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Anticipo de libro: La mentira de los poderes paranormales (y el fraude de las pseudociencias)

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Exclusivo TDP
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La idea de que el ser humano puede llegar a tener poderes paranormales es tan añeja como la misma humanidad. Desde la antigüedad hasta el día de hoy, ello no ha variado un ápice.

 

En el pasado era casi justificado, porque aún no existía el método científico y no se podía poner a prueba tal pretensión.

Sin embargo, que al día de hoy haya gente que persista con esa idea es absurdo, porque la ciencia ha demostrado que no hay posibilidad de que alguien tenga poder extrasensorial alguno.

A pesar de lo dicho, los que creen que hay personas “superiores” a otras es legión. Basados en múltiples tópicos, básicamente dos: la falta de información —la sociedad cada vez se informa menos y se informa mal— y la capacidad de los presuntos “dotados” de convencer a los incautos.

Ayuda también la irresponsabilidad de ciertos comunicadores, que promueven este tipo de disciplinas, con la gravedad que ello conlleva, como se verá más adelante en este mismo libro.

También colaboran los propios científicos, por su clara dificultad en dar a conocer los avances de la ciencia y, en sentido directamente proporcional, por negarse a refutar todo tipo de pseudociencias.

Esa errática conducta se explica por el temor a los propios charlatanes, tal cual me han reconocido diversos médicos, químicos, ingenieros y arqueólogos a lo largo de las últimas décadas.

Yo no gano nada peleándome con Horangel y tengo todas las posibilidades de perder la discusión, porque mi lenguaje es muy técnico y él la tiene más clara”, me dijo a principios del año 2000 un reputado astrónomo, que se excusó de acompañarme a un programa de televisión donde fui invitado a debatir con el célebre astrólogo.

Esta inacción provoca lo obvio: que los bribones avancen a pasos agigantados, siempre en detrimento de los crédulos, a los que terminan desplumando.

Los hay de diverso tenor: curanderos, astrólogos, tarotistas, clarividentes, quirománticos, espiritistas, ufólogos, terapeutas holísticos, reikistas, manosantas, hechiceros, rabdomantes, y tantos otros.

Todos utilizan fachadas diferentes, pero en el fondo la metodología que usan es casi calcada. Se valen de una serie de recursos —que más adelante revelaré— para hacer creer que tienen un don especial.

Algunos incluso apelan a trucos de magia, para potenciar su poder de convencimiento. Desde adivinación de pensamiento hasta doblaje de cucharas, todo vale.

De eso también hablaré, en mi condición de mago profesional, que cargo junto con mi oficio de periodista.

A esta altura, debo mencionar algo imprescindible: los científicos pueden ser fácilmente engañados por los prestidigitadores, porque desconocen las técnicas que usan estos últimos para engañar a su público.

Ello implica que, a la hora de desenmascarar a los chantas, se requiera de magos profesionales, aparte de expertos en cada rama de la ciencia.

Por eso, las principales organizaciones del mundo que se dedican a deschavar pseudociencias cuentan entre sus filas con ilusionistas. Yo mismo fui parte de una de ellas en la Argentina hace más de 20 años, siempre en mi condición de prestidigitador.

El caso más emblemático es el de James Randi, un mago que falleció en 2020 y que dedicó gran parte de su vida a enfrentarse con charlatanes de todo tipo.

Solía ofrecer un premio que llegó a superar el millón de dólares. Y a pesar de que muchos intentaron cobrarlo, nadie pudo hacerlo.

Algunos de los desafíos que enfrentó se pueden leer en uno de sus mejores libros, llamado “Fraudes paranormales” (Editorial Tikal, 1994).

Es casi una obviedad que muchos de los que nos dedicamos a la refutación de charlatanes lo hacemos inspirados en gran gran parte al descomunal trabajo de Randi.

En lo personal, lo admito sin más ni más. Porque muchos de los experimentos que suelo realizar para poner a prueba a los presuntos dotados, son calcados a los que explica este último en sus libros.

Ya sea cuando me tocó enfrentarme a un clarividente peruano llamado Luis Angel, o cuando debí lidiar con el “místico” Kan de Gem, o al momento de enfrentar al chiflado Horacio Velmont, que juraba que podía contactarse con “seres de luz”.

Ellos fueron algunos de los que intentaron ganar el premio de 10 mil dólares que ofrezco desde mediados de los años 90. Obviamente sin éxito.

Jamás superaron la primera de las dos pruebas que exijo antes de abonar el desvencijado cheque que llevo en mi billetera hace años.

No fueron los únicos: hubo muchos otros que también intentaron quedarse con el pozo, algunos en la creencia real de que tenían poderes paranormales. Como un inquieto rabdomante mendocino que juraba que podía encontrar agua con una varilla en forma de “V”.

Los sorprendentes detalles de esos desafíos serán contados más adelante. 


*Extracto exclusivo de “La mentira de los poderes paranormales (y el fraude de las pseudociencias)” de próxima aparición.

 
 

10 comentarios Dejá tu comentario

  1. Muy profundo y sesudo el comentario de Gonzalo -Indomitus, el que puede ser genial, tanto como controversial. Segun el dia y el clima que le toca. Es como quien ha dado en el clavo con esto de las cosas del mas alla....

  2. todos sabemos que una gota de aceite flota en el agua; ¿puede alguien iluminarme por qué cuando a alguien le dicen que está insolado esa misma gota de agua se va al fondo? GRACIAS

  3. Bombastus y otros chiconautas suelen decir, ocasionalmente, que estan deacuerdo conmigo, pero la realidad es que no quita lo que son: miembros de una secta liderada por un pedofilo, ni deshace los años de hostigamiento permanente en mi dirección de parte de ellos.

  4. El fraude de las seudo ciencias dice Sanz. Hablando de seudo ciencias, quiero creer que Christian tendrá algo que decir de la prueba de Rorschach. Porque esa prueba, tan aceptada en el mundo de la psicología, no difiere mucho de la lectura de la borra del café, o de la adivinación a partir de la lectura de las tripas de un animal recién sacrificado. La única diferencia es que se lo hacen leer al otro.

  5. ¿Y qué te parece hacerle un test de Bender a un arquitecto? ¿Es un poco ridículo no? ¿Y el complejo de Edipo, que se enseña en las escuelas para adultos como algo imprescindible? ¿Seudociencias dijiste? La seudo ciencia no es la brujería, es la que pasa por ciencia de verdad.

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