 18 millones de dólares a Más Canosa— un libro sobre Gorriarán Merlo llamado Gorriarán, La Tablada y las guerras de inteligencia en América Latina. Nadie quería editar la obra de Salinas, por lo cual recurrió a un par de amigos —ex montos— y a un hombre llamado Alberto Schprejer, a los cuales convenció de que sería un suceso editorial. La verdad es que finalmente fue un fracaso y no pudo vender casi ningún ejemplar.

Luego de semejante fracaso editorial, Salinas insistió con el tema de escribir libros y ahí se vendió —literalmente— a los oscuros abogados de la AMIA a efectos de hacer una obra referida al atentado de la mutual israelita, el cual finalmente publicó editorial Planeta. Fiel a su estilo, Salinas hizo un trabajo tan lleno de falacias que hasta se atrevió a asegurar que hubo una Traffic bomba en la puerta de la AMIA aquel fatídico 18 de julio de 1994.

El testimonio más claro a ese respecto ha sido el de Marta Nercellas —letrada de AMIA—, quien aseguró oportunamente que "Salinas fue empleado de AMIA, trabajó para AMIA. Defendió durante todo ese tiempo la teoría que hoy llama versión oficial. Cuando fue despedido, por motivos que desconozco porque no integro la AMIA, empezó a cambiar su versión y se convirtió en un detractor de la investigación y de las instituciones, institución a la que permaneció durante varios años. Los motivos que impulsan a Salinas no los sé, pero sí sé que no son la verdad".

Posteriormente, luego de que algunos de sus colegas le dieran la espalda por su condición de buchón en los 70 —especialmente los periodistas de Página/12—, consiguió un contrato con el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en la gestión Ibarra (2).

Más allá de esa relación laboral, Salinas nunca dejó de lado su condición de "delator". Por caso, hace unos años, se lo vio cantando la marcha peronista y sacando fotos a los militantes que había en la calle en el homenaje que Dante Gullo organizó para su madre desaparecida. "Salinas se hacía el que mezclaba emoción y cantitos de los 70 mientras le daba sin parar a la digital", aseguró una fuente consultada para el presente artículo.

Actualmente, en una línea de coherencia asombrosa, Salinas trabaja inorgánicamente para el... ¡ministerio de Defensa! —vaya paradoja montonera—, haciendo diversas "operaciones" a pedido de Nilda Garré. Una de sus tareas más importantes ha consistido en operar contra la Armada Argentina, en un trabajo de desgaste de película en el que no faltaron periodistas pagos y desinformaciones varias.

Mal que le pese a Salinas, gran parte de sus trapisondas han quedado registradas en sus propios correos electrónicos, los cuales fueron oportunamente interceptados por el inservible Servicio de Inteligencia Naval.


Concluyendo

Juan Salinas es hoy uno de los soldados más fieles del kirchnerismo, a punto de defender las cuestiones más insostenibles que manchan al oficialismo. A pesar de que le gusta reivindicar su pasado "combativo" —insiste en recalcar exageradamente frases del tipo "a ese le metimos bomba" y otras similares—, sus ex compañeros de "aventuras" lo describen como un "cagón" y juran que su papel en los 70 fue siempre minoritario.

Esos mismos compañeros son los que no le perdonan la traición de haber señalado a otros para poder salvar su pellejo y escapar al viejo continente.

A ese respecto, es interesante la ironía de una de las fuentes consultadas para este artículo, un periodista que conoce como pocos los aciagos días de la dictadura: "Como no sé nada del Pájaro Salinas, te cuento que no sé que el marino responsable de enviar a Salinas a España para espiar a los montoneros se llamó capitán de navío Romeo. No se que los dos periodistas que vieron a Salinas vendiendo cocaína en la agencia Télam fueron el pibe García (hijo de Roberto García, el director de Ámbito Financiero) y Luis María Castellanos, ya retirado de la profesión. No se que, quien hizo un informe para la SIDE sobre consumo de drogas entre los periodistas, fue Carlos Tórtora. A Salinas lo incluyó en la categoría de dealer y consumidor a las vez. (El informe) lo tenía Yaría, yo trabajé con él, y me lo dio Nancy Sosa que era su jefa de prensa.

Fue Nancy quien siempre decía en joda cuando yo le preguntaba '¿A cuánto está el gramo de merca?'. Ella me respondía: 'Preguntále a tu amigo Salinas'."

Más claro, echarle agua.

 

Christian Sanz

(1) Ver https://periodicotribuna.com.ar/Articulo.asp?Articulo=2855

(2) Salinas no fue el único periodista que consiguió un jugoso contrato con Ibarra, también lo hizo el "independiente" Eduardo Anguita, actualmente a las órdenes del operador Sergio Szpolski.

 

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